Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
20 MARZO 2019
Búsqueda en los contenidos de la web

Los volcanes no avisan

Alver Metalli | 0 comentarios valoración: 2  16 votos
Vota 1 2 3 4 5
Resultado 2  16 votos

Volver a Nicaragua después de cuarenta años produce impresión. Estuve aquí otras veces, pero ahora es diferente: termina un ciclo y cada cosa se presenta acompañada por una acumulación de imágenes. También la revolución sandinista está terminando un ciclo. En aquel momento, hace cuarenta años, Daniel Ortega era uno de tantos muchachos que habían salido a la calle cargando fusiles poco sofisticados, la Guardia Nacional de Somoza estaba en desbandada y el dictador con el resto de sus fieles se ponía provisoriamente a salvo en Miami. Un año después, en septiembre de 1980, el disparo de una bazuca lo hizo saltar por el aire en Paraguay, ajusticiado por la mano larga de una revolución que no le había perdonado la crueldad de los últimos años. ¡Cuántas conclusiones simbólicas! Ahora Ortega, casado entre tanto con la señora Murillo, se encuentra acorralado por jóvenes como él, nietos de aquellos que lo impulsaron hasta el vértice de la pirámide y que no le perdonan que haya disparado contra estudiantes universitarios. “Los volcanes no avisan” dice la escritora María López Vigil. Y así es. La catastrófica erupción llegó el 19 de abril y arrasó con todo, como el terremoto de 1972 del que todavía se pueden ver rastros en el centro de Managua. Las paredes del edificio político y social construido por Daniel Ortega están llenas de grietas que anticipan el próximo derrumbe.

El primer movimiento telúrico se produjo el 3 de abril, cuando se incendió la reserva del Río Indio-Río Maíz. 300.000 hectáreas de selva virgen que se extiende al sur de Nicaragua entre el río San Juan, en el límite con Costa Rica, y el río Punta Gorda, sobre la costa del Caribe, y 300 estudiantes de la Universidad Centroamericana de Managua se concentraron delante de la sede de la Asamblea Nacional con pancartas que acusaban a Daniel Ortega del desastre ecológico. El segundo sacudón se sintió pocos días después, cuando algunos cientos de ancianos que protestaban por una quita del 5 por ciento de su jubilación fueron maltratados por militantes sandinistas en la ciudad de León, a menos de cien kilómetros de Managua. “En las casas de Nicaragua los ancianos son figuras muy respetadas, sobre todo las abuelas” nos explican en la sede del canal de televisión 100% Noticias, uno de los más escuchados y batalladores en la Nicaragua actual. “Las nicaragüenses son familias con muchos hijos y las mujeres son abuelas muy jóvenes; en las casas son madres sabias, más presentes que la madre natural; los abuelos y las abuelas, para nosotros, no se pueden insultar impunemente”. “El despertar de las conciencias”, así lo llama un sacerdote de Managua con cabello largo y rasgos indígenas, ha desbordado como el agua de un dique por los canales etéreos de los wi-file instalados gratuitamente por el gobierno en las plazas y parques de la capital. El tam tam digital tuvo una velocidad increíble; al cabo de pocos días desactivaron los router, porque quienes los habías proporcionado se dieron cuenta de que se habían convertido en un arma mortal en manos de los jóvenes, pero ya era demasiado tarde. El 19 de abril llegó la gran protesta y la masacre, la erupción del volcán, una fecha que marca el punto sin retorno para Daniel Ortega, la señora Rosario Murillo y su régimen. El escritor nicaragüense Sergio Ramírez, quien formaba parte del núcleo que casi cuarenta años atrás derrumbó el orden somocista, recurre a Hans Christian Andersen y su fábula “El traje nuevo del emperador” para señalar que, efectivamente, el rey ha quedado desnudo. Lo mismo que gritaron los estudiantes de Managua desde la puerta de su universidad antes de ser atacados por las turbas sandinistas enviadas por sus propios padres.

Las rotondas de Managua, con los “árboles de la vida” plantados en el corazón de la capital, son en cierta forma el símbolo urbanístico de la Nicaragua sandinista que debía celebrar los éxitos de la revolución ya madura, estacionada, encarnada en la última década por la dinastía Ortega-Murillo. Las primeras están patrulladas por empleados del gobierno, que han abandonado sus puestos en las oficinas públicas, con la misión de hacer frente a los nuevos “contras” que podrían volver a ocuparlas después de los días de furia; los segundos, los mastodónticos árboles multicolores de siete toneladas cada uno, son derribados por la rabia de los manifestantes que ya echaron por tierra cerca de cien de los ciento cincuenta erigidos por una revolución que quería ser justa y alegre.

Las protestas de abril han acuñado una bandera – tiene dos bandas azules con la franja central blanca, adoptada en 1971 a imitación de la bandera de los Estados Unidos de América Central – pero no hicieron surgir líderes destacados, duraderos, visibles; no dieron origen a coágulos estables y articulados que se puedan calificar como oposición. La de los jóvenes de Nicaragua es una protesta líquida que, como en la película de Del Toro, asume “La forma del agua”, corre de una plaza a otra y la dispersan, se condensa un poco más allá y grita su descontento contra un gobierno que deja quemar hectáreas y hectáreas de selva y maltrata a los ancianos que protestan por el recorte de las jubilaciones. En el fondo, me hace ver el dirigente de una ONG que como tantas otras no tiene una vida fácil en los últimos tiempos, es mejor que no se hayan celebrado las elecciones anticipadas que reclamaban a los gritos, porque no hubieran tenido tiempo de organizarse con una verdadera propuesta política de transición.

La iglesia de la Divina Misericordia, cerca de la Universidad Nacional de Nicaragua, tiene las paredes perforadas como un colador. El 13 de julio estuvo sitiada durante 17 horas y después fue atacada por grupos paramilitares afines al gobierno. Aquí mataron a dos jóvenes y cerca de cien se salvaron cuando el párroco Raúl Zamora abrió las puertas y los hizo entrar. “Creí que había llegado a un acuerdo con los atacantes para dejarlos salir pacíficamente, porque era evidente que no eran peligrosos y lo que pedían era completamente razonable, pero en cambio, empezó el ataque”, nos cuenta. “Vi morir a uno de ellos con un balazo en la cabeza…”. El edificio perforado es como el símbolo de la Iglesia de Nicaragua, una Iglesia que junto con sus párrocos ha estado indiscutiblemente al lado de los jóvenes revoltosos. Que abrió las puertas de los edificios de culto para que entraran los perseguidos, que curó a los heridos, que sepultó a los muertos, que rescató de la cárcel a los arrestados. Que visitó a las familias de las víctimas, que consoló a las de los desaparecidos, que llevó alimentos a los que no tenían comida. “Cumplió al pie de la letra lo que pide el Evangelio” afirma la directora de la revista Envío, que en una época era partidaria de la teología de la liberación, María López Vigil, y cita el conocido pasaje donde el Maestro recomienda a sus discípulos que visiten a los presos, den de comer a los hambrientos y vistan a los desnudos. Las obras de misericordia, precisamente.

Unos metros más allá de la Divina Misericordia, mudo testigo de persecuciones, disparos y gritos, se encuentra la estatua de Juan Pablo II que recuerda su visita a Nicaragua en 1983. En aquel momento fue recibido y mal soportado por una revolución arrogante que lo recibió al grito de “Entre cristianismo y revolución no hay contradicción”. El monumento al pontífice polaco comparte el lugar con el de Rigoberto López Pérez, de veintisiete años, quien el 21 de septiembre de 1956 se infiltró en una fiesta del Club Social de Obreros de León, disparó al pecho del presidente Somoza padre y cayó derribado por una lluvia de balas de sus guardaespaldas. Rigoberto López murió instantáneamente, Somoza agonizó algunos días en un hospital de la zona del canal de Panamá. Su hijo, Luis Somoza Debayle, tomó su lugar y continuó la sangrienta dinastía.

Más abajo, en la siguiente rotonda, se ha reunido el acostumbrado grupo afín al gobierno que despliega banderas sandinistas rojas y negras. Está allí para advertir a los exaltados, atrincherados en el cercano campus universitario, que no pueden pasar ciertos límites y que la protesta es legítima cuando refuerza las instituciones de la revolución, pero se convierte en reaccionaria cuando pide que las reformen. Otra rotonda, otro insigne literato nacional, el poeta Rubén Darío, otra universidad, otro volcán en erupción. Es el campus de la Universidad Católica de Managua, con diez mil estudiantes, obras de los jesuitas, que en América Central se dedican a la educación superior. La UCA ha hecho su aporte de rabia y de sangre a la rebelión del 19 de abril. Ese día sus puertas se abrieron para dar refugio a los estudiantes que se replegaban ante el ataque de las bandas de militantes sandinistas que hoy mantienen sitiado el enclave. Al replegarse en la universidad, necesariamente deben haber corrido delante del busto de monseñor Romero, colocado a la derecha de la entrada en 2016, y puede que algún fugitivo haya invocado al mártir que acaba de ser reconocido santo por el Papa Francisco, para que lo protegiera de una violencia que tanto se parece a la que puso fin a su vida en El Salvador.

¿Quiénes son los fugitivos? Nietos de familias sandinistas en gran parte, que no conocieron la revolución de los años 80 de primera mano y la oyeron contar a sus abuelos. No saben mucho de Somoza, salvo lo que pueden leer en los manuales de historia escritos por los intelectuales sandinistas en los años ’90. De clase media y media baja, asisten a la universidad gracias a becas concedidas por el Estado y por fundaciones privadas. También están muy familiarizados con las redes sociales y tienen una fuerte conciencia ambientalista. Que una parte del territorio nacional hubiera sido arrasado por las llamas ha sido suficiente para que apuntaran con un dedo acusador al gobierno negligente. Como Denis Herrera, que tenía 13 años cuando la Guardia Nacional de Somoza se desbandó y los jóvenes como él perseguían sus restos. No participó en aquellos hechos, pero recuerda el entusiasmo de aquellos días, el mismo entusiasmo que él siente ahora. Y ahora recuerda la seriedad de su abuela, que no la compartía. “Cuando le pregunté por qué» nos dice pensativo, “ella primero se quedó callada; tal vez para no herirme, después me contestó que ya sabía como terminaría todo, porque “el que sube muy alto ya no quiere volver abajo”. Nada más». Poco después Ortega asumió el control del proceso revolucionario. Misterio inicuo del poder. María López Vigil nos confiesa que ella también aplaudió a los sandinistas abocados a construir un nuevo orden. Tiene un año más que Ortega, 73 él, 74 ella. Después dice que vio cómo secuestraban la revolución. Hoy aplaude a los jóvenes a los que enseña. Sus alumnos estuvieron en las calles para protestar, en la cárcel, en el exilio, muertos. No culpa a una abstracta revolución, sino a concretos revolucionarios de un tiempo, corrompidos por su mismo poder. “Si los que hacen la revolución no aceptan límites, si no hay un contrapeso, ellos mismos devorarán su propia revolución”. Sorpresivamente trae a colación una expresión latina, memento mori, recuerda que debes morir. “La muerte es el signo de nuestra fragilidad, hay que tenerla presente, eso nos hace ser realistas para conducir la vida de otros y nos permite recuperarnos de las caídas y los excesos. Daniel Ortega, en cambio, se cree Dios omnipotente”. Critica el concepto de vanguardia: “Es un grave error la pretensión de saber lo que el pueblo quiere y lo que necesita. Los verdaderos revolucionarios deben acompañar, servir”.

En Managua no se ha decretado el aborrecido “toque de queda” nocturno que deja la ciudad en manos de las fuerzas de seguridad, pero es como si lo hubiera. De noche, Managua está desierta, los locales están cerrados, la vida se refugia en las casas hasta las primeras luces del día. Después vuelve a empezar con aparente incertidumbre. Tras las sacudidas de abril, el enjambre sísmico advierte que el volcán todavía está activo y listo para entrar en erupción. Ortega ha domado la protesta con el peso de una represión desmensurada que provocó cientos de muertos, miles de heridos, decenas de desaparecidos y más de trescientos presos que van recuperando la libertad con cuentagotas mientras otros son arrancados de sus casas y ocupan el lugar que dejaron. Las organizaciones de derechos humanos calculan que todavía quedan cerca de 400 personas detenidas por motivos políticos, 350 con proceso judicial abierto, acusadas de “terrorismo”. El río cárstico de la revuelta corre ahora bajo tierra, pero nadie duda de que volverá a la superficie en el momento más inesperado y fuera de los cauces conocidos. En la tierra de los cien volcanes, todos saben que los volcanes no dicen cuándo van a entrar en actividad. “Esto no ha terminado” asegura un editorialista del Nuevo Diario. “El presidente Ortega conoce al pueblo de Nicaragua, sabe que puede soportar mucho, que tiene capacidad de resistencia, que se sacrifica cuando es necesario, pero esta vez Ortega ha pasado la línea roja y el pueblo no le perdonará jámas que haya mandado a matar jóvenes universitarios”.

Los escenarios futuros son múltiples y dependerán de la conjugación de factores que todavía están en movimiento. En los últimos días el Ministro de Economía de Ortega presentó el Presupuesto para 2019 y reconoció que las pérdidas económicas son tres veces superiores a las que provocó el huracán Mitch en 1998, que aquí fue devastador. Son comparables a las del terremoto de Managua en 1972. Todos los indicadores apuntan hacia abajo. El año que viene el crecimiento será negativo. El panorama que plantea un observatorio independiente relacionado con la industria nacional de Nicaragua habla de parálisis de las inversiones, de crédito internacional con cuentagotas, de derrumbe del consumo fuera de la canasta básica, de reducción del gasto público con aumento de la desocupación. La ocupación informal ya habría crecido 116.000 unidades, según los datos del gobierno, y el doble según los números de la Fundación para el desarrollo económico y social (Funide). Las exportaciones y las remesas de nicaragüenses residentes en el exterior podrán dar oxígeno a la anemia económica del país, las primeras porque están relacionadas con una demanda internacional que no se ve afectada por la crisis interna, las segundas porque aumentará el número de nicaragüenses expatriados, y los que ya lo hicieron tenderán a ayudar más a los que quedaron en el país. La situación podría agravarse más si los países importadores de mercaderías made in Nicaragua decidieran implementar sanciones comerciales. El 40% de las exportaciones nacionales está destinado a Estados Unidos, el 25 por ciento a América Central y el 15 por ciento a Europa. Con cualquiera que se hable, el presidente Daniel Ortega tiene los días contados. Habrá que ver cuántos, y qué les pondrá fin. Las elecciones presidenciales de 2021 están lejos. Probablemente demasiado. Y ya se sabe que los volcanes no avisan.

>Comentar

Sólo los usuarios registrados pueden insertar comentarios. Identifíquese.

0Comentarios

<< volver

>SÍGUENOS EN

>Entrevistas

vista rápida >

Los volcanes no avisan

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  11 votos
vista rápida >
>Reconectar el voto y la experiencia social

Los volcanes no avisan

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
vista rápida >
>Reconectar el voto y la experiencia social

Los volcanes no avisan

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  15 votos
vista rápida >
>Entrevista a Francisco Igea

Los volcanes no avisan

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
vista rápida >
>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

Los volcanes no avisan

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

Los volcanes no avisan

Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  23 votos
vista rápida >
>Entrevista a Joseba Arregi

Los volcanes no avisan

Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

'El populismo es peligroso cuando tiende a convertirse en totalitarismo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
vista rápida >
>Entrevista a Tulio Álvarez

Los volcanes no avisan

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

'En Venezuela no se enfrentan dos actores políticos, hay un régimen de facto contra un pueblo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos

El otro es un bien, también en política

Arte y pintura en Páginas Digital

El caballero de la mano en el pecho

David vencedor de Goliat de Caravaggio

>Boletín electrónico

Recibe los titulares de PÁGINASDIGITAL.es en tu correo electrónico
Darse alta y baja en el boletín electrónico

 

Darme de baja