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20 JULIO 2018
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Lo primero en las primarias

Fernando Vidal | 0 comentarios valoración: 2  23 votos
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Lo primero de las primarias del PP es su aportación a la cultura política española. En los tiempos que se avecinan, las cuestiones de identidad y sentido van a cobrar cada vez mayor fuerza. Por eso nuestras democracias deben cultivar el interior colectivo, aquello formado por los valores, creencias y formas de sentir de un pueblo. Las primarias de los partidos permiten aumentar la capacidad reflexiva de una sociedad, siempre que realmente se abra un debate profundo sobre ideas y proyectos.

Se pueden hacer unas primarias de primera o primarias de segunda. Son “de segunda” cuando no hay debate real ni público, cuando no se invita a elegir entre distintos programas y modelos. Las primarias son “de primera” cuando hay transparencia y maduramos para que la diversidad ideológica y de estilos dentro de un partido puedan convivir y crear juntos un gran proyecto. En un país tan tendente a la polarización como España, eso nos llevaría a otro escenario de diálogos y cooperación entre personas y grupos de distintas ideologías y creencias.

Cuando las primarias no son “de primera”, el poder y los clientelismos siguen dominando el escenario político. Lo que se calla nos envenena. El principio de transparencia es sano, hace que el poder tenga menos papel y ganen mayor protagonismo la deliberación y el valor de las ideas. Las primarias de primera mejoran la calidad democrática.

Hay miedo a que las primarias a corazón abierto generen divisiones, expongan las vulnerabilidades de la organización, generen heridas entre corrientes del partido, extiendan la confusión. La opción contraria es seguir en las dinámicas del Juego de Tronos o House of Cards. No podemos seguir con un concepto infantil de la ciudadanía, ni sospechar todo el tiempo de su capacidad de discernimiento.

La deliberación pública es un asunto de costumbres. Las primeras experiencias de primarias en un país siempre generan aspectos negativos, pero cuando la gente se acostumbra a que en un mismo partido conviven diferentes sensibilidades, la diversidad de proyectos deja de ser novedad y se convierte en interés. La única opción es profundizar en la cultura de primarias. No hay que tener miedo a la transparencia. Por eso es importante que el PP implemente un buen modelo.

El PP tiene que elegir entre dos líderes de alto perfil –Soraya y Casado– pero lo primero en las primarias del PP es hacerlas bien, que sean un principio activo que incorpore a todo el centro derecha a la Democracia de Discernimiento. Pocos procesos pueden contribuir a ello con tanta fuerza como unas primarias sanas y transparentes, unas Primarias de Primera.

Lo segundo en las primarias: Soraya o Pablo

El pentágono democrático en el que parece que nos hemos instalado ha cambiado el mapa de la cultura política española: PP, Ciudadanos, partidos nacionalistas, PSOE y Podemos forman un pentágono en el que el PP debe recolocarse estratégicamente. Las razones de la pérdida de votos del PP son las que nos ayudan a ver las diferencias entre Soraya y Casado.

El ascenso de Ciudadanos –y, por tanto, la división del centro derecha– pivota sobre seis pilares:

Primero, una reacción a la estructura de corrupción que se instaló en los principales dominios del Partido Popular y frente a los que no reaccionó hasta que la Justicia acorraló al partido. Ser reactivos y no proactivos en casos de corrupción siempre aumenta los daños en el partido. El PP y todo partido debía contar con un servicio de asuntos internos que fuera preventivo y proactivo en la eliminación de todos estos casos. Por el bien de la ciudadanía, hay que aplicar el siguiente principio en política: elige a los mejores y vigílalos como a los peores.

- Al respecto, Casado y Soraya han permanecido al margen de la corrupción del partido. Aunque Casado está pendiente del proceso judicial alrededor de su máster, su ejercicio como cargo orgánico en el partido se ha caracterizado por dar la espalda a los corruptos y estigmatizarlos. Soraya estaba fuera del aparato del partido y en el seno del gobierno no ha amparado casos de corrupción. Por el contrario, ha actuado con celeridad en casos como el del ministro Soria. Quizás al haber tenido en sus manos el gobierno de España, Soraya ya ha demostrado en la práctica que está lejos de la corrupción.

- No obstante, ninguno de los dos ha propuesto soluciones preventivas a una cuestión que ha manchado muy gravemente la reputación del PP. Esa dura experiencia del partido debía provocar alguna solución imaginativa y radical que corte cualquier duda respecto al futuro.

Segundo, Ciudadanos ha mostrado una mayor capacidad de innovación en sus propuestas programáticas. Cierto es que no gobierna y por tanto su discurso tiene las manos libres para especular y no tener incoherencias. Muchas de esas propuestas han sido contestadas: quizás el caso paradigmático es el debate alrededor de las Diputaciones provinciales. No obstante, Ciudadanos aparece como un partido innovador y pragmático. Todo partido debe ser percibido como un partido de soluciones, con una fábrica interior de propuesta ideológica y práctica.

- Quizás el problema es que el PP ha perdido su fábrica de ideas, que era FAES y cuyo lugar ha quedado parcialmente vacío, salvo la Escuela Fraga en el ámbito formativo. Casado se ha movido buscando ideas innovadoras y Soraya ha estado al frente del programa de reformas durante la crisis económica. Pero en toda la dinámica de las primarias del PP falta el debate programático. Eso beneficia a Ciudadanos, que se percibe como un partido de ideas útiles y eficaces, independientemente de que lo sea o no.

- Casado o Soraya debían poner entre sus 10 medidas más importantes la recreación de un potente centro de creación política y formación, en conexión con centros internacionales y grupos científicos en las distintas áreas.

Tercero, Ciudadanos aparece como un partido meritocrático, profesional. El PP explotó con eficacia su reputación de políticos gestores, con buena capacidad de administración. Sin duda tiene en su haber la superación de la crisis económica, lo cual ha sido una gran exhibición pública de gestión. El gobierno de Rajoy favoreció los perfiles políticos meritocráticos como Ayllón, Báñez, Nadal o Dastis, encabezados por la propia Soraya. Sin embargo, ha perdido reputación como lugar para la atracción de talento de jóvenes profesionales. Los costes de peso partidario que deben soportar esos profesionales son altos –como lo es en otros partidos también– y evitan esa inversión. Ciudadanos aparece como una opción de menos coste, con una relación más fluida con los profesionales. La juventud de su organización y la absorción de un gran número de cuadros le hace vivir una etapa más dinámica.

- La propia Soraya encarna la meritocracia y precisamente la mayor parte de críticas contra ella la acusan de haber sido poco partidista, de no ser suficientemente corporativa con el partido. Casado no se puede decir que no sea meritocrático y también es fácilmente identificado como un joven profesional. Quizás aquí es donde más le perjudica la polémica con su máster.

Cuarto, Ciudadanos tiene una relación más dinámica con la sociedad civil. Ha desarrollado una potente agenda de interlocución con ONG, profesionales, grupos científicos y centros de pensamiento de distintos signos para escuchar, aprender y captar ideas y propuestas. El PP carece de tal dinamismo y eso impide que existan cuadros internos que se formen en áreas tan cruciales de gobierno como política social o educación. La interlocución con los centros de saber de la sociedad civil y universidades se produce en Ciudadanos al máximo nivel y son muy frecuentes las consultas. Esta es una característica esencial del liberalismo, pero difícil de hallar en las maquinarias partidarias.

- Casado ha demostrado ser una persona que se sienta, escucha, aprende y dialoga sobre propuestas concretas, pero le falta hacer de esa capacidad un rasgo percibido públicamente. Soraya sin duda tiene capacidades para ello y lo ha hecho en su etapa de vicepresidenta del Gobierno. No obstante, ambos necesitan desarrollar una agenda mucho más activa y genuina en su interlocución con la sociedad civil.

Quinto, Ciudadanos ha enarbolado la defensa de la nacionalidad española y eso le ha hecho ascender en las encuestas de primavera de 2018 a partido con mayor expectativa de voto. La acusación al PP reside en no haber sido suficientemente contundente en la aplicación del 155 y haber sido tibio en la defensa de la Constitución. En cambio, mi percepción personal es que precisamente la contención emocional y la prudencia en la gestión del desafío secesionista ha sido uno de los mayores aciertos del Gobierno. No obstante, la realidad es que existe una demanda de soluciones para lo que parte del electorado considera no una tendencia descentralizadora sino centrífuga de España.

- Soraya es identificada por parte del electorado como la principal responsable de la respuesta contenida y prudente al secesionismo. Casado ha hecho de esa diferencia uno de sus principales activos, aunque también de forma moderada, sin sobreactuar. Mientras que Casado parece expresar mejor el pensamiento de los afiliados populares, Soraya parece expresar mejor el pensamiento del electorado de centro. España es la bandera disputada entre ambos candidatos.

Sexto, Ciudadanos es geométricamente un partido que representa mejor al centro político. Es una cuestión meramente geométrica. El PP ha quedado como el partido de la derecha y Ciudadanos es el centro, junto con el ala socio-liberal del PSOE. El PP tiene difícil recuperar su papel de centro e imposible monopolizarlo.

- Soraya tiene una imagen más centrada que Casado y precisamente la otra parte de críticas a Soraya se dirigen a esa condición de centro. Su relación plural con los medios –bien tratada por los grupos Atresmedia y Prisa–, su posicionamiento liberal en cuestiones tan sensibles como el aborto y la agenda bioética católica, o su pragmatismo, convierten a Soraya en el cartel electoral más competitivo contra Ciudadanos.

- Casado, en cambio, ha asumido la propuesta de Aznar de unir a todo el campo de centroderecha, una misión casi imposible mientras Ciudadanos continúe electoralmente fuerte. Casado escora su campaña a la derecha para hacerse con el voto cristianodemócrata del PP. No obstante, la imagen y el programa que ha cultivado Casado estos años se solapa con Rivera.

Si realmente los candidatos quisieran ganar peso como la mejor alternativa para recuperar el electorado fugado a Ciudadanos, tendrían que enviar cinco mensajes al electorado y compromisarios del PP:

1. Establecimiento de un sistema de vigilancia anticorrupción dentro del partido y sobre sus cargos políticos.

2. Recreación de un gran Centro de Ideas al que asocien a personalidades y organizaciones de prestigio como consejo asesor.

3. Tercero, establecimiento de un sistema mucho más dinámico de relación con profesionales. La figura del simpatizante –que ha mostrado poco éxito en el PSOE– debería ser usada de una forma nueva. El PP debería abrir una Red Nacional de Debates, independiente de las sedes locales, especializados por temas y sectores, en los que libremente participen profesionales. El PP debe establecer interlocuciones permanentes y transparentes con organizaciones y centros de la sociedad civil. Eso puede ser incluido dentro de la Red Nacional de Debates.

4. Una descentralización unida. El PP debe formular un gran programa que garantice que la descentralización hace posible la existencia de proyectos nacionales en todos los ámbitos. Eso supone el fin de las competencias exclusivas para las autonomías. Todas son competencias compartidas y están sujetas no solo a las legislaciones sino a las estrategias nacionales.

5. El PP quiere tener las mejores soluciones de centro. Finalmente, desde el punto de vista del interés electoral, el PP no puede resignarse a ser la derecha sino que tendrá que competir más duramente por la validez de sus ideas en el centro desde la perspectiva de la eficacia. Centrar su estrategia en maximalismos no es viable porque Ciudadanos ha mostrado que puede exhibir maximalismos en el terreno de la nacionalidad española. Ciudadanos puede competir peor en el maximalismo del programa cristianodemócrata, que, por otra parte, es un voto que el PP prácticamente no ha perdido y que tradicionalmente consiste en tres puntos: bioética, escuela concertada y políticas sociales compasivas. La asociación simbólica a profesionales y organizaciones de valor es parte del capital simbólico que le falta al PP para validar sus políticas.

Obviamente, existe otro factor decisivo: las corrientes y clientelas internas del partido. Casado se presenta como un candidato de unidad mientras que Soraya se exhibe como la candidata con mayores posibilidades electorales. Pero la mayor parte de lo que el PP debe hacer para recuperar su voto perdido está por demostrar. Lo logrará si consigue crear en el partido un equipo dinámico, creativo y socialmente muy conectado. Necesita hacer un giro radical en su cultura de partido para que el pentágono político no se convierta en su pantano.

Y aun así lo tendrá difícil pues Ciudadanos es un equipo reducido que aprende rápido. El PP tiene a su favor, a cambio, la capacidad territorial e institucional para levantar un proyecto de innovación en toda España y todas las localidades. Ese peso institucional también juega en su contra. Desde luego son años apasionantes para la Sociología política. Cuanto más hagamos para que cada partido lo haga lo mejor posible, más profundizaremos en la democracia y el desarrollo de nuestro país.

Fernando Vidal es profesor de sociología de la Universidad Pontificia Comillas

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El PP y la verdadera fuente de renovación

Fernando de Haro

España cambió de Gobierno hace 45 días. En este mes y medio se han producido dos grandes novedades. El Gobierno socialista, que por primera vez desde la transición llegó al poder sin pasar por las urnas y sin ser el partido más votado, paradójicamente no tiene fuerza más que para tomar medidas de alto voltaje ideológico. Medidas que tienen poco que ver con las necesidades de la gente-gente. Sea porque quiere ocultar su debilidad con gestos simbólicos, sea porque tiene que cumplir con sus múltiples socios de la izquierda-izquierda o del nacionalismo, todo lo que ha hecho hasta ahora ha sido impulsar una agenda de polarización y de un radicalismo de bajo vuelo.

Por eso ha frenado el desarrollo de los cuidados paliativos para impulsar la eutanasia, ha querido presentarse como el Gobierno más antifranquista en un país en el que no hay franquistas, como el más feminista cuando el origen de la violencia machista sigue sin atacarse de modo adecuado. Es un Gobierno que resucita conflictos viejos contra la dictadura, la clase de Religión, o la enseñanza concertada (de iniciativa social). Socialismo del siglo XX cuando el siglo XXI reclama reforma en el sistema de pensiones, reforma del mercado laboral, reforma fiscal, reforma para mejorar la productividad y la competitividad… y una larga lista de cambios de los que ni habla. El ciclo de expansión económica permite continuar la política de aumento del gasto iniciada por el PP y olvidarse de lo importante.

El Gobierno socialista ha iniciado, eso sí, un intento de diálogo con el independentismo que puede ser útil como fuente de distensión pero que está condenado al fracaso. El secesionismo catalán, a pesar de su intensa gesticulación, está en un impasse: sabe que no puede seguir por la vía de la ruptura, al menos de momento, pero no encuentra una salida honrosa. En esta cuestión poco ha cambiado en los últimos 45 días. Donde sí han cambiado las cosas y mucho es en el PP, en un centroderecha que está profundamente desorientado. Es lógico que no haya asimilado la repentina pérdida de poder (después de siete años y después de haber ganado las últimas elecciones con un nada despreciable porcentaje del 33 por ciento). Ni el partido ni el expresidente Rajoy estaban mentalmente preparados para asimilar el daño que le estaban haciendo los juicios por casos de corrupción ni la posibilidad de ser derrotados por un pacto tan heterogéneo como el que hizo falta el uno de junio. No se habían dado cuenta de lo profundo y lo intenso que era el “Rajoy no”.

Tampoco ahora el PP parece haber entendido el alcance del proceso de primarias que se ha autoimpuesto. Ha caído en una dicotomía falsa. Los dos candidatos de la segunda vuelta, Soraya Sáenz de Santamaría (la que fue mano derecha en los gobiernos de Rajoy) y Pablo Casado (un hombre de partido, pero sin experiencia de Gobierno) quieren que el próximo sábado los compromisarios elijan entre dos alternativas rotundamente enfrentadas. La tecnocracia eficaz, pragmática y experimentada, útil en una sociedad que necesita, sobre todo, buena gestión que encarna Santamaría y la juventud de un Casado, con menos pasado, alejado de la corrupción, con unos “principios, valores e ideas” que este último postula recuperar.

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Cuando vuelva

Fernando de Haro, Gaza

Suhaila Tarazi completó sus estudios de Gestión y Dirección en Londres. Con unos 60 años, la actividad al frente del Al Ahli Hospital la tiene exhausta. Antes de responderme algunas preguntas se detiene para tomar aire. El hospital es un oasis en el centro de la ciudad de Gaza. Fuera de sus puertas la vida hierve. Las calles están sucias en la capital de la franja. Los carros tirados por burros o caballos son frecuentes. La gasolina es muy cara en esta gran prisión a cielo abierto de 365 kilómetros cuadrados de la que no pueden salir, salvo especial permiso que no se concede casi nunca, sus dos millones de habitantes.

Al occidental se le saluda con sorpresa, los niños ensayan su única frase en inglés al ver a los periodistas: “What is your name?”. La inmensa mayoría de los jóvenes menores de 20 años no han salido nunca de esta parte de los territorios palestinos. A pocos kilómetros de aquí, en la frontera este, algunos de esos jóvenes se enfrentan a las balas del ejército de Israel. Desde hace semanas el goteo de los que mueren solo se convierte en noticia cuando los fallecidos superan la docena. Jóvenes sin futuro, encarcelados por la política del Gobierno de Israel, ya sin los túneles hacia Egipto que Al Sisi ha cerrado (por los que llegaron a circular camiones), con una ira que el ineficiente y manipulador Gobierno de Hamas instrumentaliza para no asumir responsabilidad alguna y para no reconocer que es incapaz de proporcionar a su pueblo una vida digna.

Suhaila, tan pronto sale de su despacho y se dirige a las clínicas, es asaltada por un médico que le cuenta una nueva urgencia y por un paciente que le da las gracias. Nuestra conversación se ve interrumpida a menudo. Las instalaciones médicas son modestísimas. En un viejo y desvencijado frigorífico se guardan las bolsas de plasma. El frigorífico está conectado a un generador. En Gaza solo hay cuatro horas de electricidad al día y nunca se sabe cuándo se va a poder contar con ella. Si la luz llega de madrugada hay que aprovechar ese momento para poner una lavadora. Suhaila se detiene especialmente en la consulta infantil. Con la ayuda de la Misión Pontificia el hospital mantiene un programa para luchar contra la malnutrición de los niños. Hay zonas de la franja donde el 50 por ciento de los menores están por debajo del peso que deberían tener y la tasa de mortalidad infantil se acerca al 23 por mil. Cinco niños pálidos, sin fuerzas para jugar, esperan con sus madres el turno para ser atendidos.

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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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