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25 MAYO 2019
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>Entrevista a Angelo Scola

'La pérdida del sentido de la vida inevitablemente genera un miedo radical'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  20 votos
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El cardenal Angelo Scola presenta este jueves en el auditorio Bankia de Madrid su último libro “He apostado por la libertad” (Ed. Encuentro). Hemos dialogado con él acerca de algunas de las reflexiones que desarrolla en otro libro suyo reciente “¿Postcristianismo?” (Ed. Encuentro). Ante una sociedad que es plural, el cardenal emérito de Milán ve esencial el ejercicio paciente de narrarse y dejarse narrar como camino para reconocer los rasgos comunes que permiten construir una sociedad.

En su libro describe el contexto actual como de “momentos de parto y transición”. ¿Cuáles son los signos que percibe que le hacen usar esta descripción? Por otra parte, hay un miedo y un deseo de huir de una postmodernidad que se percibe como amenaza. ¿Qué permite recuperar la vocación por la historia?

Para describir el momento histórico que estamos viviendo me gusta más utilizar la expresión “dolores de parto” que la palabra “crisis”, porque este término, sin quitarle nada al sufrimiento y dureza de los riesgos que supone este tiempo de transición, abre al futuro, y por tanto a la esperanza. Indica el nuevo nacimiento al que inexorablemente va orientado. Además, la esperanza está en el ADN del cristiano. De hecho, este tiene la certeza de que el Padre es quien guía la historia y, por tanto, esta no pierde su naturaleza como terreno de encuentro entre Su libertad y la nuestra. En este sentido, no podemos dejar de escuchar las palabras del Papa sobre el cambio de época.

Ante fenómenos como la globalización o la pérdida de referentes morales muchos sienten que el suelo bajo sus pies se resquebraja. ¿Podría ser este el origen de los populismos más que una cuestión meramente económica? ¿Podrían ser los populismos signos de una inseguridad existencial?

Seguramente, los populismos de todo tipo surgen en periodos históricos en que las certezas sobre las que se ha construido un cierto estilo de vida se desmoronan. Esto se ve muy bien en la caída de las costumbres, que manifiesta la caída de los valores éticos y de una capacidad generativa. De ahí viene la pérdida del sentido de la vida que inevitablemente genera un miedo radical. Sin embargo, eso no significa que haya que ser superficiales con los problemas socio-económicos que hay que afrontar. La crisis financiera, la grave injusticia en la distribución de la riqueza, por citar solo algunos ejemplos… en síntesis, eso que el papa Francisco define como la cultura del descarte, son cuestiones que no se pueden desatender.

Acerca de la laicidad habla como un espacio donde los distintos se puedan narrar y no como un espacio neutro. Pero en una sociedad donde no todos comparten los mismos valores es complejo poder buscar juntos el bien común. ¿Qué camino se debe de hacer para una construcción positiva?

A convivir, aun con visiones distintas, estamos obligados de hecho. Pero esto, lejos de ser un dato negativo, es –como decía Maritain– un “valor práctico” para la realización del bien común. Narrándonos y dejándonos narrar, con el espíritu de una auténtica laicidad, podemos identificar pacientemente rasgos comunes en el camino.

Me ha sorprendido cuando afirma que “si el cristianismo no sabe dialogar adecuadamente y teme asistir a la escuela de preguntas del hombre para acogerlas y abrirlas de par en par, está destinado a ser un postcristianismo, una especie de anestesia demasiado débil”. En el contexto actual siempre es una tentación querer recuperar una hegemonía perdida. Sin embargo, ¿el camino es redescubrir la belleza del cristianismo?

La cuestión fundamental, en mi opinión, es recuperar, partiendo de la experiencia personal y comunitaria de la Iglesia, la conveniencia humana del cristianismo, esa conveniencia que nos empuja a querer comunicarlo a todos. Esa comunicación solo puede tener la forma del testimonio, del don de sí. Y bien sabemos que en nuestro tiempo este testimonio en no pocas ocasiones se convierte en martirio en el sentido literal del término.

La inmigración plantea una serie de desafíos. ¿Es posible una verdadera integración si no tenemos una idea clara de qué es lo que podemos ofrecer en términos de sentido de la vida y valores? En otro libro suyo, “Una nueva laicidad”, hacía una afirmación provocadora al apelar a la necesidad del testimonio como camino para afrontar lo que llamaba el mestizaje de civilizaciones. ¿Por qué su insistencia en el testimonio?

La insistencia en el testimonio nace de la conciencia de que no hay acceso a la verdad que no pase por el encuentro personal y el intercambio entre libertades. Es el encuentro con el testigo lo que abre espacio a la manifestación de la verdad en toda su belleza y capacidad de fascinación. Así el testigo pone en marcha la libertad de quien se encuentra con él, la provoca, la llama a ponerse en juego en primera persona. Nuestro tiempo necesita, urgentemente, hombres y mujeres dispuestos a exponerse en primera persona, a dar la vida para que todos puedan recibirla.

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