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15 AGOSTO 2018
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Educación, todo a babor

Antonio Amate | 0 comentarios valoración: 3  37 votos
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Con el nuevo Gobierno, la legislatura cambia también de rumbo a la orden de “todo a babor” de Pedro Sánchez. Las primeras declaraciones de los responsables políticos del MECD apuntan hacia una nueva reforma de la reforma educativa de la LOE que fue la LOMCE de Wert, y que pueda dar alguna satisfacción a los suyos, aunque jugando todavía con la bandera del Pacto educativo. El secretario de Estado, Alejandro Tiana, lo declaró recientemente con tres afirmaciones contundentes: no dudará, aplicará las políticas que estime necesarias y lo hará con la máxima aceptación posible. ¿Hasta dónde llegará esa máxima aceptación posible para evitar caer en la imposición? La serie histórica de los golpes de timón en nuestra política educativa puede dejarnos huérfanos, una vez más, de los cambios más necesarios y urgentes para modernizar nuestra enseñanza y acercarla a un modelo de sociedad definida por el cambio, por la multiculturalidad y por la digitalización.

No vendría mal también reflexionar sobre el profesorado, que soporta las cargas más fuertes del sistema, y orientar todos los esfuerzos en facilitar la tarea docente, eliminando trabas y obstáculos archidenunciados como la actual inflación burocrática y dejar hacer con más libertad, más creatividad e innovación y menos instrucciones a quienes están en las aulas. La ministra Celaá tantea y envía globos sonda a la opinión pública retomando las viejas polémicas educativas, envejeciendo con ellas de manera prematura y frenando en seco la tímida esperanza de aparejar un nuevo enfoque educativo que se centrara, por una vez, sobre las cuestiones educativas.

Paradójico, ¿no? Que la novedad consista en hablar de educación y no en seguir enfangados en resolver los intereses corporativos de los partidos políticos, los sindicatos, las asociaciones y todos los que no están en un aula dejándose la vida para enseñar. Pues no. Se recurrió otra vez a la estrategia de la tinta del calamar, al debate ideológico, que es como el laberinto del Minotauro. Un artificio para esconder lo que no se quiere mostrar, y es que pactar en educación consiste en establecer un orden de prioridades nuevo frente al que ya conocemos, que se ha mostrado incapaz e inútil para alcanzar ningún consenso. Aparecieron una vez más todos los fantasmas en laica procesión: la escuela concertada no será prioritaria sobre la escuela pública, la asignatura de religión vuelve a la configuración LOE y empeorada (¿sin alternativa?, ¿sin efectos académicos?) y, por último, apareció la estrella del Belén de Zapatero: la asignatura de valores cívicos obligatoria para todos y establecida sobre unos contenidos que van a dar mucho que hablar.

Michel Foucault expuso una idea interesantísima: las ideas no se ocultan por la represión y el silencio, sino por la sobreexposición y la escenificación. Para evitar hablar a fondo sobre cuestiones prácticas de la educación, sobre temas interesantes, se recurre a la sobreexposición del discurso normativo con su mitología clásica: conciertos, religión, educación para la ciudadanía, reválidas, itinerarios, etc.

Visto lo visto, los partidos gobiernan hoy pensando sobre todo en sus partidarios sin cortarse un pelo, las políticas adoptan un marcado carácter electoralista, pues se está permanentemente en campaña y la acción de gobierno busca en exceso provocar los titulares más productivos para captar votantes. Afortunadamente, la nueva ministra ha tenido a bien escuchar el clamor del profesorado y propone estudiar la derogación del Decreto-ley 14/2012 que tenía como único fin recortar gastos con medidas que eran objetivamente negativas para la enseñanza en el marco general de una nueva etapa política abierta por el presidente Sánchez donde ya no se repara en gastos, valga la redundancia, y porque la cacareada recuperación económica hay que socializarla.

Veremos hasta dónde alcanza la tesorería y hasta quién llega el reparto de dividendos. ¿Alcanzaremos la homologación salarial y laboral finalmente en la concertada? Sigo conservando un resquicio de esperanza en el nuevo ministerio, que todavía no ha movido ficha, confiado en que arriesgue capital político con alguna novedad que desatasque la rueda del debate educativo desde enfoques más profesionales y que puedan aunar muchas voluntades. Primero habrá que saber realmente lo que quieren hacer, después habrá que ver qué les permitirán hacer, los propios y todos los demás.

Antonio Amate Cruz es secretario general de la Federación de Enseñanza de USO

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