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19 ABRIL 2019
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La singularidad biológica de la especie humana

Nicolás Jouve | 0 comentarios valoración: 3  19 votos
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Entender el origen de las diferencias y semejanzas que encierran en su genoma las especies de seres vivos que pueblan la Tierra –hasta ahora el único planeta que sabemos está habitado–, requiere conocer previamente varios de los pasos dados por la Biología en los últimos 100 años. Desde que en los años treinta del siglo pasado, la evolución por selección natural dejó de ser una teoría para pasar a ser un hecho reconocido e indiscutible, avalado por la Genética en interacción con todas las ramas de la Biología tras la formulación de la llamada “teoría sintética de la evolución”, no han cesado de brotar en un gran proceso integrador múltiples descubrimientos, que permiten reconocer los elementos comunes que unifican a todas las criaturas de la naturaleza.

El primero y más importante es el conocimiento del ADN, considerada la “molécula de la vida” por ser portadora de la información genética, es decir, la sustancia de los genes. Se trata de un elemento común a todos los seres vivos, responsable de las semejanzas y las diferencias de los millones de especies que existen y han existido sobre el planeta a lo largo de los más de 3.500 millones de años de evolución. El conocimiento de la estructura de esta molécula, considerado el descubrimiento más importante del siglo XX, tuvo lugar en 1953. El ADN está compuesto por dos filamentos que giran uno alrededor del otro, a modo de una escalera de caracol, compuestos por la sucesión de unas unidades, que los mantiene unidas denominadas bases nucleotídicas y que son como los peldaños de la escalera. Se trata de una prodigiosa estructura que permite explicar cómo se almacena, se transmite, se expresa y cambia la información de la que dependen los seres vivos en sus características biológicas y, por tanto, la biodiversidad. Lo más extraordinario, a los efectos que nos interesa destacar aquí, es su “universalidad”. En el formidable árbol de la vida todos los seres por diferentes que sean, compartimos esta misma molécula, que es la responsable de almacenar, transmitir, expresar y mutar para dar forma y continuidad al prodigio de la vida.

El segundo descubrimiento unificador, que abunda en la integración de todos los seres vivos, es el hecho de compartir un mismo código genético. Tras conocerse la estructura del ADN, los investigadores se interesaron por el conocimiento de las reglas de codificación del lenguaje que encierran y que se traduce en dar forma a las proteínas, las moléculas destinatarias de la información de los genes y, a la postre, las responsables de las estructuras y funciones de las células. El sistema de codificación se descubrió a mediados de los años sesenta y al igual que el ADN, resultó ser universal. Esto apuntala aún más, si cabe, la idea del origen monofilético de la vida. Al igual que la materia que conforma el universo partió del big–bang hace unos 10.400 millones de años, las primeras formas de vida, el llamado cenancestro, que se originaría en el medio acuoso hace unos 3.600 millones de años, tendría ya incorporado tanto el ADN como un código genético primitivo que daría lugar al actual, antes de la expansión de la vida. Por ello, tanto el ADN como el sistema de codificación de la información de los genes, son comunes a las bacterias, archaeas, hongos, protistas, plantas y animales… pasados y actuales.

Los años setenta y ochenta servirían para asentar la tecnología necesaria para conocer más sobre cómo son y cómo se expresan los genes. Se aprendió a aislarlos y se desarrollaron las técnicas que permiten leer su mensaje. Este se basa en la sucesión de las bases nucleotídicas que componen la molécula del ADN, que son cuatro: Adenina (A), Guanina (G), Timina (T) y Citosina (C). Como la molécula está constituida por dos filamentos que giran uno alrededor del otro, cada una de estas bases de uno de los filamentos se empareja con una del filamento de enfrente, constituyendo los llamados pares de bases nucleotídicas: A-T, T-A, C-G y G-C. Un tramo continuado de varios cientos, miles o incluso cientos de miles de pares de bases, con sus múltiples combinaciones es lo que constituye un gen y explica su capacidad informativa. Cada vez que una célula se divide se produce antes una replicación de todo el ADN, por separación de los dos filamentos. Estos, a su vez sirven de molde para la síntesis de una nueva doble hélice. En los seres pluricelulares, como el hombre, tras la replicación del ADN previa a la división celular, las dos réplicas del ADN se reparten entre las dos células hijas, garantizando la continuidad de la información en todas las células. Tanto los mecanismos celulares, como los moleculares son también universales y por tanto comunes a todos los seres vivos.

A finales de los años setenta surgieron las técnicas de “secuenciación” del ADN. Se trata de unas técnicas que permiten desvelar la sucesión de las bases nucleotídicas de del ADN, lo que abría las puertas a la lectura de la información genética completa de cualquier ser vivo, el genoma. La universalidad de la estructura del ADN y del sistema de codificación facilitaría el estudio de cualquier tramo de ADN de cualquier tipo de célula y de cualquier tipo de organismo. De este modo se abrió paso la era de la “genómica”. Es decir, la oportunidad de leer el libro de instrucciones oculto en el ADN de cada ser vivo.

En los años ochenta se planteó por parte de la comunidad científica la necesidad de llevar a cabo el Proyecto Genoma Humano, que nació en los Estados Unidos, y que comenzó a rodar en los años noventa, al que se adhirieron al principio grupos de investigación de Japón, Gran Bretaña, Francia y Alemania.

El extraordinario trabajo desarrollado principalmente bajo la batuta de un Consorcio Público Internacional, con un 85% de realización y financiación en los EE.UU. liderado por el médico y genetista americano Francis Collins, permitió acelerar los trabajos y finalizar el magno proyecto en 2003, con un considerable adelanto respecto a lo previsto, debido sobre todo a los avances en paralelo de una tecnología eficiente para la secuenciación de todo el genoma.

Al mismo tiempo se convino en descifrar y analizar las secuencias de otros organismos –la levadura, un nematodo, la mosca de la fruta Drosophila melanogaster y el ratón Mus musculus–. La misma tecnología, merced al carácter universal del ADN, permitió que desde el arranque del Proyecto Genoma Humano se fueran añadiendo proyectos genoma de cientos o miles de especies de todas las ramas del gran árbol de la vida, muchos ya finalizados.

Todo este manantial de información ha abierto una serie de actividades y aplicaciones. Entre ellas, el conocimiento de la función de muchos genes y las consecuencias de sus modificaciones; la conservación de genes de similares funciones en diferentes especies; el desarrollo de herramientas de bioinformática y estrategias de computación para el uso de los datos de genes y secuencias; el examen de las Implicaciones Éticas, Legales y Sociales de la Investigación genómica; la formación de expertos científicos para la investigación y análisis de los genomas; la creación de bases de datos para hacer disponible el conocimiento de los genomas; y la transferencia de los resultados al sector privado y a la industria para la explotación de los recursos que ofrece todo este conocimiento en las vertientes diagnóstica, terapéutica y farmacológica.

Ciñéndonos a nuestro genoma, como datos relevantes diremos que está compuesto por aproximadamente 3.175 millones de pares de bases de ADN –los escalones de la doble hélice-, repartidos en los 23 cromosomas del juego básico (gametos). Sabemos además que, a pesar de tal cantidad de ADN, el total de genes de los que depende la edificación de un ser humano es de unos 21.000. De todo el ADN del genoma, solo se traduce en forma de proteínas un 2% (los exones o parte informativa de los genes), siendo el 98% restante regiones intragénicas no funcionales (intrones), u otras no génicas, aunque muchas de gran importancia para la expresión de los genes.  

El interés del conocimiento de la organización y funcionamiento del genoma es múltiple, tanto en Medicina como en Biología.

Respecto a las aplicaciones en Medicina, diremos que la vertiente que más se ha beneficiado del Proyecto Genoma Humano es la del “diagnóstico genético”, de importancia en la predicción clínica, en medicina forense y medicina legal, con importantes implicaciones sociales y éticas. El diagnóstico genético se basa en el hecho de que cada persona tiene su propia “identidad genética”, la que se constituyó en el momento de la fecundación que le dio origen, constituida por la combinación de sus 21.000 genes paternos y 21.000 maternos más las restantes secuencias no codificantes también recibidas de sus padres.

El conocimiento de las secuencias de los genes relacionados con determinadas enfermedades, ha permitido desarrollar métodos de diagnóstico genético mediante un análisis detallado de las secuencias del ADN de regiones concretas del genoma, o también de la estructura y número de cromosomas. De este modo, existe la posibilidad de, tras estudiar regiones del genoma o genes concretos a partir del ADN de células humanas, hacer predicciones sobre caracteres antes incluso de que se manifiesten. Las muestras celulares pueden proceder de embriones, fetos o adultos, con diferentes fines.

La mejor aplicación desde un punto de vista médico y ético es la que tiene por finalidad detectar anomalías en las secuencias de ADN, en muestras celulares, para con la información obtenida tratar de prevenir, corregir o si es posible curar a su portador, sea embrión, feto o ya nacido. Un ejemplo de las aplicaciones lo presenta el diagnóstico genético del cáncer en los pocos casos en que esa enfermedad compleja se debe a la presencia de un gen. Se trata de salir al paso de un riesgo potencial, aunque otra cosa sean las medidas a seguir a continuación. El diagnóstico solo ofrece una información, pero al menos da a conocer una situación y permite alertar sobre una posible patología. Lamentablemente, el diagnóstico genético de una previsible enfermedad aun no manifestada en las fases embrionaria o fetal ha dado lugar a prácticas contrarias a la vida, al inducir a la selección embrionaria o el aborto, prácticas que contradicen los códigos deontológicos de la práctica médica, además de no estar exentas de errores, por los casos de “mosaicismo”, o lo impredecible de las consecuencias en el grado de expresividad de estas patologías en fase adulta.

De mayor valor predictivo y en la misma vertiente de utilidad de los datos del Proyecto Genoma Humano son las “pruebas de identidad”, que permiten conocer la relación de parentesco o la coincidencia de unas muestras de ADN, con personas determinadas o restos humanos orgánicos, óseos o incluso mortales. Este tipo de análisis se concentra en un tipo de regiones no génicas y muy variables del genoma, llamados “microsatélites”, a partir de las muestras de ADN que se desean comparar. La peculiaridad de estos marcadores es su carácter identificativo. La probabilidad de coincidencia de las variantes de los ADN presentes en las muestras que se comparan será más baja cuanto mayor número de microsatélites distintos se  estudien, de este modo se estima que la probabilidad de que coincidan las mismas variantes –alelos-, en un conjunto de 16 microsatélites (32 alelos) en dos personas distintas, es inferior a 1/1015. Sólo habría coincidencia en el conjunto de sistemas elegido en el caso de los gemelos idénticos. Queda de este modo patente la utilidad de estas pruebas en Medicina legal o forense, con numerosas aplicaciones en pruebas de paternidad, identificación de sospechosos de acciones criminales, identificación de restos de un cadáver dispersos por accidentes, investigaciones genealógicas a partir de restos de antepasados, etc.

Dejamos para un segundo artículo el uso de los estudios comparados de los genomas para desvelar las relaciones evolutivas entre diferentes especies, de interés en Biología. Dado que la evolución consiste en la acumulación de cambios en la información genética a lo largo de las generaciones, es evidente que, a mayor tiempo transcurrido desde la separación de dos especies a partir de un ancestro común, mayores serán las diferencias que se van acumulando en el ADN por mutación. De este modo, La “genómica comparada” es un campo de un gran atractivo para los biólogos evolutivos que está arrojando mucha luz sobre nuestra propia evolución, incluidas las relaciones con los desaparecidos neandertales y las especies de homínidos más próximas al Homo sapiens.

Nicolás Jouve, catedrático emérito de Genética y presidente de CíViCa (Asociación miembro de la Federación Europea One of Us)

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Aprender del Imperio, no defenderlo

Fernando de Haro

Mario Vargas Llosa, al responder a Andrés Manuel López Obrador, ha retomado una interesante línea de autocrítica sobre la revolución liberal y el proceso de independencia de América. Sus palabras han rescatado la tesis de Octavio Paz con el que coincidió en muchas cosas y discutió en otras. A estas alturas es difícil seguir manteniendo un relato simplista, sostenido por algún criollismo de élite y por algún indigenismo ideológico, sobre el papel de España en el Nuevo Mundo.

El Premio Nobel de Literatura aprovechó el III Congreso Internacional de la Lengua para criticar las cartas con las que el presidente de México ha reclamado al Rey de España y al Papa que pidan perdón por los excesos de la conquista. Vargas Llosa recordó que América es independiente de España desde hace doscientos años y que sigue teniendo millones de indios marginados, pobres e ignorantes. Sorprende que, después de todo lo que se ha escrito y estudiado en las últimas décadas, López Obrador haya recurrido a la versión más simple de la leyenda negra. El recurso a los fantasmas del pasado, el abuso de la memoria, sigue siendo un resorte político útil.

El lema que acompañó a López Obrador hasta las elecciones fue “Primero los pobres”. Si alguien sabe de pobreza y exclusión en México son los indios. En México hay una población de 15,7 millones. Casi todos sufren la marginación.

López Obrador quiso en su campaña fotografiarse con indios de estados como el Chiapas, les prometió trenes y estaciones hidroeléctricas. Pero los líderes de las comunidades llevan semanas criticándole por hacer demagogia.

La economía mexicana se ha enfriado desde el pasado mes de octubre y apenas ha crecido en los primeros meses del año. La mayoría de los economistas pronostica un drástico declive en los ingresos públicos este año, así como un descenso de las inversiones extranjeras y nacionales. El presidente ha prometido pensiones para los ancianos, becas para los estudiantes, asistencia financiera para las personas con discapacidad y muchas cosas más. Va a ser difícil que cumpla sus promesas. Tampoco está, de momento, teniendo mucho éxito en la lucha contra la violencia. Resucitar un debate sobre los excesos del imperio siempre es más fácil que gobernar.

Aprender del Imperio, no defenderlo

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En busca de las confluencias

Fernando de Haro

Afortunadamente la propuesta realizada por Vox en la precampaña electoral, para permitir un más fácil acceso a las armas de autodefensa personal, ha sido rechazada por la inmensa mayoría de la opinión publicada, queremos creer también que del público y por el resto de los partidos. Es un ejemplo extremo de creación de un conflicto artificial y de su utilización para captar la atención y ganar adeptos. El resto de formaciones políticas no han llegado –todavía hay grandes diferencias– a una tergiversación e instrumentalización de la realidad tan radical para aprovecharse de un miedo creado o existente. Pero en la política española y europea cunde la tendencia a exagerar las diferencias, a centrarse en problemas inexistentes, a no afrontar en su complejidad los auténticos, a alentar las enemistades y a silenciar las conversaciones públicas, los puntos positivos de construcción.

Lo peor es que un estado de conflicto y de pánico (in) moral, jaleado por los medios de comunicación, coloniza la conciencia de la ciudadanía que, a menudo, tiene dificultades para leer su experiencia social, que suele ser mucho más rica y más alentadora. Lo ha hecho Vox con las armas. Y, salvando todas las diferencias, que son muchas, lo ha hecho la Liga en Italia con la inmigración. Lo hace el PSOE cuando sostiene que necesita un nuevo mandato para que la vuelta de la derecha al poder no acabe con el Estado del Bienestar que Mariano Rajoy estuvo a punto de destruir. Lo hace el PP cuando augura que un nuevo Gobierno de Sánchez supondrá el fin de la libertad de educación y un acuerdo con los independentistas que romperá España. Lo hace Ciudadanos cuando promete no pactar con Sánchez, limitando así uno de los posibles Gobiernos constitucionales. Es así en España desde 1996, desde que Aznar obtuvo la primera mayoría absoluta. El expresidente se ha convertido en uno de los promotores del pánico moral que él mismo sufrió.

La técnica del pánico llega a su punto máximo de inmoralidad cuando el riesgo en nombre del que se quiere actuar no existe. Es el caso de las armas. La inseguridad ciudadana es el decimosegundo problema para los españoles. Solo 2 de cada 100 españoles la ven como amenaza. El 69 por ciento aseguran sentirse seguros porque viven en un país seguro. En España apenas se cometieron el último año 225 robos por cada 100.000 con fuerza en viviendas.

La cuestión de la inmigración no es exactamente igual pero tiene similitudes. Un estudio publicado hace unos días por el Pew Research Institute refleja que, en los 20 países de todo el mundo que más inmigrantes han recibido en los últimos años, la inmensa mayoría de los ciudadanos piensa que la llegada de extranjeros hace más fuerte su nación. Curiosamente algunos de los países que menos inmigrantes han recibido en ese grupo son los que peor valoran a los inmigrantes. En esos países hay partidos políticos dispuestos a explotar el pánico moral.

Ni las armas personales son necesarias para defenderse, ni los inmigrantes llegados constituyen necesariamente una amenaza, ni una victoria de los socialistas supone el fin de la España constitucional y de la libertad educativa ni tampoco una victoria del PP acabaría con las conquistas sociales. Al menos en términos netos. Las cosas son mucho más complejas.

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Recordemos lo aprendido en la crisis

Fernando de Haro

La frase ha provocado que la semana pasada se volviera a hablar de crisis. "El debilitamiento en los datos apunta a una moderación notable en el ritmo de expansión económica, que se extenderá a lo largo del año", aseguró Mario Draghi, el gobernador del BCE, el pasado jueves, en una comparecencia que había generado mucha expectación. La notable rebaja de las previsiones de crecimiento para 2019 en apenas unas semanas (del 1,7 por ciento de diciembre al 1,1 por ciento de comienzos de marzo) y, sobre todo, la contundencia de las medidas de política monetaria adoptadas, reflejan hasta qué punto el riesgo de que volvamos a tener problemas serios es alto. Tanto el BCE como la OCDE han rechazado la posibilidad de una nueva recesión (dos trimestres de crecimiento negativo), pero hay expertos menos optimistas.

¿Qué le pasa a Europa? ¿Otra nueva recaída, cuando, además, en el mes de mayo, las elecciones al Parlamento Europeo pueden suponer un tsunami político? La economía del Viejo Continente es una de las más expuestas a la situación global. Un estornudo de los dos gigantes, Estados Unidos y China, supone un resfriado o una gripe en Europa. La última crisis nos enseñó que los mercados perfectos no existen, la relación entre oferta y demanda no sigue unas leyes físicas neutrales que generan, de forma automática, el bienestar. Hay muchas “perturbaciones” que no permiten transformar el egoísmo de los que compran y venden en una globalización provechosa.

China y Estados Unidos compiten en una guerra tecnológica y comercial, animadas por una pulsión nacionalista, y eso no significa más crecimiento para todos. De momento supone una caída de las compras en el exterior, y eso nos afecta a los europeos, y especialmente al sector industrial (automovilístico) alemán. Las expectativas negativas de un Brexit sin acuerdo provocado por el nacionalismo británico también nos hacen daño. En este contexto es difícil entender el entusiasmo de algunos por “la solución rusa”, otro nacionalismo con severos problemas económicos y demográficos, que puede ofrecer gas, sí, pero sobre todo desestabilización democrática y noticias falsas (sus dos productos favoritos).

En este contexto de riesgo es esencial recordar lo que hemos aprendido en la última gran crisis: la ingenuidad liberal no está a la altura de los problemas. Estamos en un mundo globalizado en el que las soberanías nacionales no tienen prácticamente capacidad de intervención. Hacen falta decisiones políticas con más peso del que ofrece un solo país. Y a la par, aunque parezca paradójico, es necesario subrayar el protagonismo de la persona, no como individuo aislado que es capaz de sacar rédito del mercado, sino como sujeto relacional, dotado de toda una serie de recursos y de habilidades para reconstruir y reinventarse en un mundo global y en rápido proceso de digitalización, un mundo en el que las viejas formas de trabajo tienden a desaparecer.

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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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