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22 MAYO 2019
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>Reconectar el voto y la experiencia social

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

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paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

Se apela mucho al diálogo en la vida pública, ¿cuál es el nuestro nivel de diálogo social?

El diálogo y el consenso son los pilares fundamentales sobre los que descansa toda sana democracia y, aunque haya gente que no lo crea, en España somos un ejemplo de ello. Existen muy pocas naciones en el mundo que en poco más de 40 años hayan pasado de un sistema dictatorial a convertirse en una de las democracias más plenas y libres del planeta. Esto solo se pudo alcanzar por medio del entendimiento entre todos los españoles y en esa historia de progreso, bienestar y reconciliación el Partido Popular desempeñó un papel determinante. El PP es un partido siempre dispuesto a dialogar de los temas importantes, pero no se nos puede pedir que nos sentemos en una mesa a debatir, por ejemplo, sobre la ruptura de nuestro marco constitucional.

¿La polarización política es un falso espejo de la vida social?

La política es fiel reflejo de la sociedad. Vivimos tiempos donde prima la inmediatez, la rapidez y la urgencia. En cuanto sucede un hecho, ya tienes que tener una opinión formada y firme. Esto hace que antepongamos el titular sobre el contenido, la banalidad sobre el rigor o la polémica sobre el entendimiento. Ahora se buscan grandes frases que, en la mayoría de las ocasiones, no significan nada. Es imprescindible reivindicar los debates pausados, los análisis pormenorizados, la profundidad de los planteamientos. El fantasma del populismo que recorre Occidente defiende la polarización social y la simplificación extrema de cuestiones complejas, frente a ello, tenemos la responsabilidad de ofrecer proyectos reales que no aboquen a la frustración futura de la sociedad y que no jueguen con las expectativas colectivas como instrumento electoral. Las frases fáciles y vacías solo sirven para ocupar unos minutos las redes sociales, pero ni resuelven problemas ni ayudan a la mejora de nuestro país.

Parece imposible pensar en la política como una vocación animada por un ideal. ¿Qué nos ha pasado?

Existen determinados hechos o situaciones que propician la irrupción de sentimientos de frustración entre la sociedad. Así, tras la gravísima crisis económica parte de la sociedad vio sus proyectos de vida truncados, generándose un sentimiento de agotamiento político, de desafección social y de descrédito institucional. Es ahí donde surgen movimientos populistas y/o nacionalistas que, en apariencia, dan respuesta a las demandas insatisfechas pero que en el medio plazo se muestran estériles e incapaces. Quien ha contribuido a reponernos del gravísimo daño de la crisis económica y la mala gestión pública ha sido el proyecto reformista liberal cuyo eje de actuación es el individuo.

Son las buenas políticas las que hacen recobrar la confianza en la vida pública y las que animan a la sociedad a hacer política desde la sociedad civil, los partidos políticos o el asociacionismo. Hay miles de personas que se dedican a intentar mejorar la vida de los demás en las instituciones. De cualquier partido político. Y lo hacen con amor a su tierra, a su gente y, sobre todo, con honradez y honestidad. Es nuestra obligación devolverle el prestigio a una actividad tan noble y vocacional como la política.

A menudo parece que, desaparecido el voto de pertenencia, lo que prima es el instinto o el sentimiento, quizás un deseo de defender ciertos intereses o el miedo a la derecha o a la izquierda. ¿Es esto reversible?

Hacer política únicamente a través de las emociones y los sentimientos es tremendamente peligroso e irresponsable. La apelación a los instintos debe ir acompañada de la racionalidad de los argumentos. La política y las instituciones demandan seriedad, rigurosidad y profesionalidad en la gestión pública. No podemos dejarnos llevar por cuestiones sentimentales y optar por candidatos o fuerzas políticas atractivas cuya cuenta de resultados está vacía. No olvidemos que cuando se deposita el voto en la urna, estamos legitimando la puesta en marcha de una sería de políticas que creemos buenas. Es necesario conocer qué ofrece cada partido político antes de votar. De la misma manera que no le confiarías la gestión de la contabilidad familiar a un tipo por simpático que parezca sino que apostarás por una persona con una contrastada experiencia. Las malas experiencias son las que nos llevan a apostar por los candidatos o proyectos que han demostrado a lo largo de su historia la efectividad y el éxito de sus propuestas.

En una sociedad cada vez más fragmentada parecen interesar no tanto ofertas políticas con soluciones generales sino opciones de sectores sociales que quieren hacer oír su voz. ¿Por qué las agendas se fragmentan? ¿Es posible reconstruir una agenda común?

En este proceso de evolución y transformación del tablero político, España debe decidir qué quiere ser. Y tenemos que ser conscientes de lo mucho que nos jugamos. Podemos parecernos a Alemania donde la primera y segunda fuerza pactan un proyecto de estabilidad para el país y donde los partidos tradicionales mantienen un dialogo constante o podemos terminar siendo una nueva Italia donde desde la Segunda Guerra Mundial se han sucedido más de 65 gobiernos diferentes, es decir, uno cada año y medio fruto de la inestabilidad y la fragmentación. Personalmente me atrae más el proyecto de Alemania, donde las fuerzas constitucionalistas y moderadas se dan la mano, que el escenario italiano, donde gobierna el populismo de extrema izquierda en coalición con el populismo de extrema derecha.

¿Qué nos permitiría reconstruir un nosotros, una tensión a lo que antes se llamaba el bien común?

Es imprescindible huir del discurso basado en el enfrentamiento y el revanchismo. Nosotros apostamos por una campaña en positivo. En la que hablemos de la España que queremos. De una España que se enorgullece de su unidad en torno a nuestra pluralidad, la España que admira los valores del consenso, el diálogo y el respeto que la Transición engarzó en el ADN de los españoles, la España de las oportunidades y el bienestar, donde nadie se quede atrás. Una España más fuerte, más segura, más próspera, más libre, más justa, más social y con más futuro.

Para lograrlo, lo más importante es la unidad de un proyecto común: seguir progresando juntos. España es lo que el conjunto de los españoles quieren que sea. Así enfrentaremos los desafíos destinados a romper los lazos de solidaridad entre los españoles y los superaremos defendiendo el imperio de la ley y los valores democráticos de nuestra Constitución.

¿Qué permitiría conectar las experiencias de participación, de vida social, con el voto?

En política, como en muchos otros ámbitos, no hay soluciones mágicas. Sólo el esfuerzo y el trabajo ofrecen frutos pero para recoger primero hay que sembrar. Ese es un proceso largo y complejo donde la experiencia y la técnica desempeñan un papel fundamental.

La combinación de ilusión, principios y valores conforman el único proyecto capaz de sacar adelante al país, permitiendo solucionar los problemas de la gente y demostrando ser garantía para España, siempre.

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