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27 SEPTIEMBRE 2020
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>Entrevista a Pablo Llano, director de CESAL

'Los refugiados necesitan una acogida con razones' (I)

Francisco Medina | 0 comentarios valoración: 3  22 votos
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Dialogamos con Pablo Llano, director general de CESAL, en relación a la cuestión de los refugiados y de su experiencia en la labor de acogida a los refugiados en España.

CESAL lleva trabajando en la atención a los refugiados en España desde hace años. ¿De dónde y por qué nace?

Llevamos trabajando con refugiados desde hace tiempo. Más que trabajando directamente en programas de acogida de refugiados, hemos tenido contacto con esa realidad, que efectivamente en España es muy reciente la llegada en números grandes de refugiados, sobre todo a raíz de la crisis siria, y ahora más evidente con el tema de Venezuela. Ha sido un crecimiento exponencial. Si en España había en torno a unas cuatro mil solicitudes al año, han pasado a treinta mil en 2017; un salto muy grande.

Nuestra iniciativa nace a raíz de este boom, esta entrada masiva de refugiados. Entonces nosotros, que llevamos más de diez años trabajando con inmigrantes a través del CEPI de Tetuán, nos derivaban refugiados desde otras instancias. Ahí es donde empezamos a conocer la problemática. En nuestro programa de acogida teníamos recursos muy limitados, el Ministerio tiene muy pocos recursos propios para acoger a refugiados, y tradicionalmente lo hacía directamente con dos o tres instituciones especializadas en este tema: Cruz Roja, CEAR (Comisión Española de Ayuda a Refugiados) y ACCEM. A la vista de que estas organizaciones se veían desbordadas, veíamos la necesidad de trabajar aún más en el proceso de integración de estas personas.

En este sentido, el problema que veíamos es que, en relación a estas personas, después de los seis meses desde que se garantiza la vivienda, esta fase de acompañamiento que estas instituciones hacían resultaba muy limitada, y nos derivaban refugiados que nos llegaban en esta segunda fase, que no sabían apenas nada del idioma, no sabían si podían empezar a trabajar o no, no sabían cómo moverse, y nosotros empezamos a trabajar ya con este tipo de población. De aquí surgió el diálogo con el Ministerio, que ya nos conocía y nos había apoyado en nuestro trabajo con inmigrantes, y nos propone participar en este programa de acogida por la experiencia que teníamos.

El Ministerio reconocía así una trayectoria que ya había nacido en la sociedad civil desde hacía años.

De partida, porque es imposible atender tal cantidad de solicitudes, estaba totalmente desbordado. Y aquí tradicionalmente siempre se apoya a las instituciones, pero las tres tradicionales ya no bastaban y ha tenido que abrir este programa a otras entidades, lógicamente que conozcan el trabajo de integración, no solo el de primera acogida.

¿En qué consiste concretamente vuestro programa de acogida?

Muy genéricamente, son tres fases. La primera acogida es entre seis y nueve meses, en los que les das una garantía total a estas personas que han llegado por mar, desde el aeropuerto, repatriado desde un campo de refugiados… A todas estas personas se les garantiza al menos entre seis y nueve meses la cobertura de todas las necesidades básicas: casa, alimentación y primeros trámites para poder empadronar a la familia, escolarizar a los hijos, sanidad, etcétera.

Una segunda fase es de otros seis meses para encaminarles a su emancipación, por decirlo de alguna manera. En este tiempo se les sigue ayudando económicamente, pero ya son ellos los que tienen que buscar una vivienda, y sobre todo el apoyo está más en relación al idioma y la inserción laboral.

La tercera fase está enfocada en el empleo. Supuestamente, han hecho un cierto recorrido de integración, ya deben estar más asentados.

¿Cómo les acompañáis en esta tercera fase?

Hemos formado un equipo bastante completo, con abogados, psicólogos, trabajadores sociales, técnicos de empleo, educadores, profesores de español, para garantizar una integración realmente intensiva y un acompañamiento muy cercano. Y en la primera fase también hay educadores que acompañan en la convivencia en los pisos.

¿Y qué os encontráis? ¿Cuáles son los obstáculos que veis que están surgiendo para los que llegan a España?

El primer desafío, en el sentido positivo de cuál es la manera de integrarles, es la primera acogida. Es decir, que estas personas, que llegan muy desorientadas, con mucho a sus espaldas, con historias muy duras, que se sientan abrazadas y bien acogidas desde el primer momento ayuda a que se abran a poder hacer un recorrido, porque hay gente que ni siquiera ha querido venir a España y se han encontrado aquí, donde no conocen el idioma, no saben siquiera dónde están, y que se sientan abrazados, acogidos, que tengan alguien que les escuche y les entienda es clave. A partir de ahí, luego se pueden hacer muchas cosas, pero si no se da esa primera acogida no hay nada que hacer.

El segundo, es la cuestión del idioma, punto clave, cosa que estaba fallando hasta ahora. Ellos son los primeros que tienen que tener la posibilidad de poder comunicarse desde el primer momento, expresar sus problemas jurídicos, de salud, psicológicos, etc. Por eso ofrecemos un servicio de interpretación y traducción, y luego de aprendizaje del idioma, a lo que hay que dedicar muchas horas y de manera intensiva, eso es clave. Y una atención muy personalizada, porque cada uno viene con problemáticas diferentes, de países, contextos… un desarraigo con historias muy diferentes que requieren una respuesta muy personalizada para que, por ejemplo, otro tema clave como es el del empleo responda realmente a sus capacidades, a su recorrido, a sus proyectos y a sus posibilidades. Una mujer centroafricana, como tenemos, con cinco hijos pequeños, está muy bien que trabaje pero su preocupación ahora mismo es poder atender a sus hijos. Hay otros que ya son empresarios, como un empresario sirio que viene con su familia pero él allí tenía su trabajo y lo perdió todos, pero tiene capacidad para trabajar y hay que facilitarle al máximo que pueda arraigarse aquí e incluso emprender.

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