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22 AGOSTO 2019
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La tribu de Comunión y Liberación, bajo la mirada del sociólogo Mikel Azurmendi

Elena Santa María | 0 comentarios valoración: 3  40 votos
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Una memorable conversación sobre el nuevo libro de Mikel Azurmendi se produjo el sábado 14 de octubre en EncuentroMadrid. Se titula ‘El Abrazo. Hacia una cultura del encuentro’. Publicado por la editorial Almuzara, describe lo que Mikel Azurmendi ha encontrado conviviendo a lo largo de dos años con la gente de Comunión y Liberación. El autor es un experimentado sociólogo y catedrático retirado de antropología en la Universidad del País Vasco, su larga trayectoria es la de un buscador infatigable, amante de la libertad e impetuoso perseguidor de la justicia.

En su juventud militó en ETA, organización que abandonó por su oposición a la violencia, fue miembro del Foro Ermua y fundó la plataforma Basta Ya. Lo que empezó siendo una relación casual con algunos miembros de CL ha llegado a ser un libro que, a juzgar por el autor, solo da parte de lo que he visto y, por eso, no lo considera una obra acabada. Es un libro en el que narra la realidad que ha conocido durante este tiempo que ha dedicado a "husmear", como él mismo dice, las obras de este movimiento eclesial, para entender qué hay detrás de esos rostros excepcionales que conoció en el que es uno de los encuentros culturales más importantes de la capital.

Ya el título da una pista sobre lo que ha encontrado: “un abrazo. Hacia una cultura del encuentro”. Durante la presentación que hizo el sábado lo explicó así: “¿Qué he visto? Un asombro del estilo existencial vuestro, de cómo estáis ante la vida”. Un estilo de vida del que Azurmendi destaca dos características fundamentales, o más bien, utilizando su vocabulario, dos motores: la concepción de la vida como don gratuito –“¡la vida es para darla! Y yo antes vivía para gastarla”, dice con énfasis–y la dependencia, “el otro es un bien, todo lo que soy yo en buena parte depende de otros”, explica. Siguiendo el recorrido que él mismo ha hecho, pregunta a la audiencia que estaba escuchándole: “¿cuál es la gasolina de estos dos motores? La gasolina es Dios, pero no sólo Dios, es Jesús, que es Dios hecho hombre”.

Pero ¿cómo ha llegado a dar esta respuesta? Como dice el título del libro, a través de un encuentro, o en su caso tres, que confiesa fueron fulminantes. Mucho antes de conocer EncuentroMadrid, en una temporada de hospital cuando estaba gravemente enfermo, el antropólogo empezó a escuchar un programa de radio temprano por la mañana. “Esa voz me enseñaba a mirar la realidad”, explica conmovido. Pensando que iba a morirse, le vino una idea a la cabeza: “tenía mucho bien que hacer antes de morirme”; y decidió empezar pidiendo perdón a un sacerdote que llevaba felicitándole la Navidad diez años sin obtener respuesta. Después de eso “vino a verme a San Sebastián y sentí una mirada alucinante dentro de mí, como si me perdonara, me estimaba, me sentí como nuevo”. Fue él quien le invitó a hablar en EncuentroMadrid. Pero la sorpresa no se la llevó durante su intervención, sino justo antes, cuando un chófer fue a recogerle. Un conductor que resultó ser ingeniero, y que estaba trabajando gratuitamente, un sábado por la mañana, para sostener el EncuentroMadrid.

Estos tres encuentros han sido la mecha para que iniciara esta exhaustiva investigación que le ha llevado por colegios, campamentos, obras de caridad, etc. Explica, con un ejemplo, lo que ha visto. Resulta que en uno de los colegios se topó con una frase, escrita a la altura de los ojos de los niños, que podría haberle pasado desapercibida y sin embargo le conmovió: tú eres un regalo. “Entre todas las cosas del mundo, tú eres un regalo”. Le habría gustado haber sido un profesor como ellos, reconoce, “enseñar la realidad que ha hecho Dios” partiendo de que cada niño es un regalo. En esta frase no ve una recomendación infantil, sino todo un giro antropológico que hace que el sesudo y riguroso sociólogo Azurmendi se repiense a sí mismo, desde parámetros nunca antes imaginados. Este viaje le ha llevado también a Valdemingómez, a las afueras de Madrid, donde la droga campa a sus anchas. Un grupito de CL va allí todos los viernes a dar de cenar a los drogadictos. “No entendía por qué lo hacíais, me quería ir de allí”. Le parecía una tarea inútil frente al mal de la droga y le volvían a la cabeza los presupuestos de Max Weber sobre la inutilidad de gestos así para acabar con el mal en el mundo. Sin embargo, después de varias conversaciones y viendo con sus ojos otras obras de caridad y sus razones, entendió que estos gestos no consisten en dar un duro o ropa vieja, sino “vaciarte de lo que eres y mirarles”. Tras esa visita con los de Bocatas se puso a pensar qué podía hacer. “Se me ha ocurrido visitar a las víctimas de ETA simplemente por estar con ellos”. Algo tenía que hacer después de lo que había visto. “La caridad es una fuente de identidad. En Bocatas te dicen que se sienten renovados, y ves que tienen una identidad distinta a la que tienen sus compañeros de colegio”, dice sobre los chavales que participan de este gesto todas las semanas. Los sociólogos dicen que las iglesias están vacías, pero lo que no estudian es que la caritativa forma identidad y pertenencia, reflexiona delante del público.

Todo este recorrido no lo ha hecho solo, su ahora esposa –puesto que se han casado a raíz de haber conocido el movimiento de CL, tras muchos años de convivencia– le ha acompañado “de la mano”. A ella le dedica el libro “por esta caminata hecha juntos”. Cuando se le pregunta por esta dedicatoria responde: “es un regalo que me hace Dios, ella venía de la meditación budista y nos hemos metido en la vida agradecida del amor y la gratuidad”. Aunque el libro lo firma él, confiesa que ha discutido con ella página por página, y que el resultado no habría sido el mismo sin su voz tranquila y mansa, y sin su mirada.

En el libro, describe la diferencia que han percibido entre cómo vivían ellos, y cómo viven éstos que han encontrado. “Cada vida individual se muestra como una obra del arte del vivir –explica– y vosotros lleváis una vida única, no hacéis lo que hacen vuestros colegas”. Y continúa: “nosotros interaccionábamos de otra forma, para quedar bien”. Esta última idea la explica con un ejemplo gráfico. En nuestro mundo “cada yo es un clavo del que cuelgan las caretas que nos vamos poniendo”. En cambio, “para vosotros cada vida está hecha por un personaje que asume todos los actos que hace”. “Sois los mismos todos los días, tenéis la misma vida, por eso sois especiales, la gente no es así”, exclama sorprendido. Y esto es así “porque dependéis de otro”. Lo explica utilizando de nuevo la idea de la obra arte. “Cada hombre trabaja su vida como una obra, y vosotros tratáis de calcar la vida de Jesús. (...) Tratáis de ser Jesús, por eso acogéis así”. Lo ha percibido, señala, en el carácter y la alegría con que se hace todo, construyendo así una obra atractiva.

Inevitablemente todo libro tiene su final, y el final de la escritura le provocaba cierta congoja al autor. ¿Y ahora qué? “Ahora estáis vosotros –dice–. Nos habéis desvelado una vida nueva”, concluye, no sin antes expresar su más profundo agradecimiento.

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