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23 ENERO 2019
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>Entrevista a Pablo Ferrari, fundador de felixnomad.com

'Lo más efectivo que podemos dar a un pobre es afecto'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  46 votos
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Con una prometedora carrera en Silicon Valley, Pablo decidió cambiar de proyecto de vida cuando vio que llegaba a la cima. Lo que para cualquiera que mire desde fuera puede parecer “dejarlo todo” para él ha sido la ocasión de “empezarlo todo”.

¿Qué es felixnomad?

Felix es el nombre de nuestro primer asistente virtual para la gente más desfavorecida. Es "El Siri de los homeless", como lo decimos en inglés, aquí quizás se pueda decir "El Siri de los pobres". Felix es el nómada urbano digital, que puede ayudar a la gente a vivir una mejor vida de nómada urbano, o a salir de ella.

¿Cómo surgió ese nombre?

Felix significa "aquel que se considera Feliz o afortunado". Lo elegimos porque queremos crear una experiencia a nuestros usuarios alrededor de la felicidad y la alegría. No solo queremos darles la información clave para ayudarles a salir de la calle, también queremos animarles y motivarles pues es clave para que salgan adelante, y esto está en todo lo que hacemos hacia ellos, incluido el nombre. Si pudiera dar solo una cosa a la gente de la calle para ayudarles a salir adelante, en mi experiencia la cosa más efectiva es darles amor. Felix está elegido para inspirarlo en todo momento.

¿De dónde surge tu inquietud solidaria por las personas sin hogar?

¡Complicada pregunta! Es algo que se hace desde el corazón y sin esperar nada a cambio, es posiblemente lo contrario a todo lo que nos enseña el día a día, así que espero no sonar muy irracional, pero intentaré ser lo más racional posible.

He pasado un periodo existencial en el que me he planteado seriamente qué quiero hacer con mi tiempo. Además me doy muy poca importancia a mí mismo, así que lo que haga con mi vida realmente no es importante. Lo importante es el proyecto, no la persona.

Mi inquietud ha estado conmigo toda la vida: he sido voluntario en Cáritas y en Nuevo Futuro toda mi vida en Madrid, he ayudado a montar hospitales en Perú y he estado allí atendiendo y ayudando a los más desfavorecidos, ¡he hecho cantidad de voluntariado!

Pero me doy cuenta de que cambié mucho cuando hace cuatro años me formé en lo que los budistas llaman "compasión global", que implica desarrollar una compasión por igual tanto por tus más cercanos como por aquellos que desconoces. Ellos, los budistas, son más extremos y desarrollan compasión también por plantas, animales o insectos... yo no he llegado a eso, la verdad, ya me está dando mucho trabajo extenderlo a los humanos…

Durante los últimos cuatro años he estado ayudando a gente sin techo en las calles de California por cuenta propia: con mi dinero y en mi tiempo libre. Ha sido una aventura de compasión y sacrificio que me ha llevado a ayudar a más de 300 personas, a vivir aventuras de todo tipo, a ser timado múltiples veces, a hacer amigos que me durarán toda la vida, y a ver cómo casi 30 personas han conseguido salir adelante y encontrar al fin la Paz de una vida mejor. Tengo claro que quiero ser útil para la perpetuación de la vida en el universo y para la humanidad. Para alguien como yo, que no soy especialmente listo, es realmente difícil de hacer, pues gente mucho más inteligente y mucho más rica que yo está tomando cartas en problemas importantes a largo plazo, pero decidí que eso no iba a ser mi excusa, así que sin prisa me puse a pensar y a estudiar. Parte de este estudio se hace en la calle, no hay mejor universidad.

Finalmente me hice la siguiente pregunta: ¿cuáles son los problemas importantes para la humanidad de los que nadie quiere ocuparse, principalmente porque no hay premio de capital en solventarlos o por el riesgo personal que implican? En mi opinión los dos mayores de estos problemas son la desigualdad extrema y la ruptura social. Ambos tienen pequeños premios en dinero y un alto riesgo físico.

Viviendo en California, rodeado de algunas de las personas y empresas más poderosas del mundo, y también rodeado de una crisis humanitaria grave, la desigualdad extrema es imposible de ignorar, y decidí empezar a ayudar a estas personas de las que poca gente quería hacerse cargo de una forma directa y desinteresada. Luego me di cuenta de que la situación solo va a ir a peor: hay 100 millones de personas sin hogar en el mundo y cerca de 2 billones sin una vivienda digna, y eso que solo somos 8 billones de personas... para el año 2100 se estima que seremos 12 billones, y que a la vez la desigualdad solo va a aumentar.

Mi inquietud supongo que viene por mi necesidad de mejorar el lugar donde existo, y por la mala trayectoria que llevamos.

¿Hasta el punto de dejar tu trabajo?

Así es. Cuando me pongo con algo me pongo hasta el fondo. Creo que mi trabajo, haciendo inteligencia artificial en silicon valley, es algo que podría ayudar muchísimo a mejorar la desigualdad en el mundo: necesitamos utilizar la tecnología y la innovación para el Bien Común y no solo para plantarnos anuncios. Esto no lo voy a solucionar yo solo obviamente, ni se va a solucionar en poco tiempo, pero cuantos más motivemos y más gente vea que crear un impacto real en el mundo y en la vida de las personas, para bien, es algo posible... ¡más seremos! Mi sacrificio laboral pretende por un lado ayudar a individuos que lo estén pasando mal, y por otro motivar a los que puedan ayudar a que sea posible hacerlo.

Tenías una prometedora carrera profesional, ¿qué te lleva a dejarlo todo?

Lo que me lleva a "dejarlo todo" para "empezarlo todo" es una mezcla de: (1) mi pensamiento de que mi vida (o mi cuenta bancaria) no es importante; (2) mi elección del problema de la ruptura social y la desigualdad extrema como mi nueva aventura; y (3) el darme cuenta de que he llegado a un nivel tecnológico en el que ya puedo ser útil.

Mi carrera profesional es verdad que era "prometedora"... era jefe de tecnologías cognitivas (inteligencia artificial) en Verbio, una gran empresa en Barcelona reconocida en todo el mundo, trabajando en Silicon Valley, y rechacé ofertas para ser director de "Machine Learning" en algunas de las mayores empresas del Valle, pero ese fue justo el momento en el que me di cuenta de que debía hacerlo. Me dije a mí mismo: "si esta gente piensa que soy la persona adecuada para dirigir sus equipos de nuevas tecnologías (y se supone que son los mejores), es que ya he llegado al punto en el que puedo ser útil para el problema que he elegido y para el que me he estado formando".

Además, creo que la carrera profesional no es demasiado importante, al menos en la forma en la que solemos contemplarla, que se suele basar en buscar remuneración y comodidad. Para mí la incomodidad y el sufrimiento son crecimiento, y mientras mi trabajo me cubra las necesidades básicas y me permita dedicarme a lo que elijo, toda incomodidad solo me va a hacer crecer más.

En conclusión, no he dejado nada excepto oportunidades de dinero y de trabajar con gente genial. A cambio he crecido, trabajo con gente de gran corazón y me siento realizado con cada persona que ayudo de forma directa, o indirecta mediante mi tecnología. Duermo muy bien, tengo mucho trabajo por delante que me apasiona, y sigo aprendiendo y mejorando cada día. En mis ojos no he dejado nada, he empezado algo mayor.

¿Crees que las personas sin hogar se sienten más identificadas con el término nómadas urbanos?

Sin duda. Primero está el tema de que, en mi opinión, una "persona sin hogar" es un término incorrecto. El ser sin hogar no define a un individuo como puede ser el ser rubio o moreno, en mi opinión estar sin hogar es una experiencia que se empieza y se acaba, es solo una experiencia que dura un tiempo y que no te define. Es como si a una persona que pasa por una depresión, esta le definiera: no es así, la depresión es una experiencia temporal y pasará. Además, un nómada es alguien que siempre lleva su hogar allí donde va, y sigue siempre en movimiento buscando pastos más verdes, o adaptándose a las inclemencias del tiempo. Veo a la gente que vive en la calle bastante así, son nómadas urbanos, y siempre que hablo del término con ellos, al menos en USA, les gusta mucho más que "homeless", les define mejor.

¿La administración y los centros tanto de acogida como de asistencia alimentaria ya conocen la aplicación? ¿Cómo la valoran?

Hemos hablado mucho con la administración en San Francisco y Berkeley, y valoran muy positivamente lo que estamos haciendo. La aplicación está en fase de prueba privada (private beta), aunque se puede descargar libremente de la google play store, no estamos haciendo publicidad aún. La gente, tanto nómadas urbanos como administradores de la ciudad, han aportado mucho a mejorar nuestro sistema, y están tan esperanzados como nosotros.

¿En qué punto está el proyecto y qué es lo que más necesita en este momento?

Necesitamos tres cosas: una es la importante, otra es la urgente y otra es la práctica. La importante es que ¡necesitamos sacar a gente de la calle! Necesitamos hacerlo de una forma replicable, escalable y económica. ¡Y necesitamos casas!

La urgente es que necesitamos data, información. Necesitamos información de los servicios sociales de las ciudades, qué servicios hay, dónde, a qué horas abren... Y también necesitamos información que llevan acumulando años sobre sus casos, de manera anónima claro está, tipo: "este señor, de este país, nos ha visitado tantas veces buscando trabajo, ha tenido estos problemas y ha encontrado estas soluciones". Con esta información podemos crear mejores modelos de inteligencia artificial capaces de ayudar a más gente, de forma escalable.

La práctica es que necesitamos darnos a conocer. Cuanta más gente sepa lo que estamos haciendo, más ayuda encontraremos y más comentarios para mejorar. Salir en medios que confirmen que lo que contamos es cierto, que nos dé el "sello de calidad" del siglo XXI (¡existir en google!), es indirectamente importantísimo para conseguir más financiación y más proyectos de colaboraciones. Es difícil convencer a alguien cuando "no existes".

¿En qué ciudades está previsto que funcione la aplicación?

En todo el mundo. Seguiremos un orden de expansión basado en la urgencia (número de personas en desigualdad extrema) y en la posibilidad (ciudades que ya cuenten con sistemas de información a los que podamos engancharnos). Ahora estamos saliendo en California, y también vamos a empezar un piloto en Madrid y Barcelona para entender la situación legal y política a la que nos enfrentaríamos en Europa, donde el número de los sin techo está creciendo también de manera muy preocupante.

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Reacción y refugio

Fernando de Haro

“¡Orderrrr!”. No parece casualidad que este grito del speaker del Parlamento británico, que se ha oído con fuerza durante los últimos debates sobre el Brexit y en la moción de censura a May, se haya convertido en un fenómeno viral. El video con los gritos del excéntrico John Bercow, intentando poner orden en los debates, ha tenido decenas de miles de visitas. Es paradójico que lo que más interese del Reino Unido en redes sociales, en un momento en el que los políticos del país parecen empeñados en consumar un suicidio de inspiración nacionalista, sea la anécdota de un personaje que pretende encauzar la conversación.

No parece tampoco casualidad que el otro personaje del momento sea Marie Kondo (@MarieKondo), la consultora japonesa que, a través de su serie en Nextflix, nos aconseja cómo mantener nuestra casa, y de paso nuestra vida, en orden. El #10yearschallenge (el ultimísimo reto en redes sociales que consiste en colgar una foto actual y otra de diez años para comprobar las diferencias) nos ha sorprendido a todos más deseosos de orden que en 2008. Porque entendemos cada vez menos el mundo y porque, en muchas ocasiones, aspiramos a defendernos de él, a encontrar una “opción refugio” que pueda ponernos a salvo de los nuevos bárbaros.

Las consecuencias nefastas de buscar una “opción refugio” a toda costa están a la vista de todos en el Reino Unido. El Brexit, que iba a convertir a las islas en un oasis, está haciendo de ellas un endiablado laberinto. Es difícil que May pueda presentar el próximo 29 de enero un nuevo plan para la salida de la Unión Europea que cuente con apoyos suficientes. Y el mes de abril, con la posibilidad desastrosa de un Brexit sin acuerdo, está cada vez más cerca. Afortunadamente la Unión Europea se mantiene firme, no cambia las condiciones, y pone al nacionalismo británico ante sus propias contradicciones. Los políticos británicos no acaban de darse cuenta de que hay solo tres opciones: un brutal Brexit sin acuerdo que los dejaría absolutamente solos y muy indefensos ante un mundo globalizado, aceptar el acuerdo de transición (que supone no salir del todo de la Unión pero no contar con sus ventajas) pactado con Bruselas o volver atrás, celebrar otro referéndum y quedarse en la Unión como estaban.

Políticos laboristas y conservadores, parece que también una parte importante de la sociedad británica, están subyugados por el espíritu de la reacción. Posiblemente también muchos de los espectadores de Marie Kondo. Por todos lados proliferan los que ante la confusión reclaman una vuelta a los principios y los valores de la tradición, al orden.

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Occidentalismo del pánico

Fernando de Haro

Primeros pasos del nuevo partido ¿populista? que ha aparecido en Europa. Vox, formación que se autodenomina de “extrema necesidad”, ha llegado a un acuerdo con el PP para facilitar el relevo en el Gobierno de la Comunidad Autónoma de Andalucía. El texto del compromiso para ceder votos tiene muy poco de populista y nada de extremo. Pero, a pesar de lo firmado, los líderes del nuevo partido insisten en afirmar que se ha atendido una de sus reivindicaciones originales (muchas de ellas irrealizables y extravagantes): la expulsión de 52.000 inmigrantes irregulares que el Gobierno de Andalucía habría estado camuflando. No es cierto. Pero en el tiempo de las fake la veracidad no cuenta. Lo importante es poder utilizar el pánico que genera una “invasión de subsaharianos” en unos tiempos en los que el valor de la persona se ha oscurecido.

Hace semanas el secretario general de Vox, Ortega Smith, hablaba precisamente de una invasión de inmigrantes que estarían recurriendo a estrategias militares. El presidente del PP, Pablo Casado, se refería a “una avalancha” de millones de africanos. Palabras especialmente graves porque el PP es partido de Gobierno. Parece trasladarse miméticamente a España un discurso del miedo que se extiende en Italia y en Alemania, en buena parte de Europa.

El discurso del pánico no se alimenta de realidad sino de terrores y de desconciertos. La llegada de inmigrantes irregulares a Europa durante 2017 ha descendido a los niveles más bajos de los últimos cinco años. Mientras el “relato de la invasión” se disparaba exponencialmente en Italia durante 2018, las llegadas se reducían un 80 por ciento (23.000). Es cierto que en España las entradas irregulares (57.000) han marcado un récord. Pero esa cifra no supone ni mucho menos un dato que justifique una alerta desmedida. Según algunas estimaciones, entre un 33 y un 50 por ciento de los llegados son devueltos a su país de origen porque la mayoría de ellos son marroquíes o argelinos. Los últimos datos oficiales disponibles son los de 2016. Ese año llegaron 15.000 inmigrantes de forma irregular y fueron expulsados 19.000. El miedo se extiende, en parte, por la mala gestión que hace de la situación el Gobierno socialista de Sánchez (los centros de acogida e internamiento no funcionan, no se pide ayuda a Frontex para los rescates).

Hay que tener además en cuenta que la inmigración irregular representa un pequeño porcentaje respecto a la que establece de forma regular su residencia en España. En 2017 llegaron de forma regular más de 500.000 personas, las llegadas irregulares no alcanzaron el 5 por ciento. Solo desde 2016 el saldo migratorio, en un país que no tiene hijos, ha vuelto a ser positivo.

¿Por qué en España y en Europa se extiende este estado de pánico sin fundamento real? Cuando acabó la II Guerra Mundial, el Viejo Continente hubiera estallado por los aires si aquella generación hubiera tenido que afrontar el problema de los desplazados y refugiados con la conciencia que tenemos ahora. Todos los desplazados eran europeos, sí, pero eso hacía incluso más difícil el realojo porque pertenecían muchos de ellos a minorías y los particularismos representaban un gran obstáculo.

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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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