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19 SEPTIEMBRE 2019
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>Entrevista a Francisco Igea

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

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Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

Sigue habiendo mucha desafección hacia los políticos, ¿por qué este desprestigio? Parece que la política y la vocación ideal son incompatibles, ¿qué ha pasado?

Los políticos no somos ni mejores ni peores que los demás, también defraudamos, a veces no damos un mensaje coherente, y a veces estamos muy sujetos –y esta es una de las cosas que más me preocupa a mí de la política– a los estrategas de la comunicación. Ahora quien manda en los partidos políticos, quien los dirige, son los estrategas de la comunicación, y eso hace que el mensaje pierda frescura y naturalidad, y al final la gente acaba oliéndolo, porque hay cosas que se huelen. Lo peor de la política es cuando poner un programa en televisión, ves a una persona y ya sabes lo que te va a decir. Eso está matando el mensaje político.

Otra cosa curiosa es que, con la aparición de Vox y otros partidos, parece que se desarrolla un voto identitario: yo quiero votar a estos para frenar a aquellos. Es una especie de fragmentación del voto en identidades conflictivas.

Es una locura. Es una locura que el asunto político por excelencia en España sea la caza o los toros y no hablemos de la sanidad, de la presión de la administración, de cómo nos movemos por el mundo… Reducimos todos los mensajes a grupos, se hacen mensajes muy segmentados: para mujeres, para el colectivo LGTBI, para los toros, para la caza… y acabamos no hablando al ciudadano, al común de los ciudadanos. Es una experiencia política que ya ocurrió en Estados Unidos que hace fracasar la política, que hizo fracasar a los demócratas, por ejemplo, porque se entregan a cada mensaje segmentario y no dirigen un mensaje global a los ciudadanos. Eso es matador para la política, y sobre todo para la política liberal. La libertad es para todos, es un mensaje para todos.

¿Cómo se puede reconectar una vida social que sigue siendo relativamente sana con esta burbuja política de la que hablas

Lo que creo que necesitamos de verdad es huir de la estrategia de comunicación pura y dura e intentar volver a la política como se entendía, como servicio al ciudadano, y sobre todo a la política desde la honestidad. Si te equivocas, lo aceptas y lo asumes; intentar humanizar un poco a las personas que se dedican a esto, e intentar que esa humanización no sea un anuncio televisivo sino algo real.

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