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15 AGOSTO 2018
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>Entrevista a Dolores González Pastor

"Corruptos y corruptibles habrá siempre, lo relevante es cómo lo afrontas y lo atajas"

Ángel Satué | 0 comentarios valoración: 2  59 votos
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Dolores González Pastor es diputada por el partido Ciudadanos en la Asamblea de Madrid. Es presidenta de la Comisión de Investigación sobre corrupción política en la Comunidad de Madrid y portavoz en la Comisión de Vigilancia de las Contrataciones, así como de Regeneración y Transparencia. Antes, durante 20 años, ha trabajado en multinacionales tecnológicas y de gran consumo. Es experta en análisis y estrategia de modelos de negocio, Big Data, innovación tecnológica y contenidos digitales.

Es usted una de nuestros representantes políticos españoles más comprometidos con la transparencia y la lucha contra la corrupción. ¿Qué lecciones para el futuro saca de su presidencia de la Comisión de Investigación sobre corrupción política en la Comunidad de Madrid?

Las lecciones concretas las estamos desarrollando en el dictamen de la Comisión, que ya hemos empezado a elaborar los grupos, sobre una muestra representativa de casos que elegimos en el plan de trabajo y que esperamos tener terminado para finales de este año. Era imposible abordar de forma exhaustiva todos los casos de los que hemos tenido indicios desde 2007, elegimos los más representativos desde el punto de vista del interés social y de lo que había que investigar como presunta corrupción política, fuese in vigilando, in eligendo o porque implicase un abuso de poder en la forma de organizar los procesos de gobierno y esto fuese indicio de algún delito que pueda concluirse llevar a la fiscalía. En todo caso, serían circunstancias de las que hay que rendir cuentas ante los ciudadanos en sede parlamentaria. Las comisiones de investigación están avaladas y protegidas por nuestra Constitución y el derecho parlamentario, como en las mejores democracias de nuestro entorno. Un hecho muy significativo es que ha sido el fin de las mayorías absolutas lo que ha permitido constituir comisiones de investigación parlamentarias independientes del gobierno de turno, a pesar de pataleos y presiones.

¿Cree que los madrileños se han sensibilizado respecto a la corrupción que, como dice el papa Francisco, es la polilla de la política, y de la propia sociedad?

El declive de viejos partidos que han ostentado largas mayorías absolutas, sea a nivel nacional o regional, es la muestra de que dicha sensibilización es un hecho. Pero como sociedad también debemos mirarnos a nosotros mismos. Es necesario que exijamos más a nuestros políticos y que no les permitamos ni la más mínima duda en la lucha contra la corrupción. A la larga, se está demostrando que la corrupción mal atajada pasa factura institucional, política y electoral. Hace unos días lo reconocía, por primera vez, la exvicepresidenta del gobierno de Rajoy en una entrevista, en la que decía que habían perdido tres millones de votos por la corrupción pero que los responsables eran los corruptos. Siguen errando el planteamiento: corruptos y corruptibles habrá siempre, lo relevante es cómo lo afrontas y lo atajas, qué controles y contrapesos dispones. Las mayorías absolutas han propiciado un desmantelamiento progresivo de controles independientes, el Consejo de Europa se lo ha afeado a España muchas veces. ¿Sabe qué país era profundamente corrupto a principios del siglo XX? Suecia. ¿Son los nórdicos hoy diferentes? Lo que es diferente es que hay controles efectivos y, por tanto, no hay impunidad, que es el germen de la corrupción sistémica.

Hay quienes creen que todo se arregla mediante leyes y reglamentos. A muchos les gustaría que la consecución de derechos o su prohibición fuese algo asegurado por la política, que esta les asegurase la propia vida, como si todo lo pudiera, como si nada dependiera de nosotros. De esta forma, en palabras de Eliot, “se ahorrarían ser buenos”. ¿En qué piensa que fallamos y cómo podemos mejorar como sociedad tras oír decenas de declaraciones en sede de la Comisión?

Ha habido dos o tres cosas que me han llamado poderosamente la atención tras tantas sesiones (unas 36). Primero, que todos los sospechosos de corrupción política  encontrasen siempre una justificación ética para hechos demostrados. Nadie dice: "voy a robar" o "voy a corromperme o abusar del poder por avaricia o ambición". Todos, incluso los condenados con sentencias firmes, encuentran alguna justificación que en conclusión viene a ser: "me lo merecía, me lo había ganado".

Segundo, que cuando se les pedía hacer un balance tipo "¿hay algo que hubiese hecho distinto hoy, se arrepiente de algo?", seguidamente había siempre un silencio incómodo. Es tremendamente triste ver el miedo en personas que han tenido la oportunidad de ejercer poder real, y lo han hecho, y hoy se ven encausadas frente a los hechos descarnados.

También ha habido comparecientes con muchísima dignidad, que han venido preparados y dispuestos a colaborar. El aprendizaje que me llevo es que, al final, el único modo real que tiene un buen político de influir es el ejemplo.

El filósofo español García Morente dejó escrito que “las relaciones de los hombres son quizás más frecuentes y numerosas que nunca pero excepcionalmente superficiales”, adelantándose unos 80 años a las redes sociales, a la amplia exposición de nuestras vidas en ellas. Como experta en sociedad digital, los hombres y mujeres de hoy, hiperconectados a nuevas tecnologías pero muchas veces desconectados de su propio entorno más cercano, ¿pueden perder la noción de  ser ciudadanos, es decir, sujetos activos, y no meramente pasivos o quejicosos vía twitter, de su comunidad?

Yo, como liberal, quizá peco de excesiva fe en el progreso, en el futuro, en las nuevas tecnologías. Creo que son mucho mayores los beneficios que nos han traído. Hoy en día, gracias a Twitter, estamos a un paso de expertos internacionales, de cualquier medio de comunicación nacional e internacional... Conseguir atajos informativos es mucho más fácil y la participación ciudadana también lo es. Ya no hace falta personarse físicamente para obtener documentación o ejercer derechos. Las tecnologías son "agnósticas", pueden utilizarse bien o mal. Evidentemente hay quien las usa sólo para la queja y el pataleo, generalmente bajo anonimato. Las redes sociales te conectan pero también existe el efecto tribu y la cámara de eco. Es frecuente que cierto activismo que se cree mayoritario, en realidad lo forman varias minorías aisladas entre sí.

Big data, open government, data mining, fake news, small data, targeting… parece que todo sirve para conocer al votante, al que se le asemeja más a un consumidor que compra (vota) que a un ciudadano comprometido, como demuestra el caso de Facebook y Cambridge Analytica. ¿Cree que la nueva sociedad digital reformula de alguna manera la relación representante-ciudadano?

Totalmente. La hace más líquida, fluida e inmediata. Los representantes podemos ser más cercanos pero también estamos más expuestos. Antes algunos defendían no estar en redes para no equivocarse. Eso ya no es una opción. La madurez vendrá cuando la conversación en las redes permita a cualquiera defender sus posiciones, sus cambios de opinión o explicar cómo ha evolucionado en su pensamiento sin que ello suponga estar expuesto a ataques o a juicios paralelos que obvian el contexto.

Las herramientas tecnológicas permiten afinar políticas públicas como nunca antes, conocer las preferencias de los ciudadanos mejor. Escuchar al votante y convencerle es la política de siempre para llegar a ejercer el poder de cambiar las cosas, y ahora esto puede ser más sofisticado y afinar más. Evidentemente, todo ello desde el análisis de preferencias declaradas con consentimiento, o de forma anónima y agregada. Vulnerar la privacidad como ha hecho Cambridge Analytica es un delito. La privacidad de los datos personales es un derecho fundamental reconocido en la Carta Magna de los ciudadanos de Europa.

Por último, parece que una sociedad abierta exige ciudadanos comprometidos y responsables de ciertos espacios y parcelas de libertad y responsabilidad. La libertad de elección, de generar procesos o proyectos, estaría vinculada con la libertad en mayúsculas. Esa de la que habla don Quijote con Sancho. La capacidad de iniciativa, la libertad de pensar y de actuar. Con Ciudadanos, ¿podría afirmarse que la sociedad tiene garantizadas esas parcelas de libertad, esa autonomía, por ejemplo, de los padres para elegir libremente el colegio y educación de sus hijos?  

La libertad, la igualdad y el progreso están en el ADN de Cs porque nuestras esencias son netamente liberales. Otros han querido llamarse también liberales, pero no han demostrado trabajar ni para la igualdad de derechos entre territorios ni a favor de la libertad democrática plena en algunos territorios. El proteccionismo, las sociedades cerradas, la suma cero... eso no es liberal ni progresista.

En el tema concreto de la educación, desde Cs hemos defendido y luchado siempre por la libertad de elección de centro y también por dotar a la educación pública de los medios adecuados, en aras de la igualdad de oportunidades de base para todos. Que la educación vuelva a servir de ascensor social y no dónde naces o los medios que hereda tu familia. Esto es ser liberal progresista.

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Las fuerzas que mueven la historia (2)

Fernando de Haro

Se han cumplido ya seis años de la famosa frase que salvó a la moneda única. “Haré todo lo posible por sostener el euro”, anunció Draghi arqueando una ceja. El gobernador del Banco Central Europeo corregía la posición de sus predecesores y adoptaba, con años de retraso, la política monetaria que había salvado a los Estados Unidos de la Gran Recesión: tipos de interés negativos y un ambicioso programa de Quantitative Easing (compra de deuda pública). Toda la munición posible para incrementar la liquidez y solucionar los problemas de los balances bancarios. Atrás quedaba el miedo de los alemanes a una subida de los precios por un exceso de demanda. A Draghi le quedan pocos meses para abandonar el BCE, la inflación no ha aparecido por ningún lado. La subida de los tipos de interés parece que está a la vuelta de la esquina y se discute la mejor agenda para la retirada de los estímulos.

La parte más dura de la Gran Recesión ha quedado atrás y ahora la digitalización se ha convertido en una fuente de optimismo. Se teme la aparición de nuevas burbujas pero de eso no se quiere hablar. Los últimos diez años han dejado numerosas heridas, la conciencia de que la desregulación fue un grave error. Pero el debate sobre la naturaleza del mercado, sobre las fuerzas que mueven económicamente la historia, no se ha abierto, siguen alejadas de las fuerzas que hacen al hombre feliz. A pesar de lo mucho sufrido durante los años de la crisis más severa desde la II Guerra Mundial, el homo economicus sigue en pie, con su racionalidad unidimensional, impulsada solo por el interés tanto en el ámbito del consumo como de la producción, protagonista de un mercado anónimo. Las fuerzas económicas, en contra de la experiencia, se siguen pensando anónimas, desvinculadas de las relaciones humanas que las sostienen.

Hay algo que corregir, sí, pero es externo. Quizás una nueva síntesis después de todo lo sucedido. Desde luego una mayor vigilancia, una regulación más precisa de los mercados, pero sin un replanteamiento antropológico. La IV Revolución Industrial parece hacer innecesaria esa corrección, es más, la digitalización alimenta de nuevo la utopía algo arrinconada de los mercados “perfectos” o “casi perfectos”. El Big Data, el blockchain y todas las nuevas herramientas pondrán, ponen ya de hecho, a disposición del consumidor una cantidad ingente de información que desplaza el poder efectivo desde el lado de la oferta al lado de la demanda. El viejo sueño de las decisiones “racionales”, guiadas por el interés particular, al alcance de la mano por un océano de datos que permiten decidir con una nueva supuesta transparencia. La mano invisible, de nuevo en marcha, al menos entre los teóricos, para hacer el milagro de la asignación de recursos escasos y la construcción de un bien superior en una totalidad anónima a partir de los egoísmos particulares. Este resurgir de la teoría clásica y neoclásica y de su modo de explicar las “fuerzas que mueven la historia” tiene que olvidarse de que todo ese flujo de información, puesto en teoría a disposición de las elecciones “racionales”, es en realidad utilizado por un nuevo poder de mediación o de instrumentalización de grandes compañías (Google, Amazon, Facebook, Apple y otras) con una capacidad de dominio hasta ahora desconocida.

Las fuerzas que mueven la historia (2)

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A la orilla del río

Fernando de Haro

Mañana. En una de las orillas del manso río Cam, en compañía de su agua verde, pacífica y educada. A las espaldas quedan los colleges, sus agujas góticas, sus jardines ahora secos (a lo mejor el agostamiento es consecuencia de un brexit imposible), sus iglesias, la mayoría con aíre de museo, la vida universitaria de uno de los centros que sigue siendo puntero en muchas cuestiones. Lejos, eso sí, muy lejos los años fundacionales, el distante siglo XIII de los orígenes, cuando el estudio era la expresión de una identidad precisa, clara. Cambridge, vieja ciudad europea, educada como su río, primero por los romanos y luego por los cristianos, se pasea junto al agua en un mosaico de roles. La ribera, salteada con grandes tilos, castaños y nogales asiste a un desfile: parejas de todo tipo, esforzados deportistas, asiáticos de acento británico, británicas que aspiran a ser latinas, amantes que desean ser miméticamente gemelos a pesar de la distante genética... la lista es interminable. Se antoja que solo los grandes árboles que crecen junto al río Cam saben quiénes son. Leo bajo ellos, citado por un buen amigo, algunas líneas del sociólogo de Erving Goffman, padre de la microsociología. Buenos párrafos para entender la procesión que tengo ante mis ojos.

No importa lo que uno sea, sino lo que logra parecer. El yo no existe, es un producto circunstancial, lo que realmente cuenta es el papel que se asume en función de la situación en la que se está. Es necesario abandonarse en el rol y aprovechar las ventajas de identidad que puede proporcionar, explica Goffman. Los paseantes junto al río Cam no lo hacen por maldad, por renegar del origen o de lo dado. ¿Quién conoce el origen? Simplemente están en su laberinto, en un juego de espejos infinito, sin más energía que la voluntad, sin más posibilidad que crearse y recrearse a sí mismos. Incluso los que, en su acento, en sus creencias, en sus ropas, quieren mostrarse “tradicionales”, han construido una máscara nueva, decorada eso sí con los viejos ornamentos de lo antiguo para huir del anonimato de la globalización. El manso Cam no refleja en su agua verde la educación de siglos (¿hay dónde encontrarla?). A los nuevos remeros y a los nuevos paseantes el agua del río, el camino, no les parecen suficientemente reales.

Tarde. En la sala de pintura italiana del museo Fitzwilliam. Quatroccento. Una Anunciación deliciosa. La casa de María pintada de un rosa pálido, el mundo atento a la escena a través de una ventana abierta. Gabriel sutilísimo, inclinado, con un dedo señalando al cielo. La Elegida, a unos metros, con los brazos cruzados sobre el pecho. Aceptando, acogiendo, diciendo sí. El silencio, la elocuencia del cuadro, de la escena, tiene siglos. Las dos libertades, la que elige y la que acepta la elección, en su momento más dramático. La Elegida conociéndose, descubriendo su identidad al aceptar la elección. Y no hay quien se separe de tanta belleza. Pasan los minutos en un suspiro. ¿Acaso ha dejado de suceder esta belleza en las riberas de los educados ríos de Europa? ¿No sucede o la hemos tapado? ¿Acaso no puede reconocerse y por eso hay que inventar?

A la orilla del río

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Cuando vuelva

Fernando de Haro, Gaza

Suhaila Tarazi completó sus estudios de Gestión y Dirección en Londres. Con unos 60 años, la actividad al frente del Al Ahli Hospital la tiene exhausta. Antes de responderme algunas preguntas se detiene para tomar aire. El hospital es un oasis en el centro de la ciudad de Gaza. Fuera de sus puertas la vida hierve. Las calles están sucias en la capital de la franja. Los carros tirados por burros o caballos son frecuentes. La gasolina es muy cara en esta gran prisión a cielo abierto de 365 kilómetros cuadrados de la que no pueden salir, salvo especial permiso que no se concede casi nunca, sus dos millones de habitantes.

Al occidental se le saluda con sorpresa, los niños ensayan su única frase en inglés al ver a los periodistas: “What is your name?”. La inmensa mayoría de los jóvenes menores de 20 años no han salido nunca de esta parte de los territorios palestinos. A pocos kilómetros de aquí, en la frontera este, algunos de esos jóvenes se enfrentan a las balas del ejército de Israel. Desde hace semanas el goteo de los que mueren solo se convierte en noticia cuando los fallecidos superan la docena. Jóvenes sin futuro, encarcelados por la política del Gobierno de Israel, ya sin los túneles hacia Egipto que Al Sisi ha cerrado (por los que llegaron a circular camiones), con una ira que el ineficiente y manipulador Gobierno de Hamas instrumentaliza para no asumir responsabilidad alguna y para no reconocer que es incapaz de proporcionar a su pueblo una vida digna.

Suhaila, tan pronto sale de su despacho y se dirige a las clínicas, es asaltada por un médico que le cuenta una nueva urgencia y por un paciente que le da las gracias. Nuestra conversación se ve interrumpida a menudo. Las instalaciones médicas son modestísimas. En un viejo y desvencijado frigorífico se guardan las bolsas de plasma. El frigorífico está conectado a un generador. En Gaza solo hay cuatro horas de electricidad al día y nunca se sabe cuándo se va a poder contar con ella. Si la luz llega de madrugada hay que aprovechar ese momento para poner una lavadora. Suhaila se detiene especialmente en la consulta infantil. Con la ayuda de la Misión Pontificia el hospital mantiene un programa para luchar contra la malnutrición de los niños. Hay zonas de la franja donde el 50 por ciento de los menores están por debajo del peso que deberían tener y la tasa de mortalidad infantil se acerca al 23 por mil. Cinco niños pálidos, sin fuerzas para jugar, esperan con sus madres el turno para ser atendidos.

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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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