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20 MARZO 2019
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Algo se esconde tras el apoyo de China y Rusia a Maduro

Mario Mauro | 0 comentarios valoración: 2  13 votos
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En el momento más dramático de las protestas contra Maduro, elegido presidente de Venezuela después de unas elecciones declaradas irregulares por el grueso de la comunidad internacional y poco después de dar comienzo a su segundo mandato, Juan Guaidó, joven líder de la Asamblea nacional y casi desconocido líder de la oposición al gobierno, se autoproclamó presidente de la república bolivariana. Estados Unidos y muchos países de la OEA (Organización de Estados Americanos) lo han reconocido como presidente, Rusia y China apoyan a Maduro, y la UE se muestra favorable a un proceso democrático. El hecho es que las sangrientas tensiones que está viviendo este país pueden acabar en una guerra civil.

Maduro presidente es el fruto de las elecciones fraudulentas del 20 de mayo de 2018. Cuenta con el reconocimiento de Cuba, Nicaragua, Bolivia, Rusia, China y Turquía. Auténticas dictaduras o países que han hecho evolucionar sus constituciones hacia la transformación del papel del presidente en un puesto vitalicio, aunque en Bolivia el intento ha fracasado.

Pero no son los únicos. También grupos terroristas como Hamás y Hezbolá han emitido dos comunicados oficiales declarando su apoyo al líder del Partito Socialista Unido de Venezuela (Psuv). Las organizaciones islamistas acusan al gobierno de Donald Trump de promover un “golpe de Estado” en Venezuela, omitiendo las irregularidades del proceso electoral que habría ganado Maduro.

Según Hamás, “el intento de Estados Unidos de organizar un golpe de Estado es una continuación de la política agresiva americana (…) y viola los principios democráticos y la libre voluntad del pueblo”. En su opinión, la postura estadounidense “representa una amenaza para la seguridad y estabilidad del mundo”.

El mismo tono utilizan las declaraciones de Hezbolá. En un comunicado difundido por la emisora libanesa Al-Manar, se lee que “todos saben que el objetivo de Estados Unidos no es defender la democracia y la libertad, sino apropiarse de los recursos del país y castigar a todos los estados que se oponen a la hegemonía estadounidense”.

El subcontinente latinoamericano, que hasta hace pocos meses era considerado un laboratorio de políticas progresistas, tiene ahora que afrontar una crisis política que corre el riesgo de convertirse en una matanza. Refiriéndose directamente al bolivarismo revolucionario, el ex líder venezolano Hugo Chávez promovió un tipo de socialismo, el “socialismo del siglo XXI”, basado en una exaltación de la democracia directa y en inversiones sociales masivas orientadas a la inclusión de las clases más desfavorecidas, a las que se asocia con una explícita postura anti-estadounidense y un proyecto pan-latinoamericano. Con la muerte de Chávez en 2013, un sucesor menos carismático, Nicolás Maduro, siguió gobernando Venezuela ante una creciente hostilidad interna e internacional. Guaidó, delfín de Leopoldo López, rival histórico de Chávez y líder del partido opositor Voluntad Popular, ha jurado la Constitución en Caracas, ante miles de personas, autoproclamándose presidente ad interim de la nación y ha invitado a las fuerzas armadas a comprometerse para “restablecer la Constitución”.

Desde el Palacio de Miraflores, Maduro ha calificado esta iniciativa del diputado opositor como un “golpe de Estado fascista”, exhortando a sus defensores a resistir contra el golpe orquestado, en su opinión, entre los muros de la Casa Blanca. Maduro también ha interrumpido sus relaciones diplomáticas con Washington y ha amenazado a los enviados estadounidenses presentes en Venezuela, dándoles pocas horas para abandonar el país.

Guaidó fue reconocido inmediatamente por la administración Trump y por Canadá, así como por el secretario general de la OEA, que engloba a 35 países. Aunque tal reconocimiento era previsible por parte de países como Brasil y Argentina, era menos obvia la legitimación de Guaidó por parte de Ecuador, país cercano al proyecto “Socialismo del siglo XXI” hasta hace unos meses. La UE, después de asignar su premio Sajarov por la libertad de expresión a la oposición venezolana, ha declarado su apoyo a la Asamblea Nacional y al presidente Guaidó.

El apoyo de la mayoría de los países de América Latina a Guaidó es un claro testimonio del aislamiento regional en que se encuentra Maduro. Con el fin de ciclo de la izquierda latina, culminado con el triunfo de Bolsonaro, Sudamérica gira hacia la derecha. Y en el continente ya no están dispuestos a hacer concesiones a la dictadura que empezó con Chávez y con cuyos aparatos de seguridad yo mismo he tenido, junto con el exministro español de Interior Jaime Mayor Oreja, duros enfrentamientos en Venezuela en 2010, cuando la oposición empezaba a asomar la cabeza en busca de la solidaridad del Parlamento europeo. Entonces, los países sudamericanos callaban.

Pero si Maduro ya no puede contar con amigos en los ejecutivos de América Latina, aparte de estados marginales como Bolivia y Nicaragua, grandes potencias como China, Rusia y Turquía no han dudado en cambio en criticar las interferencias estadounidenses en Caracas y confirmar su apoyo al presidente electo. La no alineación del gobierno de Maduro respecto a EE.UU tiene una relevancia económica y geopolítica muy relevante para Pekín y Moscú, que temen perder a un valioso aliado en el caso de que el presidente cayera.

La economía de Venezuela se ha precipitado al abismo. Las catastróficas políticas de Maduro han empeorado aún más la situación. Para intentar mantener su apoyo, el presidente ha seguido promoviendo políticas de asistencialismo social, financiándolas con dinero del déficit público, llevando así al régimen a una hiperinflación que está destruyendo la economía real venezolana. Además, la administración Trump aprobó en 2017 sanciones económicas que han golpeado directamente a la economía de Caracas.

El gobierno de Guaidó no controla de momento ningún aparato estatal, aparte de la Asamblea Nacional, y ni siquiera contaría con el apoyo de los altos oficiales del ejército. Sin el apoyo de una parte consistente de las fuerzas armadas, Guaidó, que ha garantizado la inmunidad a los militares que se unan a él, difícilmente podrá consolidar la transición democrática en su país.

¿Pero por qué China, Rusia y Turquía se ponen del lado de Maduro a pesar de un escenario tan precario? En medio tenemos la controvertida reelección: sigue en el poder gracias a votos cambiados, fraudulentos y una abstención de récord; luego están las estrategias del presidente para mantener el poder, con casos de corrupción en el ejército, gestión de tráfico ilegal y una población extenuada por la crisis, “sin tiempo ni energía para resistir”; y por último, las reivindicaciones de los venezolanos, según los sondeos favorables en el 63% de los casos “a una solución negociada para destituir a Maduro”.

El pasado mes de septiembre, el presidente venezolano en persona voló a Pekín para reunirse con los líderes del Partido Comunista, el ministro de Finanzas Simón Zerpa anunció una “gran alianza con China” y las acciones de la compañía estatal Petróleos de Venezuela alcanzaron rendimientos del 22,4%. Los analistas consideraron mientras tanto que el gigante asiático ya había concedido a Venezuela préstamos por 70.000 millones de dólares, la mayor parte de los cuales a cambio de petróleo.

Recientemente, Venezuela y Turquía firmaron acuerdos de cooperación en sectores como la industria minera, las infraestructuras, la defensa, la ayuda humanitaria, hasta el punto de que, según algunos expertos, las ayudas garantizadas por Erdogan “proporcionarían un ancla de salvación a un estado que de otro modo habría colapsado”. Más allá de las similitudes en la experiencia y en la retórica de ambos líderes, los dos se beneficiaron de la colaboración. Las ventajas para Venezuela son obvias, para los turcos son sobre todo las enormes reservas de oro de su aliado y una mayor influencia internacional.

Tras años de esfuerzos y miles de millones de dólares para transformar Venezuela en uno de sus aliados más estrechos en el hemisferio occidental, ahora la inversión de Rusia podría convertirse en humo. El primer ministro ruso Medvedev ha definido lo que está pasando en Caracas como un “cuasi golpe de Estado”. Según Anton Troianovski, la indignación abanderada por Moscú oculta una realidad incómoda: la apuesta multimillonaria por la construcción de la influencia rusa en América Latina, que ahora corre peligro.

Y es que a nivel ideológico, la izquierda latina ha dejado de guiar Sudamérica. La victoria de Chávez en las presidenciales venezolanas de 1998 inauguró el inicio de una afortunada etapa para la izquierda latina, dominadora indiscutible de la escena política regional hasta 2010. Los gobiernos de Lula y Roussef en Brasil, Chávez en Venezuela, Lagos y Bachelet en Chile, los Kirchner en Argentina, Zelaya en Honduras, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, Ortega en Nicaragua, Lugo en Paraguay, Funes en el Salvador y Humala en Perú han sido expresiones diversas de la variopinta izquierda sudamericana. A pesar de sus numerosas divergencias, especialmente en materia de política económica, han representado la respuesta endógena de los pueblos latinos a los altos niveles de desigualdad interna y a la esperanza de una mayor justicia social. Pero el poder de los partidos de izquierda en la región se ha ido desmoronando lentamente con derrotas electorales, escándalos y crisis económicas. Hoy, la ruinosa caída de la izquierda latina puede verse imputada al fracaso de la promesa de renovación que hicieron aquellos partidos, o al natural curso de la alternancia cíclica en democracia.

Definir qué es una política de “izquierdas” es especialmente complejo, cuando no un fútil ejercicio retórico. En la poliédrica experiencia de la izquierda latina, la raíz común se puede identificar con la promesa de combatir la pobreza y la desigualdad a través de una distribución más equitativa de la riqueza producida por el crecimiento económico. La esperanza que ha alimentado el consenso era que los gobiernos de izquierda utilizaran el Estado como instrumento político para garantizar un techo, comida, sanidad, seguridad, educación y oportunidades a cualquier miembro de la sociedad. Entre esperanzas defraudadas y un cambio real, hay que preguntarse entonces cuál es la herencia que esa época dorada ha dejado en el continente sudamericano.

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>Entrevistas

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Algo se esconde tras el apoyo de China y Rusia a Maduro

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  11 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

Algo se esconde tras el apoyo de China y Rusia a Maduro

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

Algo se esconde tras el apoyo de China y Rusia a Maduro

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  15 votos
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>Entrevista a Francisco Igea

Algo se esconde tras el apoyo de China y Rusia a Maduro

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

Algo se esconde tras el apoyo de China y Rusia a Maduro

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

Algo se esconde tras el apoyo de China y Rusia a Maduro

Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  23 votos
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>Entrevista a Joseba Arregi

Algo se esconde tras el apoyo de China y Rusia a Maduro

Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

'El populismo es peligroso cuando tiende a convertirse en totalitarismo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
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>Entrevista a Tulio Álvarez

Algo se esconde tras el apoyo de China y Rusia a Maduro

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

'En Venezuela no se enfrentan dos actores políticos, hay un régimen de facto contra un pueblo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos

El otro es un bien, también en política

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