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16 OCTUBRE 2019
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>El futuro de la escuela

"Las pantallas no están reestructurando nuestro cerebro"

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Catherine Lecuyer es una divulgadora educativa que ha afrontado el reto que supone para la enseñanza el desarrollo digital. Lleva vendidas más de 80.000 ejemplares de sus libros. Sus títulos más conocidos son “Educar en el asombro” y “Educar en la realidad”.

¿El nativo digital tiene otra antropología?

El “nativo digital” tiene la misma antropología que caracteriza al resto de la humanidad, incluyendo a los que llamamos “inmigrantes digitales”. El concepto “nativo digital” fue acuñado por Mark Prensky para describir el que, por haber nacido en la era digital –concretamente después del 1984–, está acostumbrado a recibir y procesar la información de una forma que no puede hacerlo el que nació antes de esa era. Según esa “hipótesis”, los nativos digitales tendrían ventajas cognitivas sobre la generación que les precede que afectan positivamente en su aprendizaje, por ejemplo, respecto a la multitarea tecnológica.

A pesar de su popularidad, el concepto no tiene base científica. Sí, es verdad que hay más contacto con las nuevas tecnologías en los nativos digitales, pero no es verdad que tienen ventajas cognitivas por haber tenido ese contacto. La creencia de que una persona nacida en la era tecnológica tiene más capacidades cognitivas relacionadas con el uso de la tecnología es un mito. Y la multitarea tecnológica también lo es.

¿El conocimiento a través de las pantallas modifica los mecanismos de percepción?

Las pretensiones alarmistas de que la tecnología estaría reestructurando nuestros cerebros (rewiring our brains) tampoco tienen fundamento científico. Sin embargo, tal como indica el Consejo Interamericano para el Desarrollo Integral, la plasticidad tiene sus límites, de tal forma que la tensión a la que una persona está sujeta solo es posible dentro de unos márgenes, más allá de los cuales los estímulos pueden inducir cambios que comprometen su integridad, y por lo tanto el aprendizaje. Las evidencias que relacionan la multitarea tecnológica con la merma de las funciones ejecutivas (la atención, la capacidad de inhibir los estímulos externos, etc.) lo confirman. Y las evidencias que relacionan la sobreestimulación con la inatención, también. En los niños, esos efectos se ven más agudizados, porque están en un período crítico de su desarrollo.

¿Eres partidaria de la sustitución progresiva de los textos escritos por las pantallas?

Un estudio de 2014 confirma que la toma de notas en el teclado es menos efectiva para el aprendizaje que la toma de notas a mano. Otro, de 2013, reporta un empeoramiento de la comprensión tras una lectura realizada en la pantalla con respecto a la lectura sobre papel.

Si más programadores hubieran leído a George Orwell, quizás tendríamos menos problemas de privacidad en relación con el uso de las nuevas tecnologías

¿Pero cómo podemos reconciliar esos estudios con la preferencia de muchos alumnos por lo digital?

En otro estudio de 2017, los alumnos que fueron preguntados sobre su medio preferido en términos de comprensión (digital o impreso) manifestaron una clara preferencia por el soporte digital. Sin embargo, los resultados objetivos de la prueba de comprensión no fueron coherentes con esas preferencias. Mientras no había diferencia en la comprensión de la idea principal del texto en ambos medios, la comprensión era superior en el medio impreso para las cuestiones específicas contenidas en el texto. Una revisión de la literatura (desde el año 1992 hasta el año 2017) indica que los alumnos comprenden mejor la información impresa que la información en soporte digital cuando el texto es más de una página. Los autores sugieren que el resultado se debe al efecto disruptivo que crea la necesidad de desplazarse hacia abajo sin tener una visión global del texto en el espacio físico.

¿Qué reto y qué oportunidad supone la enseñanza de las STEM (Science, Technology, Engineering and Maths)? ¿Un enfoque en el desarrollo de habilidades STEM puede alejar de la reflexión?

En la academia de Platón, en Atenas, había una advertencia en la puerta de la entrada: “no entra nadie que no sepa geometría”. No hemos de ver las STEM como algo que es incompatible con las humanidades. Ambos se complementan y son necesarias. Por eso, creo que hemos de evitar encaminar a los niños en una u otra dirección en etapas tempranas, encasillándoles, u obsesionándose por una faceta en detrimento de otra. Hemos de darles la oportunidad de hacer un poco de todo, y luego ellos optarán para especializarse más adelante, sin dejar completamente de lado las otras dimensiones. Un programador también tiene que leer. Si más programadores hubieran leído a George Orwell, quizás tendríamos menos problemas de privacidad en relación con el uso de las nuevas tecnologías. Digo “quizás”, porque es posible también tomarse a “1984” como un manual de instrucción, en vez de como una advertencia.

Cada vez es más necesaria la creatividad, ¿cómo vincular STEM con innovación?

Creo que hay demasiada inflación respecto al valor de las palabras “creatividad” e “innovación” en educación. Por desgracia, esa inflación no contribuye a la preparación de los alumnos para las ciencias exactas. Cuando hablamos de “creatividad”, hemos de tener en cuenta que no se “crea” desde la nada. Decía Montessori que la creación es una composición de elementos reales. La mente debe ser capaz, a través de la sensibilidad que ocurre cuando los cinco sentidos trabajan al unísono, de percibir la realidad tal como es. Como decía Aristóteles, todo lo que existe en el intelecto, primero debe pasar por los sentidos. La mejor preparación para las STEM es una buena educación sensorial e intelectual. Para poder ser creativo, hace falta una base de conocimientos previos. Para hacer conexiones originales y que tengan sentido entre las ideas, hay que tener una comprensión profunda de la realidad. Sin esos conocimientos, no hay creatividad, lo que hay son enfoques pseudoeducativos desconectados de la realidad: pedagogías basadas en las ocurrencias, no en las evidencias.

Sin conocimientos, no hay creatividad, lo que hay son enfoques pseudoeducativos desconectados de la realidad: pedagogías basadas en las ocurrencias, no en las evidencias

¿Y la innovación?

Se trata de un concepto comercial, no educativo. Cuando hablamos de innovación educativa, nos referimos en realidad a la originalidad. Pero como decía Gaudí, ser original es volver a los orígenes, a lo de siempre. En ese sentido, la educación no es verdadera por ser innovadora, sino que es innovadora por ser verdadera.

¿La insistencia en el desarrollo de competencias puede convertir la educación en instrucción?

Hoy en día, la instrucción directa tiene muy mala prensa. Pero si nos paramos a pensarlo bien, no debería. De hecho, resulta cada vez más cómico escuchar a ponentes dar charlas en congresos educativos, demonizando la instrucción directa (la clase magistral). Y lo hacen mediante una ponencia magistral… Los estudios reconocen que la mejor forma de enseñar es mediante la combinación de la instrucción directa y el aprendizaje por descubrimiento guiado. Lo que es malo no es la transmisión de conocimientos como tal, sino la mentalidad conductista que entiende a la jerarquía como fuente de conocimiento per se. Una cosa no es cierta porque la diga el maestro, sino porque es verdadera antes de ser enseñada. El maestro no causa la verdad, ayuda al aprendiz a conocerla, porque el alumno es el principal protagonista de su aprendizaje. Ahora bien, la insistencia en la cuestión de las competencias es algo que viene de la pedagogía de la actividad (aprender haciendo) que tiene su origen en la escuela nueva del siglo XIX y XX. Pero si nos fijamos en las competencias que fijan los profesores, vemos que una parte importante de ellas son competencias ligadas con la adquisición de conocimientos. ¿Por qué? Porque el conocimiento es la base. Para poder actuar, hay que saber. Para poder querer, hay que conocer.

¿Cómo se puede educar en la atención en un momento de exceso de información?

Decía Hebert Simon que el exceso de información consume nuestra atención y por lo tanto crea un empobrecimiento de la atención. Para que eso no ocurra, el niño o el joven adulto tiene que haber desarrollado su capacidad de inhibición mediante la templanza y la fortaleza, así como un sentido de relevancia que le permite filtrar la información. La verdadera cuestión del debate es: ¿se pueden entrenar todas esas características online? No lo creo. El niño o el joven adulto debe consolidarlas antes de ser expuesto al contexto de exceso de información. Pretender lo contrario es tan absurdo como pretender enseñar a un niño el concepto de intimidad dándole de alta en todas las redes sociales, o pedir a un niño que beba de una boca de incendio sin salpicarse.

El mejor contexto para educar en la atención es aquel que reduce la información a la necesaria y a la relevante en cada momento. Mientras la mente del niño o del joven no tenga la madurez y el criterio de relevancia para poder hacer ese filtro, ese será precisamente el trabajo (y el valor añadido) del maestro.

Como decía Gaudí, ser original es volver a los orígenes, a lo de siempre. En ese sentido, la educación no es verdadera por ser innovadora, sino que es innovadora por ser verdadera

¿Cómo se puede trabajar en el desarrollo de habilidades no cognitivas (capacidad de escucha, deseo de aprender, curiosidad, etc)?

Para estar dispuesto a escuchar, hay que tener interés, deseo de conocer. Los niños pequeños nacen con el deseo de conocer, podríamos decir que es innato de alguna manera. La experiencia nos dice que no es preciso “inculcar” el interés de explorar de un niño que empieza a gatear, por ejemplo. Pero ese interés se ha de cuidar y cultivar. En la primera infancia, la literatura en psicología habla del “joint attention” (atención conjunta) como el mecanismo a través del cual el bebé se fija y se interesa en las realidades que interesan a su primer cuidador. Para cuidar el tesoro del deseo de aprender, hay que evitar la sobreestimulación, que adormece el interés y embota los sentidos. La humildad también es importante, porque permite darse cuenta de que podemos aprender de los demás.

A menudo da la sensación de que en el proceso educativo de los alumnos del siglo XXI es inútil invocarles una tradición que ya no es una hipótesis para ellos. ¿Cómo es posible reproponer entonces un camino educativo?

Educar es buscar la perfección de la que somos capaces. Es cierto que esa visión se está perdiendo porque el enfoque teleológico –aristotélico– está siendo hoy sustituido por el enfoque constructivista. Cuaja cada vez más la idea de que no hay naturaleza y que la libertad es pura indeterminación. Los alumnos andan sin propósito, sin sentido, porque no saben dónde van y porque están cada vez más desarraigados del contexto histórico y filosófico en el que viven. Viven en el inmediato y en el efímero. Su perspectiva descansa en los 10 cm que le separan de su pantalla. No conocen la historia a fondo, la geografía, la literatura clásica. No saben ubicarse en el tiempo y en el espacio, porque lo que les damos es pobre. La moda de empobrecer el currículum a favor de dar una importancia excesiva a las metodologías les está dando una visión demasiado limitada del mundo. Como decía Meg Wolitzer, tienen mantequilla pero no tienen pan, tienen información pero carecen del contexto. No hay nadie más hambriento de sentido y capaz de dar su vida por una causa buena y justa que un adolescente. Pero para despertar las inquietudes, uno debe tener cultura y perspectiva. Para ello, debe leer; leer es lento y requiere tiempo. El problema es que muchos de nuestros jóvenes están anestesiados por la dopamina que les proporciona la inmediatez y la velocidad del mundo virtual, y es un círculo vicioso difícil de romper. Por ese motivo, siempre recomiendo atrasar la edad de introducción a las nuevas tecnologías. No soy tecnófoba, es que esencialmente creo que hay muchas oportunidades que el niño se pierde cuando se le da un dispositivo en una edad temprana.

Creo que hay muchas oportunidades que el niño se pierde cuando se le da un dispositivo en una edad temprana

Algunas corrientes insisten mucho en retomar la disciplina, pero sin la motivación, sin la capacidad de despertar el interés los maestros consiguen poco. ¿Cómo hacerlo?

La disciplina que nos hace falta no es tanto la externa como la interna. La disciplina externa se impone de forma mecánica. A veces hace falta (las leyes son un ejemplo de ella), pero es claramente insuficiente. Sin disciplina interna, la disciplina externa se reduce a vigilar y a crear castigos y el objetivo del alumno se reduce a no cruzar líneas rojas. Por eso, ahora los maestros dedican tanto tiempo a la disciplina y tan poco a la educación. Y por eso quizás hay tanta educación en las aulas y tan poca en los alumnos. En cambio, la disciplina interna pone orden en el caos, organiza lo que está desorganizado. Donde hay disciplina interna, hay voluntad propia, determinación, concentración, atención, capacidad de inhibición. Algunos educadores conductistas tienden a oponer el interés por aprender con la disciplina y creo que eso es un gran error. Es más, creo que solo el respeto y el cultivo de un genuino interés por aprender en la edad temprana es capaz de generar disciplina interna en la educación.

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