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19 FEBRERO 2019
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Convención en libertad

Juan Milián Querol | 0 comentarios valoración: 3  25 votos
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Pocas horas antes de acreditarnos en la convención del Partido Popular, Juanma Moreno era investido como presidente de la Junta de Andalucía; lo que ayudaba a generar un clima emocional en el recinto de Ifema de Madrid muy distinto a la sensación de fin de ciclo que habíamos vivido el año pasado, precisamente, en Sevilla.

La convención, bajo el eslogan “España en libertad”, se inició la tarde del pasado viernes dejando bien claro que los ponentes no venían como comparsas, ni con el objetivo de agradar al público. El sentimiento de desamparo que habíamos sentido muchos catalanes en los últimos años fue puesto en evidencia, pero también se supo agradecer a un cercano Mariano Rajoy tanto su confianza en la sociedad española, fundamental para una recuperación económica sin tutelajes, como su elegante discreción en la transición que está viviendo su partido.

El sábado vivimos toda una reivindicación de los pilares fundamentales de la libertad individual: economía de mercado, Unión Europea, derechos humanos, seguridad, sociedad abierta, bienestar centrado en la persona… Y también escuchamos a José María Aznar llamar a aglutinar el voto de liberales, conservadores y democristianos: “los votos que España necesita… son los votos que deben ir al Partido Popular”. El expresidente, además, fijó el perímetro que separa al principal partido del centro-derecha español de aquellos que compiten por su espacio electoral: “estamos lejos de las modas políticas estridentes, del griterío de los alborotadores y de la arrogancia de los simplistas” y “no pidamos el voto del miedo. El voto que ha de pedir el PP es el voto de la esperanza y del patriotismo”.

Finalmente, el domingo Pablo Casado subió al escenario para rematar el “rearme ideológico” con un discurso que, emocionando a los asistentes como otras veces, se proyectó más allá del auditorio para decirle a la mayoría de los españoles que aquí hay una idea de España fundamentada en la libertad y desgranada en un decálogo que busca la no siempre fácil coherencia entre los principios liberales y conservadores.

Como afiliado del Partido Popular, esta convención reforzó la ilusión con la que viví el proceso de primarias y su resultado -renovación con integración-. Sin embargo, aquel domingo me tomé una agradable tarde madrileña para reflexionar con la perspectiva politológica. Así, no puedo dejar de preocuparme por la ansiedad que, en gran parte de nuestra sociedad, provoca el incierto futuro económico y por la deriva emocional que las nuevas tecnologías de la comunicación están alimentando.

En estas circunstancias, los cantos de sirena del populismo son seductores, pero ceder ante ellos es hacer naufragar la nave de la nación contra los acantilados de la demagogia. Es cebar el enfrentamiento social que tanto persiguen los que hacen del conflicto su negocio electoral y, en última instancia, es quedarse atrapado en el bucle del malestar al agravar los problemas que lo generaron.

Así, el reto del centro-derecha es reconectar con las preocupaciones reales de trabajadores y clase media con un discurso integrador, que no disuelva esos lazos afectuosos que construyen el sentido de una nación, que forje un proyecto que atienda a las injusticias y que recupere la sensación de optimismo ante un mundo complejo y cambiante. Casi nada. El desafío es enorme pero, sinceramente, creo que la convención del Partido Popular fue en la buena dirección.

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