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22 MAYO 2019
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>El futuro de la escuela

"Eduquemos en el respeto a la consistencia de los grifos"

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Entrevista a Gregorio Luri, doctor en filosofía y licenciado en Ciencias de la Educación. Ha trabajado como maestro de primaria, como profesor de filosofía en bachillerato y como profesor universitario en la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado varios textos de política, filosofía y pedagogía. En 2017 recibió el Premio MEP (Mejora tu Escuela Pública).

¿En qué momento está nuestra escuela? ¿Es necesaria una refundación? ¿En qué sentido?

Lo primero que hay que decir es que la escuela es una causa noble, pero imperfecta. Es una noble causa imperfecta. En la medida en que ponemos el acento en su nobleza o en su imperfección contribuimos a la una o a la otra. Precisamente por su nobleza, la escuela nunca está completamente satisfecha consigo misma y eso está bien. Pero tiene que saber gestionar su insatisfacción con inteligencia. La escuela, como la ley, debe ser tocada con mano temblorosa, porque lo que está continuamente puesto en cuestión corre el riesgo de dejar de ser respetado. En resumen: la escuela debe aprender a aprender de su propia experiencia y esto sólo es posible si se compromete con prácticas reflexivas y con la consecución de evidencias.

¿Un enfoque en el desarrollo de habilidades STEM puede alejar de la reflexión?

Soy un firme partidario de reforzar las STEM, pero con un matiz: lo que necesitamos es dar forma curricular a un humanismo STEM. Para ello debemos comenzar pensando que las matemáticas son un lenguaje y que quien no lo domina no podrá dialogar con su tiempo. Añado que las matemáticas han formado siempre parte del núcleo del humanismo. Un sistema educativo fracasado es, por ejemplo, aquel cuyos alumnos viven con angustia el aprendizaje de las matemáticas y las ciencias. Pensar un problema matemático es un fenomenal ejercicio de reflexión.

Cada vez es más necesaria la creatividad, ¿cómo vincular STEM con innovación?

El ser humano necesita de la creatividad tanto como de las rutinas. Un discurso pedagógico que no comprenda la importancia de la rutina no comprende al ser humano. Por otra parte, la creatividad es un concepto universalmente alabado, pero eso no quiere decir que sepamos cómo fomentarla. Desde los años 60 se han desarrollado cientos de programas de desarrollo de la creatividad con resultados más bien mediocres. Proporcionemos conocimientos a nuestros alumnos. Todo conocimiento sustantivo nos recrea y aprendiendo a recrearnos, creamos. El joven que tenga conocimientos podrá ser un joven creativo o, en su defecto, un magnífico técnico.

¿La insistencia en el desarrollo de competencias puede convertir la educación en instrucción?

El riesgo del aprendizaje competencial es que tiende a ignorar el gozo de la comprensión, del descubrimiento, de la persecución de un objeto; la alegría del disfrute gratuito del instante, de perderse en la contemplación de las nubes, de dejarse invadir por la emoción de la música; etc. Cuando Sócrates estaba a punto de morir, se empeñó en aprender a tocar con la flauta una canción. “Pero Sócrates, le preguntaron, ¿de qué te va a servir eso?”. “Me servirá, contestó, para tocar esta canción con soltura”. Dicho lo anterior, yo siempre he sido partidario de la taxonomía de Bloom que entiende el dominio cognoscitivo como un proceso que sigue esta dirección: conocimiento, comprensión, aplicación, análisis, síntesis y (auto)evaluación.

El riesgo del aprendizaje competencial es que tiende a ignorar el gozo de la comprensión, del descubrimiento, de la persecución de un objeto; la alegría del disfrute gratuito del instante

¿Pierde terreno la escuela en favor de otras instancias que instruyen mejor? Por ejemplo, la instrucción digital.

La escuela pierde terreno porque no puede competir con el aprendizaje cotidiano de la experiencia ajena. Por eso hoy son más importantes que nunca los amigos y, en general, las relaciones de copertenencia. En la formación de una persona la agenda (las relaciones sociales) es, al menos, tan importante como el título. Hay que añadir también, por supuesto, la instrucción digital, las actividades extraescolares, el aprendizaje de idiomas en el extranjero… La trayectoria escolar de una persona es una parte menguante de su trayectoria educativa. Por eso la escuela debe preguntarse qué es aquello que si no se aprende en su seno es probable que el alumno (especialmente el pobre) no lo aprenda en ningún otro sitio.

¿Qué consecuencias tiene la digitalización en el proceso educativo? ¿Cómo se puede educar en la atención en un momento de exceso de información?

A mi entender las nuevas tecnologías son prótesis antropológicas que amplifican de manera extraordinaria lo que cada uno ya es. En la comprensión de este “es” se juega la escuela su razón de ser.

¿Se percibe en los alumnos en estos tiempos un menor vínculo con la realidad? ¿Cómo recuperar ese vínculo?

Inevitablemente el incremento del sentido de lo posible va en detrimento del sentido de la realidad. Una cierta pérdida del sentido de la realidad parece ser exigencia de los tiempos. La publicidad, en su conjunto, es un formidable mecanismo de fomento de lo posible. ¿Cómo se compensa esto? Sólo se me ocurre una respuesta: con el incremento de la confianza entre las personas.

¿Cómo se puede trabajar en el desarrollo de habilidades no cognitivas (capacidad de escucha, deseo de aprender, curiosidad, etc)?

Esta pregunta es fácil de responder y difícil de aplicar: con el ejemplo. Las habilidades no cognitivas se adquieren, en gran medida, por impregnación del entorno.

A menudo da la sensación de que en el proceso educativo de los alumnos del siglo XXI es inútil invocarles una tradición que ya no es una hipótesis para ellos. ¿Cómo es posible reproponer entonces un camino educativo?

Pero a menudo ocurre también que quien mejor sobrevive a una moda es aquel que no se rinde a ella, quien no se deja arrastrar por la espuma de los días. Nos dicen con frecuencia que vivimos en una sociedad líquida. Quizás sea cierto. Pero si es así, hay que convenir que resulta muy útil que los grifos sean menos líquidos que el agua. Eduquemos en el respeto a la consistencia de los grifos.

Algunas corrientes insisten mucho en retomar la disciplina, pero sin la motivación, sin la capacidad de despertar el interés los maestros consiguen poco. ¿Cómo hacerlo?

“Fray ejemplo, decía Cisneros, es el mejor predicador”. Añado que el discurso del interés corre el riesgo de ocultar la importancia de la voluntad, que es lo que nos permite, por ejemplo, comenzar a trabajar sin esperar a que venga a visitarnos el interés para ponernos a ello. Por otra parte, ¿cuántas veces el interés es precisamente el fruto del conocimiento? Quiero decir, en definitiva, que la autodisciplina (que es la disciplina importante, porque nos permite ser dueños de nosotros mismos) no puede ser sustituida por el mero interés.

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