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21 ABRIL 2019
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>El futuro de la escuela

"Las pantallas no están reestructurando nuestro cerebro"

P.D. | 0 comentarios valoración: 3  24 votos
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Catherine Lecuyer es una divulgadora educativa que ha afrontado el reto que supone para la enseñanza el desarrollo digital. Lleva vendidas más de 80.000 ejemplares de sus libros. Sus títulos más conocidos son “Educar en el asombro” y “Educar en la realidad”.

¿El nativo digital tiene otra antropología?

El “nativo digital” tiene la misma antropología que caracteriza al resto de la humanidad, incluyendo a los que llamamos “inmigrantes digitales”. El concepto “nativo digital” fue acuñado por Mark Prensky para describir el que, por haber nacido en la era digital –concretamente después del 1984–, está acostumbrado a recibir y procesar la información de una forma que no puede hacerlo el que nació antes de esa era. Según esa “hipótesis”, los nativos digitales tendrían ventajas cognitivas sobre la generación que les precede que afectan positivamente en su aprendizaje, por ejemplo, respecto a la multitarea tecnológica.

A pesar de su popularidad, el concepto no tiene base científica. Sí, es verdad que hay más contacto con las nuevas tecnologías en los nativos digitales, pero no es verdad que tienen ventajas cognitivas por haber tenido ese contacto. La creencia de que una persona nacida en la era tecnológica tiene más capacidades cognitivas relacionadas con el uso de la tecnología es un mito. Y la multitarea tecnológica también lo es.

¿El conocimiento a través de las pantallas modifica los mecanismos de percepción?

Las pretensiones alarmistas de que la tecnología estaría reestructurando nuestros cerebros (rewiring our brains) tampoco tienen fundamento científico. Sin embargo, tal como indica el Consejo Interamericano para el Desarrollo Integral, la plasticidad tiene sus límites, de tal forma que la tensión a la que una persona está sujeta solo es posible dentro de unos márgenes, más allá de los cuales los estímulos pueden inducir cambios que comprometen su integridad, y por lo tanto el aprendizaje. Las evidencias que relacionan la multitarea tecnológica con la merma de las funciones ejecutivas (la atención, la capacidad de inhibir los estímulos externos, etc.) lo confirman. Y las evidencias que relacionan la sobreestimulación con la inatención, también. En los niños, esos efectos se ven más agudizados, porque están en un período crítico de su desarrollo.

¿Eres partidaria de la sustitución progresiva de los textos escritos por las pantallas?

Un estudio de 2014 confirma que la toma de notas en el teclado es menos efectiva para el aprendizaje que la toma de notas a mano. Otro, de 2013, reporta un empeoramiento de la comprensión tras una lectura realizada en la pantalla con respecto a la lectura sobre papel.

Si más programadores hubieran leído a George Orwell, quizás tendríamos menos problemas de privacidad en relación con el uso de las nuevas tecnologías

¿Pero cómo podemos reconciliar esos estudios con la preferencia de muchos alumnos por lo digital?

En otro estudio de 2017, los alumnos que fueron preguntados sobre su medio preferido en términos de comprensión (digital o impreso) manifestaron una clara preferencia por el soporte digital. Sin embargo, los resultados objetivos de la prueba de comprensión no fueron coherentes con esas preferencias. Mientras no había diferencia en la comprensión de la idea principal del texto en ambos medios, la comprensión era superior en el medio impreso para las cuestiones específicas contenidas en el texto. Una revisión de la literatura (desde el año 1992 hasta el año 2017) indica que los alumnos comprenden mejor la información impresa que la información en soporte digital cuando el texto es más de una página. Los autores sugieren que el resultado se debe al efecto disruptivo que crea la necesidad de desplazarse hacia abajo sin tener una visión global del texto en el espacio físico.

¿Qué reto y qué oportunidad supone la enseñanza de las STEM (Science, Technology, Engineering and Maths)? ¿Un enfoque en el desarrollo de habilidades STEM puede alejar de la reflexión?

En la academia de Platón, en Atenas, había una advertencia en la puerta de la entrada: “no entra nadie que no sepa geometría”. No hemos de ver las STEM como algo que es incompatible con las humanidades. Ambos se complementan y son necesarias. Por eso, creo que hemos de evitar encaminar a los niños en una u otra dirección en etapas tempranas, encasillándoles, u obsesionándose por una faceta en detrimento de otra. Hemos de darles la oportunidad de hacer un poco de todo, y luego ellos optarán para especializarse más adelante, sin dejar completamente de lado las otras dimensiones. Un programador también tiene que leer. Si más programadores hubieran leído a George Orwell, quizás tendríamos menos problemas de privacidad en relación con el uso de las nuevas tecnologías. Digo “quizás”, porque es posible también tomarse a “1984” como un manual de instrucción, en vez de como una advertencia.

Cada vez es más necesaria la creatividad, ¿cómo vincular STEM con innovación?

Creo que hay demasiada inflación respecto al valor de las palabras “creatividad” e “innovación” en educación. Por desgracia, esa inflación no contribuye a la preparación de los alumnos para las ciencias exactas. Cuando hablamos de “creatividad”, hemos de tener en cuenta que no se “crea” desde la nada. Decía Montessori que la creación es una composición de elementos reales. La mente debe ser capaz, a través de la sensibilidad que ocurre cuando los cinco sentidos trabajan al unísono, de percibir la realidad tal como es. Como decía Aristóteles, todo lo que existe en el intelecto, primero debe pasar por los sentidos. La mejor preparación para las STEM es una buena educación sensorial e intelectual. Para poder ser creativo, hace falta una base de conocimientos previos. Para hacer conexiones originales y que tengan sentido entre las ideas, hay que tener una comprensión profunda de la realidad. Sin esos conocimientos, no hay creatividad, lo que hay son enfoques pseudoeducativos desconectados de la realidad: pedagogías basadas en las ocurrencias, no en las evidencias.

Sin conocimientos, no hay creatividad, lo que hay son enfoques pseudoeducativos desconectados de la realidad: pedagogías basadas en las ocurrencias, no en las evidencias

¿Y la innovación?

Se trata de un concepto comercial, no educativo. Cuando hablamos de innovación educativa, nos referimos en realidad a la originalidad. Pero como decía Gaudí, ser original es volver a los orígenes, a lo de siempre. En ese sentido, la educación no es verdadera por ser innovadora, sino que es innovadora por ser verdadera.

¿La insistencia en el desarrollo de competencias puede convertir la educación en instrucción?

Hoy en día, la instrucción directa tiene muy mala prensa. Pero si nos paramos a pensarlo bien, no debería. De hecho, resulta cada vez más cómico escuchar a ponentes dar charlas en congresos educativos, demonizando la instrucción directa (la clase magistral). Y lo hacen mediante una ponencia magistral… Los estudios reconocen que la mejor forma de enseñar es mediante la combinación de la instrucción directa y el aprendizaje por descubrimiento guiado. Lo que es malo no es la transmisión de conocimientos como tal, sino la mentalidad conductista que entiende a la jerarquía como fuente de conocimiento per se. Una cosa no es cierta porque la diga el maestro, sino porque es verdadera antes de ser enseñada. El maestro no causa la verdad, ayuda al aprendiz a conocerla, porque el alumno es el principal protagonista de su aprendizaje. Ahora bien, la insistencia en la cuestión de las competencias es algo que viene de la pedagogía de la actividad (aprender haciendo) que tiene su origen en la escuela nueva del siglo XIX y XX. Pero si nos fijamos en las competencias que fijan los profesores, vemos que una parte importante de ellas son competencias ligadas con la adquisición de conocimientos. ¿Por qué? Porque el conocimiento es la base. Para poder actuar, hay que saber. Para poder querer, hay que conocer.

¿Cómo se puede educar en la atención en un momento de exceso de información?

Decía Hebert Simon que el exceso de información consume nuestra atención y por lo tanto crea un empobrecimiento de la atención. Para que eso no ocurra, el niño o el joven adulto tiene que haber desarrollado su capacidad de inhibición mediante la templanza y la fortaleza, así como un sentido de relevancia que le permite filtrar la información. La verdadera cuestión del debate es: ¿se pueden entrenar todas esas características online? No lo creo. El niño o el joven adulto debe consolidarlas antes de ser expuesto al contexto de exceso de información. Pretender lo contrario es tan absurdo como pretender enseñar a un niño el concepto de intimidad dándole de alta en todas las redes sociales, o pedir a un niño que beba de una boca de incendio sin salpicarse.

El mejor contexto para educar en la atención es aquel que reduce la información a la necesaria y a la relevante en cada momento. Mientras la mente del niño o del joven no tenga la madurez y el criterio de relevancia para poder hacer ese filtro, ese será precisamente el trabajo (y el valor añadido) del maestro.

Como decía Gaudí, ser original es volver a los orígenes, a lo de siempre. En ese sentido, la educación no es verdadera por ser innovadora, sino que es innovadora por ser verdadera

¿Cómo se puede trabajar en el desarrollo de habilidades no cognitivas (capacidad de escucha, deseo de aprender, curiosidad, etc)?

Para estar dispuesto a escuchar, hay que tener interés, deseo de conocer. Los niños pequeños nacen con el deseo de conocer, podríamos decir que es innato de alguna manera. La experiencia nos dice que no es preciso “inculcar” el interés de explorar de un niño que empieza a gatear, por ejemplo. Pero ese interés se ha de cuidar y cultivar. En la primera infancia, la literatura en psicología habla del “joint attention” (atención conjunta) como el mecanismo a través del cual el bebé se fija y se interesa en las realidades que interesan a su primer cuidador. Para cuidar el tesoro del deseo de aprender, hay que evitar la sobreestimulación, que adormece el interés y embota los sentidos. La humildad también es importante, porque permite darse cuenta de que podemos aprender de los demás.

A menudo da la sensación de que en el proceso educativo de los alumnos del siglo XXI es inútil invocarles una tradición que ya no es una hipótesis para ellos. ¿Cómo es posible reproponer entonces un camino educativo?

Educar es buscar la perfección de la que somos capaces. Es cierto que esa visión se está perdiendo porque el enfoque teleológico –aristotélico– está siendo hoy sustituido por el enfoque constructivista. Cuaja cada vez más la idea de que no hay naturaleza y que la libertad es pura indeterminación. Los alumnos andan sin propósito, sin sentido, porque no saben dónde van y porque están cada vez más desarraigados del contexto histórico y filosófico en el que viven. Viven en el inmediato y en el efímero. Su perspectiva descansa en los 10 cm que le separan de su pantalla. No conocen la historia a fondo, la geografía, la literatura clásica. No saben ubicarse en el tiempo y en el espacio, porque lo que les damos es pobre. La moda de empobrecer el currículum a favor de dar una importancia excesiva a las metodologías les está dando una visión demasiado limitada del mundo. Como decía Meg Wolitzer, tienen mantequilla pero no tienen pan, tienen información pero carecen del contexto. No hay nadie más hambriento de sentido y capaz de dar su vida por una causa buena y justa que un adolescente. Pero para despertar las inquietudes, uno debe tener cultura y perspectiva. Para ello, debe leer; leer es lento y requiere tiempo. El problema es que muchos de nuestros jóvenes están anestesiados por la dopamina que les proporciona la inmediatez y la velocidad del mundo virtual, y es un círculo vicioso difícil de romper. Por ese motivo, siempre recomiendo atrasar la edad de introducción a las nuevas tecnologías. No soy tecnófoba, es que esencialmente creo que hay muchas oportunidades que el niño se pierde cuando se le da un dispositivo en una edad temprana.

Creo que hay muchas oportunidades que el niño se pierde cuando se le da un dispositivo en una edad temprana

Algunas corrientes insisten mucho en retomar la disciplina, pero sin la motivación, sin la capacidad de despertar el interés los maestros consiguen poco. ¿Cómo hacerlo?

La disciplina que nos hace falta no es tanto la externa como la interna. La disciplina externa se impone de forma mecánica. A veces hace falta (las leyes son un ejemplo de ella), pero es claramente insuficiente. Sin disciplina interna, la disciplina externa se reduce a vigilar y a crear castigos y el objetivo del alumno se reduce a no cruzar líneas rojas. Por eso, ahora los maestros dedican tanto tiempo a la disciplina y tan poco a la educación. Y por eso quizás hay tanta educación en las aulas y tan poca en los alumnos. En cambio, la disciplina interna pone orden en el caos, organiza lo que está desorganizado. Donde hay disciplina interna, hay voluntad propia, determinación, concentración, atención, capacidad de inhibición. Algunos educadores conductistas tienden a oponer el interés por aprender con la disciplina y creo que eso es un gran error. Es más, creo que solo el respeto y el cultivo de un genuino interés por aprender en la edad temprana es capaz de generar disciplina interna en la educación.

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Aprender del Imperio, no defenderlo

Fernando de Haro

Mario Vargas Llosa, al responder a Andrés Manuel López Obrador, ha retomado una interesante línea de autocrítica sobre la revolución liberal y el proceso de independencia de América. Sus palabras han rescatado la tesis de Octavio Paz con el que coincidió en muchas cosas y discutió en otras. A estas alturas es difícil seguir manteniendo un relato simplista, sostenido por algún criollismo de élite y por algún indigenismo ideológico, sobre el papel de España en el Nuevo Mundo.

El Premio Nobel de Literatura aprovechó el III Congreso Internacional de la Lengua para criticar las cartas con las que el presidente de México ha reclamado al Rey de España y al Papa que pidan perdón por los excesos de la conquista. Vargas Llosa recordó que América es independiente de España desde hace doscientos años y que sigue teniendo millones de indios marginados, pobres e ignorantes. Sorprende que, después de todo lo que se ha escrito y estudiado en las últimas décadas, López Obrador haya recurrido a la versión más simple de la leyenda negra. El recurso a los fantasmas del pasado, el abuso de la memoria, sigue siendo un resorte político útil.

El lema que acompañó a López Obrador hasta las elecciones fue “Primero los pobres”. Si alguien sabe de pobreza y exclusión en México son los indios. En México hay una población de 15,7 millones. Casi todos sufren la marginación.

López Obrador quiso en su campaña fotografiarse con indios de estados como el Chiapas, les prometió trenes y estaciones hidroeléctricas. Pero los líderes de las comunidades llevan semanas criticándole por hacer demagogia.

La economía mexicana se ha enfriado desde el pasado mes de octubre y apenas ha crecido en los primeros meses del año. La mayoría de los economistas pronostica un drástico declive en los ingresos públicos este año, así como un descenso de las inversiones extranjeras y nacionales. El presidente ha prometido pensiones para los ancianos, becas para los estudiantes, asistencia financiera para las personas con discapacidad y muchas cosas más. Va a ser difícil que cumpla sus promesas. Tampoco está, de momento, teniendo mucho éxito en la lucha contra la violencia. Resucitar un debate sobre los excesos del imperio siempre es más fácil que gobernar.

Aprender del Imperio, no defenderlo

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En busca de las confluencias

Fernando de Haro

Afortunadamente la propuesta realizada por Vox en la precampaña electoral, para permitir un más fácil acceso a las armas de autodefensa personal, ha sido rechazada por la inmensa mayoría de la opinión publicada, queremos creer también que del público y por el resto de los partidos. Es un ejemplo extremo de creación de un conflicto artificial y de su utilización para captar la atención y ganar adeptos. El resto de formaciones políticas no han llegado –todavía hay grandes diferencias– a una tergiversación e instrumentalización de la realidad tan radical para aprovecharse de un miedo creado o existente. Pero en la política española y europea cunde la tendencia a exagerar las diferencias, a centrarse en problemas inexistentes, a no afrontar en su complejidad los auténticos, a alentar las enemistades y a silenciar las conversaciones públicas, los puntos positivos de construcción.

Lo peor es que un estado de conflicto y de pánico (in) moral, jaleado por los medios de comunicación, coloniza la conciencia de la ciudadanía que, a menudo, tiene dificultades para leer su experiencia social, que suele ser mucho más rica y más alentadora. Lo ha hecho Vox con las armas. Y, salvando todas las diferencias, que son muchas, lo ha hecho la Liga en Italia con la inmigración. Lo hace el PSOE cuando sostiene que necesita un nuevo mandato para que la vuelta de la derecha al poder no acabe con el Estado del Bienestar que Mariano Rajoy estuvo a punto de destruir. Lo hace el PP cuando augura que un nuevo Gobierno de Sánchez supondrá el fin de la libertad de educación y un acuerdo con los independentistas que romperá España. Lo hace Ciudadanos cuando promete no pactar con Sánchez, limitando así uno de los posibles Gobiernos constitucionales. Es así en España desde 1996, desde que Aznar obtuvo la primera mayoría absoluta. El expresidente se ha convertido en uno de los promotores del pánico moral que él mismo sufrió.

La técnica del pánico llega a su punto máximo de inmoralidad cuando el riesgo en nombre del que se quiere actuar no existe. Es el caso de las armas. La inseguridad ciudadana es el decimosegundo problema para los españoles. Solo 2 de cada 100 españoles la ven como amenaza. El 69 por ciento aseguran sentirse seguros porque viven en un país seguro. En España apenas se cometieron el último año 225 robos por cada 100.000 con fuerza en viviendas.

La cuestión de la inmigración no es exactamente igual pero tiene similitudes. Un estudio publicado hace unos días por el Pew Research Institute refleja que, en los 20 países de todo el mundo que más inmigrantes han recibido en los últimos años, la inmensa mayoría de los ciudadanos piensa que la llegada de extranjeros hace más fuerte su nación. Curiosamente algunos de los países que menos inmigrantes han recibido en ese grupo son los que peor valoran a los inmigrantes. En esos países hay partidos políticos dispuestos a explotar el pánico moral.

Ni las armas personales son necesarias para defenderse, ni los inmigrantes llegados constituyen necesariamente una amenaza, ni una victoria de los socialistas supone el fin de la España constitucional y de la libertad educativa ni tampoco una victoria del PP acabaría con las conquistas sociales. Al menos en términos netos. Las cosas son mucho más complejas.

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Recordemos lo aprendido en la crisis

Fernando de Haro

La frase ha provocado que la semana pasada se volviera a hablar de crisis. "El debilitamiento en los datos apunta a una moderación notable en el ritmo de expansión económica, que se extenderá a lo largo del año", aseguró Mario Draghi, el gobernador del BCE, el pasado jueves, en una comparecencia que había generado mucha expectación. La notable rebaja de las previsiones de crecimiento para 2019 en apenas unas semanas (del 1,7 por ciento de diciembre al 1,1 por ciento de comienzos de marzo) y, sobre todo, la contundencia de las medidas de política monetaria adoptadas, reflejan hasta qué punto el riesgo de que volvamos a tener problemas serios es alto. Tanto el BCE como la OCDE han rechazado la posibilidad de una nueva recesión (dos trimestres de crecimiento negativo), pero hay expertos menos optimistas.

¿Qué le pasa a Europa? ¿Otra nueva recaída, cuando, además, en el mes de mayo, las elecciones al Parlamento Europeo pueden suponer un tsunami político? La economía del Viejo Continente es una de las más expuestas a la situación global. Un estornudo de los dos gigantes, Estados Unidos y China, supone un resfriado o una gripe en Europa. La última crisis nos enseñó que los mercados perfectos no existen, la relación entre oferta y demanda no sigue unas leyes físicas neutrales que generan, de forma automática, el bienestar. Hay muchas “perturbaciones” que no permiten transformar el egoísmo de los que compran y venden en una globalización provechosa.

China y Estados Unidos compiten en una guerra tecnológica y comercial, animadas por una pulsión nacionalista, y eso no significa más crecimiento para todos. De momento supone una caída de las compras en el exterior, y eso nos afecta a los europeos, y especialmente al sector industrial (automovilístico) alemán. Las expectativas negativas de un Brexit sin acuerdo provocado por el nacionalismo británico también nos hacen daño. En este contexto es difícil entender el entusiasmo de algunos por “la solución rusa”, otro nacionalismo con severos problemas económicos y demográficos, que puede ofrecer gas, sí, pero sobre todo desestabilización democrática y noticias falsas (sus dos productos favoritos).

En este contexto de riesgo es esencial recordar lo que hemos aprendido en la última gran crisis: la ingenuidad liberal no está a la altura de los problemas. Estamos en un mundo globalizado en el que las soberanías nacionales no tienen prácticamente capacidad de intervención. Hacen falta decisiones políticas con más peso del que ofrece un solo país. Y a la par, aunque parezca paradójico, es necesario subrayar el protagonismo de la persona, no como individuo aislado que es capaz de sacar rédito del mercado, sino como sujeto relacional, dotado de toda una serie de recursos y de habilidades para reconstruir y reinventarse en un mundo global y en rápido proceso de digitalización, un mundo en el que las viejas formas de trabajo tienden a desaparecer.

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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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