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23 MARZO 2019
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>Entrevista Antonio Rivera, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad del País Vasco

"Es un disparate establecer el artículo 155 como una condición previa"

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  26 votos
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Antonio Rivera es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad del País Vasco. Vinculado al Partido Socialista de Euskadi, fue diputado autonómico y viceconsejero. Es coautor del Informe Foronda, uno de los grandes esfuerzos que se han hecho para contar la verdadera historia del terrorismo de ETA.

Hay quien habla de la “cultura de la Transición” como un espejismo de reconciliación creado artificialmente para imponer el olvido. ¿Qué le parecen estas revisiones que se producen a los 40 años de la aprobación de la Constitución?

Me parecen absurdas políticamente, disparatadas desde el punto de vista historiográfico y peligrosas en el sentido social. La revisión es una actitud que debe ser constante: en política, en el trabajo del historiador o en lo que constituyen las convicciones de una sociedad siempre tenemos que estar en revisión. Pero, a la vez, tenemos que tener conciencia de que la historia solo se ha producido una vez; que podía haberse producido de mil maneras, pero que solo lo hizo de una. Quienes pretenden diseñar un futuro alternativo suelen empezar por dibujar un pasado diferente al asumido por la mayoría. Es normal hacerlo, pero hay que ser conscientes de lo que se está haciendo. La Transición fue el intermedio posible en aquel momento entre una oposición que movilizaba, pero no lo suficiente como para derribar los restos de la dictadura, y el epílogo de un régimen que, aunque muy debilitado y deslegitimado, todavía controlaba lo sustancial del Estado y mantenía la adhesión de la parte no movilizada de la población. Venir ahora a decir que todo podía haber sido diferente es pura melancolía, una reconstrucción ahistórica e insolvente. Hablar de traición de la izquierda es seguir con el clásico del izquierdismo que confunde su mejor con lo bueno y que pretende con ello quitarse de en medio a todos sus competidores que estuvieron allí, que tuvieron que ver con aquello. Cuestionar sin más la política del acuerdo, con gratuidad, es abrirnos a una manera de hacer política que resulta muy simpática en los ensayos –de Carl Smith a Laclau, todos los que apuestan por una “política de contrarios, de enemigos”–, pero muy peligrosa en sus resultados cuando se lleva a la realidad. Los pecados de nuestro tiempo no son de la Transición en su mayoría –sí algunos, por supuesto–; más bien pertenecen a las décadas de democracia –¡cuatro!– que hemos transitado sin reparar en errores que resultaban evidentes y que así se denunciaron en su día.

Hablando de cuatro décadas, ¿40 años después qué balance se puede hacer del modelo territorial de las Autonomías? ¿Cuáles son sus principales éxitos y sus principales fracasos?

La política de enemigos es muy peligrosa en sus resultados cuando se lleva a la realidad

El Estado de las autonomías ha resultado un éxito. Es la fórmula más estable, democrática y eficaz para hacer funcionar un país tan heterogéneo en cómo se ven a sí mismas sus partes. Hay regiones con alta demanda de singularidad, histórica y construida del último siglo para aquí, de la mano de los nacionalismos de finales del siglo XIX. Hay regiones artificiales, hechas por decreto en los años ochenta cuando se trataba de hacer autonomías para todos. El mismo modelo no puede servirnos a todos, porque para unos no da por estrecho y para otros se excede. Cuando llegó la crisis de 2008 hubo gobiernos regionales que se pensaron lo de devolver las competencias más costosas al Estado; otros aprovecharon para derivar sus tensiones internas hacia el exterior, cuestionando su estatus dentro del país. El modelo casi federal es bueno, pero habría que ir a uno claramente federal, sin “casis”. ¿Por qué? Básicamente por dos razones. Primera, para evitar la tendencia a la relación vertical, bilateral, que usan quienes se dotan de élites nacionalistas para negociar “con Madrid”, con el resultado de evidentes desigualdades de trato entre los españoles. Segunda, para corresponsabilizar a todos los gobiernos autonómicos con la gestión de sus ingresos y gastos. Para ello hay que adelgazar más al Estado central, pero estableciendo con claridad cuáles son sus competencias como nuevo Estado federal y cuáles las de las federaciones. Todo por escrito, mediante una reforma constitucional. ¿Problema? Que eso no convence a los nacionalistas –nacionalismo y federalismo suelen ser antitéticos– y que la pulsión centralista de este país, de derechas y de izquierdas, ve en ello la disolución de la esencia del mismo, idea realmente absurda. En un mundo como el presente, el concepto de soberanía no puede ser el clásico, ni hacia arriba ni hacia abajo, ni tampoco el de representación, ni el de la correspondencia entre características nacionales y realidad estatal (o casi estatal).

Se preguntaba hace algunos años si “se puede establecer un sistema asimétrico que responda a la asimetría real de demandas y autopercepciones, pero que no sea lesivo ni para la igualdad de trato ni para el derecho de otros a verse en todo su conjunto, incluyendo en él a los ‘singulares’”. ¿Cuál es hoy su respuesta?

La solución federal no es el bálsamo de Fierabrás porque las realidades son siempre dinámicas, pero sí que pondría negro sobre blanco el sistema de derechos y deberes de los ciudadanos cuando estos los ejercen en sus marcos territoriales. Creo que no es poco.

¿Cuál es su opinión sobre la propuesta de un “Estado plurinacional” como el que hizo el PSOE en su 39 Congreso?

El modelo casi federal es bueno, pero habría que ir a uno claramente federal

España es históricamente un país con grupos de ciudadanos que se sienten y son diferentes del resto y, sobre todo, diferentes de lo que en un momento se establece como la identidad española. Eso es así y la política le tiene que dar marco para evitar tensiones. “Estado plurinacional” puede ser una definición, como otra cualquiera. A mí me parece bien. El problema es que eso no genere en su aplicación desigualdades de trato. Y por eso soy partidario de la solución federal, a la que el PSOE no se atreve todavía a dar los pasos adecuados, a plantearlo abiertamente y a mostrar un plan de actuación en los próximos años para llegar a ello. Mientras no se haga así seguiremos con nominalismos, que a unos no les dicen casi nada, porque ya se les han quedado pequeños, y a otros les irritan innecesariamente, porque creen que les tocan las esencias.

En algún momento ha hablado de la falta de un sujeto prepolítico entre los no nacionalistas vascos. ¿En qué consiste esa carencia?

Los nacionalistas, todos, vascos o no vascos, parten de una realidad y de un sujeto prepolítico que no es otro que lo que ellos entienden por nación y por nacionales. A partir de ahí empiezan a escalar peldaños –difunden su tesis, incrementan el número de sus adeptos, generalizan el criterio desde la presión social o desde el control de instituciones…– hasta convertir en política esa formulación que originalmente no lo era, porque solo era una idea. Otra cosa distinta es que, en ese viaje, todos los nacionalismos, para alcanzar su plenitud, tienen que tener éxito tanto en la homogeneización de su ciudadanía –hacerlos a imagen y semejanza de lo que ellos interpretan como buenos nacionales– como en el rechazo de la diferencia, interna (los nacionales que no son como ellos o no se someten) o externa (los otros: grupos distintos, inmigrantes, etcétera). En el camino, esa tesis ascendente prepolítica amenaza con llevarse por delante lo más político que tenemos en la Modernidad: la democracia y el respeto a la pluralidad constitutiva de cualquier sociedad. Es la historia de los nacionalismos.

¿Falta también un sujeto prepolítico en el constitucionalismo catalán? ¿Explica eso el hecho de que ese constitucionalismo sea muy reactivo?

Con el independentismo catalán estamos en el inevitable choque de trenes que ningún maquinista sabe cómo evitar

Manteniendo la tesis de mi respuesta anterior, en el caso catalán debería decir que su viaje ha sido aparentemente de lo bueno a lo malo; no como el nacionalismo vasco, que no se ha movido demasiado de una visión esencialista y que se ha limitado a asumir a regañadientes “los aires del tiempo”, la democracia y la diversidad de su sociedad. En el caso catalán, su nacionalismo no era aparentemente tan etnocultural y sí más cívico, pero la crisis global y su crisis doméstica han demostrado que no era así o, quizás, han potenciado su aspecto más atávico y conflictivo, de manera que lo razonable ha pasado al disparate en que vive hoy. Evidentemente, un nacionalismo “dormido” en tanto que muy potente y protegido por un Estado, como el español, cuando se siente atacado despierta y reacciona con fiereza, porque no se quiere permitir muestras de flaqueza ante otro como él. En ese momento, que es el actual, estamos en el inevitable choque de trenes que ningún maquinista sabe cómo evitar y que los más cafeteros de cada lado pretenden resolver a lo macarra: a ver quién se aparta antes o a ver quién sale peor de la colisión.

PP y Ciudadanos reclaman en este momento la aplicación, de nuevo, del artículo 155. ¿Tiene sentido?

El 155 es un recurso constitucional, pero no cabe duda de que es extremo. Su invocación como fórmula casi estructural denota la inteligencia y cintura de esos partidos. Una cosa es que a la usanza de Azaña digamos que con el problema catalán se convive y otra distinta que optemos por extirparlo o mantenerlo silenciado mediante la fuerza. Si la situación da lugar a una nueva aplicación del 155 habrá que acudir a ella, pero formularlo como previo me parece disparatado. La política de apaciguamiento es muy risible en sus apariencias, pero no está demostrada su ineficacia en el tiempo. Los ciudadanos no suelen ser partidarios de mantener indefinidamente las crisis dentro de sus sociedades. Salvo que, como decía la directora de cine con mucha gracia, les hayan echado algo en el agua del grifo…

Refiriéndose a ETA ha asegurado que “los malos medios contaminan los fines hasta desvirtuarlos completamente”. Los malos medios de ETA fueron evidentes. Los fines eran la independencia que ahora es perseguida por Bildu. ¿Están los fines de Bildu deslegitimados por el pasado de ETA? ¿Fue errónea la decisión del Tribunal Constitucional tomada en 2011 en la que autorizó la participación de Bildu en las elecciones?

El problema del terrorismo es que mataba, pero también y sobre todo que lo hacía para sacar adelante un proyecto político totalitario

No, los medios de Bildu están deslegitimados por sí mismos, porque su objetivo es una sociedad vasca homogénea, artificial, irreal y, por eso, solo sostenible mediante la aplicación de la fuerza contra al menos la mitad de sus ciudadanos. Pero hay un porcentaje de la población vasca que responde a sus criterios y, como decía antes del 155 en Cataluña, no se puede plantear como solución el tenerlos silenciados y fuera de la ley. Eso es absurdo. Cada cual ara con los bueyes que tiene y estos son los nuestros. El problema del terrorismo es que mataba, pero también y sobre todo que lo hacía para sacar adelante un proyecto político totalitario. Fines y medios eran una misma cosa en este caso. Y el PNV debería desasirse de esos fines últimos que comparte con la izquierda abertzale, tiene que decidir de una vez si de mayor quiere ser antes un partido democrático –que cree en una sociedad democrática, plural, me refiero, no si respeta las leyes- que nacionalista o al revés. Su devaneo con el llamado Nuevo Estatus Vasco, que lleva a medias con Bildu, no permite ser optimista, aunque todavía la sociedad piensa que nunca llegará al final de ese viaje y que todo es pura pose para mantener su agenda final, la lealtad de parte de su clientela y la continuidad del vaciamiento del Estado en Euskadi… a su cargo, gestionando sus hombres y mujeres el enorme poder y recursos económicos que ello conlleva. La decisión del Constitucional de 2011, por cierto, fue la de un tribunal legítimo al que hay que obedecer. No tendría más que añadir ahí, pero diré que me pareció mejor que si hubiera resuelto en sentido contrario. Se ilegalizó porque no se podía mantener la trampa de actuar en política legal y a la vez tener una pistola o una bomba debajo de la mesa; cuando estas últimas desaparecieron, no se podía mantener el argumento de la exclusión.

Hablamos mucho de la batalla por el relato tras el fin de ETA. ¿Cuáles son las claves para ganar esa batalla?

El simple conocimiento de cómo actuaba el horror y el totalitarismo violento libera

Por lo menos dos, para no extenderme. La primera, hacer un trabajo serio como historiadores para fijar claramente qué ocurrió. Las historias tradicionales se han centrado en el ir y venir de los terroristas y de su organización, sin prestar mucha atención al efecto de su acción sobre la sociedad y la ciudadanía. Quizás con el “Informe Foronda” de 2015 pusimos una de las primeras bases historiográficas en esa dirección, en los efectos del terrorismo en la sociedad vasca y española. Los trabajos del presente están yendo por ahí y creo que es lo adecuado. El simple conocimiento de cómo actuaba el horror y el totalitarismo violento libera, porque por sí mismo desmonta el artificio ideológico que en su momento le dio cobertura y hasta cierta legitimidad. La segunda, difundir adecuadamente esos resultados y llegar al conjunto de la ciudadanía vasca –que no quiere oír ni hablar de ese tiempo pasado– y, sobre todo, a los jóvenes. El “nunca más” debe ser el axioma que presida cualquier política pública de la memoria en ese sentido. A la vez que todo eso, no mezclar víctimas y victimarios, dejar claro por qué actuaban estos, significar a aquellos que se enfrentaron a la barbarie, preguntarse y explicar las causas que hicieron posible la continuidad de ETA durante medio siglo… Hay mucho trabajo por delante.

¿Le sigue faltando a la memoria de la violencia vasca una historia?

Bueno, ya he dicho que se está trabajando ahora en la buena dirección. “Violencia vasca” fue un magnífico libro de Joseba Zulaika hace muchos años (1990) que analizaba antropológicamente la ruptura en una comunidad rural y la apuesta del grupo mayoritario por eliminar de forma violenta al otro, que hasta entonces había mantenido el poder a consecuencia de la guerra civil. Se quedaba en ese proceso que, en su desarrollo, alimentó esos cincuenta años de terror. En un registro muy distinto, la novela “Patria” de Aramburu reitera esa ruptura de la comunidad, pero despliega in extenso los resultados en diversos personajes literarios representativos de toda esa violencia. Creo que es un reflejo de sensibilidades sociales distintas en tiempos también distintos. La historia canónica de la violencia etarra y de sus consecuencias tardará en llegar y así tiene que ser. Solo los comisarios o propagandistas metidos a historiadores consiguen establecer una historia oficial a pocos meses de que se desvanezca el humo de las pistolas. Para 1943 Arrarás había publicado al completo su “Historia de la Cruzada”, pero, por suerte, ya no estamos en ese tiempo.

Hay que sacar a Franco del Valle de los Caídos y que se lo lleven a un discreto nicho familia

El Gobierno de Sánchez anunció una reforma de la ley de memoria histórica de 2007. ¿Es necesario esa reforma? ¿Qué aspectos de esa ley eran necesarios y cuáles superfluos?

Es necesario hacer menos ruido y conseguir más cosas. El Estado tiene que ponerse a cargo de localizar a todos los españoles que están desaparecidos a consecuencia de la violencia de la guerra civil y de la represión entonces y después de esta. Lo tiene que hacer él y no derivar la responsabilidad a otras entidades privadas. Tiene que hacer una política de memoria pública clara, sin estruendos ni aparentes revanchismos, pero limpiando del espacio público las referencias encomiásticas a los jefes de un golpe de Estado que derivó en una cruel guerra civil y en una interminable dictadura. Luego todo es más complicado, porque tampoco se trata de arramblar con todo hijo de vecino que tuvo alguna actividad pública en esos cuarenta años, como quieren algunos: sería tan absurdo como hacer desaparecer un tiempo, que es lo que quieren quienes vienen ahora con la milonga de que la “Cultura de la Transición” fue un pacto de silencio y todas esas cosas. Hay que sacar a Franco del Valle de los Caídos y que se lo lleven a un discreto nicho familiar: un país democrático no puede tener a un dictador reciente en mitad del escenario. Si al menos se hiciera eso, creo que sería ya mucho y no entiendo que partidos de la derecha puedan negarse a algo tan básico. Eso les hace corresponsables de aquel tiempo y los españoles que les votan no se merecen esa mácula. Se puede ser conservador o liberal de derechas sin comulgar para nada con la dictadura y con sus hombres, como hacen las derechas de otros países.

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>Reconectar el voto y la experiencia social

"Es un disparate establecer el artículo 155 como una condición previa"

Juan Carlos Hernández

Analizamos en profundidad con Daniel Innerarity el momento de la campaña electoral. Para el catedrático de Filosofía Política, existe una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político.

En las campañas electorales se producen situaciones de polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido. ¿Exageramos cuando aseguramos que se disuelve el “nosotros compartido? ¿Hay alguna relación entre esta disolución y la aparición de cordones sanitarios a izquierda y derecha?

Me da la impresión de que hay estrategias de los partidos, de unos más que de otros, que han puesto en marcha dinámicas que luego son difíciles de parar. En términos estructurales me parece que se podría hablar de una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político. ¿En qué se caracteriza una campaña? En que polariza y se critica al adversario (a veces en exceso). El problema es que luego hay que pactar con él y aquellas estrategias que sirvieron para ganar dificultan posteriormente la acción de gobierno, cuando se requiere la colaboración del adversario.

¿La polarización política es un falso espejo de la vida social? ¿En nuestro espacio público hay sujetos que se narran, hay relaciones interpersonales y relaciones entre entidades sociales más sanas de las que se dan en la política de partidos?

Es normal que en la política haya una dramatización de los antagonismos que no tiene por qué coincidir con el que hay en la vida real. En la política hay siempre esos dos elementos (antagonización y escenificación) y los ciudadanos tendríamos que aprender a descodificar un poco lo que observamos en la esfera política. Lo que ocurre es que a veces en la vida los personajes que interpretamos terminan devorando a la persona que somos.

Los estudios sociológicos reflejan un interés sostenido por lo político, pero una desafección hacia los líderes políticos. Parece imposible pensar en la política como una vocación animada por un ideal. ¿Qué nos ha pasado? ¿Tenemos graves carencias culturales y educativas?

En mi último libro “Comprender la democracia” analizo un problema que me preocupa desde hace tiempo. Hablamos de una ciudadanía que decide y controla, pero lo cierto es que carecemos de las capacidades necesarias para ello por falta de conocimiento político, por estar sobrecargados, incapaces de procesar la información cacofónica o simplemente desinteresados. El origen de nuestros problemas políticos reside en el hecho de que la democracia necesita unos actores que ella misma es incapaz de producir. Una opinión pública que no entienda la política y que no sea capaz de juzgarla puede ser fácilmente manipulable.

'El entrelazamiento de los destinos colectivos impide definir nuestro bien como el reverso del mal de otros'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  6 votos
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"Es un disparate establecer el artículo 155 como una condición previa"

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  15 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

"Es un disparate establecer el artículo 155 como una condición previa"

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

"Es un disparate establecer el artículo 155 como una condición previa"

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  16 votos
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>Entrevista a Daniel Gascón

"Es un disparate establecer el artículo 155 como una condición previa"

Juan Carlos Hernández

Entrevistamos a Daniel Gascón, es escritor, traductor y editor de la edición española de la revista Letras Libres. “A pesar de las circunstancias actuales, de una conversación pública irresponsable y propensa al antagonismo, las instituciones de la democracia liberal resisten”, afirma el articulista del periódico El País.

En un editorial de este periódico se afirmaba que “la democracia requiere de una conciencia del nosotros, de un bien común para aquellos que pertenecen a una comunidad siempre superior a los intereses de los grupos particulares y a sus diferencias. Es lo que ha desaparecido”. ¿Qué le sugiere esta afirmación?

Me parece que se produce una especie de rechazo a ciertos impulsos disgregadores: social y culturalmente rompen algunos vínculos; económicamente estamos en una situación más inestable e individualista. El mundo del trabajo ya no es como antes, una cierta idea de identidad que tenía que ver con la clase, con lo que eras y hacías, se debilita. El Estado-nación tampoco sirve para muchos de esos problemas. No hay otro modelo económico viable que la economía de mercado desde el 89, pero este tiene fallos y produce injusticias. Creo que son factores que influyen en una percepción de la identidad amenazada, y que eso tiene que ver con el rebrote de los nacionalismos, del repliegue. Defiendes algo que crees que corre peligro de desaparecer.

Muchos grupos tienden a intentar defender sus intereses particulares, que pueden ser legítimos, pero que a veces pueden caer en una estigmatización del que piensa distinto. Mark Lilla habla de una “política de la identidad”. ¿Podría ayudar el juicio de Lilla a explicar lo que está ocurriendo?

Estamos en un tiempo de subjetivismo y polarización. Es más importante el elemento expresivo, nuestra visión sobre el mundo, que lo que sucede fuera. Lilla dice que el énfasis en la identidad por parte de los progresistas ha sido contraproducente, porque debilita la unión que permitiría la victoria de la izquierda. Para él, tienes que ganar para defender los derechos de las minorías, tienes que buscar un discurso que unifique para luego implementar tu programa. Un problema de esa idea es que a lo mejor estás hablando de un mundo que ya no puede ser. El discurso encajaba en una comunidad más homogénea y afianzaba una coalición de votantes que ahora parece más complicada por muchos factores. Otros dirían que ese universalismo, que se presenta teñido de nostalgia, no dejaba de ser un particularismo, y que lo que se presentaba como algo para todos era menos inclusivo de lo que pensamos.

¿Cómo se pueden traducir sus ideas a la realidad española?

'Existe una percepción de la identidad amenazada, y es por los nacionalismos'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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>Entrevista a Francisco Igea

"Es un disparate establecer el artículo 155 como una condición previa"

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

"Es un disparate establecer el artículo 155 como una condición previa"

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

"Es un disparate establecer el artículo 155 como una condición previa"

Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

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>Entrevista a Joseba Arregi

"Es un disparate establecer el artículo 155 como una condición previa"

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Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

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>Entrevista a Tulio Álvarez

"Es un disparate establecer el artículo 155 como una condición previa"

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

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