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14 DICIEMBRE 2018
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>Entrevista a Francisco Aldecoa Luzárraga

"El tejado del edificio europeo es la reforma federal"

Ángel Satué | 0 comentarios valoración: 1  60 votos
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Francisco Aldecoa Luzárraga, catedrático de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid, ha sido recientemente elegido presidente del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo en sustitución de Eugenio Nasarre, que ha estado al frente del mismo los últimos seis años.

El Consejo es una de las 39 secciones del Movimiento Europeo Internacional, constituido en 1949. Tradicionalmente, su presidencia recae en una persona afín ideológicamente al gobierno de turno, y en este caso se ha vuelto a cumplir con esta regla no escrita que es un pacto entre caballeros. Una organización al servicio de Europa para propiciar una identidad europea y que España sea un factor dinamizador en el proceso de construcción de la Unión.  

Recientemente ha colaborado y coordinado con Eugenio Nasarre la edición de un libro llamado “Europa como tarea”. Cuando para unos la Unión ha llegado al máximo de sus posibilidades como superestructura política, mientras que para otros no es sino el comienzo de un proceso federativo mundial, ¿qué tarea es la que queda por hacer aún en Europa?

Me encuentro entre los que entienden que estamos en un momento avanzado del proceso de creación de la Federación Europea., esto es, poner tejado al edificio de la construcción europea. El tejado es la reforma federal. Por otro lado, el proceso federativo mundial de momento es otra cosa, y está parado.

¿Cómo se pueden trasladar las conclusiones e ideas del libro a la sociedad?

La idea del libro es que la Unión Europea está inacabada y hay que dar pasos sucesivos. En el Congreso de la Haya nace Europa, por impulso de la sociedad civil. Es esta la que debe estar presente en la profundización de lo que falta por hacer. Espontáneamente o, mejor, de forma canalizada, por la vía de una mejor participación.

Usted está acostumbrado a las lides europeas, es asiduo a los mentideros de Bruselas y de otras capitales europeas, está conectado con la juventud desde su cátedra en la Universidad Complutense y en asociaciones europeístas, ¿tiene Bruselas un modo tecnocrático de hacer política y economía, hasta llegar a ser un fin en sí misma para sus dirigentes?

Yo creo que no. Esta acusación, tan manida, sobre Bruselas es una exageración. Los hitos políticos importantes los ha hecho el Parlamento europeo. A veces ha habido excesos de regular cosas, si me permite la expresión, “tontas”, pero no en lo fundamental. El proceso político, hoy, es equivalente al de los países democráticos y, si cabe, menos tecnocráticos que el de los Estados miembros.

¿Se puede seguir hablando de déficit democrático en la Unión Europea?

No. El fundador de la Unión Europea de Federalistas, Spinelli, ya dijo que existía en el  84 un déficit democrático. Para solucionarlo nace la iniciativa del Parlamento Europeo de establecer un nuevo tratado. Posteriormente, ha habido cinco reformas de los tratados para mejorar el sistema, y actualmente el sistema democrático de la Unión es equivalente al de sus Estados miembros, o incluso en algunos casos es mejor, lo cual no quiere decir que no sea mejorable su calidad democrática, como el caso de nuestro Estado  español.

Es evidente que existe una Europa prepolítica, basada en valores comunes, que hacen posible distinguir culturalmente a Europa de la India, del Japón, del islam, de la China, y tal vez no tanto de Rusia. Pero esto mismo no ha evitado las guerras entre europeos cuando no había en Europa únicamente democracias. Dicho de otro modo, ¿por qué a mi abuela de Tierra de Campos y de 96 años le debe preocupar lo que le pasa a la suegra finlandesa de un amigo mío español?

Porque al final la resolución de sus problemas tiene una parte común. Por ejemplo, frente a la globalización estos pueblos no pueden resolver la guerra comercial en agricultura entre Trump y la Unión Europea. En cambio, la Unión Europea sí tiene ese poder de negociación que no tienen españoles o finlandeses por sí solos. Ambos pueblos solos no pueden alterar la tarifa exterior que Trump quiere imponer a las bravas.

Desde su punto de vista, solidaridad y ciudadanía ¿serían los valores clave para entender una “Unión más unida” de Europa?

El Artículo 2 del Tratado de la Unión Europea (TUE) establece el porqué de la misma, que se fundamenta en tener los mismos valores comunes de igualdad, libertad, solidaridad... que son los que configuran el modelo europeo de sociedad. El Artículo 3 establece el para qué, que en definitiva son los objetivos: mercado interior, economía social de mercado, política exterior… La ciudadanía está recogida en el TUE como un plus de derechos que tienen los ciudadanos de los Estados miembros por el hecho de pertenecer estos a la Unión.

El manifiesto de Ventotene fue el precursor de una unidad europea basada en la libertad, el estado de derecho y la solidaridad social. Es anterior por tanto al Tratado de Roma, que en 2017 cumplió 60 años. Si uno lo relee de nuevo, es como si el espíritu de sus redactores, presos en la isla de Ventotene, Spinelli y Rossi, nos advirtieran de nuevo de nuevas formas reaccionarias praeter-estatales no controladas (más allá del poder de los estados), dueñas de una globalización de los capitales y del mercado, basadas en la economía del descarte de los más débiles (denunciada por Francisco). Además, populismos y extremismos ideológicos recorren Europa como en los años 20 y 30 del siglo pasado, excrecencia de este capitalismo. Ante esto, es difícil encontrar medios de comunicación, al menos españoles, que pongan en valor los logros sociales alcanzados por los estados de la Unión, en lo que concierne a la calidad de vida, al bienestar social, al trabajo digno, en definitiva a que los derechos políticos sean ejercitables, ¿el modelo europeo de sociedad estará basado en el modelo social y de bienestar francés o alemán, que trae de serie un muy desarrollado estado del bienestar?

Bueno, es posible. Hasta ahora el estado del bienestar estaba garantizado por los estados, y ahora debería estar garantizado, al menos un mínimo común, por la Unión. Esto hace necesaria la reforma de los tratados. Probablemente no se alcancen los estándares alemanes o franceses, pero ese mínimo común es necesario, y es necesario que esté residenciado en un nivel europeo.

¿Todo siempre debe pasar por el eje franco-alemán, y sabrá España aprovechar su nuevo peso relativo tras el Brexit y las dudas de los países de Centroeuropa?

Eso espero, sobre todo con el nuevo gobierno. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el propio ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, quieren sin duda alguna colocar a España en el G-3 de la Unión Europea, con Francia y Alemania. Las condiciones, dado el inexistente nuevo gobierno italiano y el Brexit, y el insuficiente peso de algún otro país en esta tarea de liderar Europa, le dan una oportunidad a España de servir de engranaje y de equilibrar el eje franco alemán. Lo tienen claro en el Gobierno y , espero, en el Consejo Europeo, veremos cómo se juega esta fuerte baza. En todo caso, hay que tener en cuenta que estas cosas, en Europa, no son fáciles.

El Tratado con Irán denunciado por EE.UU. fue el primer hito de la política exterior europea en materia de defensa, seguridad y relaciones exteriores. Ahora es, junto con el cambio de capitalidad israelí, un verdadero test para la diplomacia europea. Parece que el reto es gestionar las desavenencias con el aliado más cercano de la Unión Europea, los EE.UU. ¿Cree que las desavenencias irán a más pues, aunque EE.UU sea un aliado, no deja de ser un competidor económico a escala global?

El compromiso europeo de defensa exige hacer inversiones en industria militar en Europa y no en Estados Unidos, lo que no es de su agrado. Además, Trump ha reventado el G7 con sus gestos, declaraciones y política comercial, siendo como son los miembros del G7 sus aliados más firmes. Estamos efectivamente en el momento de mayor debilidad de las relaciones transatlánticas desde la II Guerra Mundial, y Trump no hace nada por solventarlo. Es un gran problema, pues además no está claro que el interlocutor, Trump, quiera buscar soluciones, a pesar que la diplomacia norteamericana sea buena, y siempre busque llegar a acuerdos.

¿Esto acercará Europa a Rusia? Y si es así, ¿debería cambiar algo Rusia o es imposible en su idiosincrasia nacional?

Comenzando por el final, no es probable que cambie. No obstante, sí puede llevar a que Europa se acerque a Rusia, o lo intente. Es complicada la respuesta. La idea de Trump de meter a Rusia en el G7 (a pesar de persistir su ocupación del este de Ucrania) no hará más que complicar las cosas. Veo que la UE intenta acercarse a Rusia y, posiblemente, el que se quedará aislado será EE.UU. en el G20, próximamente, en Argentina. Los demás ven que se deben poner de acuerdo en muchas cosas, incluida Rusia.

Uno de los instrumentos de la Unión es la cooperación estructurada permanente en temas de defensa, que permite ir integrándose a un núcleo de estados, por ejemplo. ¿Apoya una Unión de pocos estados cada vez más integrados y el resto que vaya uniéndose, o deben ir todos los estados a la par? ¿Este modelo sirve para la defensa?

Estoy con la idea del “escenario 6” del presidente de la Comisión –Junker–, que significa ir todos los Estados a la vez, no a dos velocidades, pero en defensa, precisamente, ya se han dado pasos por prácticamente todos los países de los 25 que han aceptado avanzar en la cooperación estructurada permanente (PESCO) salvo Dinamarca y Malta y, como es natural, el Reino Unido. Se trata del PESCO Plus, y lo conforman Italia, Alemania, Francia y España. Francia es la más interesada en la creación de un cuartel general de la UE, para lograr autonomía estratégica y capacidad de despliegue en nuestras áreas de influencia (Sahel…).

¿La Unión se debe (re)pensar como un gran país único o es más bien la sublimación de las fronteras nacionales, en un mundo global, donde parece que los estados habrán de compartir la soberanía con otros agentes globales?

No creo en un estado único, sino que hay que establecer un gobierno multinivel que en la parte superior, por ejemplo, se ocupe como ahora de hacer a la Unión regular a las grandes multinacionales, buscando una regulación común, también en temas de política de competencia, temas de política comercial… Lo cual no quiere decir que sea necesario un estado único. La Unión puede estar en temas internacionales, y los países, regiones, cada uno en función de sus competencias, en el resto de asuntos. Pero la idea es que la Unión no es homologable con la noción de un estado nación, la UE es otra cosa distinta.

Aunque las crisis económicas cíclicas son crisis del capitalismo, parece que es la democracia liberal la que se resiente pues se piden liderazgos personales fuertes. EE.UU, Austria, Holanda, Bélgica, Checa, Rumanía, Italia, Bulgaria y Hungría, así como regiones como Cataluña y otros territorios europeos, buscan la ruptura y liderazgo de personajes con mensajes simples y duros, que son calificados por la prensa como los líderes “contrarians”, una especie “de qué se trata que me opongo”. En el otro lado, podría estar Macron, pero en el fondo no deja de ser una respuesta a la petición de un liderazgo, pues responde a la imagen de un liderazgo “imperial”, jupiterino o cesarista del tipo napoleónico o gaullista o versallesco. ¿Han ganado las nuevas formas de autoritarismo en nuestros nuevos años 20 y tenderán los estados a replicar estos liderazgos enérgicos y personalistas?

Creo que no. De momento estamos en Europa ante democracias consolidadas, salvo excepciones. Hablamos regularmente de los países con problemas, que son una minoría, pero no de la mayoría, que funcionan bien entre los países más democráticos del mundo.

¿Necesitamos líderes fuera de lo común?

No, las circunstancias generaran líderes.

¿Es Macron un nacionalista francés o un nacionalista europeísta, o qué es exactamente?

En mi opinión es las dos cosas. Francia puede jugar algo, tener un papel, y él cree que en la medida en que pueda llegar a una federación en la que sea el líder, será bueno para Francia y para la UE.

¿Cómo valora el resultado de lo negociado hasta ahora con el Brexit y si parece que será definitivamente bueno para la Unión Europea?

Es una oportunidad para la UE. La capacidad de negociación de la UE es completa. En cambio, el Reino Unido ha perdido capacidad e influencia, sobre todo debido a que no saben lo que realmente quieren.

¿Existen razones para el optimismo en la Unión Europea a pesar de los populismos, el Brexit, la reaparición del comunismo, la ultraderecha, la crisis entre el norte y el sur por la crisis, y entre el oeste y el este por Rusia, los valores de vida y familia e inmigración, por el ninguneo norteamericano en el Tratado del Clima, el TTIP y el tratado nuclear de Irán…?

Claro que existen, aunque no hablaría de optimismo, sino de que hay que entender que la única solución que tiene Europa es la UE reforzada y no solo eso, sino que es necesaria para abordar las grandes cuestiones globales, para la regulación internacional. El líder mundial debe ser en el futuro la Unión, por su capacidad de poder normativo y regulatorio, de liderar a los actores globales, como a China, EE.UU… frente a otros. No es solo oportunidad, es una exigencia, ahora que EE.UU. se retira de casi todos los foros internacionales.

¿Qué papel debe jugar la Unión Europea en el mundo tras el verdadero test de liderazgo que ha supuesto el choque con EE.UU. en el tratado nuclear iraní, y cuando Macron ha denunciado a EE.UU. durante la entrega del premio Carlomagno por no cumplir su palabra, o cuando Merkel declara que “Europa ya no puede contar con que EE.UU.  la proteja”, o más recientemente, cuando el propio Donald Tusk ha dicho que “con amigos así, no se necesitan enemigos”?

La pregunta encierra la respuesta. El de liderar los asuntos mundiales, el de regularlos, el del multilateralismo efectivo, tener autonomía estratégica, no tener que depender del otro en cuanto a decisiones globales que nos afectan como europeos. Estamos ante una nueva situación.

¿Cree que Merkel podrá llevar a cabo unos nuevos acuerdos del Elíseo con Francia, 55 años después, con el parlamento alemán lleno de liberales libertarios y populistas de extrema derecha, o apoyar esto sería tanto como apoyar a Macron a escala europea, lo que puede llegar a perjudicar los intereses tanto de la socialdemocracia como de los social-democristianos alemanes y europeos?

Sí. Podrá llegar. Pero con todos los países. Hay un grupo proeuropeo de países que debe conseguir unas bases para relanzar la UE.

Hace pocos meses se dieron cita en el Vaticano personalidades como Antonio Tajani, presidente del Parlamento europeo, el socialista Timmermans, el expresidente irlandés del parlamento Pat Cox, el democristinao Manfred Weber, la liberal francesa Silvie Goulard, el exprimer ministro italiano Letta, el cardenal Omella, Julio Martínez, rector de Icade, con el objetivo de (re)pensar Europa, ¿qué europeos debemos seguir los interesados en Europa para que nos ayuden a comprender la corriente de opinión pública de Europa?

Los líderes de las formaciones principales del Parlamento europeo, como la danesa y comisaria de competencia Margrethe Vestager, que será la cabeza de lista del partido de Macron “Europa en Marcha”, son de primera fila. También la actual Alta Representante para la Política Exterior, Federica  Mogherini, de las filas del partido socialista europeo. Existen otros muchos referentes, por ejemplo el primer ministro de Irlanda Leo Varadkar o el primer ministro de Portugal, António Costa, que en poco tiempo han cambiado la situación de esos países.

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