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16 FEBRERO 2019
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No estamos desbordados por los MENAS

Isabel Lázaro González | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
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Desde que en la década de los noventa del siglo pasado comenzaron a llegar a España extranjeros solos que no alcanzaban la mayoría de edad, el mensaje que insistentemente ofrece el sistema desde su llegada es claro: “no os queremos”. No me refiero a respuestas defensivas o respuestas solidarias individuales. Hablo de las normas y recursos con los que articulamos política y jurídicamente el sistema.

Son muchas las cuestiones relevantes que plantea esta respuesta al jurista que considera que la defensa de los derechos humanos es la tarea esencialmente vinculada al corazón del Derecho. En las líneas que siguen voy a referirme a algunas de ellas que se generan dentro del sistema de protección de menores, dejando para otros momentos los puntos calientes sobre la determinación de la edad, la inaccesibilidad de hecho a la protección internacional por más que las normas consideren compatible la protección como menor con la protección internacional o la desprotección que puede darse cuando el niño llega a la edad adulta.

Cuando un extranjero menor de edad se encuentra en territorio español solo, sin un adulto responsable de él, procede declarar el desamparo y la asunción de la tutela administrativa por la entidad pública competente de la Comunidad Autónoma del lugar en el que el niño se encuentra. Así debe proceder la Administración siempre que, de hecho, a causa del incumplimiento, o del imposible o inadecuado ejercicio de los deberes de protección establecidos por las leyes para la guarda de los menores, los niños queden privados de la necesaria asistencia moral o material. Lo establecen de esta manera tanto la Ley de modificación del sistema de protección de la infancia y la adolescencia como el Código Civil. No juegan ningún papel en la declaración de desamparo ni la nacionalidad ni la residencia del niño. Solo el hecho de encontrarse en España basta cuando se da la situación descrita como causa del desamparo.

El fundamento de la declaración del desamparo colocando al niño bajo tutela de la Administración no puede ser otro que el interés superior del niño; es decir que los niños extranjeros que llegan solos a España deben quedar bajo tutela administrativa con el fin de proteger su interés que hemos reconocido como superior a cualquier otro interés presente en la situación (incluido el legítimo interés del Estado de controlar sus fronteras).

Estos niños ingresan primero en centros de primera acogida y después se distribuyen en acogimiento residencial según los recursos disponibles en la Comunidad Autónoma. Son precisamente las condiciones en las que se encuentran en estos centros las que han saltado a primer plano en los medios de comunicación en distintas ocasiones. La situación en los centros de Melilla o en el de Hortaleza en Madrid expresa la saturación del sistema.

El desbordamiento de los recursos es fruto de la inadaptación del sistema al incremento constante en las llegadas y no de un volumen imposible de afrontar por la sociedad española –a pesar de la impresión de “invasión” que se genera por imágenes y declaraciones de algunos políticos–.

La Administración, al asumir la tutela, se convierte en responsable parental de los niños. No se trata simplemente de cubrir las necesidades de la vida cotidiana. Es necesario elaborar un proyecto socio-educativo para el niño, un proyecto que persiga su bienestar, su desarrollo físico, psicológico, social y educativo en el marco del plan individualizado de protección. Pero lo que está ocurriendo con estos niños no responde a las exigencias que nacen de la ley. Las camas o colchones en los pasillos, una cierta cantidad de euros para pagar un albergue, la insuficiencia de personal en los centros… no responden al interés de los niños. Si a esto añadimos que no los queremos como vecinos ni compañeros de juegos de nuestros hijos como tan clara y escandalosamente exhiben las manifestaciones hechas en poblaciones o barrios que se barajan para la instalación de algún centro nuevo, no podemos esperar grandes resultados en el terreno de la integración social de las personas. Invito a quienes lean estas líneas a pensar en cómo deteriora vivir en la calle a las personas y de las consecuencias que tiene en la adolescencia un ocio sin horizonte vital.

De lo que ocurre en el interior de los centros algo sabemos, pero poco. Corresponde al Ministerio Fiscal la vigilancia de lo que pase. Comprobar, como exige la ley, al menos semestralmente, la situación del niño y promover ante la Entidad Pública, según proceda, las medidas de protección necesarias, exige –más allá de los papeles– un contacto directo con los chicos en un marco de confianza. Cuesta creer, por poner un ejemplo, que chicos que duermen en un centro con una botella de plástico al lado por la imposibilidad de salir al baño durante la noche a causa del hacinamiento, solo se quejen al fiscal de la marca del champú. Voluntad de escuchar sus necesidades y medios para que sea posible son pilares necesarios para sacar el cumplimiento de las leyes de la pura formalidad y llevarlas al terreno de la verdad.

Durante el periodo de acogimiento residencial hasta que alcancen la mayoría de edad debe seguir su formación y preparación para ser autónomos en la edad adulta. No es un tiempo de espera sin más para integrarse en el colectivo de extranjeros irregulares que tendrán que salir del país. ¿Qué formación? ¿Qué adaptación de esa formación?... Me decía Alí (nombre ficticio), de diecisiete años, con tristeza un día: “He perdido dos años de mi vida y ya no podré ser nunca la persona que pensaba ser…”. Dos años mirando al cielo por la ventana del aula, oyendo palabras en un idioma desconocido para él, ante un profesor obligado a atender a un grupo tan numeroso de alumnos que resulta imposible acompañar al diferente. A veces incluso echamos en cara a estos chicos que no sean más maduros. ¡Maduros a los quince!

Una última palabra sobre una posible salida del sistema de protección que se ha articulado en la última reforma de la legislación de infancia a petición de todas las Comunidades Autónomas. Es posible el cese de la tutela cuando el niño haya abandonado el centro de protección y transcurran tres meses. No me cabe en la cabeza que unos padres se deshagan de su responsabilidad como padres; el Derecho sanciona el abandono de los hijos, sin llevarlo tan lejos como el reproche social permitiría, por razones de protección efectiva a los niños. No alcanzo a vincular el cese de la tutela por esta razón con el interés superior del niño.

Son muchas y preocupantes las cuestiones a las que se enfrenta esta sociedad que, en su discurso formal, se considera defensora de los derechos humanos y, dentro de ellos, de los derechos de los niños. No basta ser parte en la Convención de los Derechos del Niño, hay que conducir la proclamación de los derechos a su realización cada día, también para estos niños que son “niños como los nuestros”.

Isabel Lázaro González es profesora en la Universidad Pontificia Comillas

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Ciudadanos, pero ¿de qué ciudad?

Fernando de Haro

El documento de Abu Dabi, dedicado a la fraternidad humana y firmado por el gran imán del Al Azhar y el Papa, da un paso más en la exploración de qué puede significar para la comunidad islámica el concepto de ciudadanía. Un avance que llega, curiosamente, desde el suelo más sagrado de los musulmanes (la Península Arábiga), cuando no han transcurrido aún cinco años de que cierta facción del sunismo proclamara un nuevo califato (con el proyecto de imponer una sanguinaria y falsa interpretación de la sharía). El islam se abre a la idea de una comunidad, que puede servir de referencia para las diversas pertenencias sociales y religiosas, mientras paradójicamente en Occidente el sentido del nosotros se diluye por identidades que casi absolutizan lo particular (género, religión, lengua, etnia, etc).

La defensa de la libertad religiosa, la condena del uso de la religión para justificar el terrorismo, y el compromiso “para establecer en nuestra sociedad el concepto de plena ciudadanía y de renunciar al uso discriminatorio de la palabra minorías” que contiene el documento de Abu Dabi llegan en un momento de especial tensión en Oriente Próximo. El abandono de las tropas de Estados Unidos de Siria resucita en el mundo sunní el miedo a una extensión de la influencia chiita. Puede completarse el arco que va desde Teherán al Mediterráneo (con el apoyo del Gobierno de Iraq, del régimen de Bachar al Asad que ha ganado la Guerra de Siria y de Hezbolá en Líbano). Fue ese miedo el que llevó a cierta parte del mundo sunní del Golfo Pérsico a apoyar la creación del Daesh. La hegemonía sunní está más condicionada que nunca, la política errática de Mohamed bin Salmán al frente de Arabia Saudí, la guerra de Yemen y el enfrentamiento entre Qatar y la casa de Saud son ingredientes más que suficientes para que el salafismo, la corriente más inmovilista del sunismo, se impusiera como única referencia. Por eso el texto de Abu Dabi, con su apertura, es especialmente significativo.

Un occidental cuando lee la expresión “plena ciudadanía” difícilmente comprende el valor que tienen esas dos palabras en los países de mayoría musulmana. Olivier Roy ha dejado claro que en la historia del islam no existe, como a menudo se piensa, una identificación absoluta entre la comunidad política y la comunidad religiosa (la separación ya apareció en el califato Omeya). Pero en el islam, cuando hay que afrontar el problema del estatus de aquellos miembros de la comunidad política que no son musulmanes, se toma como referencia la Constitución de Medina dada por Mahoma en el 622 y el documento del segundo califa, Omar, dictado en el 637 tras la toma de Jerusalén. Y la interpretación más extendida de los dos textos establece para los dhimmi (cristianos y judíos) un régimen de tolerancia basado en una condición de súbdito de segunda categoría que no goza de plenitud de derechos.

Ciudadanos, pero ¿de qué ciudad?

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  18 votos
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Europa retratada

Fernando de Haro

El Nuevo Mundo vuelve a ser estos días el espejo en el que se refleja el Viejo Mundo. La respuesta a la crisis de Venezuela y la posición ante Juan Guaidó retrata la situación de una Europa que está en vísperas de unas elecciones decisivas. Es muy probable que, si la “operación Guaidó” se hubiera retrasado algunos meses, con el nuevo Parlamento Europeo ya constituido, el respaldo a los venezolanos que se movilizan para recuperar su libertad no hubiera sido tan contundente como el obtenido la semana pasada (439 votos a favor –de los populares, socialistas y liberales– y 104 en contra). Antonio Tajani, presidente de la Cámara, era claro horas después de que los eurodiputados reconocieran al presidente interino: “hay países europeos a los que les falta coraje para defender la democracia”. La falta de coraje denunciada por Tajani, que ha provocado el retraso en el reconocimiento de España y la negativa de Italia, Grecia y Austria, salvo sorpresa, aumentará tras las elecciones de mayo con el incremento de representación de los populismos.

A España le ha faltado coraje hasta este lunes porque el Gobierno de Sánchez, como en casi todo, no tiene un rumbo claro. ¿La falta de audacia de Italia está más relacionada con las simpatías rusas de Salvini o con la cercanía de Di Maio al populismo de izquierdas? Rusia tiene intereses geoestratégicos y petroleros para los que la caída de Maduro sería un desastre. En el caso de Grecia la amistad con Putin y el populismo de Syriza no dejan lugar a dudas. En Austria la posición filorrusa la provoca el populismo de derechas del Partido de la Libertad (ahora en el Gobierno) y la dependencia del gas que llega de Moscú.

La falta de coraje revela la falta de una evidencia democrática que considera natural aliarse con el caballo de Troya ruso. Falta de claridad y de coraje que se convierten en respuesta clara a la pregunta que se hacía Thomas Mann en 1932: “¿Son eternos y universales los valores clásicos europeos o son temporales y están atados a un episodio de la historia de la humanidad?”. El caso de Venezuela retrata lo temporales que son/han sido los valores clásicos europeos.

Europa retratada

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  25 votos
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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 1  615 votos

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  2384 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón | 11 comentarios valoración: 2  3487 votos

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