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11 DICIEMBRE 2018
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'Las devoluciones en caliente son una barbaridad'

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Entrevistamos a Isabel E. Lázaro, profesora de Derecho Internacional Privado en la Universidad Pontificia de Comillas, para analizar la situación actual de la política migratoria en España y en Europa.

¿Cómo valora la política del Gobierno de Sánchez con la migración? Cuando se produjo la crisis migratoria en Italia, se le pidió mucha más ayuda a Frontex para los rescates en el Mediterráneo. ¿Debería hacerlo el Gobierno de Sánchez?

No soy especialista en ese tema, pero creo que este Gobierno no quiere tirar de esa cuerda entre otras cosas porque, aunque a España está llegando un número importante de inmigrantes por esa vía, no es comparable esta situación con la que se dio con la crisis siria en Italia y Grecia. No nos está llegando ese volumen de gente, ni muchísimo menos. Estamos todavía en el marco de una migración que es la que habitualmente llega a España. Ha crecido un poco, pero no estamos en unos términos que resulten exorbitantes. Otra cosa es que no aceptamos esta movilidad humana respecto de la pobreza. Los países ricos resultamos atractivos para la gente que vive en unas condiciones que no son las que parecen más deseables y que permiten el progreso humano.

Se está estudiando si dejar las devoluciones en caliente en la ley “mordaza” o pasarlo a la ley de inmigración, ¿qué le parece esta fórmula?

Las devoluciones en caliente son una barbaridad porque no permiten valorar las circunstancias individuales de cada sujeto. Desde luego, respecto de los menores es completamente intolerable, pero también respecto de los adultos impiden discriminar si la persona, por ejemplo, viene huyendo de una persecución que entra en el ámbito de aplicación del estatuto del refugiado. No se entra en ninguna consideración de este tipo, o si se dan circunstancias humanitarias que fuerzan a la acogida de una persona en otras condiciones. Es verdad que tener un proceso con garantías siempre es más caro, pero es que queremos proteger los derechos humanos.

¿Por qué están tan desbordados todos los centros de acogida e identificación? ¿Qué es lo que funciona mal?

Lo que funciona mal es que el modelo no se ha adaptado, no ha crecido con arreglo a las necesidades de la presencia extranjera en España. Mantenemos el mismo número de plazas que teníamos hace quince años, y hemos tenido varias crisis migratorias muy serias que exigían otros números. No han crecido las plazas y los centros están desbordados. Habría que ajustar a las necesidades reales las plazas disponibles. Sin trasladar el control de fronteras allí donde no hay que trasladarlo. Pensemos que si tenemos un centro mal dotado, mal atendido, y estoy recibiendo más jóvenes de las plazas que tengo, no van a venir. Eso es intolerable. Preferiríamos que no vinieran, y que no vinieran solos ni en estas condiciones. Pero una vez que están aquí, hay que protegerlos. Y por tanto establecer un sistema en las condiciones que necesitamos, empezando por las plazas, indudablemente. Es un problema que con los menores es flagrante, pero también existe con los adultos.

Entonces, es como si no se estuviera trabajando por mejorar la situación para evitar el efecto llamada.

En algunos casos es así. Directamente, algún responsable de centros me lo ha dicho: no quiero efecto llamada, no voy a crear más centros para atener a menas (menores no acompañados).

Pero el fenómeno de los menas está tomando unas dimensiones muy importantes.

Es que nos jugamos mucho. Dejando a estos adolescentes en la calle estamos generando un problema mucho más grave. No inmediato, pero va a tener una gran repercusión esta situación de calle.

¿Cuál sería la mejor política migratoria en este momento, en que España se ha convertido en una ruta? ¿Qué cambios habría que hacer?

Creo que en España habría que dotar de más medios al sistema: más personal, más centros y una mejor distribución y solidaridad entre comunidades autónomas, que no se está dando.

¿Andalucía es la que más peso soporta?

Andalucía en este momento tiene un peso más grande. También es cierto que Andalucía, en su sistema de protección, optó por cerrar centros, no institucionalizar a los menores, pero eso hace que no haya plazas suficientes ni siquiera para la acogida. Canarias en algunos momentos también ha tenido una cantidad muy grande de menas, llegó a haber una crisis enorme, pero se acabaron trasladando a la península. Cataluña en determinado momento también tuvo muchísimos, que empezaron a trasladarse a otros lugares. País Vasco tiene un modelo bastante bueno, en mi opinión. Pero en el momento en que una comunidad autónoma hace bien las cosas, empiezan a ir todos hacia ese lugar, y se produce un desequilibrio que yo comprendo que pesa mucho. Tendría que haber un sistema de mayor solidaridad y corresponsabilidad en esta cuestión, porque llama la atención la cantidad de menas que hay en País Vasco, pues para llegar allí hay que atravesar toda España.

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