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20 MARZO 2019
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El alma de Freddie

Davide Prosperi | 0 comentarios valoración: 3  17 votos
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El protagonista de mi historia es Frederick Farookh Bulsara, Freddie Mercury, como quiso llamarse para quitarse de encima aquel epíteto racial, Paki, que le resultaba bastante indigesto. El 24 de octubre se estrenó en Reino Unido la película biográfica sobre la voz principal de Queen, que gusta a espectadores de diferentes generaciones, y especialmente a jóvenes que no conocieron a los Queen.

Como fan de los primeros, me preocupaba que este film cayera en el relato habitual del joven transgresor, excéntrico, con ropa llamativa y hasta un poco perturbado, al que le encantaba llamar la atención con sus excesos. Por no hablar de la posible instrumentalización, también evidente, del paladín de batallas socioculturales que francamente empiezan a resultar agotadoras. Pero no hay nada de eso. El director ha hecho un buen trabajo. Ha conseguido mostrar el profundo drama de un joven dotado de una voz y un temperamento extraordinarios, y de una fragilidad igualmente extraordinaria, en busca de su propio rostro humano. El film suscita compasión, la misma compasión que sentí ante su muerte. Ahí empieza mi historia, mi viaje (¿fantástico?) entre los textos de sus canciones.

Había una vez un cantante, hijo de padres parsis, zoroástricos, que tenía una relación complicada pero respetuosa con su padre, un empleado de banca que trabajaba para el gobierno inglés en las colonias británicas. Excéntrico, fastidiosamente ostentoso, abiertamente bisexual, aquel cantante tuvo un gran amor en su vida: Mary Austin, la mujer a la que dejó la mitad de su herencia. De ella dijo en una entrevista en 1985: “Todos mis amantes me preguntan por qué no puedo sustituir a Mary, pero es sencillamente imposible”. En ella, Freddie ve el signo de una promesa que nunca en su vida se cumplirá. Su tendencia narcisista, junto al creciente consumo de estupefacientes, se convierten en un peaje a pagar por la fama en un mundo en el que no consigue llegar a sentirse aceptado y del que siente una sed desesperada. Nunca conseguirá desengancharse. Sin embargo, esta figura femenina marca un punto de inflexión en la concepción que el cantante tendrá de sí mismo: hay una promesa incumplida para la que se siente hecho, ante ella nunca conseguirá hallar reposo. La suya será una vida dura, pero no puede dejar de desear la plenitud. A menudo se ha dicho que Queen tenía dos almas: una blanca (el alegre y positivo Brian May) y otra negra (el oscuro y reflexivo Freddie Mercury), como las caras de su álbum recopilatorio Queen II. La verdad es que Freddie contenía en sí ambas caras.

La combinación parecerá irreverente, pero el juicio que Anton Schindler, el primer biógrafo de Beethoven, escribió tras la muerte del gran compositor alemán vale también para Mercury. “Las hojas más afiladas son las que más fácilmente pueden doblarse, alisarse o romperse”. Freddie es frágil, afectivamente confuso, incapaz de aguantar la presión del ambiente en que se encuentra. Una fragilidad que, como suele suceder, expresa en forma de arrogancia. Pero esto no hace más que inflamar la herida que da lugar a uno de los más grandes genios de la música moderna. La letra y la música de las canciones de Queen son hojas afiladas que penetran, nunca banales, nunca obvias. Freddie Mercury se niega a encasillarse en los esquemas de la música pop, con temas recurrentes, facilones y repetitivos. La música de las canciones de Queen son una sucesión de novedades, aceleraciones imprevisibles, golpes de rock duro y melódicas caricias, todo en un único tema, siguiendo la emoción, la desolación o la súplica del protagonista de esta historia, como en la insuperable Bohemian Rhapsody.

Una canción del segundo álbum, Queen II (1974), Father to son, expresa al menos una parte del sentimiento que Mercury tenía de sí mismo y de la realidad. Sentimiento que le acompañará hasta el final en su búsqueda de la Belleza, o del Amor. La vida es dura cuando uno no se resigna a dejar de amar. Aunque uno se sienta defraudado o abandonado. Pero esta es la única manera de vivir de verdad. “La vida es complicada, ahora solo espero algo que caiga del cielo, espero el amor” (It’s a hard life, The Works, 1984).

We will rock you (The news of de world, 1977) describe duramente el malestar de los jóvenes que tienen que destacar o morir en un mundo que ha perdido la necesidad de un significado para vivir. Puro producto del ambiente, que aplasta esa voz que sale de dentro recordándoles que su destino es otro: paz, satisfacción. Este tema se confronta continuamente con otro, la necesidad de perdón.

Al principio, los Queen no tuvieron éxito, pasaron unos años de indiferencia por parte de la crítica y del público. Hasta que Queen II rompe con Seven seas of Rhye, que expresa la desafiante ambición de cuatro chavales que piden venganza ante la incomprensión del mundo. De manera narcisista, sueñan con dominarlo. Es recurrente en la primera etapa de su carrera. También aparece en We are the champions (The news of de world), pero aquí empieza asomarse con un nuevo impulso: el mundo no entiende, hay algo que no va bien en nosotros y nadie nos entiende. Pero lo conseguiremos de todas formas porque somos los más fuertes. Una trayectoria que alcanza su culmen en The miracle (1989) con I want it all: “Aquí está el futuro de los sueños de juventud, lo quiero todo y lo quiero ahora””.

Llegados a cierto punto, como un meteorito, salta una chispa distinta. En realidad, está presente desde el principio, de hecho esas dos almas (blanca y negra) seguirán conviviendo, pero la fuerza persuasiva de este nuevo factor tiende a prevalecer poco a poco. Bo Rap (A night at the opera, 1975) expresa el grito del hombre que ante la evidencia de su propia nada descubre toda su incapacidad para salvarse a sí mismo. Si quien nos ha dado la vida (representado aquí por la madre) no nos puede salvar, ¿quién nos salvará entonces? Estamos condenados a quedar aturdidos por el sinsentido histérico de una existencia sin perdón y por tanto sin meta. Porque delante de la experiencia inevitable del propio límite y la propia mezquindad, solo el perdón puede reactivar la esperanza de una positividad para la existencia. Entonces, el corazón no puede dejar de gritar: dejadme ir a mi destino de bien, en una extenuante lucha sin aliento contra los demonios de la nada, que querrían arrastrarnos a un abismo de sinsentido. Hasta que, agotado, se rinde. Y no puede ser de otra manera, si el propio destino no toma la iniciativa con nosotros. Pocos artistas modernos han conseguido mantener hasta el final, sin reducirlo, el carácter trágico de este grito desesperado.

Bohemian Rhapsody se publicó en 1975, cuando aún no se conocía el terrible mal de finales del siglo XX. John Reid, manager de Queen aquellos años, se queda de piedra cuando el grupo le presenta el tema que han elegido como nuevo single, casi seis minutos de música semi-operística. Reid les explica que no es posible publicar a 45rpm una canción tan larga, pero los cuatro se mantienen inamovibles, sobre todo Mercury, y rechazan la propuesta de acortarla. Taylor era amigo de un dj y, a título personal, le pasó una copia promocional del vinilo, pidiéndole expresamente que no lo retransmitiera. Everett, obviamente, no resistió la tentación de proponérselo a sus oyentes, que hicieron saltar por los aires literalmente sus líneas telefónicas. Bohemian Rhapsody sale el 31 de octubre y supone una sacudida para el mundo musical inglés. La prensa se divide, pero en general se muestra de acuerdo a la hora de afirmar que la canción es demasiado larga y nunca llegará a ser un hit. Pero no eran de esta opinión las emisoras de radio inglesas, que ponían continuamente el tema. Con el tiempo, las encuestas del Reino Unidos confirmarán sucesivamente a Bo Rap como la más bella canción de todos los tiempos.

La nostalgia por esa pureza original que ya se daba por perdida e irrecuperable vuelve una y otra vez, como por ejemplo al final de su vida, cuando Freddie escribe These are the days of our lives (Innuendo, 1991). Sin embargo, no llega a dominar en él la resignación al hecho de que no pueda existir respuesta para su grito. Hace de todo para vivir negando aquella promesa (en Save me la llama mentira), pero justo cuando la circunstancia inevitable de su mísera existencia parecería demostrarle que todo es un engaño, vuelve a aflorar esa esperanza ligada a la promesa del inicio. “A veces siento que vuelvo a los viejos tiempos, hace mucho, cuando éramos niños, cuando éramos jóvenes, todo parecía perfecto, ¿sabes? A veces parece que luego, no lo sé, el resto de mi vida ha sido solo un espectáculo. Aquellos eran los días de nuestra vida, eran pocas las cosas malas. Aquellos días ahora se han ido, pero una cosa es cierta: cuando te miro y te encuentro, te sigo amando”.

Probablemente Freddie quiso acercarse a la figura de Cristo en su infancia, en su época de estudiante en Bombay, en la India, en la St. Peter’s Boys School y luego en la St. Mary School, dos colegios británicos. Parece fascinado, por lo que se deduce de algunos de sus textos (“Tú dices Señor, yo digo Cristo”, Bicycle race), pero nunca tuvo un verdadero encuentro con la experiencia cristiana. Se siente rechazado, como un hijo que ama a su padre pero no se ve reconocido ni acogido. Percibe toda su insuficiencia con un sentimiento de desolación por no sentirse a la altura de esa promesa de amor que él desea. En ciertos momentos le cuesta aceptar su propio aspecto, no quería arreglarse los dientes porque estaba convencido de que eso haría que se resintiera su voz, lo único que tenía para servir a la Belleza. Además, empieza a notar el cansancio y la sombra del ocaso, incluso desde el punto de vista musical. Pero no deja de buscarla, por aquel signo que nunca en su vida llegará a cumplirse: el verdadero Amor en el que reposar. “He pasado toda mi vida creyendo en ti, pero no logro alivio alguno, Señor. Alguien, alguien, ¿alguien puede encontrarme alguien a quien amar?” (Somebody to love, A day at the races, 1976).

En 1986 Freddie tiene las primeras sospechas de haber contraído el virus del VIH. Al año siguiente lo confirma y poco después se entera de que está enfermo de Sida. Sus últimas canciones no solo reflejan la inminencia del fin, sino también la oscuridad del abismo del rechazo del mundo. Ahora nos cuesta recordar qué significaba el Sida en aquellos años: el anuncio de una condena a muerte, la marginación y el juicio del mundo. Pero sorprende cómo, mientras el filo se hunde en él profundamente y desaparecen toda su arrogancia y las ganas de bromear (disfrazado de gobernador en The show must go on, su rostro tiene una expresión muy diferente a la del video de I want to break free de siete años antes), en cambio no decae esa última esperanza que la crítica nunca supo explicarse.

En el último álbum de Queen se hace evidente la diferencia entre The show must go on, escrita por el guitarrista Brian May, tratando de identificarse con él, aunque probablemente también describe lo que se agita en su propio corazón ante la situación de su amigo, e Innuendo, de Mercury: “Si hay un Dios o alguna clase de justicia bajo este cielo, si existe una meta, una razón para vivir o morir, si hay respuesta a las preguntas que tenemos desde que nacemos, muéstrate, destruye nuestros miedos, quítate la máscara. Seguiremos intentando seguir esa delgada línea. Seguiremos sonriendo, sí. Y sea lo que sea lo que pase, lo seguiremos intentando hasta el final de los tiempos”. Su interpretación de The show must go on es una bofetada a ese mundo que le alzó y le destruyó: fuera máscaras, ¿qué estamos haciendo en este mundo? Aunque May no llega a ese nivel existencial de pregunta y su respuesta es muy débil (“Supongo que estoy aprendiendo, ahora debo ser más amable”), desde las primeras imágenes del video se comprende que Freddie está anunciando que todo lo que ha mostrado de sí mismo como escándalo y transgresión es solo una máscara. La verdad no se ve fácilmente, ¡debajo hay otra cosa!

Ante el aparente fracaso de todo –no ha encontrado esa excepcionalidad que persiguió toda su vida en los excesos y en la ausencia de reglas–, se rinde ante su propia incapacidad para darse ese bien tan deseado que le hace sentir atrapado. Pero esta resignación desemboca en una última súplica, donde hasta la melodía colabora a formular esta imploración extrema (In my defense, 1986): “¿Cómo puedo hacer? ¿Vivimos o morimos? ¡Oh, Dios, ayúdame! Por favor, ayúdame”.

Dos días ante de su muerte, convocó a su portavoz y anunció al público: “Deseo confirmar que he dado positivo en las pruebas del VIH y he contraído el Sida. He considerado oportuno mantener esta información reservada hasta este momento con el fin de proteger la privacidad de los que me rodean. Sin embargo, ha llegado el momento de que mis amigos y mis fans de todo el mundo conozcan la verdad y espero que todos se unan a mí, a los médicos que me tratan y a todos lo que luchan en el mundo contra esta terrible enfermedad”. El 24 de noviembre de 1991, poco más de 24 horas después de su comunicado, Mercury muere, a los 45 años.

Hay quien dice que en los últimos meses de su vida se vio atraído por la fe cristiana y que tal vez llegó a convertirse. Es una cuestión que nunca llegaremos a saber, el único que podría resolver nuestra duda no puede respondernos. Pero ya muchas de las huellas del primer álbum, Queen, escritas por Freddie Mercury, hacían referencia a la figura de Jesús, por ejemplo al diálogo con el ladrón en la cruz. Al término de este viaje, vuelvo al principio, con una canción de aquel primer álbum dedicada a Él. No tuvo mucho éxito, pero el experimento musical es relevante. A Mercury le encantaba combinar el rock duro con textos conmovedores, o viceversa, música melódica con descripciones trágicas. Era su estilo. No puedo evitar pensar que aunque nunca tuvo la ocasión de conocerle en vida, sí Lo vio pasar de lejos. Perdió la ocasión, dudó y no Lo siguió, pero aquella visión dejó en él la cicatriz de una espera que nunca se borró.

“Y entonces Lo vi entre la multitud, un montón de gente se reunió en torno a Él. Los mendigos gritaban, los leprosos Le llamaban, el anciano callaba. Él solo miraba alrededor. Todos bajaban a ver al Señor Jesús. Todos bajaban. Entonces cayó un hombre ante Sus pies. Soy impuro, dijo el leproso y sonó la campanilla. Sintió la palma de una mano tocando su cabeza. Vete, ahora eres un hombre nuevo. Todos bajaban a ver al Señor Jesús. Todo empezó con los tres magos que siguieron una estrella que les llevó a Belén e hicieron saber a toda la tierra que había nacido el rey de los hombres. Todos bajaban a ver al Señor Jesús. Todos bajaban” (Jesus, Queen, 1973).

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El alma de Freddie

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  11 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

El alma de Freddie

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

El alma de Freddie

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  15 votos
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>Entrevista a Francisco Igea

El alma de Freddie

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

El alma de Freddie

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

El alma de Freddie

Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  23 votos
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>Entrevista a Joseba Arregi

El alma de Freddie

Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

'El populismo es peligroso cuando tiende a convertirse en totalitarismo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
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>Entrevista a Tulio Álvarez

El alma de Freddie

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

'En Venezuela no se enfrentan dos actores políticos, hay un régimen de facto contra un pueblo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos

El otro es un bien, también en política

Arte y pintura en Páginas Digital

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