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20 JULIO 2018
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>Entrevista a Juan José Domínguez Toledano

Hay que valorar al emprendedor

Francisco Medina | 0 comentarios valoración: 3  13 votos
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Dialogamos con Juan José Domínguez Toledano, director de la empresa DÉDALO y promotor de la iniciativa IBERESPA, que promueve las relaciones entre iniciativas de España y de América Latina.

Has impulsado dos iniciativas: Dédalo Consultores e IBERESPA. ¿Cómo nace Dédalo?

Dédalo Consultores nace en 2005 cuando habíamos notado que en la construcción se empezaba a bajar en el precio en el ámbito de las ingenierías. Yo trabajaba como director técnico en una empresa grande, de auditor, y me di cuenta de que empezaba a bajar el precio. Entonces intenté posicionar una empresa diferente, que no hiciera lo mismo que hacía, ingeniería, para intentar hacer una empresa que de alguna manera marcara una forma de trabajo haciendo las cosas bien. Como yo había aprendido en las empresas donde había trabajado pero teniendo en cuenta que hay que luchar contra el precio, la idea era poder plantear una formación de las personas, un plan de innovación, hacer un modelo de empresa que a todos nos gusta.

Sin tener cultura empresarial en mi familia, yo tenía mi carrera de ingeniero de Caminos, un MBA, un máster de gestión de ONG, y al final decidí que si quería estar en una empresa que estuviera a la altura de mi corazón, tenía que arriesgarme yo a emprender. Sabía que era un riesgo pero lo pude hacer cuando había más trabajo, entre 2005 y 2007.

Justo antes de la crisis, entonces…

Ya se veía antes de la crisis que en el sector de la construcción empezaba a haber una bajada de precios: Había mucha construcción y a mí me interesaba seguir en una línea de trabajo constructiva y de crecimiento, no empezar a bajar los precios. Y esa fue la razón. Me gusta mucho la gestión de trabajo en equipo, monté la empresa y, finalmente, salió. No fue difícil, fue duro pero no era difícil antes de la crisis, había más facilidad para encontrar un apoyo de crédito privado.

¿Tanto público como privado? ¿O sólo privado?

Privado. Para llegar a un apoyo público vimos que era complicado. El apoyo público dependía de la apuesta innovadora de la empresa y nosotros empezamos como empresa de ingeniería.

Cuando un emprendedor empieza a poner en marcha una empresa, el tema es que aunque uno esté preparado, como era mi caso, si no tienes cultura empresarial al final hay muchas cosas para las que ese aprendizaje requiere muchísimo tiempo, y llegas a lo que puedes. Sí intentamos conseguir una financiación pública, pero había requisitos que no cumplíamos, y eso lo vas aprendiendo cuando lo haces, como todo. En un inicio tienes una etapa de aprendizaje

¿Qué oportunidades has tenido cuando empezaste esta iniciativa? ¿Se ha dado algún tejido de relaciones?

Al principio pensé en cómo crecer. Tenía un plan empresarial e hice el esfuerzo de mostrar que se podía hacer una empresa desde cero, sin contar con mucho apoyo, simplemente con tener relaciones con el sector y plantear una propuesta que podíamos hacer bien, como era la ingeniería. Y fue sencillo porque entre 2005 y 2007 todavía había mucho trabajo, por lo que con esas relaciones que yo ya tenía lo que hice fue plantear un servicio diferente para no fastidiar a ninguna de las empresas donde había estado. Creo que al final en las empresas, y eso me gusta mucho, se trata de que las cosas crezcan, no que se destruyan, y yo trabajo para construir.

Fue sencillo porque había mucho trabajo y yo tenía muchas relaciones, lo único que hice fue ofrecer un servicio que no perjudicara en absoluto a las empresas que me habían formado. Mucha gente no entiende que cuando te dan una oportunidad de trabajo en una empresa, tú le debes algo a esa empresa. Yo estoy tan agradecido a las empresas en que he estado que al final lo que intento es no fastidiarlas. De hecho, las dos empresas donde yo he trabajado siguen en el mercado y yo estoy muy contento porque han sobrevivido a toda esta crisis.

Además, cuando planteamos el trabajo, nosotros no queríamos quitar trabajo a nadie. Lo que hicimos fue hablar con muchas más personas e intentar conseguir trabajos poco a poco, para ir cada vez creciendo más, hasta llegar a nuestro récord de facturación, que todavía tenemos que remontar y que está en 497.000 euros en el tercer año, con 80.000 el primero y 250.000 el segundo, y 500.000 el tercero. De algún modo, era fácil porque había mucha construcción; por otro lado, teníamos poco tiempo para hacer la empresa Luego llegó la crisis.

¿Notasteis los efectos de la crisis? ¿Qué aprendiste?

En el tema personal, yo aprendí, después de haber hecho un máster y una carrera, y después de haber trabajado en una empresa como director de mucha gente, que hay que valorar al emprendedor. Yo fomentaba alianzas entre empresas grandes, como donde yo estaba, y esas relaciones que yo fomentaba cuando era grande las seguí fomentando después, cuando era pequeño, pero me di cuenta de la diferencia. Entonces empecé a valorar lo que es el emprendedor. El problema en construcción es que hay mucho emprendedor que al final puede que nunca vuelva a emprender nada porque la crisis ha sido de tal calibre que las pequeñas empresas del sector construcción han sufrido un montón. Es una experiencia de vida que me ha enseñado a valorar al emprendedor y al empresario, porque es difícil valorar a un empresario cuando no has vivido el riesgo que supone ser empresario, la responsabilidad que tú tomas de unas personas que están empleadas por ti, que saben que si la empresa no funciona a lo mejor se quedan sin trabajo, cómo seguir formando a gente para que quieran seguir contigo y no irse a otra empresa donde les paguen más… Hay una serie de cosas que un empleado quizás no valora mucho de una organización, pero cuando te das cuenta de que la organización es una obra, tiene una vida, al final eso que yo percibía antes en cierta medida, lo percibes con más claridad cuando, además, tomas la responsabilidad de ser el primero de a bordo. Como cuando vas en un barco, al final el capitán es el último en abandonarlo.

¿En qué medida os afectaron los efectos de la crisis de 2008?

En verano de 2007 prácticamente teníamos el récord de facturación y al final se cayó todo. Hasta hace año y medio el trabajo no volvió a ser fácil. La bajada ha sido prácticamente de un 80%, cada interviniente del sector construcción ha ido sufriéndolo antes o después, y nosotros como ingeniería, que sobre todo hacíamos edificación, lo notamos enseguida. Lo que hicimos fue empezar a movernos en muchas direcciones con un grupo de empresas, y formamos un consorcio para la internacionalización.

Entonces ¿surge IBERESPA?...

Surge Dédalo. De ahí nació el Grupo Dédalo que es un consorcio de la Cámara de Comercio de Madrid, son figuras consorciadas entre empresas donde las empresas, pequeñas o grandes, se pueden unir y tienen una serie de apoyos en formación, en conocimientos, en viajes… Empezamos todo lo internacional cuando no teníamos ninguna experiencia internacional anteriormente, excepto que en Dédalo nosotros somos dos socios, un argentino y un español, y antes de salir fuera teníamos una unidad en Argentina y otra en España, y de esa manera también sabíamos trabajar en otros países, pero era trabajar en tu lugar, no hacer el esfuerzo de irte a otro país sino él allí y yo aquí, con dos unidades de producción, trabajando en un país y en el otro. Sí fue un aprendizaje muy duro, el hecho de irte a un país como extranjero. No es lo mismo generar una empresa en tu entorno, en tu sector, en tu ambiente, que irte a un país que no conoces, primero elegir el país y luego ver la manera de poder empezar a trabajar. Aunque tuviéramos esa experiencia internacional, aquí nosotros tuvimos que partir de cero.

A partir de la creación de ese consorcio, estuvimos un año estudiando treinta países, viajando entre todos los gerentes del consorcio, y al final elegimos un grupo de países. Empezamos a trabajar en los Emiratos Árabes Unidos, porque era una de las propuestas que nos hacían en la Cámara, preguntamos en su momento al responsable de la oficina comercial, nos pidieron ir, y fue la única novatada que hicimos porque al final cuando estás allí, éramos en total 80 técnicos, pero era un país donde estaban la ingeniería alemana, la británica, la americana… con lo que al final lo que hicimos fue centrarnos en países en vías de desarrollo. Aquel viaje fue en noviembre de 2008 y a partir de ese momento, al final lo que hicimos fue buscar y estudiar países en vías de desarrollo. En 2009 hicimos un viaje haciendo toda esa exploración, y al final empezamos a conseguir trabajos en el exterior, y nos dimos cuenta de que siendo tan pequeños necesitábamos ayudarnos de más grandes, así que nuestro consorcio de origen fue invitando a otras empresas para ir juntos a los países. De esa manera, conseguimos que nos pagaran dinero por viajar y poder hacer cosas juntas, con empresas más grandes como compañeros de viaje de modo que si ellos ganan, nosotros también. Eso ha sido lo que nos ha permitido estar haciendo durante unos años una labor comercial, paralela al trabajo técnico

¿Cómo nace IBERESPA?

La clave es el Matching (iniciativa surgida en el ámbito de la Compañía de las Obras). Como socio de la CdO (Compañía de las Obras), cuando vieron nuestros amigos que estábamos empezando en el tema de la internacionalización, nos animaron a ir al Matching en 2008, y eso cambia totalmente la forma de ver la estrategia. Como asociación miembro de la CdO, que somos 30.000 empresas en el mundo y 25.000 italianas, Matching era un evento que celebraba su quinta edición y vimos que en Italia nos reuníamos 2.500 empresas, de ellas 2.000 italianas y 500 del resto del mundo, en Milán. Es un evento que propuso la CdO italiana para ayudar a la internacionalización. Por la crisis que tenían en el país desde el 90, se dieron cuenta de que era fundamental que la sociedad civil ayudara también en la internacionalización, entonces se generó un evento internacional para poder juntar en un determinado momento del año a empresas italianas con empresas del resto del mundo. Nosotros fuimos allí como empresa española, realmente no conseguimos nada de lo que pretendíamos, pero vimos que valía más la pena ir allí una vez al año para reunirnos con nuestros amigos de Perú, México, Colombia… de todo el mundo, que irnos a cada país uno por uno.

Lo que hacíamos era estudiar un país, juntarnos en Italia con ellos, y siempre que íbamos a un país íbamos por medio de la institución pública, de la Cámara de Comercio de Madrid, pero nos encontrábamos con un grupo de amigos que habíamos conocido en una asociación de confianza en Italia y que nos ayudaba sobre todo a saber dónde estábamos, dónde no, a quién conocíamos, a quién no, dónde poder vivir o no, por dónde movernos o no… Ya teníamos a alguien de confianza que por lo menos nos ayudaba a dar los primeros pasos. A partir de ahí, cada grupo de amigos en todo el mundo, que eso es la CdO, ayudaba de una manera o de otra, unos tienen más medios que otros, pero al menos ya no ibas solo, entrabas en un país con alguien que en cierta manera te podía ayudar.

De este modo, se van generando relaciones…

La CdO es una realidad de la sociedad civil cuya primera clave es que en su momento, en Italia, había un empresario que tenía un vino muy bueno y sin embargo no salía adelante. Entonces un amigo suyo sacerdote dijo que si el vino era bueno y sus amigos podían ayudarle, entonces tenían la obligación de ayudarle. No sé cómo se produciría aquella reunión, pero curiosamente allí nació la CdO, no como una estrategia sino para ayudar a una necesidad concreta. Yo he conocido la CdO en Italia, en una realidad internacional, y eso hizo que yo lo intentara en España y me llevó a montar Iberespa, porque la CdO en España es más pequeña y yo veía que si no lo hacía yo la asociación no estaba en el momento de hacerlo. Lo hice en 2013 y fue una marca que patenté, comentándolo con mis amigos de la CdO como una copia de Matching. De hecho, lo que ha pasado es que como Italia ya llevaba más tiempo con la internacionalización, esa red internacional ellos no la han seguido fomentando porque ya la han consolidado.

Sin embargo, en el mercado español no tenemos esa red, nosotros lo que hicimos fue reforzar la red de redes que nosotros conocíamos para poder tener aquí también esa oportunidad, porque en España somos 250 y en Italia son 25.000. Italia tiene una crisis sistémica anterior a la española y nosotros hemos tenido que abordar la internacionalización posteriormente, pero tenemos un peso muy grande en Iberoamérica porque España es un país de punto de encuentro y oportunidad entre Europa, los países iberoamericanos y todos los países árabes del norte de África. De modo que Iberespa responde a esa posición de España.

En este tipo de iniciativas se ve que aflora un deseo de concebir el trabajo como deseo de construir el mundo. ¿Cómo se vive esto en IBERESPA?

Lo que hemos visto en Dédalo es que nosotros intentamos reforzar la sociedad civil, aparte de porque nos gusta, porque pensamos que si reforzamos un grupo eso nos va a ayudar, porque genera relaciones positivas de confianza. Muchas asociaciones se han involucrado con nosotros y lo que nosotros hemos hecho es que lo que hemos aprendido en la CdO lo hemos planteado en nuestro entorno a través de necesidades concretas.

Pensamos que es clave la subsidiariedad y generar sociedad civil. Iberespa es algo real que las organizaciones lo van conociendo y apoyando. De esa manera, nosotros podemos permitir que esa red de redes se vaya potenciando porque lo que nos preocupa es que ante la inestabilidad que tenemos a nivel mundial y político, o tenemos una red de redes en que nos ayudemos, o desgraciadamente lo pequeño va a estar cada vez más indefenso, porque la globalización es poner a todos a jugar en la misma liga, teniendo en cuenta que unos tienen un poder y otros, otro. Nosotros valoramos mucho el mundo empresarial, nos encanta el éxito empresarial, pero nos damos cuenta de que en una sociedad anónima que se mueva con los intereses de generar un dividendo, la responsabilidad social ayuda a que ese dividendo vaya en una línea.

Justamente lo que el Papa Francisco ha señalado de continuo en relación a un capitalismo de rostro humano frente a un modelo basado en la cultura del descarte. ¿Cómo habéis respondido a esta llamada? ¿En qué se ha concretado?

Lo que ofrecemos es un servicio de internacionalización a todos, pueden ser desempleados, profesionales, pymes o grandes empresas. Lo que hemos hecho es un servicio para todos donde a cada uno se le trata de la misma manera, pero se le apoya en su posición. Lo que hacemos es generar alianzas con asociaciones internacionales que permiten que asociaciones españolas se puedan juntar con otras, así siempre vamos con gente conocida de conocida, porque una asociación permite que unos conozcan a otros, y eso te ayuda a estar delante de alguien sabiendo que puedes preguntar su referencia. De esa manera hemos generado cada vez más alianzas que permiten incluso, por ejemplo, en Colombia, posibilidades de alojamiento, ayudas… todo el apoyo para que hasta un pequeño empresario pueda venir con nosotros, incluso hemos tenido caso de desempleados, para poder volver a empezar en ese país.

Para nosotros la persona es la clave, los tratamos a todos igual, pero unos están más arriba y otros más abajo. Estando arriba es más fácil ayudar, y los de abajo necesitan más ayuda, pero todo el mundo cuando da un paso en un tema nuevo tiene algo que aportar, de modo que no se descarta a nadie. Y en ese punto nosotros es como hemos trabajado el tema internacional. Ahora también estamos haciendo ese seguimiento en España. Antes de 2007 llegamos a insertar a 25 personas en el sector de la construcción paralelo a las actividades de empresa. Esas personas al final fueron descartadas, quedaron muy pocos, y ahora vemos con mucha ilusión que el sector de la construcción vuelve a crecer. Ahora estamos volviendo a generar trabajo no solo a través de empresas sino de asociaciones que trabajan con nosotros.

Es decir, se ayuda a la búsqueda de empleo, a empezar una empresa…

Ayudar sobre todo en las relaciones. Cuando empezó la internacionalización, desde 2011 nos empezamos a juntar una vez al mes para intentar ayudarnos en esta cuestión, invitando a personas, empresas e instituciones. Nos dimos cuenta de que al final lo importante, para poder construir sociedad civil, es poder estar colaborando o cooperando con cuatro cosas: el tiempo, el dinero, el espacio y los contactos. Si una sociedad civil no aporta eso, al final tienes personas que van a ver. Se puede tener el tiempo pero nada se puede hacer sin un capital, pero el capital se puede conseguir de varias maneras, y se puede aportar entre varios: así, espacios comunes donde reunirse y contactos, que es un apartado clave porque todo el mundo protege sus contactos pensando que son suyos, cuando Dios nos creó a todos en una realidad diferente.

Todo puede ser una oportunidad, pero nosotros tendemos a ir muy protegidos. Cuando una persona empieza a cooperar con tiempo, espacio, dinero y contactos, y ayuda a otros, se da cuenta del valor de lo que tiene. Nosotros vamos trabajando esto con los partners que tenemos tanto aquí como allá, con lo cual, despacio, de una forma lenta, se va generando una dinámica donde se construye sociedad civil. Porque nos hemos dado cuenta de que es necesario construir sociedad civil, pero es difícil porque en España no estamos acostumbrados.

Tú que has emprendido, ¿por qué crees que cuesta tanto? ¿Qué sucede en la sociedad española?

Antes de la crisis había mucha positividad y muchas personas que de alguna forma veían la posibilidad de emprender y podías ayudar a otros. Llegó la crisis y endureció mucho la situación para todos. Ahora es muy difícil que un directivo de una empresa sea capaz de dar una beca a un joven, y te das cuenta de que el que tiene la llave de su empresa, el emprendedor, al menos sí tiene la libertad de utilizar esa empresa en positivo, porque la red de relaciones de esa empresa es del empresario, por lo que en cierto modo no te debes a la red de relaciones de tu empresa, con lo cual tú puedes ser capaz de mover tu marca hacia la línea que tú quieras, puede ser positiva o negativa, pero lo sostenible siempre va en dirección positiva. Pero como en España tenemos poca cultura empresarial y hemos pasado de una situación de mucha protección a una democracia, al final hemos crecido durante muchos años y nos hemos llevado la torta de la crisis, pero ahora no nos damos cuenta del peso que tiene China en este momento a todos los niveles, con el riesgo que supone, ha cambiado mucho el tema de las pequeñas empresas.

O sea, que no es un escenario fácil para emprender…

Ahora es muy difícil competir en España en muchos sectores porque tenemos competencia de un precio mucho más bajo y la competencia de las multinacionales que entran en todos los nichos. En un barrio todos los negocios están llevados por personas que tienen unos precios muy bajos y a lo mejor una calidad inferior, o por multinacionales que tienen una calidad superior y que han entrado en nichos donde antes no entraban. De modo que el pequeño empresario se ve abocado a ser muy innovador y tener que vender su idea a una empresa más grande, o tener que luchar contra viento y marea, porque al final una empresa pequeña tiene que tener un servicio como lo tiene una grande, porque todos queremos que nos lo traigan a casa, por ejemplo. Hay una excelencia personal que se exige, una exigencia del consumidor, y ahí la pequeña empresa tiene una gran dificultad porque tiene que competir con el grande. Por eso es clave la red de redes internacional, porque permite poder jugar en una liga en la que juegan los grandes ayudándose entre pequeños; también pueden ayudar los grandes, pero si no existe esa red de relaciones, el problema es que al final uno se ve abocado a su límite, que es un límite de relaciones. Lo que uno antes protegía como algo suyo, cuando ve lo que tiene delante, cuando llega a esa situación de riesgo, es cuando se da cuenta de que lo que tiene y lo que le rodea no es capaz de ayudarle como le gustaría. Y eso es lo que ahora sí se ve en la crisis, que al final la gente es más humilde porque sabe que ese problema también lo puede tener él. Pero eso no significa que la gente por ser más comprensiva pueda dar el paso de comprometerse con el otro. Ahí hay un paso donde todos los ejemplos positivos que nos ayuden a darlo nos permitirán también generar sociedad civil.

Esa sociedad civil que parece moverse en Italia puede ser que se generara en su crisis; tampoco lo conozco, pero es verdad que en España todo lo que pueda ayudar en esa dirección creo que será bueno, porque no sabemos qué va a pasar mañana, cómo se va a desarrollar la economía… Ahora mismo, si quieres crear una empresa, la tienes que pensar o analizar defendiéndote de la competencia internacional e intentando aprovechar, si es posible, un posicionamiento internacional.

Sobre todo, para introducir una nueva visión del trabajo más acorde con el hombre. En todo caso, se palpa en el ambiente una sociedad cansada. Parece necesario encontrar personas que vayan al trabajo de una forma diferente. ¿Ves este cansancio?

La crisis ha pasado factura y esa alegría que había antes al final hace que las personas que estén trabajando en una organización grande lo normal es que no tengan tiempo ni para respirar, con lo cual es normal que la persona esté agobiada porque además sabe que se está jugando su puesto de trabajo, y ahora con más de 40, 50 o 55 años puede ser que al final no encuentres trabajo. Y eso es una realidad. Pero todos cuando trabajamos con personas tenemos siempre el deseo de construir en equipo un proyecto juntos, y el problema es que esa construcción está muy ligada a cómo vives la vida y cómo quieres construir, y es normal que el escepticismo te pueda, al final de alguna manera ves que tú no puedes. Siempre me ha gustado construir, tanto cuando he estado en empresas que no son mías como cuando las he tenido, es una manera de afrontar el trabajo. Es un proyecto conjunto de una serie de personas que buscan un éxito en su labor para poder estar mejor. Eso es una cosa que está muy bien y a todo el mundo le gusta, pero luego la idea es cómo llevarlo a cabo desde tu situación.

Tenemos que regenerarnos en por qué construimos, por qué hacemos esto, porque hacer algo sin pasión y sin ilusión al final es malo para tu vida. Puede ser que esa parte de pasión e ilusión te genere muchos problemas como emprendedor, porque lo malo de todo esto es que al final está siempre el cliente, tienes que responder económicamente: Sin embargo, también es lo bonito del mundo de la empresa, que al final una ilusión o un deseo de alguna forma se tiene que confrontar con la realidad, y ahí es donde nos la estamos jugando, y conviene recuperar esa conciencia siendo un empleado de una gran empresa o de una pequeña, o siendo empresario.

Lo importante es darnos cuenta de que al final el trabajo es un bien, que tenemos que trabajar, que tenemos que conseguir que en el espacio donde estemos las personas estén bien porque es la única manera de trabajar, y a partir de ahí todo lo que sea construir, innovar de alguna manera, manejar la creatividad, tenemos que conseguir estar siempre en esta dinámica, porque cuando en una empresa empieza todo a decaer, no importa el otro, no importa la relación con el cliente, atiendes al cliente en función de si tiene más o tiene menos, buscas el beneficio a corto plazo, al final lo que se genera es una insostenibilidad. Cualquier experto en recursos humanos, a nivel de gestión de empresa, siempre te va a decir lo mismo.

Lo que pasa es que hay que hacerlo. Es decir, lo difícil no es saber lo que hay que hacer, lo difícil es tener la energía para poder hacerlo y todo lo que sean personas que puedan ayudar a generar esa positividad siempre es bueno. De hecho, los directivos españoles deberían tener esa diferenciación. Lo cierto es que, en España, o al menos eso es lo que yo veo, el corto plazo puede. Al final hay decisiones y los líderes al final no siempre se definen por trabajar de esta manera sino por otras cosas, y eso la realidad nos lo irá indicando pero yo creo que un liderazgo positivo es clave en un líder. Luego tiene que tener otra cosa, pero ese liderazgo positivo me parece fundamental.

Es claro que esto se necesita en la política española. Estamos viendo las repercusiones de la inestabilidad y la ideologización en la vida política de nuestro país. ¿Acabaremos aprendiendo de Italia en el sentido de no depender de la política o nos falta aún aprender a relacionarnos como sociedad?

La sociedad civil no es independiente porque le afecta, pero lo bueno es que puede moverse al margen de la política, es lo mejor de la red internacional. Nosotros conocemos Argentina y España, pero el corralito fue antes de empezar la crisis, luego parece que Argentina está mejor, luego España… Todos los países tienen sus ciclos. Lo bueno es que tú logres romper tu limitación en el país porque puedas tener en cierto modo la posibilidad de trabajar en el exterior, y en el caso de la construcción está claro. Nosotros hemos pasado ocho años de crisis y se avecina que tenemos unos años de bonanza, pero nadie sabe cuánto va a ser. Hay muchos datos que se tienen pero, por ejemplo, no se ha visto la capacidad de compra del consumidor final, o la limitación que existe en el tema del suelo en ciertas zonas. Todo apunta a que va a haber años de bonanza, pero como sabemos que dentro de diez, o siete, o seis, tendremos otra crisis porque la política puede ayudar mucho a tenerla, pues nosotros en ese aspecto sabemos que estamos salvados porque si no trabajamos aquí, trabajaremos en otro país.

Esa red internacional que nosotros favorecemos es clave porque si nuestros hijos no pueden trabajar en España porque hay un 40% de paro, puedan trabajar en otro país y podamos apoyarles allí con nuestros amigos, de modo que esa red internacional de empresarios al final suscita una red de apoyo a las personas que al final trasciende el negocio empresarial. Si no lo ves de esa manera, te estás quedando corto porque mañana cualquier persona se va a encontrar con que su hijo se tiene que ir a trabajar a cualquier parte del mundo y yo prefiero que mi hijo trabaje en un país donde pueda llamar a un amigo para que le acompañe. Lo que han hecho conmigo como empresario yo quiero que lo hagan con mi hijo, y yo voy a hacerlo porque mis hijos y nietos van a trabajar en cualquier parte del mundo. Con lo cual, en su momento, mi herencia no será simplemente la parte tangible, estamos abocados a un mundo diferente del que hemos conocido hasta ahora.

A mí me ha ayudado mucho en este sentido la lectura de Caritas in Veritate, que Benedicto XVI dio coincidiendo con un G-20 a todas las esposas de los líderes, y ya indicaba claramente la importancia de la globalización, la creación de redes. Me parece un documento clave. Al final es ir aprendiendo, y tenemos mucha vida por delante.

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El PP y la verdadera fuente de renovación

Fernando de Haro

España cambió de Gobierno hace 45 días. En este mes y medio se han producido dos grandes novedades. El Gobierno socialista, que por primera vez desde la transición llegó al poder sin pasar por las urnas y sin ser el partido más votado, paradójicamente no tiene fuerza más que para tomar medidas de alto voltaje ideológico. Medidas que tienen poco que ver con las necesidades de la gente-gente. Sea porque quiere ocultar su debilidad con gestos simbólicos, sea porque tiene que cumplir con sus múltiples socios de la izquierda-izquierda o del nacionalismo, todo lo que ha hecho hasta ahora ha sido impulsar una agenda de polarización y de un radicalismo de bajo vuelo.

Por eso ha frenado el desarrollo de los cuidados paliativos para impulsar la eutanasia, ha querido presentarse como el Gobierno más antifranquista en un país en el que no hay franquistas, como el más feminista cuando el origen de la violencia machista sigue sin atacarse de modo adecuado. Es un Gobierno que resucita conflictos viejos contra la dictadura, la clase de Religión, o la enseñanza concertada (de iniciativa social). Socialismo del siglo XX cuando el siglo XXI reclama reforma en el sistema de pensiones, reforma del mercado laboral, reforma fiscal, reforma para mejorar la productividad y la competitividad… y una larga lista de cambios de los que ni habla. El ciclo de expansión económica permite continuar la política de aumento del gasto iniciada por el PP y olvidarse de lo importante.

El Gobierno socialista ha iniciado, eso sí, un intento de diálogo con el independentismo que puede ser útil como fuente de distensión pero que está condenado al fracaso. El secesionismo catalán, a pesar de su intensa gesticulación, está en un impasse: sabe que no puede seguir por la vía de la ruptura, al menos de momento, pero no encuentra una salida honrosa. En esta cuestión poco ha cambiado en los últimos 45 días. Donde sí han cambiado las cosas y mucho es en el PP, en un centroderecha que está profundamente desorientado. Es lógico que no haya asimilado la repentina pérdida de poder (después de siete años y después de haber ganado las últimas elecciones con un nada despreciable porcentaje del 33 por ciento). Ni el partido ni el expresidente Rajoy estaban mentalmente preparados para asimilar el daño que le estaban haciendo los juicios por casos de corrupción ni la posibilidad de ser derrotados por un pacto tan heterogéneo como el que hizo falta el uno de junio. No se habían dado cuenta de lo profundo y lo intenso que era el “Rajoy no”.

Tampoco ahora el PP parece haber entendido el alcance del proceso de primarias que se ha autoimpuesto. Ha caído en una dicotomía falsa. Los dos candidatos de la segunda vuelta, Soraya Sáenz de Santamaría (la que fue mano derecha en los gobiernos de Rajoy) y Pablo Casado (un hombre de partido, pero sin experiencia de Gobierno) quieren que el próximo sábado los compromisarios elijan entre dos alternativas rotundamente enfrentadas. La tecnocracia eficaz, pragmática y experimentada, útil en una sociedad que necesita, sobre todo, buena gestión que encarna Santamaría y la juventud de un Casado, con menos pasado, alejado de la corrupción, con unos “principios, valores e ideas” que este último postula recuperar.

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Cuando vuelva

Fernando de Haro, Gaza

Suhaila Tarazi completó sus estudios de Gestión y Dirección en Londres. Con unos 60 años, la actividad al frente del Al Ahli Hospital la tiene exhausta. Antes de responderme algunas preguntas se detiene para tomar aire. El hospital es un oasis en el centro de la ciudad de Gaza. Fuera de sus puertas la vida hierve. Las calles están sucias en la capital de la franja. Los carros tirados por burros o caballos son frecuentes. La gasolina es muy cara en esta gran prisión a cielo abierto de 365 kilómetros cuadrados de la que no pueden salir, salvo especial permiso que no se concede casi nunca, sus dos millones de habitantes.

Al occidental se le saluda con sorpresa, los niños ensayan su única frase en inglés al ver a los periodistas: “What is your name?”. La inmensa mayoría de los jóvenes menores de 20 años no han salido nunca de esta parte de los territorios palestinos. A pocos kilómetros de aquí, en la frontera este, algunos de esos jóvenes se enfrentan a las balas del ejército de Israel. Desde hace semanas el goteo de los que mueren solo se convierte en noticia cuando los fallecidos superan la docena. Jóvenes sin futuro, encarcelados por la política del Gobierno de Israel, ya sin los túneles hacia Egipto que Al Sisi ha cerrado (por los que llegaron a circular camiones), con una ira que el ineficiente y manipulador Gobierno de Hamas instrumentaliza para no asumir responsabilidad alguna y para no reconocer que es incapaz de proporcionar a su pueblo una vida digna.

Suhaila, tan pronto sale de su despacho y se dirige a las clínicas, es asaltada por un médico que le cuenta una nueva urgencia y por un paciente que le da las gracias. Nuestra conversación se ve interrumpida a menudo. Las instalaciones médicas son modestísimas. En un viejo y desvencijado frigorífico se guardan las bolsas de plasma. El frigorífico está conectado a un generador. En Gaza solo hay cuatro horas de electricidad al día y nunca se sabe cuándo se va a poder contar con ella. Si la luz llega de madrugada hay que aprovechar ese momento para poner una lavadora. Suhaila se detiene especialmente en la consulta infantil. Con la ayuda de la Misión Pontificia el hospital mantiene un programa para luchar contra la malnutrición de los niños. Hay zonas de la franja donde el 50 por ciento de los menores están por debajo del peso que deberían tener y la tasa de mortalidad infantil se acerca al 23 por mil. Cinco niños pálidos, sin fuerzas para jugar, esperan con sus madres el turno para ser atendidos.

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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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