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18 OCTUBRE 2018
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Un Gobierno antifranquistamente franquista

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  89 votos
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Ni un minuto más. A España no le conviene caer en la trampa en la que le quiere meter el Gobierno de Pedro Sánchez. No le conviene seguir hablando ni un minuto más de Franco. El Gobierno socialista ha comenzado un largo proceso para sacar los restos mortales del dictador del Valle de los Caídos, un mausoleo casi olvidado, construido por presos de la república, en el que yacen fallecidos de los dos bandos de la Guerra Civil.

El proceso de la exhumación va a durar tres meses. Una desgracia, lo mejor que podría suceder es que el Gobierno lo hiciera mañana mismo. Para que 40 años después de aprobada la Constitución no se vuelva a caer en la buscada y ficticia polarización franquismo-antifranquismo. Que lo vuelvan a enterrar donde quieran, pero que lo entierren otra vez.

Es evidente que es un despropósito iniciar el proceso de exhumación con un decreto-ley, figura legal prevista para los casos urgentes. El dictador lleva más de 40 años en su tumba. Es evidente que el Gobierno no ha buscado consenso alguno. La Comisión de Expertos que en 2011 recomendó el traslado de Franco lo hizo con importantes votos particulares en contra. En abstracto, parece recomendable el traslado. Pero como no hay nada abstracto, lo mejor es que se hubiera llegado a un acuerdo con la familia y con todos los grupos parlamentarios. Ahora que el Gobierno ha decidido resucitar a Franco (para esconder su debilidad parlamentaria, para contentar a la izquierda-izquierda, para ganar quién sabe qué votos) hay que pedirle que se dé prisa. Se equivoca el PP al anunciar el recurso al decreto de exhumación (algo que técnicamente no tiene sentido porque se convalidará como ley) y al insistir en criticar con pasión la decisión. Era precisamente el objetivo buscado por un Gobierno débil que no puede ni quiere gobernar. Está en campaña electoral.

Como señalaba en su momento con agudeza Augusto del Noce, en ocasiones, la mejor manera de ser fascista es ser un antifascista. El antifascismo, como el antifranquismo, está definido por aquello a lo que se opone. Franco fue despiadado con su anticomunismo. El propio Del Noce señalaba que “el postfascismo no debe ser un fascismo en sentido contrario (antifascismo) sino lo contrario del fascismo”. El Gobierno de Sánchez se empeña en enterrar el postfascismo y el postcomunismo construidos por la sociedad española durante la transición.

El verdadero milagro español, propiciado por comunistas y católicos (muy conscientes de sus errores) fue que, de un modo natural, popular, el país salió de la dictadura con una democracia postfranquista y postcomunista. Los dos polos estaban superados. No aniquilados, no superados por una síntesis que anulara las experiencias, las creencias, las heridas de las personas de una u otra sensibilidad. La lección, el tesoro, de la transición española es que se produjo, como en toda verdadera reconciliación, algo nuevo que superó a lo antiguo. Es por lo que luchaba hace muchas décadas Bergoglio: ni peronismo ni antiperonismo, sino unidad polar. No hay que negar nada para afirmar cada parte, no hay que buscar una síntesis dialéctica sino algo nuevo, superior, en lo que todos puedan reconocerse. Y eso fue lo que tuvimos.

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