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14 NOVIEMBRE 2018
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>Entrevista a Massimo Borghesi

"Para Bergoglio el ideal es el poliedro"

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  32 votos
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Massimo Borghesi acaba de publicar “Jorge Mario Bergoglio. Una biografía intelectual” (Ediciones Encuentro). Es un libro que sale a la luz en España solo semanas después de que, en un gesto sin precedentes, un ex nuncio, empujado por sectores de la Iglesia de los Estados Unidos, haya pedido la dimisión del Papa. En un momento en el que, de nuevo, Francisco es puesto en cuestión por quien quiere enseñarle al sucesor de Pedro cómo hay que guiar al Pueblo de Dios y afrontar los signos de los tiempos, el volumen adquiere especial relevancia.

¿Por qué te pareció necesario escribir un libro sobre el pensamiento de Bergoglio?

La idea surgió a partir de los ataques que el Papa sufrió justo después de la publicación de Amoris Laetitia en 2016. Los críticos, que llegaron hasta el punto de acusar a Francisco de “hereje”, objetaban la escasa preparación del Papa, su “falta de fiabilidad” teológica, su falta de pensamiento “católico”. Después de leer muchos textos de Bergoglio, junto a la espléndida biografía de Austen Ivereigh, tomé plena conciencia de la inconsistencia de estas críticas. De ahí surgió la idea de escribir un libro sobre la formación intelectual de Bergoglio. Curiosamente no solo los críticos del Papa sino tampoco sus admiradores sospechaban, después de cuatro años de pontificado, que Bergoglio tuviera un pensamiento tan profundo y original. Sus defensores pensaban que su formación era solo de tipo “pastoral”. Así fue como surgió Jorge Mario Bergoglio. Una biografía intelectual, ahora traducida al español en Ediciones Encuentro.

En el volumen se señala que el concepto de las periferias lo toma Bergoglio de la pensadora argentina Amelia Podetti. ¿Es una categoría solo sociológica? ¿Por qué para Bergoglio el centro de la experiencia de la Iglesia se ve mejor desde la periferia?

No, no es una categoría “solo” sociológica. También tiene un valor existencial. El mundo, incluido el “mundo de la vida”, se ve mejor desde los bordes que desde el centro. En el centro todo es hermoso, como en las grandes ciudades. En las periferias es donde se comprende lo que el centro desprecia, no quiere ver. Si se quiere curar heridas, sanar puntos frágiles, ocuparse del bien común de la sociedad, no hay que colocarse en el centro de la esfera. El centro es una burbuja que corre el riesgo de estallar si las periferias se incendian. El Papa parte de los últimos, de los descartes de la era de la globalización. Y no por una ideología pauperista-populista sino por espíritu evangélico, por la paz de los pueblos y naciones. No hay ninguna demagogia en todo esto. Lo que hay es ciertamente una gran preocupación por el desierto moral y la ruptura de los vínculos sociales, que se han extendido desmesuradamente en la era de la globalización.

Dedicas un amplio espacio a describir el origen del "pensamiento polar" en Bergoglio. ¿Cuáles son los autores que influyen más en él en esta cuestión?

El primero –y es una revelación del propio Papa contenida en el libro– es el gran intelectual jesuita Gaston Fessard. Es el autor de La dialéctica de los Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, que el joven Bergoglio leyó tantas veces. De Fessard nace la idea de la tensión polar que rige la espiritualidad ignaciana: entre lo grande y lo pequeño, entre gracia y libertad, entre Dios y el hombre. Bergoglio la custodiará como un tesoro. Madura así en él la idea de que la Iglesia es coincidentia oppositorum, unidad de esas oposiciones que en el plano natural tienden a volverse lacerantes, absolutas. El catolicismo une contrastes, es lugar de paz en medio de las luchas del mundo. Se trata de un pensamiento “dialéctico” católico (no hegeliano) que encuentra sus referentes en Adam Mohler, el iniciador de la escuela de Tubinga, y sucesivamente en Erich Przywara, Romano Guardini, Henri de Lubac. Bergoglio es, idealmente, hijo de esta escuela.

El propio Francisco recientemente decía que el pensamiento polar que sostiene no es el de Hegel, no se trata del enfrentamiento entre una tesis y una antítesis, que quedan anuladas para dar lugar a una síntesis. ¿Cómo es la síntesis polar que propone Bergoglio? ¿En la nueva síntesis polar cómo quedan las partes enfrentadas?

El modelo de Bergoglio es un modelo “polar”, no dialéctico al estilo de Hegel. Su maestro es Romano Guardini y su oposición polar tan bien estudiada por Alfonso López Quintás en su libro Romano Guardini y la dialéctica de lo viviente. Mientras que en Hegel los opuestos son contradictorios y el resultado y su superación mutua es una síntesis definitiva, en Bergoglio los opuestos son “polares”, uno presupone al otro. La sociedad, el Estado, la Iglesia, deben acoger esas tensiones internas sin la pretensión de eliminarlas. La tensión polar es signo de vitalidad. Lo que sociedad-Estado-Iglesia deben hacer es impedir que las oposiciones se vuelvan contradicciones insanables, escisiones. Siempre hay que mirar a la síntesis, pero la síntesis se alimenta de la tensión polar, no tiene la pretensión de resolver la diversidad en una unidad monista. Lo ideal es el poliedro, la unidad en la diversidad, no la esfera, que sería la unidad sin diversidad. La unidad en la Iglesia la realiza el Espíritu pero la obra del Espíritu es una sinfonía, una polifonía.

¿De qué modo este pensamiento polar le sirve a Bergoglio para afrontar la realidad histórica de Argentina?

El modelo de la oposición polar que nace de la lectura de Fessard encuentra en Bergoglio su dilatación respecto a la trágica historia de Argentina en los años 70, dividida entre la derecha de la dictadura militar y la izquierda revolucionaria de las guerrillas filocastristas. El provincial más joven de la Compañía de Jesús –con 36 años– debe mantener la unidad de la Compañía ante la doble tentación ideológica marcada por la derecha y por la izquierda. La Iglesia es coincidentia oppositorum. Lo cual no significa que se sitúe banalmente en el centro. Ante todo, está al lado de las víctimas, rechaza convertirse en un sujeto político sino que hunde sus raíces en la fe.

Algunos apuntan a que Bergoglio es, por formación, un peronista. ¿Cuál es la relación de Bergoglio con el peronismo?

El joven Bergoglio valora el primer peronismo por su interés por las clases medias menos prósperas, por los derechos sociales. En Argentina, el peronismo fue el primer movimiento democrático frente a los gobiernos “liberales” que solo se ocupaban de la alta y media burguesía. Eso no impidió a Bergoglio valorar también los límites históricos e ideológicos del peronismo, sobre todo tras la desaparición de Evita. Bergoglio nunca ha sido un ideólogo. Eso explica su interés, desde los primeros años 2000, por el modelo de las dos ciudades que ofrece Agustín en De civitate Dei. Bergoglio siempre ha reclamado un compromiso de los católicos en la sociedad y en la política, pero nunca ha afirmado una teología política.

¿Cómo influye Methol Ferré en Bergoglio?

El cardenal Bergoglio era un lector atento de Nexo, la revista fundada por Methol Ferré. Sobre la orientación de esta revista, existe un estudio óptimo de Javier Restán Martínez. En Nexo, Methol ofrecía unas panorámicas sobre la geopolítica eclesial a las que Bergoglio era muy sensible. La Iglesia se convertía en protagonista de los cambios del mundo, no sufría pasivamente la historia. Se situaba más allá de la dialéctica entre progresistas y reaccionarios. Methol Ferrè, el intelectual católico latinoamericano más genial de la segunda mitad del siglo XX, y Bergoglio estaban unidos por el mismo autor, Gaston Fessard. Para ambos, la visión dialéctica de Fessard permitía afirmar una visión histórica y dinámica del catolicismo dentro del mundo contemporáneo. Bergoglio sentía una inmensa estima por Methol.

¿Podemos decir que Bergoglio fue un defensor de la teología del pueblo? ¿Tiene sentido una teología del pueblo en un entorno postcristiano dominado por la secularización?

Bergoglio es sin duda un exponente de la teología del pueblo elaborada por la Escuela del Río de La Plata en un replanteamiento crítico de la teología de la liberación. Esta última mezclaba, de manera acrítica, cristianismo y marxismo. La teología del pueblo une la opción por los pobres con la revaloración de la religiosidad popular, despreciada de manera ilustrada por la teología de la liberación. La religiosidad popular es el auténtico terreno a partir del cual florece la lucha por la justicia. Una religiosidad que se ve seriamente amenazada por los vientos de la secularización propios de la era de la globalización. Por eso el gran congreso eclesial de Aparecida en 2007, guiado por el cardenal Bergoglio, afirma la importancia de los dos pulmones de la fe: la religiosidad popular y el encuentro cristiano en el mundo secularizado. Como hace dos mil años: ese era el lema de Aparecida. El encuentro cristiano se nutre de la religiosidad popular y, al mismo tiempo, la reaviva con formas nuevas.

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