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22 SEPTIEMBRE 2018
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>Entrevista a Alejandro Patrón Costa

La censura contra los que defienden derechos humanos incómodos

Arturo Illia | 0 comentarios valoración: 3  25 votos
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El pasado 3 de mayo, durante la Feria del Libro internacional en Buenos Aires, se programó la proyección de la película “Será venganza”, dedicada a un tema bastante polémico y escabroso, es de los derechos humanos violados por los militares que prestaban servicio en los años 70, terribles, bajo el gobierno de la Junta Militar. Dirigida por Andrés Paternostro, describe unos hechos que se han visto sistemáticamente silenciados en una Argentina que sigue conociendo tan solo una versión de la historia de aquellos años.

Pero, con gran sorpresa, precisamente el día dedicado a la libertad de prensa, en nombre de la libertad de opinión, como se lee en el comunicado de los organizadores de la muestra, se toma la decisión de cancelar la proyección. Un hecho que no solo provoca las protestas de la prensa y de las organizaciones periodísticas, sino que, como suele pasar en estos casos, difunde la causa de la película de manera masiva, por internet y por otros medios. Hablamos de esto con Alejandro Patrón Costa, presidente del Centro de Estudios sobre Derechos Humanos en Salta, al norte de Argentina, que ha producido este largometraje.

¿Por qué esta película, que trata de los derechos humanos de los protagonistas de las violaciones, quienes son vistos en el mundo entero como parte de una dictadura genocida?

En primer lugar, porque todas las personas, más allá de los delitos de los que estén acusados, deben gozar de derechos humanos. Son un sujeto de derecho y esto debe respetarse, cosa que no está sucediendo. Nuestro centro de estudios nace tomando como punto de partida precisamente esos años 70 que consideramos objeto de una interpretación falsa. Somos un grupo heterogéneo también a nivel ideológico, nos une la convicción de que en Argentina existe una versión creada que manipula la verdad, por eso nos hemos puesto la tarea de contar esta historia mostrándola en su totalidad, en toda su verdad. Al final lo que nos unió fue la destrucción de un monumento en la ciudad de Salta, dedicado a los militares que en 1975, en plena presidencia de Estela Martínez de Perón, lucharon contra el Ejército Revolucionario del Pueblo, una formación terrorista.

¿Qué pasó?

Les atacaron mientras estaban reformando una escuela. En 2012, un asesor vinculado antiguamente al ERP promovió la destrucción del monumento afirmando que los militares, chavales de 18 años que estaban prestando el servicio obligatorio, eran genocidas porque habían matado a dos militantes de ERP en aquel enfrentamiento. El colmo es que luego el monumento fue destruido por militares que pertenecían al mismo batallón que los jóvenes del 75. Eso nos unió, pero al principio no fue fácil, nos acusaban de defender el terrorismo de estado. Empezamos haciendo un documental sobre el combate de Manchalá que presentamos con gran éxito en 2012, justamente en la Feria del Libro, y a partir de ahí en todo un circuito cinematográfico, siempre con las salas llenas. La gente empezó así a hacerse una idea de la profunda manipulación que se ha hecho de aquellos años: no jóvenes idealistas como se ha descrito siempre a los miembros de organizaciones terroristas, sino miembros de un ejército regular, con grados y uniformes.

¿Cómo es la situación actual respecto a las violaciones de derechos humanos?

Más de 400 personas han muerto en cárceles con más de 70 años, y muchos todavía siguen en prisión a esa edad, con una asistencia médica muy reducida. También hay presos preventivos que superan con mucho los tres años previstos por ley, habiendo transcurrido hasta doce años a la espera de juicio. Es una situación muy complicada, y por eso hemos hecho “Será venganza”, que da voz para que cuenten esta historia los protagonistas, con varios expertos, juristas, familiares de las víctimas…

¿Cómo se pueden defender los derechos de personas que cuando se produjeron estos hechos no respetaron los derechos de sus víctimas?

Lo que yo me pregunto es ¿por qué no? Ellos también son personas y han cometido errores y crímenes muy graves. No puedes castigar a un caníbal comiéndotelo. Esto es lo que pasa en Argentina. Quien defiende los derechos humanos los viola sistemáticamente. Los mismos derechos que no se respetaban hace 40 años se están violando ahora.

¿Cómo valora los procesos del Nunca Más a la junta en los años 80?

Argentina se sumó al Tratado de Roma sobre derechos humanos, pero in explicablemente desde 2013 no lo aplica o, mejor dicho, lo aplica retroactivamente con los militares, violando el artículo 18 de nuestra Constitución, y solo considera los derechos cometidos por el Estado de lesa humanidad, mientras que no incluye los de los grupos terroristas, como establece el Tratado de Roma.

¿Qué muestra el documental censurado?

Se divide en tres partes. La primera es una descripción histórica del contexto mundial de aquellos años. La segunda se centra en la opinión de juristas internacionales sobre la estructura jurídica de los delitos de lesa humanidad, con testimonios que demuestran cómo Néstor Kirchner imponía a los jueces del Tribunal Suprema condenas militares que ya habían sido juzgadas previamente, aplicando la lesa humanidad de manera retroactiva en procesos que ya estaban definidos en sus sentencias. De hecho, y esto es importante, en los procesos de “Nunca más” en la época de Alfonsín, los militares y terroristas fueron condenados por delitos comunes, pues los de lesa humanidad todavía no estaban previstos jurídicamente. Esto nadie lo dice. La tercera y última parte recoge testimonios de las familias de los condenados que cuentan las vicisitudes de sus padres o maridos arrestados y los procesos que han tenido que afrontar.

¿Cree que la sociedad argentina ha aprendido algo de esos años?

Seguramente a no querer más gobiernos militares, pero por desgracia una parte no ha aprendido qué significa vivir en democracia, utilizando los derechos humanos como un arma digna de un Hitler o Mussolini por la forma en que se comportan, por cómo reaccionan impidiendo la libertad de opinión de los demás, y por la manera en que castigan a los que piensan diferente. Lo que ha pasado en la Feria del Libro constituye un ejemplo de esta intolerancia.

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