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22 JULIO 2018
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>CESAL cumple 30 años

Del crecimiento al desarrollo humano

Giuseppe Folloni | 0 comentarios valoración: 2  23 votos
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El punto focal del método de CESAL en las actividades de cooperación al desarrollo es la “centralidad de la persona”; se podría decir también “partir de la persona”, la persona centro de toda acción.

Yo querría profundizar sobre lo que se entiende con tal afirmación para entender cuándo sucede verdaderamente, cuándo la persona es efectivamente el centro de un desarrollo humano integral, o cuándo, por el contrario, se afirma la frase pero no se capta el contenido.

Para llegar a esto me permitiré recordar algunos pasajes de cómo, en nuestra cultura pasada y presente, hemos entendido el desarrollo, reduciéndolo a crecimiento.

Desde hace mucho tiempo, hemos entendido el desarrollo de forma reducida, como un mecanismo que emergía del funcionamiento mismo de la economía, de la “mecánica” de los comportamientos económicos y que generaba, por sí mismo, el crecimiento del bienestar. La afirmación de Simon Kuznets (1955) de que el crecimiento primero sucede en un punto y después se difunde (aunque diciéndolo así se está tergiversando un poco a Kuznets, pero es así como fue entendida su posición) se convirtió en cultura dominante. No hacía falta nada más, bastaba esperar el resultado de las puras dinámicas económicas.

Algunos años después (1963) a JF Kennedy le fue atribuida una frase que, de forma más pintoresca, confirmaba que el mecanismo de los hechos económicos tenía por sí mismo efectos positivos. La frase era “a rising tide lifts all boats” (una marea creciente eleva todas las barcas).

La experiencia que hemos hecho, después de los primeros dos decenios de reconstrucción de los daños de la Guerra Mundial, dice, sin embargo, lo contrario. El crecimiento ha llevado frecuentemente a la desigualdad tanto entre los países como sobre todo dentro de los mismos. También en el campo específico de la cooperación internacional, un sistema de ayuda al desarrollo centrado solo en la entrega de recursos a administraciones o liderazgo local para la solución de problemas materiales ha tenido en muchas ocasiones efectos no positivos, generando corrupción, predominio de las élites y, como consecuencia, desigualdad y divisiones sociales en las comunidades. Es verdad que se ha producido una reducción del número de pobres, en particular de la pobreza extrema, pero esto normalmente en la gente ayudada a salir de la pobreza no ha generado una capacidad de estar adecuadamente frente a la realidad, sino dependencia.

Sólo comienza a darse un cambio real en la percepción de lo que es verdaderamente el desarrollo humano décadas después. Querría citar a Mahbub Ul Haq, que en los años 90 trabajaba en Naciones Unidas: “El desarrollo humano es el generarse de capacidades humanas –invirtiendo en las personas–haciendo que tales capacidades sean plenamente usadas”. Desde entonces, el término “desarrollo humano” ha entrado en el vocabulario de las instituciones internacionales y de las grandes fundaciones internacionales de cooperación, empezando así a subrayar lo que hemos llamado “centralidad de la persona”.

Centralidad de la persona

Centralidad de la persona, por tanto, parece una frase que nos pone a todos de acuerdo. Hoy, en nuestra cultura de los “derechos”, ¿quién no es definido como portador de tales derechos? ¿Del derecho a crecer, del derecho a vivir? Teóricamente parece todo ok. Sin embargo, nos quedamos ahí. Son afirmaciones que no generan ningún reconocimiento verdadero del valor del otro, ninguna simpatía por su destino; está ausente lo que dice CESAL hablando de la centralidad de la persona, “un «compartir», o sea, […] una proximidad afectiva”.

La concepción del desarrollo humano en muchas instituciones del mundo de la cooperación puede reducirse a un enfoque multidimensional, que engloba salud, educación, formación técnica y provisión de herramientas para agricultura o la puesta en marcha de empresas, sin una atención real al cambio de conciencia de las personas; o reducirse a un enfoque participativo que con asambleas comunitarias “recoge” los deseos de las personas, pero sin que se genere un camino común, decisivo para la maduración de personas y grupos. Ninguno de estos enfoques sería suficiente, ni es sostenible.

¿Qué quiere decir entonces que la persona está en el centro? Para que la persona esté realmente en el centro es necesario un método de presencia, que ahora trataré de describir.

i) En primer lugar, la centralidad de la persona tiene que ver con el sentimiento que uno tiene de sí mismo. "Persona" es quien reconoce el valor de sí mismo y del otro, y es consciente del destino que intuye y desea.

ii) Por un encuentro vivido, como las mujeres de MPI (Meeting Point International), una realidad nacida en 1993 en Kampala para ayudar a las mujeres que sufren de SIDA, apoyada también por CESAL, que solo en el encuentro con Rose, la directora, han llegado a decir "I have a value": “tengo un valor”, mientras antes rechazaban incluso los medicamentos debido a la falta de un sentido de la vida.

iii) Y también Huachipa: madurar como persona a partir del reconocimiento de su propio valor es, me parece, la experiencia de las mujeres de Huachipa. Esta conciencia del valor de la vida, adquirida en la relación con la gente de CESAL (en un encuentro), es lo que les ha permitido afrontar con esperanza los problemas de la relación con su pareja (en ocasiones violento, con problemas de bebida, o sin interés por su familia), o de la vida de la comunidad local y sus dificultades.

iv) Y finalmente la gente de CESAL. Al estar frente a la realidad de las madres, de las familias y de los niños de Huachipa, también la gente de CESAL ha experimentado el crecimiento de su propia humanidad.

¡Todo esto es interesante! La centralidad de la persona no es, por lo tanto, un concepto, una definición, es una dinámica de encuentros y relaciones, en la que se ayuda a decir "yo" con verdad, a decir "yo" con el deseo del propio bien y del de los demás, de los hijos, del marido, de las otras mujeres del barrio: es la experiencia que CESAL ha visto suceder en lo que hacía y en quien se encontraba.

Acompañamiento e implicación personal

“Un encuentro”, “la relación que nace”, “el ponerse en camino”, son dinámicas que solo un acompañamiento sostiene. Me ha llamado muchísimo la atención que todo lo que se ha hecho en Huachipa ha nacido de un diálogo, de encontrarse con las mujeres y que estas, las madres de familia, se abrieran a la gente de CESAL. Metodológicamente esto podemos llamarlo “acompañamiento”.

El acompañamiento cambia a todos los actores, también a los trabajadores de CESAL. Me acuerdo del diálogo con muchos de ellos que decían: “yo no sería lo que soy sin el trabajo aquí en Huachipa; sin esta relación con las madres, las familias, sin ver el camino que han hecho, que las ha convertido en protagonistas, y sin ver el camino que me han hecho hacer a mí”. Poder decir esta frase es el indicador más real del desarrollo humano.

Subsidiariedad

Lo que ha sucedido en Huachipa no ha sido un proyecto que "cae" desde arriba. Como hemos visto, es algo que implica una presencia cotidiana, un camino común, que implica un trabajo de juicio sobre una experiencia en acto, en la que todos los actores participan y a través de la cual perciben el cambio que está sucediendo. Es la definición de subsidiariedad que encontramos en la Doctrina Social de la Iglesia.

Subsidiariedad es también una relación justa y cordial con donantes, instituciones internacionales, fundaciones o empresas, y esto permite lo que en el lenguaje de CESAL se conoce como la "última milla", es decir, ofrecer y proponer a la gente tanto ayudas materiales como el camino y el acompañamiento antes descrito. Creo que con el tiempo este diálogo se volverá estable y sostenible si las instituciones y los donantes "se implican" con ese método, lo reconocen como el factor eficaz del desarrollo humano.

Una ósmosis que involucra la propia vida y la de los demás: el dilatarse de lo humano, y su sostenibilidad

Ahora querría destacar dos últimos aspectos, antes de una pequeña nota final.

El primero es resumir los resultados del desarrollo humano que la experiencia descrita del método de CESAL ha subrayado:

i) La percepción del propio valor, de la propia identidad, es decisiva para convertirse en protagonistas del propio camino. El desarrollo humano es la generación de una relación más adecuada con la realidad.

ii) La experiencia de acompañamiento ayuda y sostiene en este camino, pero es la persona que lo implementa, son las mujeres de Huachipa o las mujeres de Rose, quienes "están en camino"; es la misma gente del CESAL que "está en camino".

iii) Esta experiencia se dilata e involucra toda la vida. Las mujeres de Huachipa comenzaron a hablar y trabajar sobre los problemas de su familia, los niños, su educación, su esposo y las relaciones familiares, y luego comenzaron a mirar a su alrededor y ayudar a otras familias en Huachipa. Surgieron encuentros, diálogos y modalidades de acompañamiento que CESAL no "planificó", pero que sucedieron y luego fueron secundados por la gente de CESAL.

iv) La experiencia descrita también cambia las perspectivas a largo plazo. Desear que todo lo que hemos descrito se sostenga en el tiempo exige a CESAL estar presente y dialogar con las instituciones no solo para obtener recursos, sino también para que se "enamoren" de este método y lo acompañen.

v) ¿Y los grandes problemas? Los cambios demográficos, la solución de conflictos étnicos, la sostenibilidad ambiental, ¿encuentran en esta modalidad de actuar una respuesta? Estos problemas –pongo el ejemplo de los problemas demográficos y las migraciones masivas– no se resuelven de inmediato, pero reconocer por experiencia que "podemos vivir de manera diferente" puede ayudar a muchos a afrontar el problema concreto de dónde vivir y cómo buscar trabajo; o aydar a que etnias que conviven en las mismas regiones y entre las cuales no hay cohesión social se miren en función de algo humanamente más profundo.

Una última cosa que quisiera mencionar: ¿de dónde nace todo esto? De algo que ha sucedido, creo, a los que comenzaron CESAL, a aquellos que trabajan y colaboran con CESAL: puedes mirarte a ti mismo con verdad porque has sido mirado con verdad, por un encuentro hecho. "Cuando encontré a Cristo, me descubrí hombre" (Mario Vittorino, Roman Retore). Haber sido mirados con esa intensidad humana nos ha hecho vivir, nos hace vivir la experiencia del trabajo, del voluntariado, de la construcción de obras, con más humanidad, con simpatía por el camino de las personas, mirándolas con el deseo de que recorran su propio camino.

Intervención de Giuseppe Folloni en la celebración en Madrid del 30º aniversario de CESAL

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