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23 FEBRERO 2019
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>Entrevista a Tulio Álvarez

'En Venezuela no se enfrentan dos actores políticos, hay un régimen de facto contra un pueblo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
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Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

La disidencia aplica con mucha más fuerza y contundencia el caso venezolano. Este es un tema muy importante. Yo soy jefe de Cátedra de Derecho Constitucional en la Universidad Central de Venezuela y todos los profesores de derecho constitucional emitimos un comunicado unánime, en una universidad que tiene 70.000 alumnos, donde firmamos unánimemente que había una usurpación continuada que se iba a materializar de forma definitiva el 10 de enero. Entre los elementos que indicamos, estaba que ese elemento de usurpación implicaba la aplicación automática de un esquema en el que había que declarar, como se declaró, el régimen de facto de Maduro. Cuando Maduro pretende juramentarse de una manera totalmente ilícita, sin ningún formalismo, ante jueces inexistentes, porque la Asamblea Nacional Constituyente no es un cuerpo legitimado, nosotros decimos que es un acto ilícito. A partir de ese momento, vivimos un régimen de facto donde el derecho no vale nada, y eso tiene consecuencias muy importantes.

¿Es correcto hablar de autoproclamación en la iniciativa de Juan Guaidó?

El término “autoproclamación” es incorrecto. Lo que hizo Guaidó, y está obligado a hacerlo, y nosotros decimos que está obligado a hacerlo, es asumir la atribución constitucional inherente al cargo de presidente de la Asamblea Nacional. Es decir, cuando se da una situación de facto en la que no hay presidente de la República, necesariamente el presidente de la Asamblea Nacional tiene que asumir ese cargo. Nosotros y en general el pueblo de Venezuela, como es un hecho notorio comunicacional, está apoyando esa posición. El único factor que está soportando en este momento a Nicolás Maduro es el militar, no hay otro. Definitivamente, el día que pierda parcialmente la base de sustentación militar, Maduro va a caer. Lo que implica que va a caer. ¿Por qué? Porque hay un factor interno de desesperación absoluta por esa crisis social que yo no puedo describir, hay una confluencia de elementos de unidad y unión entre los actores democráticos, y hay una coincidencia muy definida de la comunidad internacional. En las Américas, el órgano regional es la Organización de Estados Americanos, que ya bien temprano determinó y definió que en Venezuela hay un régimen de facto y reconoció a Guaidó como presidente interino de Venezuela. La Unión Europea ha reconocido a Guaidó como presidente. La comunidad internacional, unánimemente desde la perspectiva de las instancias internacionales, lo ha hecho. ¿Cuáles son los estados que no lo han hecho? Basta ver qué estados son. Todas las dictaduras reconocen a Maduro. Pero además de eso, algunos estados americanos no lo han hecho –México y Uruguay– por el factor ideológico y de interés económico, porque Venezuela ha sido un país depredado y ese esquema de depredación es muy conveniente para los intereses económicos de muchos actores.

En el régimen de Maduro ¿existen distintos poderes fácticos?

En realidad tampoco el mundo militar está unánimemente a favor de Maduro. Vamos a hablar claro, porque si no, no entendemos el problema venezolano. Maduro no es el presidente de Venezuela. Quienes mandan en Venezuela son los militares, Maduro es un títere de los militares. Es la cara que refleja un régimen en el que la mayoría de los ministerios, organismos públicos, incluso los cargos de representación popular y también hasta el poder judicial, son de oficiales del mundo militar. Por ejemplo, el control de la judicatura está controlado por los militares. Eso es algo insólito. Y el ministerio de Finanzas, Petróleos de Venezuela, el ministerio de Interior y Justicia, la mayoría de las gobernaciones del país. Hay que imaginarse ese cuadro donde la mayoría de las regiones, cargos públicos, ministerios, por supuesto todo lo que tenga que ver con la seguridad del estado, todos son militares. Entonces, este no es un problema contra Maduro, es un problema militar. Y los militares han disfrutado de un estatus económico, son los que han hecho los grandes negocios, son los que manejan PDVSA, el Ministerio de Hacienda, la importación de alimentos, el contrabando, el narcotráfico… Estamos hablando de un estado forajido.

Algunos hablan de un narco-estado, ¿es correcto?

Es un narco-estado. ¿En qué sentido es un estado forajido? Fíjese en los apoyos que recibió Maduro: Hezbolá, las FARC… Todo movimiento irregular, terrorista, delincuente, apoya a Maduro por razones evidentemente justificadas y obvias.

Ante los últimos acontecimientos, la Unión Europea y, en particular, España mostraron, al menos al principio, una postura “tibia”. Ahora el Parlamento Europeo ha reconocido a Juan Guaidó como presidente interino legítimo. ¿Cómo valora la postura de la Unión Europea y de España en particular?

En realidad, la UE en su mayoría ha sido clara. En España ha habido un problema grave y te voy a explicar por qué. Primero, en España no entienden –y hay que entenderlo– que el caso de Venezuela no es un caso en el que se enfrentan dos actores políticos que tienen algún grado de legitimidad. Aquí se trata de un régimen de facto que es una dictadura contra un pueblo. Hasta no entender este tema, no se avanza. En segundo lugar, hay que entender que ese estado forajido controla todas las instituciones menos el cuerpo representativo del pueblo. En España, el cuerpo representativo del pueblo son las cortes, y hay cuerpos representativos del pueblo en las diversas autonomías, pero fundamentalmente el pueblo español como un todo, la unidad del pueblo español es un principio básico del derecho constitucional español, está representado en las cortes, no en el gobierno, aunque el gobierno emana de las cortes. En Venezuela, el gobierno no, emana de la familia nacional, es un sistema presidencialista. Tanto el presidente en Venezuela como el Tribunal Supremo de Justicia en Venezuela no son electos. Esto es para diferenciarlo del caso español. La Asamblea Nacional no elige al presidente, no es un sistema parlamentario, y los magistrados del TSJ tampoco son electos. ¿Quiénes son elegidos por el pueblo y representan al pueblo? La Asamblea Nacional. Entonces, Maduro no fue electo, ni siquiera se puede hablar de una elección, es un simulacro, no tuvo resistencia política. Armaron una especie de imagen de elección y frente a eso nosotros nos encontramos con un individuo que al fin y al cabo, a los efectos del análisis, nunca se puede ver que la salida pueda ser institucional donde no hay instituciones, donde la única institución es la Asamblea Nacional. No se puede hablar de una salida electoral si la concepción de elecciones es el parapeto que montaron anteriormente. Una elección es una elección, que tiene que ser libre, competitiva, con garantías, con observación internacional válida y legítima, y con un cuerpo que la organice que tenga un mínimo de credibilidad. Si eso no existe hoy en Venezuela, ¿cómo vamos a hablar de que la condición para reconocer a Guaidó eran las elecciones? Incluso hablar de elecciones puede ser un acto de complicidad.

Zapatero no ha ayudado precisamente a mejorar la situación…

Zapatero ha sido el gran cómplice de la dictadura venezolana durante todo este tiempo, porque cuando él habla de diálogo no es el diálogo que entienden los españoles, y cuando él habla de elecciones no son las elecciones que entienden los españoles. El diálogo es fundamental en democracia, pero en Venezuela no puede haber diálogo porque no hay respeto a la entidad del otro, y no puede haber elecciones porque no existe ningún tipo de imparcialidad.

Miremos al futuro, ¿qué haría falta para ayudar a Venezuela a nivel internacional?

Primero, una decisión política definida que tome en cuenta que en Venezuela la única representación legítima es la de la Asamblea Nacional. Ese paso ya se dio. La UE lo dio, también la OEA. La ONU es más compleja porque hay una situación de regulación muy complicada, que implica la capacidad de veto de los grandes, aunque no descarto que dejen solo a Maduro, dada la gravedad de lo que está haciendo. Pero al margen de eso, ya se dio una unánime definición de la comunidad internacional en los organismos regionales más importantes. El segundo paso es entender que en Venezuela hay una crisis humanitaria y para eso hay tratados y convenios internacionales. Yo siempre he dicho que hay que activar el tema de la ayuda humanitaria, desde hace un año, y que no hay que esperar a que salga el régimen porque en la frontera con Colombia y Brasil se vive un drama. Hay que ayudar a Colombia, a Brasil y a diversos países latinoamericanos como Ecuador, Perú, incluso hay que ayudar a España, aunque España no siente tanto el impacto porque las personas que huyen a España en general tienen otra cualidad social o familiar, pues hay una simbiosis España-Venezuela de décadas. A un español que tenga algún familiar en Venezuela no se le puede engañar sobre la situación venezolana.

Tercer elemento clave. Yo no soy partícipe del apoyo militar, pero la comunidad internacional ha admitido la intervención de los estados ante una situación de grave desconocimiento de los derechos fundamentales y humanos, como el caso de Ruanda, donde no intervino la comunidad internacional y vimos como terminó; o cuando hay un estado forajido que atenta contra la seguridad de otros estados. En esos casos, ¿qué ha pasado? Que hay estados que intervienen y después la comunidad internacional reconoce que la intervención fue lícita. El peligro venezolano no es una intervención coordinada por la ONU, pero creo que ese peligro se puede manifestar en una intervención de estados aislados que luego es legitimada.

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28 de abril, no solo un cambio de Gobierno

Fernando de Haro

Las elecciones que se van a celebrar en España el próximo 28 de abril pondrán fin al ciclo que se inició con las celebradas en diciembre de 2015. O no. Los comicios de hace poco más de tres años tenían lugar en un país que había hecho un gran esfuerzo para responder a las crisis. Los recortes de Zapatero y las reformas de Rajoy habían dejado una sensación de cansancio y un distanciamiento de muchos electores de los dos partidos, PP y PSOE, que habían liderado la izquierda y la derecha durante décadas. El sufrimiento económico y social, la corrupción y el desencanto hicieron que muchos votantes, sobre todos los más jóvenes, buscaran otras opciones. Saltó por los aires el bipartidismo. Ni las nuevas ni las viejas formaciones estaban preparadas para afrontar una Cámara que necesitaba pactos. Los socialistas no dejaron gobernar al PP de Rajoy porque habían ido muy lejos en las críticas a la gestión de la crisis. Y la nueva izquierda, Podemos, no dejó gobernar al PSOE con los liberales de Ciudadanos. Impensable una gran coalición de socialistas y conservadores (aunque las coincidencias ideológicas son numerosas) en un país en el que el casticismo, la dialéctica del enemigo, domina la vida pública desde el año 2000. Prácticamente toda la clase política ha querido en este período instrumentalizar el desencanto y conducirlo hacia una creciente polarización que coloniza ideológicamente la experiencia social vivida durante la crisis. En lugar de destacar todas las energías positivas desplegadas, los partidos viejos y nuevos han favorecido una lectura de lo sucedido en términos de dialéctica de contrarios.

Hubo que repetir elecciones en 2016. Y esta vez los socialistas sí dejaron gobernar al centro derecha, pero Rajoy no supo entender que el Gobierno es más que gestión y que los casos de corrupción habían minado el crédito de su partido. Tampoco supo comprender y reaccionar ante el proceso secesionista en Cataluña. Y Sánchez, tras el éxito de su moción de censura, en lugar de convocar elecciones, decidió formar Gobierno. Era imposible acabar la legislatura por su escaso respaldo parlamentario y porque necesitaba el apoyo de los independentistas. Pero al líder de los socialistas le interesaba, sobre todo, utilizar la presidencia como herramienta de promoción personal para las siguientes elecciones.

Hace ocho meses era evidente que no existía la vía que solo Pedro Sánchez creía haber encontrado para conseguir el apoyo de los independentistas catalanes y no incumplir las mínimas reglas constitucionales. Desde el principio se sabía que el secesionismo no iba a renunciar a sus peticiones de máximos mientras no tuviera lugar el juicio y no hubiera sentencia sobre los doce líderes acusados por el intento de secesión. Si en algún momento hay solución política (que se debe explorar) a las pretensiones de independencia de la mitad de los catalanes, será después de que la sentencia sea firme.

28 de abril, no solo un cambio de Gobierno

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Ciudadanos, pero ¿de qué ciudad?

Fernando de Haro

El documento de Abu Dabi, dedicado a la fraternidad humana y firmado por el gran imán del Al Azhar y el Papa, da un paso más en la exploración de qué puede significar para la comunidad islámica el concepto de ciudadanía. Un avance que llega, curiosamente, desde el suelo más sagrado de los musulmanes (la Península Arábiga), cuando no han transcurrido aún cinco años de que cierta facción del sunismo proclamara un nuevo califato (con el proyecto de imponer una sanguinaria y falsa interpretación de la sharía). El islam se abre a la idea de una comunidad, que puede servir de referencia para las diversas pertenencias sociales y religiosas, mientras paradójicamente en Occidente el sentido del nosotros se diluye por identidades que casi absolutizan lo particular (género, religión, lengua, etnia, etc).

La defensa de la libertad religiosa, la condena del uso de la religión para justificar el terrorismo, y el compromiso “para establecer en nuestra sociedad el concepto de plena ciudadanía y de renunciar al uso discriminatorio de la palabra minorías” que contiene el documento de Abu Dabi llegan en un momento de especial tensión en Oriente Próximo. El abandono de las tropas de Estados Unidos de Siria resucita en el mundo sunní el miedo a una extensión de la influencia chiita. Puede completarse el arco que va desde Teherán al Mediterráneo (con el apoyo del Gobierno de Iraq, del régimen de Bachar al Asad que ha ganado la Guerra de Siria y de Hezbolá en Líbano). Fue ese miedo el que llevó a cierta parte del mundo sunní del Golfo Pérsico a apoyar la creación del Daesh. La hegemonía sunní está más condicionada que nunca, la política errática de Mohamed bin Salmán al frente de Arabia Saudí, la guerra de Yemen y el enfrentamiento entre Qatar y la casa de Saud son ingredientes más que suficientes para que el salafismo, la corriente más inmovilista del sunismo, se impusiera como única referencia. Por eso el texto de Abu Dabi, con su apertura, es especialmente significativo.

Un occidental cuando lee la expresión “plena ciudadanía” difícilmente comprende el valor que tienen esas dos palabras en los países de mayoría musulmana. Olivier Roy ha dejado claro que en la historia del islam no existe, como a menudo se piensa, una identificación absoluta entre la comunidad política y la comunidad religiosa (la separación ya apareció en el califato Omeya). Pero en el islam, cuando hay que afrontar el problema del estatus de aquellos miembros de la comunidad política que no son musulmanes, se toma como referencia la Constitución de Medina dada por Mahoma en el 622 y el documento del segundo califa, Omar, dictado en el 637 tras la toma de Jerusalén. Y la interpretación más extendida de los dos textos establece para los dhimmi (cristianos y judíos) un régimen de tolerancia basado en una condición de súbdito de segunda categoría que no goza de plenitud de derechos.

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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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