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23 MARZO 2019
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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
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Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano

Hoy, casi ochenta años después del escrito de Arendt, tenemos que reconocer que los emigrantes (ella prefería el término de emigrante al de refugiado para señalar la importancia del lugar de llegada) son el primer problema político y social del siglo XXI. Su pronóstico se ha cumplido. Y eso es así porque ha tenido lugar el fenómeno de la globalización y la invasión de internet. La globalización ha tenido lugar pero sólo en la circulación del capital y no de las personas. La globalización económica ha multiplicado la riqueza y también ha incrementado las desigualdades. El beneficio ahora va unido a externalización de empresas, precarización del trabajo y a la inseguridad laboral. El resultado es una angustia existencial creciente, envuelta en un mundo hiperconectado que, lejos de favorecer la comunicación, aísla a los individuos. Esos individuos frustrados, aislados y sin futuro son el mejor caldo de cultivo para el desarrollo de discursos identitarios y nacionalistas que promueven la xenofobia y el odio. Para los embaucados en esas prédicas, el emigrante es el perfecto chivo expiatorio. Se les inculca un imaginario xenófobo que nada tiene que ver con la realidad, como que se prestan a una competencia desleal en el trabajo o que suponen un atentado al estado de bienestar porque van al médico. Y lo más delirante de todo: que amenazan “nuestros valores” o señas de identidad porque las mujeres africanas o latinoamericanas tienen más hijos que “las catalanas” (según oí decir a Jordi Pujol en sus buenos tiempos). Todas son maniobras de distracción de lo fundamental: un orden económico y social mundial profundamente inhumano. El emigrante es el síntoma de un sistema enfermo. No es posible que el “Mare Nostrum” –la patria común en el pasado y la cuna de la civilización durante siglos– se haya convertido en el mayor cementerio del mundo. Desde 1993 son ya 35.593 muertos documentados. A los países ricos les interesa de África el petróleo, el coltán, el uranio, los diamantes, no sus gentes. Lo que esto pone en evidencia es una civilización enferma.

El emigrante es el síntoma de un sistema enfermo

¿Por qué vuelven nuevas formas de nacionalismo en la época de la globalización?

Porque la globalización ha dejado al individuo a la intemperie. Contra lo que entonces se esperaba, el final de la guerra fría no ha supuesto un acercamiento del mundo sino un enfrentamiento. El orden económico que se ha impuesto ha roto todas las barreras protectoras. El miedo al comunismo propició después de la II GM la creación de un estado de bienestar que está saltando por los aires. Ahora hay miedo al futuro. La confianza en la técnica ha rebajado el lugar del ser humano. Bauman habla de una “industria de creación de desechos”. No son palabras. El ser humano se ve como superfluo e intercambiable. En ese desamparo crece la tentación de refugiarse en colectivos protectores. Es un instinto tribal que ya conocimos con la Europa antisemita de entreguerras. El alemán frustrado y empobrecido vio en el judío al otro, diferente, que era causa de sus desgracias. Como además la propaganda revistió al judío de rico y poderoso, ¿cómo no odiar a ese que sin ser algo tan importante como un alemán de pura cepa, sin tener linaje ario, encima vivía mejor? El antisemitismo era inseparable de la idea del nacionalismo y, por tanto, de la xenofobia. Ese mecanismo funciona hoy entre los nacionalismos: nosotros, vienen a decir, que somos los catalanes o vascos o españoles de verdad, no podemos tolerar que otros vivan mejor o a nuestra costa. El eslogan catalán de “los españoles nos roban” es lo más parecido al “los emigrantes llenan los ambulatorios” que pronuncian tantos españoles castizos. Y uno y otro se inspiran en el viejo mecanismo antisemita del ario alemán que decían lo mismo del judío que vivía a su lado.

Nosotros proponíamos hacer del Valle de los Caídos un lugar de la memoria de todos los españoles

¿Por qué asegura que el independentismo catalán tiene lo peor del nacionalismo español?

Américo Castro decía a los jóvenes que si querían entender algo de la Guerra Civil tenían que verla como el último episodio de una historia que tiene un origen traumático. Ese trauma originario viene del momento en que España se da una identidad colectiva que es la que llega hasta nosotros. España se conforma imitando la identidad musulmana. “Musulmán” significa creyente. Es la creencia cristiana la que nos conforma políticamente y esa identidad tiende a ser excluyente. “La sociedad española iba fanatizando su cristianismo a medida que desaparecía y se iban cristianizando los judíos”, dice Castro. Por eso, cuando la “casta cristiana” se pudo imponer, expulsó de su seno lo diferente, aunque fuera “muy español”. Se expulsó a los españoles judíos y a los españoles moriscos. Nos hemos acostumbrado a identificarnos, a marcar nuestras señas de identidad, excluyendo. Primero a los judíos, luego a los moriscos, a los protestantes, a los erasmistas, a los liberales, a los rojos… Siempre las dos Españas. Lo que está ocurriendo en Cataluña es un episodio más de esta España castiza. Recomiendo leer el célebre sermón de Juan de Ribera –patriarca de Antioquia, arzobispo y virrey de Valencia– que fue el auténtico ideólogo de la expulsión de los moriscos. El parentesco con algunos discursos independentistas es evidente. Sólo hay que cambiar “moriscos” por “españoles”. Pero el mismo fanatismo, la misma deformación de la historia, el mismo desprecio por las consecuencias económicas…

Bauman habla de una “industria de creación de desechos”. No son palabras. El ser humano se ve como superfluo e intercambiable

¿Siguen siendo, pues, válidas las tesis de don Américo Castro sobre la identidad conflictiva española buscada a través de la exclusión?

Creo que sí. Renan decía que “no hay nación que se precie que no se invente su pasado”. Eso vale para vascos, catalanes (y también para los españoles que se juntaron el día 2 de enero para celebrar la toma de Granada, ¡olvidando el contenido de las Capitulaciones!). Como hay tantos escribidores que se prestan a esa faena, bueno es leer a Américo Castro o a Márquez Villanueva que no utilizan el pasado para legitimar el presente sino que iluminan el presente con las huellas del pasado. Dice Castro que “hay quienes no gustan de llamarse españoles… pues bien, al obrar así se ahíncan todavía más en su españolismo”. Y va desgranando las razones de esa españolidad que valora por encima de toda racionalidad y sentido práctico de la convivencia, la identidad de campanario.

¿Es un abuso de la memoria el intento de sacar a Franco del Valle de los Caídos? ¿Qué solución se debe dar al Valle de los Caídos?

Sacar a Franco del Valle de los Caídos es de sentido común, el mismo que tenía su familia cuando dudó de que se le enterrara allí. Si el Valle se construyó como mausoleo de los “mártires de la Cruzada”, Franco no debería estar ahí, que murió en la cama cuarenta años después. José Antonio Primo de Rivera tiene todo el derecho, pero como uno más.

Lo que está ocurriendo en Cataluña es un episodio más de esta España castiza

La propuesta que hizo la comisión se explica desde el hondo sentido que tiene la figura de la memoria. La memoria, decimos, es justicia (reparación) pero también algo más. Sobre todo es algo más. La memoria del sufrimiento pasado, en efecto, se substancia en un “nunca más”, es decir, en no repetir los errores del pasado que produjeron tanto sufrimiento. Decir pues memoria es proponerse hacer la historia de otra manera. Y la mejor manera de conseguirlo, decía de nuevo Hannah Arendt, es el perdón. No lo decía por motivos religiosos sino lógicos: quien perdona sustrae su acción al embrujo de la reacción. Es hacer las cosas de otra manera, de nuevo. Nosotros queríamos que el Valle fuera un lugar de reconciliación. Partíamos del hecho, avalado por una comisión de forenses, de que, debido al deterioro de los restos cadavéricos, ya no se podían identificar los restos vía ADN. Aquellos españoles estaban “condenados” a vivir juntos. Era una buena ocasión para reflexionar y superar ese trauma histórico al que se refería Américo Castro. Para eso proponíamos sacar a Franco de allí, por lo dicho. También hacer un relato de cómo y por qué construir aquello. Eso es muy elocuente. En tercer lugar, una intervención artística en la explanada que equilibrara el poder simbólico de la Basílica. Finalmente, que figuraran todos los nombres, porque el lugar debía ser de todos… Tuvimos poco éxito. Unos decían, eso no se toca; y otros, la resignificación no es posible: lo que nació como mausoleo de los franquistas no puede cambiar de significación. A quien diga eso le invito a que vaya a Auschwitz, lleno de visitantes judíos que no van movidos por el sentido hitleriano de los campos sino convocados por el sufrimiento de sus seres queridos. Nosotros proponíamos hacer del Valle de los Caídos un lugar de la memoria de todos los españoles. Al parecer hemos llegado, como el loco de la Gaya Ciencia de Nietzsche, “demasiado pronto”.

Pienso a veces que nuestra propuesta se entenderá en 50 años. Cuando unos y otros hagamos duelo por la Guerra Civil y entendamos por qué Azaña, en su discurso del 18 de julio de 1938, hablaba de “paz, piedad, perdón”.

Me pregunto si la sociedad vasca implicada en el terrorismo ha hecho duelo. Y es necesario porque es mucho lo que muere cuando se mata

Usted ha sostenido que la memoria es justicia para las víctimas. ¿Se está haciendo memoria/justicia adecuada a las víctimas del terrorismo de ETA?

No creo. Me inquieta el discurso de la equidistancia, de la pluralidad de relatos. Hay demasiada prisa en pasar página o pasar por encima. Mire, en Alemania, en los años sesenta publicaron los psicoanalistas Alexander y Margarette Mitscherlich un estudio titulado “La incapacidad de duelo de los alemanes”. Los alemanes no fueron capaces de asumir sus responsabilidades después de la guerra –de hacer duelo– y por eso seguían siendo iguales que antes: igual de antisemitas, de anticomunistas, de tribales… El duelo ocurrió en los ochenta y les cambió la vida. Me pregunto si la sociedad vasca implicada en el terrorismo ha hecho duelo. Y es necesario porque es mucho lo que muere cuando se mata. Es como si esa sociedad no fuera consciente de cómo la complicidad con el terror envilece la convivencia, anestesia la virtud, incapacita para captar el daño que causa y el daño que uno se hace a sí mismo. En lugar de eso lo que llegan son muchas señales de exculpación. Y una de esas formas de exculpación es el mito de la pluralidad de relatos. Puede haber pluralidad desde el punto de vista biográfico (cada cual cuenta la feria como le va en ella) e histórico (los historiadores tienen sus propias perspectivas que si son opuestas se dirimen científicamente). Donde no puede haber pluralidad es en el juicio moral del pasado violento. Ahí sólo cabe una perspectiva, a saber, que matar a alguien por una causa política no es defender una idea sino cometer un crimen. Y eso quien mejor lo explica es la víctima, de ahí el reconocimiento de la autoridad de la víctima. No confundir esa autoridad con los discursos que se inventan las autoridades políticas cuando hablan “en nombre de las víctimas”. Esa es la lección principal que tenemos que transmitir y no perdernos en meandros explicativos que sólo buscan enmascarar la responsabilidad. Y sobre la equiparación de los Gal con Eta: naturalmente que hubo víctimas del Gal y que todas las víctimas son iguales en su inocencia. Pero su significación política es muy diferente. Para el Estado de Derecho, las acciones del Gal son delitos que debe perseguir (y por eso un ministro del Interior fue a la cárcel); para Eta, sus asesinatos eran actos heroicos: al asesino se le premia y se le festeja. Y hubo Gal porque hubo Eta. Los alemanes tardaron mucho tiempo en hablar de “los alemanes como víctimas”. Y las hubo. El Ejército Rojo causó muchas. Pero sólo osaron hablar de ellas cuando quedó establecida la culpa penal, moral y política de los alemanes.

El camino hacia una sociedad reconciliada pasa por el cambio interior de los protagonistas y adláteres de la violencia terrorista

¿Qué le parecen las pocas experiencias de encuentro entre víctimas y victimarios en el País Vasco? ¿Tendría sentido un impulso de la justicia restaurativa como la que se ha impulsado en Italia?

Pude participar en los encuentros de Nanclares de Oca, una singular experiencia en la que víctimas y victimarios se miraban de frente. El camino hacia una sociedad reconciliada pasa por el cambio interior de los protagonistas y adláteres de la violencia terrorista. El cambio interior supone saberse culpable y reconocer la autoridad moral de la víctima que puede devolver al culpable su dignidad. No entendí por qué no se fomentó esa experiencia y me pregunto quién puede estar interesado en la no recuperación de los victimarios para la sociedad. Esos exetarras parece que molestaban y no sólo al colectivo de presos. Ese tipo de iniciativas son fundamentales para lograr un nuevo tiempo. No basta denunciar en abstracto la violencia ni compadecer a las víctimas. Hay que preguntarse por la complicad de todos y cada uno de nosotros con los violentos y eso cuesta a los bienpensantes o a los que hoy administran la memoria. Esos encuentros son importantes porque abren la puerta a la recuperación de los victimarios, necesaria para inaugurar un nuevo tiempo.

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Recordemos lo aprendido en la crisis

Fernando de Haro

La frase ha provocado que la semana pasada se volviera a hablar de crisis. "El debilitamiento en los datos apunta a una moderación notable en el ritmo de expansión económica, que se extenderá a lo largo del año", aseguró Mario Draghi, el gobernador del BCE, el pasado jueves, en una comparecencia que había generado mucha expectación. La notable rebaja de las previsiones de crecimiento para 2019 en apenas unas semanas (del 1,7 por ciento de diciembre al 1,1 por ciento de comienzos de marzo) y, sobre todo, la contundencia de las medidas de política monetaria adoptadas, reflejan hasta qué punto el riesgo de que volvamos a tener problemas serios es alto. Tanto el BCE como la OCDE han rechazado la posibilidad de una nueva recesión (dos trimestres de crecimiento negativo), pero hay expertos menos optimistas.

¿Qué le pasa a Europa? ¿Otra nueva recaída, cuando, además, en el mes de mayo, las elecciones al Parlamento Europeo pueden suponer un tsunami político? La economía del Viejo Continente es una de las más expuestas a la situación global. Un estornudo de los dos gigantes, Estados Unidos y China, supone un resfriado o una gripe en Europa. La última crisis nos enseñó que los mercados perfectos no existen, la relación entre oferta y demanda no sigue unas leyes físicas neutrales que generan, de forma automática, el bienestar. Hay muchas “perturbaciones” que no permiten transformar el egoísmo de los que compran y venden en una globalización provechosa.

China y Estados Unidos compiten en una guerra tecnológica y comercial, animadas por una pulsión nacionalista, y eso no significa más crecimiento para todos. De momento supone una caída de las compras en el exterior, y eso nos afecta a los europeos, y especialmente al sector industrial (automovilístico) alemán. Las expectativas negativas de un Brexit sin acuerdo provocado por el nacionalismo británico también nos hacen daño. En este contexto es difícil entender el entusiasmo de algunos por “la solución rusa”, otro nacionalismo con severos problemas económicos y demográficos, que puede ofrecer gas, sí, pero sobre todo desestabilización democrática y noticias falsas (sus dos productos favoritos).

En este contexto de riesgo es esencial recordar lo que hemos aprendido en la última gran crisis: la ingenuidad liberal no está a la altura de los problemas. Estamos en un mundo globalizado en el que las soberanías nacionales no tienen prácticamente capacidad de intervención. Hacen falta decisiones políticas con más peso del que ofrece un solo país. Y a la par, aunque parezca paradójico, es necesario subrayar el protagonismo de la persona, no como individuo aislado que es capaz de sacar rédito del mercado, sino como sujeto relacional, dotado de toda una serie de recursos y de habilidades para reconstruir y reinventarse en un mundo global y en rápido proceso de digitalización, un mundo en el que las viejas formas de trabajo tienden a desaparecer.

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Reconectar el voto con la experiencia

Fernando de Haro

Elecciones generales dentro de dos meses en España. Después de una de las legislaturas más convulsas de la reciente democracia. Ni rastro de desinterés por la política. “Desde que se han convocado las elecciones, el consumo de información política se ha disparado”, comenta el directivo de uno de los grandes medios de comunicación del país, acostumbrado a repasar las audiencias casi al minuto. Si acaso los jóvenes son los más desconectados. Nadie se fía de las encuestas porque todo ha cambiado radicalmente. “Un porcentaje muy alto de voto se decide en las últimas semanas, quizás en los últimos días de campaña, por eso es muy difícil hacer predicciones”, asegura uno de los pocos sociólogos que ha acertado en los últimos comicios.

En las elecciones de 2015 casi un 40 por ciento decidió su voto durante la campaña. Ha desaparecido el “voto de pertenencia”. La fidelidad es cosa del pasado para muchos votantes, como puso de manifiesto el estudio “Desafección política: alcance, causas y remedios” (julio 2018). Probablemente eso ha aumentado la distancia entre la experiencia de construcción social y la papeleta. Solo en el “voto identitario”, el de quien cree haber encontrado una fórmula para canalizar su desencanto, esa conexión parece recuperarse. Se trata de los votantes altamente ideologizados para los que no interesa tanto la capacidad de influir en las políticas comunes como hacer oír su voz. Pero esta es también una forma de desconexión entre voto y experiencia, al menos si por experiencia de participación ciudadana entendemos un fenómeno particular del que se extraen consecuencias para el conjunto.

La antipolítica, de momento, no ha triunfado, pero sí la distancia con la clase política. También en Desafección Política se señala que “en el caso español convive una mejora del interés por la política (...) con una intensificación de la distancia hacia una clase política a la que la gran mayoría percibe como desconectada de las circunstancias de la ciudadanía del común”. Las opciones políticas que se pueden votar se perciben alejadas de la vida real. La culpa no es solo de los partidos, según los autores de este informe, también es cosa de los ciudadanos que se dejan “intoxicar”. Los comportamientos de los políticos “pueden empujar a una ‘infantilización’ de la ciudadanía, por ejemplo, acostumbrándola a operar con heurísticas muy simples, como la del amigo/enemigo”. Esta dialéctica inducida desde arriba desconecta el voto de las relaciones reales y de las formas de participación ciudadana. La “abstracción” y la volatilidad además tienen que ver con una escasa implicación en la vida de la ciudad común. La participación electoral en España se mantiene en torno al 70 por ciento, la media de su entorno (con un descenso progresivo de los jóvenes en parte solucionado por la aparición de los nuevos partidos). Pero la participación ciudadana es solo del 20 por ciento.

El voto identitario (contención de valores, independentista, feminista, etc (el paréntesis es nuestro)), según el estudio, es más prominente que en el pasado, ya que “los distintos segmentos de la sociedad se ven cada vez más como portadores de intereses distintos (micro intereses) y, en alguna medida, contrarios a los de otros segmentos”. Reconectar el voto con la experiencia solo para hacer espacio a determinados intereses (muy legítimos) o un determinado grupo no sana la democracia.

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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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>Reconectar el voto y la experiencia social

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Juan Carlos Hernández

Analizamos en profundidad con Daniel Innerarity el momento de la campaña electoral. Para el catedrático de Filosofía Política, existe una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político.

En las campañas electorales se producen situaciones de polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido. ¿Exageramos cuando aseguramos que se disuelve el “nosotros compartido? ¿Hay alguna relación entre esta disolución y la aparición de cordones sanitarios a izquierda y derecha?

Me da la impresión de que hay estrategias de los partidos, de unos más que de otros, que han puesto en marcha dinámicas que luego son difíciles de parar. En términos estructurales me parece que se podría hablar de una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político. ¿En qué se caracteriza una campaña? En que polariza y se critica al adversario (a veces en exceso). El problema es que luego hay que pactar con él y aquellas estrategias que sirvieron para ganar dificultan posteriormente la acción de gobierno, cuando se requiere la colaboración del adversario.

¿La polarización política es un falso espejo de la vida social? ¿En nuestro espacio público hay sujetos que se narran, hay relaciones interpersonales y relaciones entre entidades sociales más sanas de las que se dan en la política de partidos?

Es normal que en la política haya una dramatización de los antagonismos que no tiene por qué coincidir con el que hay en la vida real. En la política hay siempre esos dos elementos (antagonización y escenificación) y los ciudadanos tendríamos que aprender a descodificar un poco lo que observamos en la esfera política. Lo que ocurre es que a veces en la vida los personajes que interpretamos terminan devorando a la persona que somos.

Los estudios sociológicos reflejan un interés sostenido por lo político, pero una desafección hacia los líderes políticos. Parece imposible pensar en la política como una vocación animada por un ideal. ¿Qué nos ha pasado? ¿Tenemos graves carencias culturales y educativas?

En mi último libro “Comprender la democracia” analizo un problema que me preocupa desde hace tiempo. Hablamos de una ciudadanía que decide y controla, pero lo cierto es que carecemos de las capacidades necesarias para ello por falta de conocimiento político, por estar sobrecargados, incapaces de procesar la información cacofónica o simplemente desinteresados. El origen de nuestros problemas políticos reside en el hecho de que la democracia necesita unos actores que ella misma es incapaz de producir. Una opinión pública que no entienda la política y que no sea capaz de juzgarla puede ser fácilmente manipulable.

'El entrelazamiento de los destinos colectivos impide definir nuestro bien como el reverso del mal de otros'

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'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

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>Reconectar el voto y la experiencia social

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

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>Reconectar el voto y la experiencia social

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

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>Entrevista a Daniel Gascón

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Juan Carlos Hernández

Entrevistamos a Daniel Gascón, es escritor, traductor y editor de la edición española de la revista Letras Libres. “A pesar de las circunstancias actuales, de una conversación pública irresponsable y propensa al antagonismo, las instituciones de la democracia liberal resisten”, afirma el articulista del periódico El País.

En un editorial de este periódico se afirmaba que “la democracia requiere de una conciencia del nosotros, de un bien común para aquellos que pertenecen a una comunidad siempre superior a los intereses de los grupos particulares y a sus diferencias. Es lo que ha desaparecido”. ¿Qué le sugiere esta afirmación?

Me parece que se produce una especie de rechazo a ciertos impulsos disgregadores: social y culturalmente rompen algunos vínculos; económicamente estamos en una situación más inestable e individualista. El mundo del trabajo ya no es como antes, una cierta idea de identidad que tenía que ver con la clase, con lo que eras y hacías, se debilita. El Estado-nación tampoco sirve para muchos de esos problemas. No hay otro modelo económico viable que la economía de mercado desde el 89, pero este tiene fallos y produce injusticias. Creo que son factores que influyen en una percepción de la identidad amenazada, y que eso tiene que ver con el rebrote de los nacionalismos, del repliegue. Defiendes algo que crees que corre peligro de desaparecer.

Muchos grupos tienden a intentar defender sus intereses particulares, que pueden ser legítimos, pero que a veces pueden caer en una estigmatización del que piensa distinto. Mark Lilla habla de una “política de la identidad”. ¿Podría ayudar el juicio de Lilla a explicar lo que está ocurriendo?

Estamos en un tiempo de subjetivismo y polarización. Es más importante el elemento expresivo, nuestra visión sobre el mundo, que lo que sucede fuera. Lilla dice que el énfasis en la identidad por parte de los progresistas ha sido contraproducente, porque debilita la unión que permitiría la victoria de la izquierda. Para él, tienes que ganar para defender los derechos de las minorías, tienes que buscar un discurso que unifique para luego implementar tu programa. Un problema de esa idea es que a lo mejor estás hablando de un mundo que ya no puede ser. El discurso encajaba en una comunidad más homogénea y afianzaba una coalición de votantes que ahora parece más complicada por muchos factores. Otros dirían que ese universalismo, que se presenta teñido de nostalgia, no dejaba de ser un particularismo, y que lo que se presentaba como algo para todos era menos inclusivo de lo que pensamos.

¿Cómo se pueden traducir sus ideas a la realidad española?

'Existe una percepción de la identidad amenazada, y es por los nacionalismos'

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>Entrevista a Francisco Igea

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

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>Entrevista a Joseba Arregi

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

'El populismo es peligroso cuando tiende a convertirse en totalitarismo'

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>Entrevista a Tulio Álvarez

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

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Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos

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