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15 DICIEMBRE 2019
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>Entrevista a Cristóbal López Romero, arzobispo de Rabat

La Iglesia en Marruecos, un puente entre cristianos y musulmanes

Claudio Fontana | 0 comentarios valoración: 1  11 votos
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Cristóbal López Romero fue nombrado arzobispo de Rabat el 29 de diciembre de 2017 y tomó posesión el 10 de marzo siguiente. Además de haber desarrollado varias tareas en Paraguay, Bolivia y España, también pasó siete años en Marruecos, de 2003 a 2010, como director de una escuela salesiana. Hablamos con él mientras espera recibir la próxima visita del Papa.

¿Qué supone para la Iglesia en Marruecos y para todo el país la visita del Papa?

Para nosotros, la visita del Papa significa muchas cosas. En primer lugar, que el Papa aprecia y ama nuestro país, y que valora los esfuerzos que tanto el rey como todo nuestro pueblo está haciendo desde hace tiempo para mejorar las condiciones de vida de la gente. En segundo lugar, que desea reforzar, aquí y en todo el mundo, el diálogo interreligioso y, más concretamente, el encuentro islamo-cristiano. En tercer lugar, significa que el Papa aprueba y anima el camino de esta pequeña comunidad cristiana, visitándola en un momento en que celebramos el año jubilar por los 800 años de presencia franciscana en esta tierra, coincidiendo con el misma aniversario del encuentro entre Francisco de Asís y el sultán Al-Malik en Egipto.

El Papa viene a cumplir su misión de confirmarnos en la fe, a sostener nuestra esperanza (el lema del viaje es “Servidor de la esperanza”) y a encender en nosotros la llama del amor. Francisco es un Papa que no se limita a predicar con palabras y documentos, sino que habla y transmite el Evangelio con gestos y hechos, como el de venir aquí antes incluso de visitar pueblos y naciones tradicionalmente cristianos.

Antes de ser nombrado arzobispo de Rabat, usted ya estuvo en Marruecos de 2003 a 2010, ¿cómo fue su experiencia?

Pasé casi ocho años en Kenitra, una ciudad de más de medio millón de habitantes al norte de Rabat. Soy salesiano y era director de la escuela de Don Bosco. No daba clase, pero todos los días hablaba con los alumnos, con sus padres, participaba en las reuniones de profesores. En la escuela primaria y secundaria todos eran musulmanes. Solo había dos católicos: la escuela y yo. Todos los profesores eran musulmanes y solo esporádicamente tuvimos algunos colaboradores católicos franceses. La experiencia fue muy interesante porque, a pesar de que todos eran musulmanes, la escuela era verdaderamente salesiana.

¿Qué quiere decir? ¿Cómo es posible definir como salesiana una escuela donde todos son musulmanes?

El espíritu familiar, el ambiente de la comunidad educativa, la amabilidad, el sistema preventivo de don Bosco, el sentido religioso (no cristiano, sino musulmán), son los elementos que aún hoy caracterizan esa escuela. Todos los viernes se proclama el Corán, que fue una decisión mía personal. Yo me ponía de pie junto al chaval que, al micrófono, recitaba el Corán. Yo rezaba por mi cuenta, como cristiano.

Esa escuela forma parte del ECAM (Enseignement Catholique Au Maroc, el sistema educativo católico en Marruecos), una agregación que reúne a 15 escuelas, donde la mayoría de los alumnos son musulmanes, y siguen el mismo proyecto educativo. Cuando leí el proyecto pensé: no hay citas explícitas, ¡pero esto es el Evangelio! Del mismo modo, cuando los musulmanes leen el proyecto educativo, dicen: responde a nuestra religión. Para mí, este es un ejemplo de diálogo interreligioso. Cristianos y musulmanes trabajamos juntos con un único proyecto educativo orientado a formar “ciudadanos honestos y buenos musulmanes” (en referencia a la cita de Don Bosco: “ciudadanos honestos y buenos cristianos”). De hecho, el diálogo no solo consiste en discusiones teológicas sino que se articula en cuatro niveles. Primero, el de la vida ordinaria, la amistad y la convivencia. Segundo, trabajar juntos por las grandes causas de la humanidad: educación, sanidad, derechos humanos… Tercero, compartir la fe que vive cada uno. De hecho, en las escuelas del ECAM existe un grupo de profesores que se reúnen para hablar del día de la Pascua, de la fiesta islámica del sacrificio, del Ramadán, de la mujer en las respectivas religiones. Todos ellos son momentos en los que se comparte la fe y la práctica religiosa.

¿Quiénes son los interlocutores de este diálogo teológico?

Son profesores de nuestras escuelas, seleccionados entre los que tienen más apertura y deseo de acercarse a nosotros. El culmen del diálogo –cuarto nivel– sería el místico: rezar juntos, o al menos rezar cada uno a su manera pero juntos. Está claro que el más sencillo y más importante, porque afecta a todos, es el primero, el de la amistad, y luego los siguientes. En el ECAM tienen cabida casi todos los niveles: el primero y el segundo todos los días, el tercero menos y el cuarto solo de vez en cuando.

Por lo tanto, en la escuela de Kenitra los profesores conocen la figura de don Bosco.

Cuando llegué, no la conocían. Pero les puse una película sobre él, repartí libros sobre su vida y hablaba mucho de él. También organizamos unas jornadas pedagógicas sobre él y sobre el sistema preventivo (el método educativo elaborado por san Juan Bosco, basado en razón, religión y amabilidad, en contraposición al sistema represivo en vigor en el siglo XIX, ndr). Muchos profesores se hicieron “hinchas” de don Bosco, lo estudiaron mucho y descubrieron su gran riqueza pedagógica. Hubo incluso un profesor que, estando en Lyon mientras estudiaba Ciencias de la Educación, se enteró de que iba a haber en la ciudad un congreso de salesianos y quiso participar. Durante el encuentro, el director de una escuela salesiana francesa preguntó: “¿cómo podemos poner en práctica el sistema preventivo de don Bosco cuando en mi escuela el 20% de los alumnos son musulmanes?”. Entonces, aquel profesor levantó la mano y dijo: “yo soy musulmán, en la escuela de don Bosco en Kenitra todos somos musulmanes, profesores y alumnos, y ponemos en práctica el sistema preventivo sin problemas”. Todos se quedaron con la boca abierta. Esto vale para todas las escuelas del ECAM. La de Kenitra puede ser un poco particular porque tiene a sus espaldas una comunidad religiosa, pero hay otras escuelas del ECAM donde el director es musulmán. Pero el proyecto educativo es realmente cristiano.

¿Cuántos fieles tiene la diócesis de Rabat?

Digamos 30.000, aunque es muy difícil saberlo con precisión. Casi el 75% procede del África subsahariana, pero también hay filipinos. Se trata de una iglesia realmente católica y universal. Hay fieles de cien nacionalidades, y los sacerdotes y religiosas son de 40 países distintos. El domingo de Pascua celebré la eucaristía en Casablanca y había 1.200 personas en una misa que duró dos horas. Creo que en Europa es imposible encontrar algo parecido. La nuestra es una Iglesia donde hay más hombres que mujeres, más jóvenes que ancianos y más negros que blancos. La edad media de los fieles ronda los 35 años.

Partiendo de la base de esta naturaleza particular de la Iglesia marroquí, ¿cuáles son sus prioridades como arzobispo?

La prioridad siempre es una: el amor, como recordé durante mi ordenación. Esa es mi prioridad, amar a las personas: sacerdotes, religiosas, fieles y musulmanes, todos. Me considero enviado para todos, no solo para los cristianos. En mi diócesis no hay 30.000 personas sino 35 millones. La segunda prioridad es construir el reino de Dios. Por eso elegí para mi escudo la frase “adveniat regnum tuum”. Porque la prioridad no es la Iglesia. La Iglesia es el instrumento, el signo del reino de Dios. Por tanto, no debo preocuparme demasiado de que la Iglesia crezca en términos numéricos, sino de que crezca el reino de Dios. Traducido, esto significa que deben aumentar la justicia, la paz, la verdad, la vida, el amor. Naturalmente, estoy muy contento de que en la última noche de Pascua hubiera más de 30 bautizos y que en mayo del año pasado se celebraran 70 confirmaciones, pero este no es el principal objetivo.

¿Cómo se puede hacer crecer el reino de Dios?

Trabajando con los musulmanes. Sin duda, decir que trabajamos para que crezca el reino de Dios es un lenguaje nuestro. Pero si decimos “trabajamos para que la mujer sea respetada”, este es un objetivo común, que para nosotros coincide con el crecimiento del reino de Dios. Luego existe una tercera prioridad: construir puentes. En un mundo donde hay tantos constructores de muros, nosotros queremos construir puentes. En mi escudo aparece el mar, pero también un puente, que es la cruz. Queremos ser pequeños puentes, que también es el significado etimológico del nombre árabe de Kenitra. Me gustaría que cada cristiano fuera un pequeño puente entre cristianos y musulmanes, entre Europa y África, entre ricos y pobres, entre Occidente y Oriente, siguiendo al Papa, que es el sumo pontífice.

En Europa se habla mucho de inmigración, ¿qué puede decir sobre este tema en Marruecos?

Muchos de los migrantes que llegan a Marruecos se quedan aquí unos años, aunque el objetivo siempre es llegar a Europa. Pero es una empresa difícil, arriesgada y muy costosa. Muchos de los migrantes presentes en Marruecos son de cameruneses, costamarfileños y guineanos, pero en general vienen de toda el África subsahariana, de donde huyen –y es un derecho humano– por cuestiones políticas, ligadas a las guerras, y económicas.

La nuestra quiere ser una Iglesia samaritana. Esto se lleva a cabo sobre todo con los migrantes, pero también con los musulmanes que trabajan en los pueblos alejados de los centros urbanos. Cáritas trabaja mucho con inmigrantes, hay un programa llamado Qantara (puente), en el que trabajan 30/40 personas. En Rabat está el CAM (Centro de Acogida de Migrantes) y en Casablanca el SAM (Servicio de Acogida de Migrantes), gestionados ambos por Cáritas. Luego hay otras realidades más pequeñas en Meknès, Fez y Oujda. Acoger, acompañar y ayudar material y espiritualmente es importante para cristianos y musulmanes. También económicamente, la acogida de migrantes es un capítulo importante en nuestros presupuestos. El servicio a migrantes y enfermos, como hacen en Casablanca las hermanas de la Madre Teresa, es el aspecto donde más concretamente se vive una Iglesia pobre y para los pobres.

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