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24 ENERO 2019
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Voegelin y Flannery O'Connor. Sin Abrahán no hay historia

Roberto Gabellini | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
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Abrahán, Voegelin y O’Connor, con un vínculo aparentemente bastante improbable, han encontrado un inesperado punto de encuentro en una recensión escrita por Flannery O’Connor (1925-1964) en 1958.

La escritora americana, desde mediados de los años 50 hasta 1964, año de su muerte, reseñó más de un centenar de libros –entre ensayos y novelas– para dos periódicos diocesanos de Georgia, considerando esta tarea parte de su propia vocación y participación en la vida de la Iglesia.

El elenco de autores tratados confirma entre otras cosas su atención a la cultura y al catolicismo europeos, que la propia O’Connor admite en sus cartas: de Guitton a Guardini, de Gilson a De Lubac, a Eliade, Mounier, Mauriac, Péguy. Entre estas reseñas se encuentran las relativas a los tres volúmenes publicados entonces de “Orden e historia” de Eric Voegelin (1901-1985).

Para el primero de estos libros “Israel y la revelación”, O’Connor identifica en la salida de Abrahán de Ur el nudo central del libro y la llamada por parte de Dios como el punto de ruptura, el desgarro del que nace la historia (ya no es el hombre quien busca a Dios sino que es Dios quien busca al hombre), por lo que el hombre da un “salto en el ser”.

Resulta significativo que O’Connor —a través de Voegelin— oponga a la mentalidad de su tiempo este “salto” o, dicho de otro modo, este nacimiento del yo, un tema que por otro lado, en un periodo tan marcado por la “fragilidad del ser” como el nuestro, sigue siendo de gran actualidad y no se enmarca en una sola discusión entre expertos.

Veamos lo que dice Flannery O’Connor: “Este es el primer libro de los seis volúmenes de un estudio, ‘Orden e historia’, que por amplitud de la imaginación y la precisión, hoy probablemente no tiene otro semejante con el que compararse por sus objetivos en el ámbito de la filosofía de la historia. ‘Israel y la revelación’ se abre con un repaso de las culturas arcaicas del antiguo Oriente Próximo y su orden cosmológico. Voegelin considera el inicio de la historia como una ruptura en el desarrollo de la civilización que dio comienzo con el éxodo de Abrahán al salir de Ur, y que continuó cuando Israel fue guiado por Moisés fuera de Egipto y se convirtió en un pueblo sometido a Dios, que al final, con la caída del reino de David, prosiguió con el movimiento profético más allá del propio pueblo concreto de Israel hacia la visión de un Israel como siervo sufriente de Dios. En el mundo helénico, el hombre buscaba a Dios, en el mundo hebreo es Dios quien busca al hombre. La verdadera historia empieza cuando el hombre acepta al Dios que existe, aquel que le busca. Este estudio monumental, del que por ahora se han publicado tres volúmenes, se ha comparado por su importancia con el trabajo de Vico, Hegel, Spengler y Toynbee. Sin embargo, a diferencia de Spengler y Toynbee, Voegelin no ve la historia como ciclos de civilizaciones, sino como un viaje, fuera de las civilizaciones, de un pueblo que realiza un ‘salto en el ser’ y acepta una existencia sometida a Dios. El estudio es un paso adelante más allá de Toynbee, pues responde de modo satisfactorio al comparativismo que mira a todos los movimientos espirituales como fundamentalmente similares y de igual importancia. ‘Sin Israel no habría historia, solo un eterno retorno de sociedades de forma cosmológica’. Eric Voegelin ha regresado recientemente a la Universidad de Múnich, de la que había sido expulsado por los nazis”.

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