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16 NOVIEMBRE 2019
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>Entrevista a Miquel Escudero

'El horizonte se despejará si pretendemos, con hechos, una España de todos'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
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Miquel Escudero es un hombre difícil de clasificar. Profesor de Matemática Aplicada de la Universidad Politécnica de Cataluña, crítico literario y articulista. Conversamos con él sobre el proceso de secesión, los 40 años de la Constitución y la crisis/oportunidad de una cultura en la que la belleza sigue siendo irrenunciable.

Hace unos días reseñaba el libro de Juan Claudio de Ramón Diccionario de lugares comunes sobre Cataluña (Deusto, 2018). De Ramón sostiene que incluir naciones políticas en un mismo Estado sería como "meter escorpiones en una botella: garantía de riña y autodestrucción". ¿Está de acuerdo en esa tesis?

En efecto; en nuestro caso no responde a la realidad y es garantía de pelea y división. Con este supuesto se abre de forma lógica el paso a porfirizar toda sociedad, dejándola desmenuzada; ninguna es monolítica. Hay que evitar las logomaquias, discusiones sobre palabras emotivas que nos alejan de lo fundamental. Lo que debería importar de veras es la ilusión de potenciar y desarrollar entre todos los ciudadanos una vida humana, que se guie por la razón y siempre en libertad.

De Ramón también defiende un diálogo en el marco de la ley, a tres niveles, entre catalanes; entre catalanes y el resto de los españoles; entre el gobierno central y los autonómicos. ¿Cuál debería ser el contenido de ese diálogo y cómo podría articularse?

No hay diálogo posible sin el reconocimiento personal de ‘los otros’, y esto exige respeto y juego limpio. Por desgracia, ambas cosas brillan por su ausencia. Así, tras un largo rodaje en el poder, el nacionalismo catalán convertido abiertamente al secesionismo no considera siquiera a la mayoría de los catalanes. Reparten el dinero público solo en función de sus intereses; de este modo, promueven el desentendimiento de la cosa pública y fomentan a la vez el fatalismo de su triunfo inevitable y la sumisión del silencio.

¿Cuál es el detonante del proceso de secesión de Cataluña? Jordi Amat sostiene que, sustancialmente, el proceso comienza en el momento en el que el Tribunal Constitucional corrige la reforma del Estatuto votada en referéndum. Sin embargo, Lola García, directora adjunta de La Vanguardia, en El Naufragio (Península, 2018) defiende que el origen del proceso está en la decisión de Artur Mas, tomada en 2012, de olvidarse de la reclamación de un modelo de financiación y de asumir las reivindicaciones de secesión para compensar la falta de popularidad por los recortes.

Todo estaba incubado desde hace muchos años. Tengo claro que el padre del ‘procés’ es el exhonorable Jordi Pujol. Los hitos que usted cita fueron materia de ruidosa propaganda y agravantes de lo que Josep Tarradellas dijo en 1981, al año de ser elegido Pujol presidente de la Generalitat, por primera vez: claramente se estaba gestando el deterioro de los afectos, lo que llevaría a la desunión, a tiranteces y a enfrentamientos. Fue una acusación muy grave pero certera, así ha sido.

Hemos celebrado recientemente el 40 aniversario de la Constitución. ¿Qué es lo más destacable del contexto en el que se redactó? ¿Cuál es su valor como referencia para una política en la que una gran mayoría pueda reconocerse?

Hay que expandir la conciencia de que ‘mejor unidos’, de que hemos de merecer el sistema de libertades que arrancó con ella, en 1978. España fue devuelta a los españoles, y pasamos de súbditos a ciudadanos. Estos logros se desvanecen si no se cuidan con afán de superación y de progreso, de consenso y de concordia. El horizonte se despejará si pretendemos de verdad, con hechos y no sólo con proclamas, una España de todos, plural, abierta y sin complejos, liberal e igualitaria. Esto supone trabajar con acierto por logros concretos y alejarse de los falsos dilemas, provocados con estúpido maniqueísmo.

Hace unos días citaba a Gramsci para denunciar el pensamiento sectario. Y denuncia que hay “intelectuales mediocres y fracasados que practican el rencor. Consiguen un 'éxito mezquino' al desviar el rencor contra grupos sociales relativamente 'inocentes’”. Hay momentos en los que tiene la sensación uno de que el rencor, la ira, el resentimiento, no es solo una actitud de ciertos intelectuales sino el signo de los tiempos. La forma de una cultura desorientada que busca un chivo expiatorio. ¿De dónde este rencor?

Así es, se renuncia al sentido crítico y se persiguen chivos expiatorios que explican las desgracias desde la tontera y el primitivismo perezoso. Todo vale con tal de no pensar y razonar con decencia.

Me han llamado la atención unos versos del joven Lorca que ha rescatado. Me parece que el poeta expresa por adelantado el estado de esta sociedad del siglo XXI. Dicen así: “Una angustia tremenda que no puedo expresar/ me ahoga el equilibrio sereno del rimar,/ una angustia tremenda de atormentado duelo,/ una amargura inmensa tan grande como el mar./ Que no sé lo que digo, que no sé lo que siento/ o si sé lo que siento no lo puedo expresar./ Que yo sólo anhelo ser alma,/ ser crepúsculo, aurora, ser flor,/ ser muy bueno, muy niño, muy pobre,/ ser mañana, ser miel, ser amor”. Por un lado, está la angustia, la amargura y, junto a eso, un deseo muy profundo de ser alma. Herida y deseo. ¿No es esta nuestra condición cuando todo parece haberse derrumbado, cuando la cultura de la Ilustración se ha derrumbado?

No vivamos bajo decretos que resuenan por altavoces imparables. Nuestra consistencia individual y social pasará siempre por disponer de una sólida y auténtica relación con la verdad y con el reconocimiento de la condición personal de cada ser humano. De ahí que sólo podamos construirnos bajo la perspectiva de la libertad y la fraternidad, no siendo nunca indiferentes a la suerte de los demás hombres de carne y hueso. Y, por supuesto, aspirando a la igualdad.

Piense usted que cualquier red de telecomunicaciones es más eficiente y segura cuanto más equitativa sea su distribución de carga o de flujo de datos entre todos sus nodos. Una sobrecarga parcial puede llevar a desbordar la red y a que deje de funcionar. Las sociedades humanas se establecen asimismo en circuitos. Y esta idea les es aplicable.

Usted es lector habitual de Pasolini. Le confieso que su denuncia de un genocidio antropológico, en el que el deseo ha sido atrofiado por el consumo, me parece actualísima. ¿Cómo nos sirve el cineasta para entendernos?

El director de cine Pier Paolo Pasolini visitó la India en 1962, trece años antes de ser asesinado, y en su visita a Calcuta refirió que había unos 60.000 leprosos. Reconocía que muy poco había a hacer, pero que sería injusto dejarse ganar por un odio difuso. Él, un comunista heterodoxo, visitó a la Madre Teresa pues esta buscaba leprosos, los cuidaba y los asistía en la hora de la muerte. Por escrito, Pasolini quiso destacar de la monja su bondad, sin esperanzas tranquila y tranquilizadora, poderosamente práctica.

Cada uno en su lugar, ambos testimonios son esperanzadores de una realidad superior. Tanto Pasolini como la Madre Teresa son patrimonio de los hombres de buena voluntad, sean cuales sean sus matices; lo que, por cierto, anula el planteamiento separador de todos los nacionalismos: ‘nosotros y ellos’, siempre enfrentados y en pugna.

Entre sus poetas preferidos está Jorge Guillén. Citaba también hace poco los versos de Cántico: "Esta luz antigua/ de tarde feliz/ no puede morir./ ¡Ya es mía, ya es mía!". ¿Qué le dice este deseo, esta certeza en la posesión de la belleza?

Le agradezco enormemente la atención que me ha prestado, a partir de mis textos. Yo creo que la belleza, en todos sus aspectos, es una pretensión necesaria e irrenunciable. Déjeme agregar otros versos significativos del gran Cántico: “No hay mirada amorosa que no alumbre/ su eternidad. Allí secreta anida”. En eso estamos.

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