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20 MARZO 2019
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>Entrevista a Héla Ouardi

La muerte de Mahoma, un luto imposible

Martino Diez | 0 comentarios valoración: 2  29 votos
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Académica tunecina, Héla Ouardi es autora de “Les derniers jours de Muhammad” (Los últimos días de Mahoma), una “investigación sobre la misteriosa muerte del Profeta”, que ha alcanzado un éxito considerable en Túnez y en Francia. Examinando las fuentes árabes antiguas, Héla Ouardi dibuja un retrato inédito del Profeta del islam, que ha suscitado reacciones encontradas. La biografía hagiográfica impostada en el mundo musulmán cede el paso a la historia de un hombre amenazado y debilitado por las rivalidades entre sus compañeros, pero en esta crisis recupera paradójicamente toda su estatura.

¿Cómo surgió la idea de escribir un libro sobre la vida de Mahoma?

Es una pregunta que todavía me sigo haciendo, porque mi trayectoria universitaria, centrada en la literatura y civilización francesas, no estaba previsto que me llevara a realizar un estudio como este. De hecho, había trabajado principalmente sobre Raymond Queneau. Pero esta historia vino a llamar a mi puerta. Después de la revolución tunecina de 2010-11, me sentí interpelada por el problema que el islam plantea actualmente, tanto a los musulmanes como a los no musulmanes, e intenté ir a buscar las raíces históricas de ese malestar.

Mi investigación pronto cristalizó en torno a la emblemática figura del Profeta. Era la época en que circulaba por internet la película “La inocencia de los musulmanes”, que desató una ola de protestas en el mundo islámico. Habían matado al embajador norteamericano en Bengasi, en Túnez también hubo protestas, aunque con consecuencias menos dramáticas, afortunadamente. Poco después fue el ataque a Charlie Hebdo en París y me dije que tenía que empezar a entender mejor quién era este hombre. De hecho, enseguida me di cuenta de que, habiendo nacido en un país musulmán, no sabía gran cosa del islam. Conocía algunos elementos de la liturgia y ciertas prohibiciones alimentarias, pero no me habían transmitido un conocimiento histórico de la religión.

Así que empecé a leer las fuentes de la tradición por cultura personal: varias Sīra (biografías de Mahoma), entre las que destacaba la de Ibn Hishām, también leí algunos de los textos más antiguos, como el “Kitāb al-Maghāzī” de Al-Wāqidī y las “Tabaqāt al-kubrā” de Ibn Sa‘d. Gracias a un amigo conseguí también una fuente chiíta, el “Kitāb Sulaym Ibn Qays al-Hilālī”, que se considera de los libros más antiguos de la tradición musulmana, aunque contiene pasajes seguramente apócrifos. Naturalmente, también consideré el Corán y su exégesis, pues muchos versículos del libro sagrado del islam hacen referencia a la vida del Profeta.

¿Y qué encontró?

A lo largo de esta lectura, lo que más me llamó la atención fue la dimensión trágica de la última parte de la vida del Profeta. Ya se sabe que el sufrimiento genera empatía y, examinando los relatos dejados por la tradición, encontré todos los ingredientes del fin de un reino: un hombre poderoso, un jefe temido, derrotado por los bizantinos en el año 629 en lo que actualmente es Jordania, que después se encuentra de nuevo en un impasse en Tabuk en el 630 y que ve cómo decae su autoridad. Sus seguidores creían ser soldados de Dios en la tierra y que los ángeles combatían de su lado. Algunos empezaron a preguntarse entonces cómo era posible que los bizantinos (“descreídos”) les hubieran cerrado el camino a Jerusalén. El clima de malestar se acentúa con las disputas en el círculo más estrecho del Profeta. De manera especial, me interesé en el periodo de luto que vivió unos meses antes de morir debido a la pérdida de su amado hijo Ibrahim. Aquello lo sumió en tal estado de abatimiento psicológico que le impedía emprender cualquier acción política o militar y, en su sermón de despedida, al terminar la peregrinación, anuncia su retiro casi abiertamente.

Viene a agravar su situación la enfermedad que se le manifestó durante el regreso de la peregrinación. Todo su séquito empezó a sentir entonces que había llegado la hora de la sucesión. Empezó la tensión y las intrigas. Me impactó especialmente leer en las fuentes que al Profeta le impidieron dictar su propio testamento y que fue objeto, durante sus últimos días, de una especie de secuestro. Por otro lado, sus exequias se celebraron de manera tardía y su cuerpo quedó abandonado durante varias horas, sin que nadie se hiciera cargo de darle sepultura, porque todos estaban demasiado ocupados discutiendo sobre la sucesión. Ahí termina mi relato.

Un famoso hadīth afirma que el islam nació en la emigración (hijra) y acabará en la emigración. En este sentido, la parábola vital de Mahoma se asemeja a la de Moisés en la Biblia, pero con una gran diferencia: Moisés no entra en la tierra prometida, mientras que Mahoma regresa a La Meca triunfante. Sin embargo, si aceptamos que la tierra prometida era, también para Mahoma, Jerusalén y no Arabia, el paralelismo con Moisés se hace más evidente. No se trata de un detalle biográfico. Ese desplazamiento daría al islam un espacio escatológico para evitar una superposición inmediata entre la ciudad terrestre y el Reino de Dios.

Sin duda. Algunas fuentes no musulmanas llegan incluso a decir que Mahoma no habría muerto en Medina sino en Gaza. De eso hablo en el epílogo de mi libro. Estas informaciones se encuentran en algunas fuentes no musulmanas contemporáneas al Profeta, a principios del siglo VII, entre ellas un texto escrito en Cartago, la Doctrina Jacobi. Mahoma tenía un vínculo con Palestina. Su bisabuelo Hachemí, epónimo de la dinastía hachemita, fue sepultado en Gaza. Por tanto, el hecho en sí no sería imposible, aunque siempre nos movemos dentro del ámbito de las hipótesis, sin pruebas tangibles.

Volviendo a la pregunta, el hecho de cortar el vínculo con Jerusalén y las periferias de La Meca fue ante todo una decisión de los califas omeyas. Ciertas excavaciones arqueológicas parecen incluso sugerir que las primeras mezquitas de Siria estaban orientadas hacia Jerusalén, aunque no tengo conocimientos suficientes como para poder pronunciarme a este respecto. La cuestión es que mientras no arrojemos luz sobre las raíces históricas del islam, y en concreto sobre su relación con Jerusalén, seguiremos teniendo problemas con la historia contemporánea.

¿Qué piensa de la cuestión sucesoria, que es central en la división entre sunitas y chiítas? ¿Realmente Mahoma no había previsto su muerte y no había pensado en un sucesor?

La lucha por la sucesión fue una respuesta al malestar psicológico y a la depresión colectiva que llevó inicialmente a un fenómeno que pasó casi inadvertido: la negación de la muerte del Profeta. En efecto, durante las horas caóticas que siguieron a la muerte de Mahoma, vemos a Úmar acusando de infidelidad a todo el que afirmara el deceso del profeta, que debía ser el Testigo de la comunidad musulmana el día del juicio. Es famosa la frase de Abu Bakr, que corrigiendo a Úmar marca para el islam el final del mito y el comienzo de la historia: “Para cualquiera que adorara a Mahoma, Mahoma ha muerto. Pero para quien adorara a Dios, Dios es el viviente que no muere”. Con esta frase, Abu Bakr anuncia que el mito de la profecía ha terminado.

Yo creo que la cuestión sucesoria va ligada a una elaboración fallida del luto. Los musulmanes no sepultaron realmente a Mahoma, lo mantuvieron con vida artificialmente mediante sus reencarnaciones, tanto dinástica, los imanes para los chiítas, como política, el califa para los sunitas. Por lo demás, hay un vacío que nunca se volvió a llenar. La propia palabra khalīfa (“califa, vicario”) indica el carácter artificioso de esa sustitución. En términos funcionales, el califa suní es en realidad un sustituto provisional, que no tiene una existencia autónoma. Es el ínterin, ¿pero a la espera de qué? ¿Del retorno de Mahoma? ¿Del fin del mundo?

Dicho esto, me parece claro que Mahoma no indicó ni a Abū Bakr ni a Úmar para la sucesión. Ni siquiera lo afirman los autores sunitas más ortodoxos. Abu Bakr lo dice en la Saqifah el día de la muerte de Mahoma y vuelve a decirlo en el momento de su propia agonía. Pero, si Mahoma hubiera tenido que elegir a alguien, creo que habría elegido a Ali, por una razón muy sencilla. Porque, en mi opinión, quería fundar una dinastía. Por eso deseaba tener un hijo varón. Si hubiera elegido a Ali, habría sido para asegurarse de que sus nietos ocuparían el poder después de él. En otras palabras, miraba ante todo por sus nietos, Hasan y Husayn.

Sin embargo, creo que resulta evidente que no se trataba de una sucesión espiritual, porque Mahoma se consideraba el khātam al-anbiyā’, el sello de los profetas. Durante su discurso de despedida, él mismo anunció el cumplimiento de su misión. Nadie después de él podrá ser depositario de mensaje religioso alguno. En pocas palabras, la transmisión de un poder terrenal sí, la transmisión de un embrión de estado sí, pero guardaba para sí el monopolio del poder espiritual. Tal vez Mahoma ya había previsto la cuestión sucesoria cuando aún estaba en pleno dominio de sus recursos como jefe de estado, pero en los días previos a su muerte ya no tiene forma de ocuparse de ello. A este respecto, hay una frase muy elocuente. Cuando Bilal, el primer muecín del islam, va a visitarlo el último viernes para invitarle a guiar la oración, Mahoma le responde: “¡Que rece quien quiera! Debo ocuparme de mí mismo”. Como diciendo: “Ahora tenéis las manos libres, yo me preocupo por mí mismo y por la salvación de mi alma”. En su discurso de despedida, sin embargo, terminó afirmando que había transmitido el mensaje y con eso terminaba su misión. Creo que esta actitud se corresponde bien con la condición de un hombre enfermo, derrotado, que se encuentra casi en el punto de partida, siendo perseguido esta vez no por los paganos sino por su familia y compañeros. En aquel momento, después de tantos éxitos, se da cuenta de que “vanitas vanitatum, omnia vanitas”, todo es vanidad y la única certeza de la vida es que vamos a morir. Sus últimas semanas fueron una renuncia, una purificación forzosa, a la que durante mucho tiempo se había sustraído. Esto da una profundidad sublime al personaje, y creo que es por este motivo por lo que su mensaje no ha caído en el olvido. Su destino es trágico, creo que fue asesinado, no directamente con una puñalada, pero sí en el sentido de que le dejaron morir. Ni siquiera recibió la visita de un médico, aunque las fuentes nos dicen que había mucha gente en Medina.

¿Cómo ha sido acogida su investigación en Túnez y en otros países musulmanes?

Mire, no existen países musulmanes. Existen estados cuya religión oficial es el islam, que además tienen pocos puntos en común entre sí. En Túnez, el libro ha tenido un éxito enorme. Tres días después de publicarse se había agotado y ya tenía lista de espera, hasta el punto de que la gente creía que había sido retirado de la venta. La prensa ha dicho que lo habían censurado, pero la verdad es que solo se había agotado. Sencillamente, visto el precio del libro, que se ha valorado en función de un público francés, las librerías tunecinas no habían pedido una cantidad suficiente. Todo fue bien hasta que hice una entrevista en TV5monde. Entonces empecé a recibir amenazas desde Senegal, incluida una fatwa según la cual la obra era “peor que los Versos Satánicos de Salman Rushdie”. En Senegal el libro ha sido quemado y prohibido. Pero afortunadamente en cuanto intervino el Estado tunecino las amenazas cesaron. Mientras tanto, el libro es imposible de encontrar en Marruecos. El ministro de Comunicación ha declarado que no ha habido censura, pero de hecho es imposible encontrarlo, tal vez se trate de una forma de autocensura. Lo mismo para en Argelia.

Después, una entrevista que me hicieron en Le Point fue traducida al árabe por un periodista de Al-Ahram, pero el diario egipcio no la publicó y el periodista la colgó en su página de Facebook, igual que otra entrevista que me hicieron en France24. Aparte del caso de Senegal, no he recibido más amenazas, aunque sí puedo constatar una profunda turbación en torno a mi libro. Un día, uno de mis corresponsales marroquíes me dijo que cruzaba los dedos para que no se tradujera al árabe para que pudiera pasar inadvertido. No está equivocado. He intentado ser discreta, pero también he tenido suerte. En todo caso, el libro se defiende por sí solo, no necesita una tempestad mediática.

En el prólogo, afirma que “la muerte de Mahoma es un episodio que parece cristalizar las raíces del malestar del islam en la civilización moderna”, ¿en qué sentido?

El libro revela que hay un problema sin resolver, y la muerte del Profeta es el emblema. Se trata de la cuestión de la violencia. Hasta el propio profeta la sufrió, fue víctima. La máquina que había puesto en marcha él mismo terminó aplastándolo porque dio una ambición desmesurada a sus compañeros. El pragmatismo, el maquiavelismo, que había demostrado en su carrera como líder político, se reprodujeron casi al pie de la letra en sus compañeros y sucesores. Eso explica la permanencia del conflicto entre sunitas y chiítas, por ejemplo. En mi opinión, el problema del islam se manifestó ya en el momento de la muerte del Profeta, que puso a una religión ante el final de la historia. No es casual que todos los movimientos terroristas actuales tengan una dimensión escatológica.

Entonces la pregunta auténtica sería: ¿existe algo entre el final de la profecía y el final del mundo?

Sí, esta es justo la cuestión. Como para la comunidad musulmana del 632, nuestra alternativa está clara, ¿entrar en la historia o salir? La entrada en la historia la impuso Abu Bakr, pero todavía estamos pagando el precio, porque no hay una auténtica separación entre el poder espiritual y el político. El cáncer de la sucesión, en mi opinión, se extendió por todo el cuerpo político. Y seguirá planteando problemas hasta el día en que haya una auténtica ruptura entre el califato como monarquía teocrática y un poder terrenal confiado a todos, llamémoslo democrático, porque hasta hoy no hemos encontrado nada mejor.

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La muerte de Mahoma, un luto imposible

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  11 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

La muerte de Mahoma, un luto imposible

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

La muerte de Mahoma, un luto imposible

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  15 votos
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>Entrevista a Francisco Igea

La muerte de Mahoma, un luto imposible

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

La muerte de Mahoma, un luto imposible

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

La muerte de Mahoma, un luto imposible

Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  23 votos
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>Entrevista a Joseba Arregi

La muerte de Mahoma, un luto imposible

Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

'El populismo es peligroso cuando tiende a convertirse en totalitarismo'

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>Entrevista a Tulio Álvarez

La muerte de Mahoma, un luto imposible

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

'En Venezuela no se enfrentan dos actores políticos, hay un régimen de facto contra un pueblo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos

El otro es un bien, también en política

Arte y pintura en Páginas Digital

El caballero de la mano en el pecho

David vencedor de Goliat de Caravaggio

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