Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
14 NOVIEMBRE 2018
Búsqueda en los contenidos de la web

Los conflictos de intereses enturbian el mundo de la ciencia

Nicolás Jouve | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
Vota 1 2 3 4 5
Resultado 2  17 votos

Hacer ciencia supone el deseo de profundizar en la verdad. La ciencia trata de encontrar explicaciones a los fenómenos naturales y de hallar aplicaciones útiles para la humanidad por lo que, para hacer frente a este reto, los científicos deben estar armados no solo de grandes cualidades intelectuales sino también éticas. No basta con una mente abierta y una inteligencia especial para hacerse preguntas, plantear hipótesis, elegir unos materiales y unos métodos de experimentación, y tras abordar el trabajo, aceptar o desestimar la idea de partida y extraer unas conclusiones que aporten algo nuevo. Es evidente que el rigor, la transparencia y la honestidad deben primar en sus acciones. Estas cualidades deben extremarse cuando, terminado el trabajo, vayan a darse a conocer los resultados mediante una publicación. Esta fase es trascendente para compensar el esfuerzo de quien o quienes la hayan llevado a cabo y de quienes la hubiesen facilitado.

Pero publicar los resultados de una investigación no es una tarea fácil y exige una serie de condiciones. Habrá que ser conciso en la exposición de los objetivos, resultados y conclusiones, honesto en el respeto de lo evidente y aceptación de los resultados contradictorios, sincero en el manejo de las citas y las aportaciones de otros investigadores, transparente en la comunicación y franco en la declaración de quién y cómo se financió la investigación. Todo este conjunto de preceptos básicos han de formar parte de una especie de juramento hipocrático del científico.

Sin embargo, lo cierto es que nadie diseña racionalmente los derroteros de la ciencia actual y los miles de grupos de investigación en los países más desarrollados, impulsados por intereses personales o directrices políticas o sociales, trabajan repetidamente en los mismos problemas e impensadamente duplican sus esfuerzos, se pisan o se interfieren los objetivos, se pierde mucho tiempo y se produce una presión competitiva que puede arruinar la efectividad y el poder creativo de la ciencia.

Aun siendo una actividad muy atractiva, conviene hacer una reflexión sobre la inseguridad con la que a veces trabajan los investigadores, no por sus propias carencias o falta de ética, sino también por falta de unas normas reguladoras de la actividad que desarrollan.

Uno de los problemas que más ha crecido en relación con la divulgación de los resultados de la investigación es el de los “conflictos de intereses” que, aunque pueden afectar seriamente a la objetividad de la investigación, son ignorados o no considerados de importancia por muchos investigadores, a veces por falta de claridad de las revistas científicas.

Pero ¿qué es un conflicto de intereses? Diversas instituciones y editores definen de diferente manera el conflicto de intereses. Así, el International Committee of Medical Journal Editors (ICMJE), el principal órgano mundial implicado en dar las recomendaciones de conducta y emitir informes en relación con la edición y publicación de trabajos académicos en revistas médicas, dice que: la confianza pública en el proceso científico y la credibilidad de los artículos publicados depende en parte de la transparencia de los conflictos de intereses en la planificación, ejecución, escritura, revisión, edición y publicación de trabajos científicos. Y señala como conflicto de interés el hecho de que un interés primario (tal como la validez de una investigación) se vea influenciado por un interés secundario (tal como una ganancia económica). Las prestigiosas revistas Nature, Science y otras advierten a sus potenciales autores que declaren este tipo de situaciones en sus colaboraciones.

Pero los conflictos de intereses no sólo afectan a los autores ni son solo de carácter económico. También pueden implicar a los propios editores, los revisores de los artículos y los miembros de los comités editoriales de las revistas. Es algo parecido a lo que sucede en el mundo académico, cuando para otorgar un título de doctor, además de la bondad, originalidad e interés del trabajo realizado por el candidato, se pone a prueba la imparcialidad y honestidad del tribunal que ha de juzgarlo.

Tampoco es exclusivo del mundo de la ciencia. Aunque aquí nos refiramos particularmente a esta noble actividad, qué no decir de otros ámbitos de la política o de la sociedad…

Una de las situaciones más típicas de conflicto de intereses en las publicaciones científicas se da cuando los autores, los revisores o los editores de la revista en la que se pretende publicar tienen alguna relación a modo de un beneficio económico con una empresa industrial que subvenciona el trabajo de investigación. Es también el caso de no declarar que detrás de una investigación haya patentes que pueden experimentar ganancias o pérdidas por la publicación de un trabajo científico.

Pero en el mundo de la investigación, como en el de la política, hay muchos otros tipos de conflictos de intereses, incluso sin carácter financiero. Por ejemplo, cuando se incluye en un comité de una empresa editorial supuestamente imparcial a personas interesadas en dar un sesgo a determinadas ideologías en el mundo de la educación. Conflicto de intereses es también el comportamiento de un autor que plagia el trabajo de otro, o el revisor de un trabajo de investigación que utiliza las ideas del manuscrito que llega a sus manos en su propio beneficio. O también cuando se acepta la publicación de un trabajo mediocre simplemente por ser amigo de alguno de los autores, o lo contrario, se rechaza, aun siendo un buen trabajo por venir de un competidor directo. Todo un mundo de situaciones cada vez más frecuentes en campos altamente especializados. También pueden surgir conflictos de intereses por otras razones que impiden una revisión imparcial, por discrepancias en ideas políticas o religiosas relacionadas con el tema de la investigación.

¿Qué se puede hacer ante todas estas situaciones? Lo cierto es que no es fácil, pues no lo es juzgar sobre algo que afecta a quien ha de tomar una determinación en un asunto que le afecta por razones de sus propias ideas o por estar implicado en un trabajo relacionado. Por ello, las principales revistas de investigación, como Nature, Science, Cell, etc., han incorporado entre sus editores y revisores personas de una probada honestidad y elevado prestigio, entrenadas en la detección del más mínimo atisbo de conflictos de intereses, y han impuesto unas reglas rigurosas a sus potenciales autores. Como aspectos importantes a declarar en relación con los conflictos de intereses se exige especialmente transparencia en la fuente de financiación y el origen de los datos que se manejan en el estudio objeto de la publicación. Al margen de otras causas de fraude, no es infrecuente descubrir a posteriori de una publicación que un investigador, un revisor o un editor ocultó un conflicto de intereses, que al descubrirse echa por tierra la reputación de la revista y de quien o quienes encubrieron el hecho.

Como ejemplo reciente está la dimisión a la que se vio forzado el Dr. Josep Baselga, como director médico del Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York, tras hacerse responsable de haber omitido en sus publicaciones importantes aportaciones económicas por parte de empresas farmacéuticas. Un error lamentable que no ha de echar por tierra la excelente trayectoria como oncólogo de gran prestigio del Dr. Baselga, pero que revela la dificultad de navegar en el mundo de la investigación sin riesgo a tropezar con los conflictos de intereses. Tras pedir disculpas el Dr. Baselga se ha comprometido a revisar y corregir cerca de una veintena de publicaciones en las que había omitido la implicación financiera de varias empresas.

En definitiva, los investigadores que desean publicar los resultados de sus investigaciones deben declarar los conflictos de intereses, de conformidad con las directrices de las revistas científicas, pero la transparencia, que es la clave para el sistema de revisión por pares que prima en las publicaciones científicas afecta también al resto de los actores del sistema, los editores y revisores. Está en juego no solo la reputación personal de los investigadores sino algo más importante como es el avance del conocimiento del que depende nuestro estado de bienestar.

Nicolás Jouve es catedrático emérito de Genética y presidente de CíViCa (Asociación miembro de la Federación Europea One of Us)

>Comentar

Sólo los usuarios registrados pueden insertar comentarios. Identifíquese.

0Comentarios

<< volver

>Columna izquierda

>Editorial

vista rápida >
>Editorial

Gesticulación contra la vida

Fernando de Haro

España se ha convertido en el ejemplo claro de un país en el que las élites políticas y mediáticas han construido, artificialmente, una agenda polarizada. Esa agenda pretende colonizar, incluso de un modo subconsciente, el mundo de la vida social que transita por caminos más tranquilos. Se produce el espejismo de que los españoles están enfrentados en posiciones irreconciliables y se tiende a darle poco peso a las experiencias de bien común. La imagen es la de una expansión hacia los extremos, mientras que la vida real transcurre en el centro. Hay razones coyunturales que fomentan la polarización. Pero también somos víctimas de una imagen de democracia que la reduce a la ley y a sus instituciones: no se percibe la mutua dependencia propia de la vida en común.

Sin duda la mayor fuente de polarización es el Gobierno de los socialistas, apoyado en una minoría muy reducida de diputados, que tiene que buscar apoyo en múltiples formaciones también minoritarias. El PSOE, partido que para la inmensa mayoría de sus votantes es un partido de centro (especialmente en Andalucía) o de centro izquierda, como se ha empeñado en gobernar, necesita permanentemente hacer concesiones (la mayoría simbólicas) a partidos que apuestan por la secesión de Cataluña o a Podemos (populismo de izquierda). La consigna es resistir en el Gobierno para recuperar apoyo electoral. Los socialistas no tienen el respaldo necesario para realizar las reformas de calado (educación, competitividad, mercado laboral, pensiones, demografía, etc). Por eso se dedican a cuestiones de alta tensión ideológica (Franco y la memoria histórica) o a lo que quedaba pendiente de los llamados nuevos derechos (eutanasia). Un partido con votantes de centro o centro-izquierda, tradicionalmente defensor de la unidad de España, por oportunismo, se ve escorado hacia las posiciones secesionistas o de la izquierda radical. Sánchez no consigue recuperar el equilibrio después de haberse puesto en una posición inestable.

En la oposición, el centro derecha del PP y el centro liberal de Ciudadanos también gesticulan en exceso, alejados de la sensibilidad de la mayoría de sus bases. El nuevo líder del PP, Pablo Casado, tiene que competir con el Gobierno, con el avance de Ciudadanos y con la herencia tecnocrática de su predecesor Rajoy. Demasiados frentes a la vez. Apuesta, así, por una nueva intervención en Cataluña para suspender al Gobierno autónomo, acusa a Sánchez de golpismo y enfatiza que la política económica lleva al país al desastre.

La economía y el modo de afrontar la situación en Cataluña, cuando se despejan todas las hipérboles, reflejan hasta qué punto los dos partidos mayoritarios juegan en una casilla mucho más similar de lo que parece.

Gesticulación contra la vida

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  31 votos
vista rápida >
>Editorial

Terapia para una democracia

Fernando de Haro

Tarde en una de las mayores residencias psiquiátricas de Madrid. Más de 1.000 internos en tratamiento por enfermedades mentales y por trastornos de conducta. En algunos televisores se puede seguir la ceremonia de los Premios Princesa de Asturias, los prestigiosos galardones que, mientras su hija no crezca, sigue entregando el Rey Felipe VI.

Estamos en tiempo libre. Los internos pasean por la residencia, mientras P, uno de sus especialistas, me explica su mayor desafío: “la mitad de los internos que tenemos en realidad no son enfermos mentales, son jóvenes que sufren un trastorno de conducta. No los podemos curar. Son víctimas de lo que llamamos el ‘mal del capitalismo’, el problema que tienen es de identidad”, me cuenta P.

En las pantallas de televisión aparece Michael J. Sandel. Es el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales de este año, un auténtico filósofo-estrella. Las clases de Sandel en Harvard son un auténtico acontecimiento. Los alumnos pugnan por poder sentarse a escuchar sus clases y los videos que las recogen en YouTube tienen decenas de miles de visitas. Sandel cuenta en Oviedo la historia de Reginaldo, un recogedor de basura casi analfabeto que encontró en un estercolero el diálogo de Platón en el que se relata el juicio a Sócrates. Explica que aprendió a leerlo. Y que discute de su contenido, en su favela, con sus amigos. “Reginaldo y yo –explica Sandel– queremos invitar a los ciudadanos a hacer preguntas difíciles sobre cómo debemos convivir. En un momento en que la democracia se enfrenta a tiempos oscuros, hacer estas preguntas es nuestra mayor esperanza”.

La intervención de Sandel me ha distraído de la larga explicación que me ha hecho P. Soy consciente de que me he perdido algo importante. Quiero que me lo repita. “Entiendo –le digo–. ¿Pero entonces en qué consiste ‘el mal del capitalismo’?”. “No es una cuestión de dinero –me repite pacientemente–. El problema es que estos jóvenes no han tenido una identidad que les viniera dada por sus relaciones, muchos de ellos acusan la falta de la figura del padre, la buscan en mí. Se han fabricado una identidad a su medida que no proviene de relaciones reales”.

Veo a Sandel bajar del estrado con su premio. La obra del este profesor de Harvard ha sido, en buena medida, una respuesta al libro Theory of Justice (1972) de John Rawls. La democracia es algo más que un procedimiento de ciudadanos que eligen libremente, “yoes independientes”, desarraigados, libres de ataduras morales y cívicas. No es posible separar nuestra identidad de ciudadanos de nuestra identidad de personas. Sandel ha defendido que “más allá de los yoes y de los estados soberanos”, la virtud cívica que hace posible la democracia echa raíces en “las memorias y pensamientos, incidentes e identidades que nos sitúan en el mundo y dan su particularidad moral a nuestras vidas”. Esa virtud cívica se ve corrompida cuando las identidades apuntalan fronteras y establecen fronteras insalvables entre los de fuera y de los dentro.

Terapia para una democracia

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  52 votos
vista rápida >
>Editorial

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 1  477 votos

>Columna derecha

>CULTURA

vista rápida >

Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  2244 votos
vista rápida >

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  3352 votos

>SÍGUENOS EN

El otro es un bien, también en política

Arte y pintura en Páginas Digital

El caballero de la mano en el pecho

David vencedor de Goliat de Caravaggio

>Boletín electrónico

Recibe los titulares de PÁGINASDIGITAL.es en tu correo electrónico
Darse alta y baja en el boletín electrónico

 

Darme de baja