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23 MARZO 2019
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'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  15 votos
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Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

¿Queda todavía margen para ofrecer una solución política al problema de Cataluña? ¿Cuál es el margen, dentro de la ley, para dar contenido a un diálogo político?

De acuerdo con lo que muestran los sondeos de opinión, todavía es posible conseguir una cualificada mayoría social en Cataluña en una alternativa no independentista. Pero nunca se sabe cuándo es ya demasiado tarde. El sistema político español lleva ya unos años jugando a la ruleta rusa. El hecho de que la independencia sea, hoy por hoy, inviable, especialmente en el contexto internacional, no significa que no sea indispensable ofrecer una alternativa dirigida a lograr el respaldo de una cualificada mayoría social. Ningún sistema democrático puede sobrevivir largo tiempo con la falta de sentimiento de legitimidad en una parte cualificadamente amplia de uno de sus territorios más importantes. Hay ejemplos de países que fracasaron en ese terreno y lo acabaron pagando muy caro. Nosotros tendremos en juego no solo la hipotética independencia de Cataluña (nadie sabe cuáles pueden ser las circunstancias futuras del entorno europeo y no es la primera vez que Europa colapsa) sino, lo que aún me preocupa más, la supervivencia del sistema democrático en España. Es evidente que a los independentistas catalanes no les importa; pero a nosotros sí debería importarnos la suerte de nuestro sistema democrático. Solo hay una alternativa posible: la reforma del sistema. No para satisfacer las demandas del movimiento independentista, sino para afrontar los problemas que, en un momento determinado, han llevado a una parte cualificada de la sociedad catalana a respaldar esa opción política de ruptura. Los países democráticos que se han enfrentado a retos similares solo han triunfado cuando han actuado en esa dirección; y han fracasado cuando no han sido capaces de formular esa reforma en términos adecuados. Eso solo se puede hacer mediante una reforma del sistema autonómico que, en parte importante, requiere una reforma de la Constitución. El encastillamiento o, aún peor, el retroceso nos van a llevar a una situación en la que el riesgo de fracaso es muy elevado. La historia de España pone de relieve que sistema democrático y autonomías territoriales –amplias y profundas– están indisolublemente unidos. ¿Cómo puede pretenderse que resolvamos la crisis a la que nos enfrentamos con los instrumentos que nos han traído a ella? ¿La alternativa es, como se está diciendo, la aplicación prolongada del art. 155, en una suerte de suspensión de la autonomía de Cataluña? Quien crea que de esa forma se va a resolver el problema está absolutamente equivocado. Y España lo pagará caro y nos arrepentiremos. Aunque a algunos partidos les reporte importantes dividendos a corto plazo. Tenemos ejemplos recientes. Y algún partido lo ha vivido en sus propias carnes, aunque parecen dispuestos a aplicar la misma estrategia.

“Todavía es posible conseguir una cualificada mayoría social en Cataluña en una alternativa no independentista”

¿Fue un error prometer que el Estatuto de Cataluña no sería revisado por los poderes del Estado?

Creo que una de las cuestiones que hay que reformar es la naturaleza jurídica y el procedimiento de aprobación de los Estatutos de autonomía, en el sentido que es general en los sistemas federales: autonomía constitucional territorial con subordinación de la validez y aplicabilidad de sus disposiciones a su compatibilidad con la Constitución del Estado. Creo que la configuración actual no ha servido para garantizar lo que se pretendía garantizar y ha sido, además, una fuente de problemas, al facilitar, en cierto modo, la pretensión de que el Estatuto podía cumplir una función que no es posible en un Estatuto. Pero mientras su aprobación requiera el acuerdo en el Congreso de los Diputados con los representantes del Parlamento de la CA que lo propone, ese trámite tiene significado, y es irresponsable decir que no va a jugar ningún papel. Por encima de todo, es un error hacer una promesa de ese tipo cuando se hace a ciegas, antes de conocer el texto que se va a proponer. No sirvió para que el Parlamento de Cataluña elaborase una propuesta razonable; probablemente, tuvo el efecto contrario. Sin duda, fue un gran error político; la realidad lo demostró. Aunque no fue el único error en ese proceso, sin duda es un error imperdonable.

¿Es razonable la crítica que hizo el independentismo a la sentencia del Constitucional sobre la reforma del Estatuto?

En mi opinión, no; aunque creo que la Sentencia ofrece flancos a la crítica. La Sentencia cae en un lenguaje, en ocasiones, arrogante sobre la propia significación del TC y de su función como intérprete de la Constitución; aunque, en el fondo, sea cierto lo que afirma, lo hace de una forma que podríamos calificar de ‘grosera’. En mi opinión, el problema de la Sentencia radica en la carencia de la necesaria deferencia con la naturaleza de una norma como el Estatuto de autonomía. Es deferente en el sentido que, entre nosotros, se ha utilizado habitualmente; el TC evidencia una obsesión por llegar a lo que se denomina ‘interpretación conforme’ con la Constitución del precepto estatutario impugnado, en el sentido de que siempre que sea posible alguna interpretación de ese precepto que sea constitucional, el precepto debe ser salvado y no anulado. El TC se fuerza a encontrar esa ‘interpretación conforme’, esa posibilidad de compatibilidad. Pero lo hace, en alguna ocasión, al precio de alterar totalmente el sentido que le daban sus autores a un precepto determinado. Pero, sobre todo, la Sentencia no es deferente en el sentido que se atribuye a esa idea (Federal Comity) en los sistemas federales. Creo que entre nosotros sigue primando una idea un tanto ‘administrativista’ de la naturaleza del Estatuto, en lugar de una idea ‘constitucional (territorial)’, propia de los sistemas federales, que hubiera evitado problemas. Las disposiciones de un Estatuto no deben ser anuladas en vía de control directo –y abstracto– de constitucionalidad, salvo cuando tienen efecto directo sobre los ciudadanos. El momento del control, en su caso, será, en el futuro, cuando esas normas sean desarrolladas en normas que sí tienen ese efecto directo sobre los ciudadanos; por tanto, solo en caso de que lo sean y como control de constitucionalidad de la ley o norma que desarrolla la previsión estatutaria. Esa es una lección que deberíamos aprender de los sistemas federales y, así, evitaríamos conflictos innecesarios.

Hace unos meses los padres que quedan vivos de la Constitución, en su intervención en el Congreso de los Diputados, rechazaron una reforma de la Carta Magna. ¿Tiene sentido esa reforma más allá de los ajustes propuestos por el Consejo de Estado en 2006? ¿En qué términos?

Si los ‘padres’ de la Constitución hubieran aplicado en 1977 los criterios que ahora defienden, nunca hubiésemos llegado a tener la Constitución de 1978. En segundo lugar, el informe del Consejo de Estado es a petición de parte (del Gobierno) y se mueve en los límites que establece la propuesta de reforma que planteaba el Gobierno. No es, por tanto, un informe sobre la reforma que el Consejo considera que es necesario hacer, sino su opinión sobre las reformas concretas que el Gobierno planteaba. Dentro de esos límites, es un gran informe. Pero no podemos olvidar esas limitaciones. Siempre me pareció que la reforma que proponía el Gobierno Zapatero sobre el sistema autonómico era –salvo lo relativo a la reforma del Senado– una reforma sin contenido, una reforma puramente aparente, que no afrontaba los problemas de verdad del sistema autonómico. ¿Incluir la denominación de las CA en la Constitución? Me pareció una muestra práctica de la política de nuestros días: poder decir que se ha reformado la Constitución, aunque sea una reforma que no afronta los problemas que hay que afrontar; es decir, que no sirve para nada. Creo que la Constitución –por razones históricas– no incluye los elementos que –como han demostrado los sistemas federales exitosos– son indispensables para un adecuado gobierno del sistema autonómico; e incluye otros –como la naturaleza y procedimiento de aprobación de los Estatutos de autonomía– que son fuente de problemas que deben evitarse, como hacen los sistemas federales a los que me he referido. La regulación constitucional ha cumplido una función histórica fundamental; y la ha cumplido con muy buena nota. Pero, una vez cumplida esa función, la mayoría de las disposiciones del Título VIII son fósiles. La Constitución se nos ha quedado, en lo que se refiere a las normas útiles respecto al sistema autonómico, en un escuálido esqueleto.

¿Eso es lo que hace recomendable una reforma?

Cada vez me enfadan más las consideraciones de que no es el momento idóneo para afrontar la reforma de la Constitución; muy especialmente, cuando las hacen juristas. Porque solo sirven para reforzar a quienes, en el ámbito político, se oponen a la reforma de la Constitución. Creo que nuestra función debe ser exactamente la contraria: advertir a los políticos de la necesidad imperiosa de la reforma si no queremos que la supervivencia, de forma saludable, de nuestro sistema democrático corra serio riesgo. Solo de esa forma estaremos forzándoles a que resuelvan el bloqueo político para afrontar una reforma que es indispensable afrontar; que logren un resultado que contenga los instrumentos que el gobierno de un sólido y saludable sistema de autonomías requiere y que lleguen, finalmente, a un amplio consenso en su respaldo. Pero el consenso se debe lograr en el resultado; no puede ser una condición de partida. Eso solo lo exigen quienes quieren impedir la reforma.

“La historia de España pone de relieve que sistema democrático y autonomías territoriales –amplias y profundas– están indisolublemente unidos”

¿En qué podría concretarse una reforma del sistema autonómico para dar paso al Estado federal que proponen algunos?

El sistema autonómico español ha avanzado mucho en estos años. Por primera vez tenemos un sistema de autonomías real y efectivo que ha tenido una (relativamente) larga vida. Pero si, por una parte, hay una gran descentralización del gasto y un gran desarrollo de la administración (y de sus funciones ante los ciudadanos) por parte de las CA, no se puede decir lo mismo de la autonomía ‘política’. La reserva al Estado de la competencia para determinar lo básico en la mayoría de las competencias, en las más importantes, ahoga casi de forma absoluta la capacidad de opciones distintas. Desde este punto de vista, la autonomía en las CA no es comparable a la de los territorios en los sistemas federales más sólidos. Y ese modelo de reserva al Estado de determinación de ‘lo básico’ es inexistente o marginal en los sistemas federales de referencia. Por otra parte, en nuestro sistema no existen instituciones y procedimientos efectivos de determinación de la voluntad del Estado en los que participen las CA; sino, de forma general, cuando menos en aquellos ámbitos que les afectan especialmente. Y esa es una característica esencial de los sistemas federales. El sistema federal se caracteriza por la necesaria concurrencia de distintos consensos en la toma de decisiones, alguno de los cuales debe incluir a los representantes de los territorios con autonomía. En tercer lugar, el sistema de financiación tiene que contener los elementos básicos que garanticen una sólida equidad en la distribución de recursos; entre el Estado y las CA, en general, y entre estas, en particular. La reforma de la Constitución tiene que aportar al sistema la solidez y la claridad característica de los mejores sistemas federales.

¿En qué sentido?

No puede seguir siendo, como ha sido hasta ahora, el resultado de una negociación política entre el correspondiente Gobierno y el partido nacionalista de que se trate en cada caso, de un mercadeo político, cuando la estabilidad política del Gobierno lo requería. El mayor descrédito del sistema autonómico viene provocado por la inexistencia de un modelo constitucional claro, de forma que lo que no es posible o aceptable cuando hay mayoría absoluta es posible y aceptable cuando el Gobierno se encuentra en minoría y necesita los votos de algún partido nacionalista. Con el agravante de que en ese mercadeo se incorporan elementos estructurales del sistema autonómico a cambio de apoyos políticos coyunturales y temporalmente limitados. El resultado ha sido un sistema hecho a base de acuerdos carentes de coherencia. Solo desde la reforma de la Constitución se puede ordenar racionalmente esa realidad, incorporando, además, los instrumentos que un buen gobierno del sistema autonómico requiere.

¿Hay alguna posibilidad de un federalismo asimétrico para Cataluña?

El sistema autonómico es un sistema con importantes asimetrías. Los sistemas federales no son incompatibles con la existencia de asimetrías. Especialmente, las asimetrías son consustanciales, o difícilmente evitables, en países con grandes diferencias internas, como es el nuestro. Quien crea que es posible establecer –imponer– un sistema federal absolutamente homogéneo en España está haciendo pasar sus deseos por realidad, por algo posible. Como dicen los ingleses, “the wish is being the father to the thought’; se pretende imponer los deseos sobre la realidad. A intentos similares hay que atribuir los sucesivos fracasos históricos en España para dar una solución razonable y estable en el tiempo a la cuestión de las autonomías territoriales. El sistema autonómico o federal en España –hoy por hoy y creo que por mucho tiempo– o acoge asimetrías o fracasará, porque no responderá a la realidad y a sus exigencias. Cuestión distinta es que las asimetrías que se acojan no deben poner en peligro la coherencia y la salud del sistema; porque pondrían en peligro su propia supervivencia. El elemento básico determinante es, sin duda, la garantía de la equidad en el tratamiento de los distintos territorios. Y, en ese ámbito, la equidad en el reparto de los recursos financieros es sustancial. Hasta el momento, los partidos políticos y los intereses territoriales que, en cada caso y momento, protegían han hecho imposible un sistema de financiación que cumpla este requisito. Mientras no se solucione en esos términos, la crisis del sistema será irresoluble.

“La Sentencia sobre el Estatut cae en un lenguaje, en ocasiones, arrogante sobre la propia significación del TC”

¿Cómo podría evitarse el conflicto de competencias que a menudo se produce entre las Comunidades Autónomas?

No conozco sistema sólido de autonomías territoriales que tenga un nivel de conflictividad tan llamativamente elevado como el español. Creo que hay dos tipos de razones que han confluido en provocar una consecuencia. La primera es la poco idónea delimitación de las materias en la distribución de competencias, especialmente si tenemos en cuenta las demás circunstancias que concurren entre nosotros. Creo que las reformas más recientes de las Constituciones suiza y alemana muestran el camino que debemos seguir: delimitar con más precisión y más detalle, dentro de una misma materia, qué corresponde a cada nivel de gobierno. La segunda razón reside en el juego que, especialmente en el caso de algunas CA, se ha tratado de dar a la función constitucional del Estatuto de determinar las competencias que, en el espacio no reservado al Estado en el art. 149.1, corresponden a cada una de aquellas. En estas condiciones, la delimitación de competencias respectivas se convierte en una confrontación política sobre lo que cada parte ‘desea’ ver en las competencias que, en el juego entre Constitución y Estatuto, le corresponden. No hay consenso político de base sobre lo que delimitan ambos textos y, especialmente en partidos nacionalistas, no hay aceptación de los límites que la Constitución impone a los Estatutos en la atribución de competencias, por lo que, normalmente, intentan forzar los límites de la Constitución. Las conversaciones sobre los conflictos, para tratar de evitarlos sobre la base de lo que establece la Constitución, se convierten, así, muchas veces, en un diálogo de sordos y llegan, inexorablemente, al TC. Es muy llamativa, por el contrario, la práctica ausencia de conflictos competenciales (devolution issues) en el RU, en el que el diálogo político entre las partes funciona, sobre la base de lo establecido en las normas legales, de forma que son excepcionales los recursos que llegan al TS.

Hay quien sostiene que la reforma del Estatuto de Gernika pactada por el PNV y Bildu supone un Estado Confederal que no puede encajar en la Constitución del 78. ¿Cuál es su opinión?

Yo soy de esa opinión; y he escrito en ese sentido. Como he dicho en alguna ocasión, creo que las Bases acordadas por PNV y EH Bildu son el antecedente lógico, una especie de ‘borrador previo’ a lo que fue la Propuesta de nuevo Estatuto Político del plan Ibarretxe. El PNV sostiene que los derechos históricos, cuyo amparo y respeto establece la disposición adicional primera de la Constitución y, sobre todo, esos derechos ‘que hubieran podido corresponder en la historia al pueblo vasco’ a los que no renuncia al aprobar el Estatuto, a los que hace referencia la disposición adicional de éste, son fundamento adecuado y suficiente para un sistema similar. Y consideran que es viable extender al ámbito político el modelo ‘confederal’ que consideran caracteriza al sistema de Concierto económico. Discrepo radicalmente. El Concierto económico no es tan ‘confederal’ como pretenden que creamos; además, es una excepción –en el ámbito de la distribución de recursos y, parcialmente, en el sistema tributario– cuya generalización al ámbito político transformaría la naturaleza del sistema constitucional español. No se ha entendido que lo que es posible como excepción casi nunca es generalizable, porque es esa condición como excepción lo que lo hace posible. Por otra parte, esas disposiciones adicionales –en primer lugar y, por encima de todo, la de la Constitución– no pueden convertirse en la puerta abierta a un mundo exterior a la galaxia constitucional. Y eso es lo que está detrás de esas Bases: pretenden abrir para el País Vasco un mundo exterior, un mundo extragaláctico, fuera de la Constitución.

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>Reconectar el voto y la experiencia social

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Juan Carlos Hernández

Analizamos en profundidad con Daniel Innerarity el momento de la campaña electoral. Para el catedrático de Filosofía Política, existe una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político.

En las campañas electorales se producen situaciones de polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido. ¿Exageramos cuando aseguramos que se disuelve el “nosotros compartido? ¿Hay alguna relación entre esta disolución y la aparición de cordones sanitarios a izquierda y derecha?

Me da la impresión de que hay estrategias de los partidos, de unos más que de otros, que han puesto en marcha dinámicas que luego son difíciles de parar. En términos estructurales me parece que se podría hablar de una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político. ¿En qué se caracteriza una campaña? En que polariza y se critica al adversario (a veces en exceso). El problema es que luego hay que pactar con él y aquellas estrategias que sirvieron para ganar dificultan posteriormente la acción de gobierno, cuando se requiere la colaboración del adversario.

¿La polarización política es un falso espejo de la vida social? ¿En nuestro espacio público hay sujetos que se narran, hay relaciones interpersonales y relaciones entre entidades sociales más sanas de las que se dan en la política de partidos?

Es normal que en la política haya una dramatización de los antagonismos que no tiene por qué coincidir con el que hay en la vida real. En la política hay siempre esos dos elementos (antagonización y escenificación) y los ciudadanos tendríamos que aprender a descodificar un poco lo que observamos en la esfera política. Lo que ocurre es que a veces en la vida los personajes que interpretamos terminan devorando a la persona que somos.

Los estudios sociológicos reflejan un interés sostenido por lo político, pero una desafección hacia los líderes políticos. Parece imposible pensar en la política como una vocación animada por un ideal. ¿Qué nos ha pasado? ¿Tenemos graves carencias culturales y educativas?

En mi último libro “Comprender la democracia” analizo un problema que me preocupa desde hace tiempo. Hablamos de una ciudadanía que decide y controla, pero lo cierto es que carecemos de las capacidades necesarias para ello por falta de conocimiento político, por estar sobrecargados, incapaces de procesar la información cacofónica o simplemente desinteresados. El origen de nuestros problemas políticos reside en el hecho de que la democracia necesita unos actores que ella misma es incapaz de producir. Una opinión pública que no entienda la política y que no sea capaz de juzgarla puede ser fácilmente manipulable.

'El entrelazamiento de los destinos colectivos impide definir nuestro bien como el reverso del mal de otros'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  6 votos
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'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  15 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

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>Entrevista a Daniel Gascón

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Juan Carlos Hernández

Entrevistamos a Daniel Gascón, es escritor, traductor y editor de la edición española de la revista Letras Libres. “A pesar de las circunstancias actuales, de una conversación pública irresponsable y propensa al antagonismo, las instituciones de la democracia liberal resisten”, afirma el articulista del periódico El País.

En un editorial de este periódico se afirmaba que “la democracia requiere de una conciencia del nosotros, de un bien común para aquellos que pertenecen a una comunidad siempre superior a los intereses de los grupos particulares y a sus diferencias. Es lo que ha desaparecido”. ¿Qué le sugiere esta afirmación?

Me parece que se produce una especie de rechazo a ciertos impulsos disgregadores: social y culturalmente rompen algunos vínculos; económicamente estamos en una situación más inestable e individualista. El mundo del trabajo ya no es como antes, una cierta idea de identidad que tenía que ver con la clase, con lo que eras y hacías, se debilita. El Estado-nación tampoco sirve para muchos de esos problemas. No hay otro modelo económico viable que la economía de mercado desde el 89, pero este tiene fallos y produce injusticias. Creo que son factores que influyen en una percepción de la identidad amenazada, y que eso tiene que ver con el rebrote de los nacionalismos, del repliegue. Defiendes algo que crees que corre peligro de desaparecer.

Muchos grupos tienden a intentar defender sus intereses particulares, que pueden ser legítimos, pero que a veces pueden caer en una estigmatización del que piensa distinto. Mark Lilla habla de una “política de la identidad”. ¿Podría ayudar el juicio de Lilla a explicar lo que está ocurriendo?

Estamos en un tiempo de subjetivismo y polarización. Es más importante el elemento expresivo, nuestra visión sobre el mundo, que lo que sucede fuera. Lilla dice que el énfasis en la identidad por parte de los progresistas ha sido contraproducente, porque debilita la unión que permitiría la victoria de la izquierda. Para él, tienes que ganar para defender los derechos de las minorías, tienes que buscar un discurso que unifique para luego implementar tu programa. Un problema de esa idea es que a lo mejor estás hablando de un mundo que ya no puede ser. El discurso encajaba en una comunidad más homogénea y afianzaba una coalición de votantes que ahora parece más complicada por muchos factores. Otros dirían que ese universalismo, que se presenta teñido de nostalgia, no dejaba de ser un particularismo, y que lo que se presentaba como algo para todos era menos inclusivo de lo que pensamos.

¿Cómo se pueden traducir sus ideas a la realidad española?

'Existe una percepción de la identidad amenazada, y es por los nacionalismos'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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>Entrevista a Francisco Igea

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

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Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

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>Entrevista a Joseba Arregi

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

'El populismo es peligroso cuando tiende a convertirse en totalitarismo'

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>Entrevista a Tulio Álvarez

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

'En Venezuela no se enfrentan dos actores políticos, hay un régimen de facto contra un pueblo'

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El otro es un bien, también en política

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