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19 JULIO 2018
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>Entrevista a Jordi Amat

"Para resolver el problema de Cataluña hay que encarar la cuestión de la soberanía española"

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 1  17 votos
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El presidente de la Generalitat, Quim Torra, hizo en su discurso de investidura la promesa de abrir un nuevo proceso constituyente para proclamar, lo antes posible, la república. Parece alejarse así de otras sensibilidades más dispuestas al compromiso. ¿Qué consecuencias puede tener esta decisión?

Por ahora son sólo palabras. Y diría que son palabras dichas para contentar a la CUP que en la legislatura anterior ya fue la vanguardia de una comisión parlamentaria con el objetivo de activar dicho proceso. Mientras sean sólo palabras, a corto plazo, no va a tener consecuencias. Mi duda es cómo puede combinarse una actitud de desescalada al conflicto y, al mismo tiempo, mantener un discurso que plantea escenarios de confrontación.

En tu libro ‘La conjura de los irresponsables’ sostienes que todo el proceso en el que estamos inmersos se desencadena por un "conflicto de legitimidades" entre el resultado del referéndum de la reforma del Estatut y la actuación del Tribunal Constitucional, instada por el PP. Me parece que sugieres que hubiera sido suficiente que el PP hubiera hecho gestos "de comprensión" hacia el nacionalismo tras la sentencia del Constitucional para no dar argumentos a un soberanismo que venía preparándose desde hacía mucho tiempo. ¿He entendido bien? ¿Cómo se hubiera podido resolver este conflicto de legitimidades cuando, según lo que dijo el Tribunal Constitucional, la reforma del Estatut desbordaba los límites de la Carta Magna del 78?

Mi hipótesis es que, tras el acuerdo del 96 entre populares y convergentes que posibilita la alternancia en el gobierno español, el desarrollo del Estado territorial del 78 se bloquea. La mecánica que hasta entonces había dinamizado ese modelo empieza a estropearse y, al fin, deja de funcionar por diversos motivos que pone en marcha el proceso de reforma estatutaria. Y entonces, sí, se produce un conflicto entre ley y legitimidad porque la soberanía, tal como se define en la Constitución, es cuestionada. Llegados a ese punto sólo un replanteamiento leal de la soberanía hubiese permitido, creo, una reforma positiva del sistema.

¿Ves alguna vía para desatascar la situación?

A corto plazo, no. Estamos en un bucle degradador. Para empezar yo creo que la situación de los presos –yo creo que son presos políticos– y los políticos que decidieron instalarse en el extranjero –digamos en el exilio– imposibilita retomar unas conversaciones que, tarde o temprano, deberán producirse. Para que haya respeto mutuo, para refundar una lealtad compartida. Eso pide tiempo. Pide mucho tiempo y una generosidad que implique magnanimidad. Y cuando se haya creado ese clima, sólo entonces, podrá buscarse una solución que no será volver al modelo territorial anterior a la crisis.

Sostienes, si no entiendo mal, que Pujol no quería desbordar la Constitución del 78. Ya sabes que hay quien cuestiona esta tesis.

Esa es la idea que él formula en la conferencia que comento en ‘La confabulación’. Otra cosa distinta es si las políticas de nacionalización que implementó, tal como intentó contar en ‘Largo proceso, amargo sueño’, eran leales al Estado del 78. Y eso es más discutible. No digo que no lo fueran. Digo que es pertinente preguntarse por las consecuencias de dichas políticas que fueron democráticamente avaladas por la ciudadanía durante más de dos décadas.

Utilizas la expresión "mutación del catalanismo" y la sitúas no tras la Diada de 2012 sino en 2007. ¿Por qué?

Estoy convencido de eso. En ese proceso de elaboración, tramitación y judicialización del Estatut pasaron muchas cosas que no han sido bien analizadas. Una de ellas fue la progresiva consolidación de un movimiento soberanista dentro del cuerpo del catalanismo que fue ganando más y más espacio. Nacieron plataformas dedicadas a la movilización desde finales del 2005, hubo nuevos partidos y ganó influencia un discurso soberanista de una manera muy clara desde 2007. La conferencia de Artur Mas, proponiendo una reformulación del catalanismo, supuso el inicio de la conversión soberanista de una fuerza de las clases medias que hasta entonces había apostado por el autonomismo.

¿Cómo superar el fracaso de la política, el estado de ira y de resentimiento?

Reconociendo la existencia de un problema, siendo consciente que en política lo imposible es inmoral, siendo generoso para paliar la degradación provocada y asumir que el problema de la soberanía de la nación española, tarde o temprano, deberá ser afrontado para poder encarar el futuro con ambiciosa estabilidad.

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