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24 OCTUBRE 2018
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>Entrevista a Mikel Buesa

"La elección de Pablo Casado supone una ruptura en el proceso de desideologización de la política en España"

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  37 votos
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El cambio de liderazgo y de discurso que supone la elección de Casado puede no sólo frenar la deriva de su partido, sino posibilitar que recupere a una parte de los electores que lo abandonaron, afirma Mikel Buesa.

Más allá de las imágenes que sobre Pablo Casado se quieran proyectar, a su juicio, ¿qué supone desde un punto de vista ideológico su elección?

Creo que lo fundamental es la recuperación de las ideas básicas del discurso del centro-derecha: libertad, familia, papel subsidiario del Estado, unidad de España, solidaridad, etc. Esa recuperación supone una ruptura con el proceso de desideologización que había experimentado la política en España, especialmente en el caso del PP, y que había dado lugar tanto al descontento de una parte del electorado como sobre todo a su desorientación. La política se había convertido con Rajoy en puro pragmatismo y ello había dado lugar a un fracaso principalmente en dos terrenos: uno, el del malestar de las clases medias, exacerbado con la crisis financiera; y dos, el de la ruptura de la unidad de España con la independencia de Cataluña.

Su elección ¿podría ser signo de un descontento dentro del PP por la gestión de los últimos años?

En la elección de Casado han cristalizado los descontentos de la gente de centro-derecha. Los empobrecidos con la crisis, los desorientados con el discurso apolítico de Rajoy, los cristiano-demócratas que vieron desechadas sus políticas sociales, los liberales inconformes con el modo de afrontar la intervención del Estado, los que tienen una visión patriótica de la política. Buena parte de esos descontentos abandonaron al PP en las últimas elecciones (tres millones de votos) y se desplazaron hacia Ciudadanos o la abstención. Pero con el fracaso que evidenció la declaración de independencia de Cataluña, según las encuestas, se sumaron otros más (entre millón y millón y medio). El PP iba a una debacle que, paradójicamente, frenó la moción de censura a Rajoy.

¿Podría frenar la caída en intención de voto del PP?

Creo que, efectivamente, el cambio de liderazgo y de discurso que supone la elección de Casado puede no sólo frenar la deriva de su partido, sino posibilitar que recupere a una parte de los electores que lo abandonaron. Será, en todo caso, un proceso lento, al menos al principio, y seguramente lleno de trampas puestas por la izquierda. La habilidad de Pablo Casado para superarlas mostrará si tiene madera de líder o si su elección es sólo flor de un día.

¿Cuáles son los desafíos más urgentes que debe de afrontar?

Su desafío inmediato es rehacer la estructura del partido y ordenar y dotar de coherencia al discurso político-ideológico del PP. A partir de ahí puede ejercer una poderosa oposición, pues no en vano tiene la mayoría del Senado y es el primer partido en el Congreso. Su acción debe ser justificada en razones ideológicas; y a la vez podrá mostrarse capaz de llegar a acuerdos con el gobierno. Está, además, la preparación de las elecciones que se van a suceder a partir del otoño, lo que implica hacer una buena selección de candidatos y un programa electoral que entiendan los votantes.

Según los sondeos de intención de voto un hipotético gobierno del PP necesitaría el apoyo de C's. ¿Será más fluida la interlocución Casado-Rivera?

No sé si la interlocución entre Casado y Rivera será buena o no. De momento, Rivera ha oteado el peligro y no parece mostrarse leal con respecto al PP. Las declaraciones de algunos dirigentes de Ciudadanos repitiendo el discurso anterior a la crisis que dio lugar al relevo de Rajoy (el PP es un partido corrupto, el PP no lucha contra los independentistas, etc.) no augura nada aleccionador. Sin embargo, me parece importante señalar que ambos partidos, PP y C's, deberían hacer un esfuerzo de aproximación que les permitiera competir lealmente; incluso que les posibilitara llegar a las siguientes elecciones generales formando una coalición en todas o en la mayor parte de las circunscripciones. Hay que tener en cuenta que, en un país en el que, como España, la mayoría de la población se autoubica en el centro, no debiera dejarse a la izquierda y a los nacionalistas la posibilidad de formar gobierno. Y ello sólo se puede garantizar mediante coaliciones electorales de los afines ideológicos, pues el sistema electoral premia a las listas más votadas. Esto, que lo ha entendido muy bien Podemos, con un éxito electoral indudable, el centro-derecha no debe olvidarlo.

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