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20 MARZO 2019
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Los evangélicos y el poder en América Latina

Alver Metalli | 0 comentarios valoración: 1  19 votos
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Desde una actitud de distancia, pasando por el colateralismo, hasta llegar al compromiso político directo, el camino del movimiento pentecostal latinoamericano prácticamente ha completado su recorrido. El creyente de fe protestante que medio siglo atrás se cuidaba mucho de involucrarse en política, ahora considera completamente natural que “el hermano debe votar por el hermano”. Habiendo alcanzado la mayoría de edad, los modernos herederos de la antigua Reforma protestante enarbolan las banderas de la política partidaria prácticamente en todo el continente. Porque los evangélicos – escribe un atento estudioso de su encarnación y desarrollo en América Latina, el peruano José Luis Pérez Guadalupe – “llegaron al continente latinoamericano para quedarse, se quedaron para crecer y crecieron para conquistar”.

¿A qué se debe esta transformación que en realidad ha sido sorprendente y relativamente rápida, de la visión tradicional del evangelismo latinoamericano?

La metamorfosis evangélica, el paso del proclamado distanciamiento al neocolateralismo y de allí al compromiso político, con partidos y candidatos propios es, en primer lugar, el resultado de su misma expansión y por tanto de la consciencia de que constituyen una fuerza de choque electoral capaz de modificar los equilibrios políticos de un país y de una región.

Los estudios sobre las modificaciones del universo religioso en el continente latinoamericano no son muchos, y entre los pocos que hay conviene citar aquellos más conocidos: los de la Corporation Latinobarómetro, una agencia privada con sede central en Santiago de Chile, y los del Pew Research Center, un think thank estadounidense con sede en Washington, ambos especializados en sondeos de opinión sobre temas de alcance continental. Según un informe de la primera de dichas instituciones, Latinobarómetro, el catolicismo latinoamericano ha disminuido 13 puntos porcentuales entre 1995 y 2014, con retrocesos más acentuados en países de América Central como Nicaragua (-30), Honduras (-29) y Costa Rica (-19). En estos mismos países los evangélicos crecieron de manera inversamente proporcional al retroceso católico, confirmando de esa manera que la gran mayoría de los herederos de Lutero en América Latina son nuevos conversos provenientes de las filas católicas.

Los resultados del Pew Research Center, actualizados también a 2014, muestran que los católicos latinoamericanos bajaron al 69% de la población total, mientras los evangélicos en su conjunto subieron al 19%. En los tres países de América Central anteriormente citados – Nicaragua, Honduras y Costa Rica – la realidad evangélico pentecostal ha crecido a tal punto que en el futuro próximo podría quitarle a la Iglesia Católica su primado histórico, cubriendo la distancia que todavía la separa del catolicismo romano (6 puntos porcentuales en Honduras, 7 en Guatemala y Nicaragua y 10 puntos en Panamá).

Frente al generalizado crecimiento evangélico, hay dos excepciones que vale la pena señalar porque podrían constituir la tendencia en el futuro. Uruguay es el único país de la región latinoamericana donde el segundo grupo mayoritario no son los protestantes en sus diversas denominaciones sino los ateos sin afiliación religiosa declarada. Aún más anómalo es el caso chileno, que se caracteriza por una impresionante caída de confianza en la Iglesia católica que en este momento tiene 124 procesos de pedofilia en curso, con 222 víctimas declaradas y 178 investigados, de los cuales 105 son sacerdotes y ocho obispos. La última encuesta de 2018 que llevó a cabo el Centro de Estudios Públicos, una fundación académica chilena dedicada al análisis de temas públicos, muestra que solo uno de cada 10 chilenos conserva cierta confianza en la Iglesia, con un descenso en picada de quienes valoran positivamente su doctrina y su obra, que pasó del 51% al 13% en dos décadas. Pero a diferencia de otros países como Brasil o Guatemala, donde los evangélicos han conquistado casi todo el terreno que dejó libre la Iglesia Católica, en Chile el mayor incremento se observa entre aquellos que no se identifican con ninguna religión, quienes se han triplicado en las últimas dos décadas pasando del 7 por ciento al 24 actual.

Resulta comprensible que la fuerza religiosa creciente del evangelismo y el debilitamiento del catolicismo se traduzca también en una voluntad de los evangélicos de conquistar espacios y condicionar procesos en favor de la realidad que representan. La tentación de volcar en la competencia política una masa de votantes de considerables proporciones se ha vuelto irresistible con el paso del tiempo. Y si a comienzos del siglo XX la lucha de los protestantes – luteranos, anglicanos, presbiterianos, bautistas, metodistas y pentecostales – se orientaba a afirmar y promover la libertad de conciencia y la separación entre la iglesia y el estado, aún al precio de audaces alianzas con la masonería y otros movimientos declaradamente anticatólicos, hoy los objetivos han cambiado completamente y las múltiples denominaciones pentecostales muestran una aguda sensibilidad por batallas electorales donde están en juego valores que caracterizan en sentido antropológico la convivencia de una sociedad.

Observando el comportamiento político de los evangélicos en un número creciente de países de América Latina, se puede ver que su fuerza electoral se coagula en primer lugar en torno a muchos “no” pronunciados en relación con la modificación de leyes para “aggiornar” los parámetros morales vigentes en un país, en función de los cambios culturales profundos que se han producido en la sociedad. Los pastores de las denominaciones pentecostales se oponen al aborto, a las uniones homosexuales, a la legalización de la marihuana, a la introducción de la educación de género en las escuelas, a lo que se suma la lucha contra la corrupción en nombre de la moralización de la política y el endurecimiento de las leyes contra la criminalidad. Y cuando esos temas entran en los programas electorales de los partidos laicos, la convergencia de los evangélicos en candidatos propios o “externos” para contrarrestarlos se ha ido haciendo cada vez más maciza.

Cabe preguntar cuál ha sido la fisonomía, o la performance más reciente, del movimiento evangélico que ha incorporado la participación política directa como forma de su presencia y de su relación con las sociedades de América Latina. Samuel Escobar, profesor emérito del Misionología en el Palmer Theological Seminary of Pennsylvania habla, desde su propia experiencia como pastor, de una “segunda oleada de misioneros, más modernos y de evidente influencia conservadora americana” que «ha logrado posicionar socialmente a los “evangélicos” al punto de que ya no se habla de protestantes: ser evangélico es una forma especial de ser protestante».

El teólogo protestante alemán – y pastor luterano – Heinrich Schäfer, señala el cambio profundo que se ha producido en las filas de los descendientes de Lutero centrando la atención en el concepto de gracia, que «en el protestantismo histórico es fuertemente objetivo y asume la misión y la educación como modos de ejercer influencia en la sociedad» mientras en el protestantismo evangélico prevalece «un concepto de misión, fuertemente conversionista orientado a un crecimiento cuantitativo de la iglesia, y su ética social está subordinada a los intereses de la misión”.

La incursión en la política partidaria de los nuevos evangélicos no se produce en razón de un pensamiento social que haya acompañado su desarrollo y transformación sino por el potencial electoral y una clara influencia conservadora americana, basada en una “teología de la prosperidad” y una visión “reconstruccionista” del mundo. En síntesis, estamos en presencia de «un nuevo tipo de protestantismo, políticamente más conservador, anticomunista y antiecuménico, vale decir anticatólico que, contrariamente a sus predecesores, alcanza un notable crecimiento numérico por medio de estrategias de evangelización y difusión masivas, incluyendo los medios de comunicación y tecnologías de información».

Hablar de medios de comunicación masivos es hablar de poder, y hablar de poder es hablar de política. Los evangélicos lo han aprendido con rapidez y en América Latina despliegan ampliamente y en función política el poderoso arsenal de medios del que disponen, apuntando siempre a nuevas adquisiciones. La última fue anunciada a principios de 2019 y se refiere nada menos que a la cadena de televisión CNN. Douglas Tavolaro, nieto y biógrafo del magnate brasileño y pastor evangélico Edir Macedo, fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios, será el administrador delegado de “CNN Brazil”, una franquicia de la cadena estadounidense. Es un negocio sin precedentes en la historia de Brasil que se concretó cuando Macedo alineó públicamente su imperio mediático con la posición del gobierno del presidente electo Bolsonaro. Para tener una idea de la magnitud del proyecto baste pensar que según las declaraciones publicadas por la agencia argentina Télam se disponen a incorporar 800 personas, entre ellas 400 periodistas, y tendrá redacciones en San Pablo, Río de Janeiro y Brasilia.

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Los evangélicos y el poder en América Latina

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  11 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

Los evangélicos y el poder en América Latina

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

Los evangélicos y el poder en América Latina

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  15 votos
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>Entrevista a Francisco Igea

Los evangélicos y el poder en América Latina

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

Los evangélicos y el poder en América Latina

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

Los evangélicos y el poder en América Latina

Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  23 votos
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>Entrevista a Joseba Arregi

Los evangélicos y el poder en América Latina

Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

'El populismo es peligroso cuando tiende a convertirse en totalitarismo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
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>Entrevista a Tulio Álvarez

Los evangélicos y el poder en América Latina

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

'En Venezuela no se enfrentan dos actores políticos, hay un régimen de facto contra un pueblo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos

El otro es un bien, también en política

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