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25 JUNIO 2019
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>Reconectar el voto y la experiencia social

'Voto a quien creo que me garantiza un mayor grado de libertad'

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Entrevista a Juan Sánchez Corzo, presidente de la Compañía de las Obras, una asociación que engloba a iniciativas empresariales y sin ánimo de lucro en toda España.

La CdO es una realidad que agrupa desde hace ya algunos años a empresas y entidades no lucrativas. ¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho en este tiempo?

La CdO es un lugar de encuentro entre personas y realidades de muy distintos ámbitos. Es un lugar en el que las distintas realidades se acompañan entre sí, se hace networking, se comparten experiencias, se producen encuentros, se imparte formación, nos ayudamos mutuamente... se amplían los horizontes, se recupera la ilusión por los quehaceres cotidianos. Uno de sus elementos originales, en efecto, es que entidades con y sin ánimo de lucro comparten el mismo patio, un mismo lugar común.

Son las obras asociadas las que sostienen en primer lugar esa tarea de construcción social, ya sea generando empleo y riqueza o ayudando a los menos desfavorecidos. En la CdO nos ocupamos de las obras asociadas o de quienes las promueven. ¿Cómo? Te pongo un ejemplo. Uno de los grandes déficits de la pyme española es la gestión, motivada en gran medida por la falta de experiencia y de conocimientos del pequeño y mediano empresario. Pues bien, desde hace algún tiempo venimos teniendo sesiones periódicas en las que un grupo de empresarios –en este caso del sector servicios–, compartiendo experiencias y necesidades y poniéndolas delante de un consultor de empresas, tratan de mejorar determinados aspectos de la gestión de la empresa (recursos humanos, tecnología, marketing, proyectos, internacionalización...). En el ámbito de las obras sociales, se encuentran con una cierta periodicidad para trabajar aspectos de su vida cotidiana, tales como, por ejemplo, el trabajo con voluntarios o la financiación de proyectos.

De esta experiencia, ¿qué crees que tiene un valor para el conjunto de la sociedad española?

Siempre que tenemos oportunidad, compartimos experiencias, incluso negativas, enriquece muchísimo y genera confianza. ¡Qué pocas veces nos ponemos realmente en juego con los demás y qué formalistas solemos ser! 

Por la experiencia que recogéis de obras lucrativas y no lucrativas, ¿qué dirías sobre la conexión entre la vida política y la vida social en España?

¿De dónde partir? Porque cuando te pones a pensar parece que lo que vives no tiene que ver con la política, así que parece que la experiencia no sirve a la hora de decidir el voto. Me consta que muchas obras sociales asociadas a la CdO tienen una estrecha relación con el Estado en sus múltiples facetas. Una obra que destaca por su trabajo en el ámbito de la cooperación internacional se ha constituido en uno de los principales gestores privados de proyectos en el mundo. Al mismo tiempo, tiene ya adjudicada la gestión de distintos centros de acogida de inmigrantes en Madrid. Otras obras, más locales, se relacionan estrechamente con los Ayuntamientos o la Comunidad Autónoma de turno. Y me consta que esta interlocución, la mayor parte de las veces, no es conflictiva, aunque las personas piensen de forma distinta. Predomina en el político de turno el agradecimiento y el interés por el trabajo completamente gratuito que estas entidades realizan, por la metodología que aplican y por los resultados que alcanzan. Pero me parece que sigue habiendo una brecha.

La relación que las empresas privadas tenemos con el Estado, en cambio, es menos de colaboración y más burocrática, por lo que la percepción es siempre algo más negativa. El Estado suele ser algo que me pone pegas o me cobra impuestos. Yo personalmente tengo una visión positiva sobre la necesidad de un Estado que funcione bien, que redistribuya la riqueza, que proteja a sus ciudadanos y que promueva el estado del bienestar para todos.

¿Cuáles son las políticas económicas y empresariales que más necesitan las empresas asociadas a la CdO?

Simplificar aún más la burocracia, reducir el peso del Estado, que en mi opinión sigue siendo mastodóntico –cuando las cosas van bien, no pasa nada, pero cuando van mal...–. En España hay un par de regiones industrializadas, pero el resto del país no produce nada, solo servicios. Eso me da pena. La industria es creadora, es ilusionante, es inteligente y, por lo tanto, genera estos valores donde existe. Tenemos ejemplos brutales en nuestro país pero, como digo, son oasis en el desierto. Yo potenciaría la industria y la iniciativa.

¿Cuáles son las políticas sociales que más necesitan vuestras obras non profit?

Sencillamente, que se les permita existir y hacer su labor, y que se les apoye en aquellos aspectos en los que tengan más necesidad. Es muy evidente la necesidad de dinero, pero no es la única, ni mucho menos. Hacen un trabajo increíble en la integración de inmigrantes, tienen resultados asombrosos en lograr empleo para personas en situación de riesgo de exclusión social, ayudan a jóvenes que se consideran inútiles a volverse protagonistas de sus vidas, es impresionante la labor que realizan en materia de acogida de niños... en fin, una labor insustituible, que el Estado no puede hacer. Porque su método se caracteriza por un acompañamiento personal, compartir con ellos la vida, y esto no lo hace un funcionario, en general. Si no hay otra opción, el Estado tendrá que intentar responder con sus propios recursos a todas estas necesidades, pero si lo pueden hacer estas realidades, se les debería dar prioridad. Eso sí, hay que comprobar que hacen bien su trabajo.

¿Cómo afecta la actual polarización política a vuestra actividad asociativa?

La política (de campaña electoral y también el ejercicio de gobierno) se ha convertido en una permanente campaña de marketing. Se hacen cosas para convencer pero, ¿quién se ocupa de las necesidades reales, no cosméticas ni estéticas, de España y de los españoles? Nos falta –y me incluyo– capacidad de diálogo. Fomentar el diálogo, aprender a dialogar, no mera dialéctica, ver el punto del otro, ponerse en su lugar, comprenderle, valorarle, no necesariamente dándole la razón. La política da pena muchas veces. Estoy seguro de que los políticos se ponen de acuerdo en mil cosas constantemente, pero la imagen que se da, al menos la que se percibe a través de los medios de comunicación, es de confrontación constante. Así es imposible hacer nada. Desde luego, es algo muy alejado de la vida real, en la que personas de toda condición, ideología, equipo de fútbol, procedencia, orientación sexual... constantemente estamos haciendo cosas juntos.

¿Qué os parece más conveniente tener en cuenta para decidir el voto?

Personalmente me oriento por un criterio: la libertad. Voto a quien creo que me garantiza un mayor grado de libertad, en todos los sentidos: libertad de empresa, libertad de educación, libertad de conciencia... Aunque pudiera parecer que la libertad no está en juego, sabemos que no es así, que hay opciones que restringen la libertad, frente a otras que la salvaguardan. Y si hay varias opciones que pienso pueden proporcionarme un mismo grado de libertad, entonces me dejo guiar por la intuición, por la simpatía. No me gustan los que gritan, ni los que sobreactúan, ni los que descalifican permanentemente, ni los que tienen afán de protagonismo...

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