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18 OCTUBRE 2018
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Barcelona: preguntas que debemos hacernos

Fernando de Haro (Barcelona) | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
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A pesar de los intentos de politización, a pesar de la insuficiencia de los homenajes, Barcelona ha podido llorar a los que no pudo llorar aquí hace un año. A las 16 víctimas del yihadismo asesinadas en la ciudad y en Cambrils. Una de esas víctimas fue Julian Cadman (7 años). Era australiano y británico, tenía doble nacionalidad. Hace doce meses estaba pasando por las Ramblas de Barcelona. Julian y su madre habían venido a la boda de un familiar. Sufrió el atropello de la furgoneta utilizada por el yihadista. Se le dio primero por desaparecido, su madre estaba ingresada con heridas serias. Luego, después de unas horas angustiosas, se certificó su muerte. La vida de Julian era una vida empezando, la cara redonda, el flequillo travieso, los ojos muy negros, la sonrisa preciosa, y esa gran curiosidad, esa curiosidad que solo se tiene a los 7 años. El sufrimiento, el dolor, la muerte siempre incomprensible de los inocentes, de los justos. Julian fue una de las víctimas de estos atentados que se quisieron olvidar muy pronto en nombre de la ideología, de un futuro que había que construir con prisa. El despiadado yihadismo que golpeó Madrid, Niza, Estocolmo, Berlín y París golpeó hace un año en Barcelona. Pero aquí fue diferente.

El estudio “Atentados de Cambrils y Barcelona: reacciones, explicaciones y debates pendientes” del CIDOB subraya que tras los atentados se echó tierra sobre los debates de fondo que un ataque así provoca. Hubo un ruido intenso durante unos días, hubo abucheos en las manifestaciones. La onda expansiva del mal causado por los yihadistas se extendió ensuciándolo todo. Vimos y escuchamos esa obscena polarización que ante el dolor no sabe y no quiere callarse. Al dolor de 16 injustas muertes hubo que sumar el dolor de quien quiso sacar ventaja, de la transferencia de culpa. ¿Pero cuándo aprenderemos que cuando el terrorismo golpea los únicos culpables son los terroristas? Las víctimas nos invitaban y nos invitan un año después a salir de nuestra burbuja ideológica. Si no abandonamos esa burbuja ideológica la onda expansiva se multiplica y después de las víctimas mortales, muere la nación, muere el país, muere la vida social.

Las ideologías, los paraísos políticos que quieren traer el cielo a la tierra son siempre abstractas, no quieren saber de historias singulares. De historias como las de Julian. Los proyectos abstractos que quieren construir el paraíso en la tierra consideran una simple anécdota la solidaridad, la caridad, la gratuidad con la que hace un año los traductores, los dueños de los comercios, los taxistas acudieron a ayudar. Las ideologías abstractas desprecian esa compasión que se puso en marcha hace un año. Cuando quizás no haya nada que esté a la altura del sufrimiento y de la muerte de los inocentes como la compasión, la solidaridad, la caridad. La compasión quizás sea la categoría política más definitiva.

El yihadismo nos plantea muchos retos. El yihadismo plantea retos de seguridad, retos policiales, retos políticos. Pero hay un reto contundente, una pregunta que no podemos dejar de hacernos y de la que hablamos pocos. Los yihadistas aman la muerte, ¿amamos nosotros la vida más de lo que los yihadistas aman la muerte? ¿Tenemos nosotros razones, motivos, certezas, experiencias que nos permitan amar más la vida de lo que ellos aman la muerte? Sin esas razones, sin esos motivos, estamos perdidos.

Un año después se ha podido rendir homenaje a las víctimas en un acto celebrado en la Plaza de Cataluña, presidido por Felipe VI. El sabor es agridulce. Pero la división, la polarización ha impedido decir una palabra que juzgue lo sucedido. El Ayuntamiento de Barcelona solo nos ha ofrecido unos versos del poeta John Donne, un poeta que escribía en el momento en que Europa estaba arrasada por las guerras de religión. Un error. La amenaza del yihadismo no plantea una guerra de religión, eso es lo que quieren los yihadistas que creamos.

De la célula yihadista ocho miembros murieron antes o después de los ataques y tres están en prisión bajo fuertes medidas de seguridad. El origen de la célula estuvo en el autoproclamado imán de Ripoll, El Satty. El Satty responde a un perfil muy frecuente entre el yihadismo europeo, había estado en prisión por una condena de tráfico de drogas. El Satty captó a dos parejas de hermanos que en realidad no eran inmigrantes, en teoría estaban plenamente integrados. ¿Por qué hay un yihadismo europeo? Ni el autoproclamado imán ni los jóvenes eran, parece, gente religiosa. ¿Estamos ante un islam radicalizado o ante un radicalismo islamizado? Nadie que usa el nombre de Dios para hacer daño es verdaderamente religioso. Aquí en Cataluña hay uno de los focos de yihadismo español. Desde 2013 hasta 2017 se desarrollaron en Cataluña 33 operaciones contra el yihadismo con 65 detenidos. ¿Por qué crece este yihadismo? ¿Hay un vacío de sentido en la vida pública, tenemos un modelo de convivencia que genera nihilismo, que deja a los chicos sin ideales y ese nihilismo genera violencia? Son preguntas demasiado serias para que responderlas en 900 palabras. Pero tendremos que hacérnoslas

todos, con sinceridad: Ya está bien de discutir de tonterías y de no ocuparnos de lo que importa.

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