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19 ABRIL 2019
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>La comparación de los genomas

La singularidad biológica de la especie humana II

Nicolás Jouve | 0 comentarios valoración: 2  7 votos
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Una vez alcanzada la capacidad de leer el lenguaje de los genes y de todo el ADN del genoma humano, cuyo proyecto finalizó en 2003, quedaron abiertas las posibilidades de aplicación del enorme caudal de datos que suponía para desvelar los secretos de la información responsable de la vida. Además de los deseados estudios en Medicina, especialmente en los campos diagnóstico, explicado en un artículo anterior, y terapéutico, sobre el que hablaremos más adelante, surgió una aplicación biológica de enorme interés. Se pensó que la comparación de las secuencias del ADN de los genomas humano y de diferentes especies permitiría conocer, con enorme detalle, sus relaciones evolutivas.

Recordemos que todos los seres vivos partieron de un ancestro común, algunos lo llaman el “cenancestro”, otros “LUCA” (Last Universal Common Ancestor), que vivió hace más de 3.500 millones de años. Aquel organismo primitivo ya tendría el mismo tipo de moléculas de la vida, el ADN, y un código genético, que por su eficacia se ha conservado en todos los seres surgidos desde entonces, con mínimas excepciones que no contradicen su universalidad,

El estudio de los genomas y la comparación de los de distintas especies, permitiría conocer su parentesco y reconstruir su historia evolutiva con mayor precisión que ningún otro método utilizado anteriormente. Es como tener una máquina del tiempo que nos permitiría saber, a través de la comparación de los genomas, qué se conserva y qué se ha diferenciado de una información genética que tiempo atrás fue común, pero que desde su separación, empezó a diferenciarse por acumulación de mutaciones. Se puede incluso tasar el tiempo transcurrido desde que un grupo de especies se separaron de su ancestro común.

La “genómica comparada” se basa en contrastar las coincidencias y diferencias en las secuencias del genoma de diferentes especies. La comparación del genoma humano con el del chimpancé, el mono Rhesus, el ratón, etc. O cualquier otra especie, ofrece por tanto una perspectiva de enorme interés para explicar las grandes diferencias entre unos y otros. Conocido el genoma de las especies actuales, e incluso muchas de las ya extinguidas –si las condiciones de conservación de su ADN no lo han deteriorado-, se podría indagar la proximidad filogenética entre ellas. Esto, a su vez, permitiría desvelar las causas de las características morfológicas y propiedades de adaptación a los tipos de ambientes y condiciones de vida de las especies implicadas en el estudio. En consecuencia, la genómica comparada constituye la más poderosa herramienta que jamás se haya podido soñar para estudiar los cambios evolutivos entre los organismos.

El poder del conocimiento de los genomas como herramienta de investigación ha supuesto un impulso espectacular a una reconstrucción del enorme árbol de la vida.  Pero antes de presentar algunos datos sobre estos estudios conviene señalar que los seres vivos se reparten en dos grandes sistemas de organización, los llamados “procariotas”, básicamente las bacterias y las Archaeas, y los “eucariotas”, el resto. Los procariotas son semejantes a las formas más primitivas y el ADN de su genoma está inmerso, sin aislamiento, en el citoplasma de la célula. Por el contrario, los eucariotas, derivados por simbiosis a partir de los procariotas primitivos, tienen una organización celular más compleja y evolucionada. Las moléculas de ADN, organizadas en los cromosomas, ocupan un espacio de la célula, el núcleo, aislado del resto del citoplasma celular por una membrana. El salto de la organización celular de los procariotas a los eucariotas, hace unos 2.000 millones de años, abrió las puertas a la enorme diversificación de los seres vivos. Tras los eucariotas unicelulares, surgirían las organizaciones en colonias, que por simbiosis y especialización en diferentes funciones en beneficio mutuo, darían paso a las complejas organizaciones de los organismos pluricelulares. Todo ello generaría el inmenso abanico de formas de vida adaptadas a todos los nichos ecológicos del planeta. El denominador común e hilo conductor de este inmenso proceso sería la evolución de los genomas.

Un punto crucial en la evolución de los animales tuvo lugar en el Cámbrico, hace unos 570 millones de años. Los fósiles marinos encontrados en el Parque Nacional Yoho y otras localidades próximas a Burgess Seale, en la Columbia Británica canadiense, demuestran que dicha etapa fue decisiva para la explosión de la vida animal, marcado por la especialización de unos genes responsables de la organización de una arquitectura corporal segmentada. Hoy constatamos que los mismos genes que determinan la diferenciación de las diferentes regiones corporales, cabeza, tronco, abdomen, extremidades, etc., se encuentran conservados en los genomas de especies animales actuales tan diferentes como el gusano nematodo Caenorhabditis elegans, la mosca de la fruta Drosophila melanogaster, el ratón Mus musculus o el mismo ser humano Homo sapiens. Este es un claro ejemplo de los extraordinarios hallazgos de la genómica comparada, que nos muestra cómo viejos genes que aportaron ventajas adaptativas, se han conservado hasta nuestros días en muy diversas formas de vida.

Los genomas son como el libro de instrucciones del que depende la organización y el patrimonio biológico de cada especie. Si el milagro de la vida ha sido posible es gracias a las extraordinarias propiedades del ADN, cuya capacidad informativa, de replicación y de mutación ha permitido el crecimiento y la organización de los genomas de todos los seres vivos. Así, en un impresionante bricolaje genético, a partir de los mismos mimbres, se han constituido los diferentes cestos que representan todas las especies pasadas y presentes.

Dicho lo anterior, habría que añadir que hoy se han secuenciado los genomas completos de miles de especies que van desde los sencillos procariotas, a todos los tipos de eucariotas, protistas, hongos, plantas y animales de los más diversos grupos taxonómicos.

Vayamos por partes. Además de los 3.175 millones de pares de bases (A-T, T-A, C-G y G-C) con unos 21.000 genes del genoma humano, los genetistas han completado el conocimiento de los genomas de una serie de organismos modelo. En el año 2000 se culminó el proyecto genoma de la mosca de la fruta (165 millones p.b. y unos 13.000 genes); en 2002, el del ratón (2.900 millones p.b. y unos 25.000 genes); un año más tarde el del gusano nematodo (19 millones de p.b. y 19.000 genes). El primer procariota cuyo genoma fue dado a conocer en 1997 fue el bacilo del colon Escherichia coli (4,6 millones de p.b. y unos 3.200 genes) y un año después se terminó el del primer eucariota unicelular, la levadura Sachraromyces cerevisiae (12 millones de p.b. y unos 6.000 genes).

Por citar solo algunos más, entre los miles de genomas secuenciados tras el humano están los de dos ascidias (2002 y 2007), la rata (2004), el pollo (2004), el perro (2005), la abeja (2006), el erizo de mar (2006) y el toro (2009), y entre los más próximos al humano, el chimpancé Pan troglodites (2005), el mono Rhesus, Macaca mulatta (2007), el orangután Pongo pygmaeus (2011) y el gorila Gorilla gorilla (2012). Todos estos mamíferos próximos al hombre tienen un tamaño de genoma y un número de genes prácticamente igual al del hombre.

A estos estudios, se puede añadir el hecho del conocimiento parcial del genoma de nuestros parientes extinguidos, los Neandertales europeos (2010) y los Neandertales de Danisova (2012).

Quien haya cotejado los tamaños de los genomas y el número de genes de algunas de las especies citadas, se habrá dado cuenta de una de las sorpresas de este tipo de estudios: la aparente paradoja de la discordancia entre dichos datos y la complejidad biológica de las especies a que se refieren. ¿Hay que sorprenderse de que la mosca de la fruta, con un tamaño de genoma casi 20 veces menor que el humano, tenga solo algo más de la mitad de sus genes?, ¿asombra el hecho de que un gusano nematodo, con un genoma 167 veces más pequeño que el humano, tenga casi el mismo número de genes?  Así podríamos seguir si comparamos “al peso” el genoma humano con el de cualquier especie considerada inferior. Otra sorpresa, al comparar el genoma de la mosca de la fruta con el humano se revela que ambas especies comparten un 60% de genes en común.

Evidentemente la respuesta a estas aparentes paradojas hay que encontrarla no en los datos cuantitativos, sino en la propia información del ADN. La respuesta es sobre todo es de carácter cualitativo. No importa tanto el tamaño del genoma como la información que contiene. Los genomas, incluido el humano, están inflados de regiones no codificantes, muchas de ellas constituidas por familias de secuencias de ADN repetidas que no aportan información nueva, pero invaden el genoma. Algunas de ellas, como los llamados transposones son invasoras, capaces de saltar de un lugar a otro del genoma, e incluso de dejar una copia en el lugar en que estaban, sin que su presencia aporte ningún beneficio ni perjuicio al organismo, si así fuera serían eliminadas por pura selección natural. En el genoma humano hay tan solo un 2% del ADN implicado en la síntesis de proteínas (partes codificantes de los genes, o exones). Todo el resto son relictos de genes que ya no funcionan, los “pseudogenes”, o regiones no codificantes de los genes (intrones), u regiones reguladoras de la expresión de los genes, etc. Hay también, como en muchas otras especies, genes duplicados o familias de genes de funciones relacionadas, como por ejemplo los que determinan los diferentes tipos de proteínas encargadas del transporte de oxígeno, las globinas, o los que expresan los múltiples tipos de proteínas del sistema inmunológico, como las inmunoglobulinas y las proteínas relacionadas con la defensa, con cientos de copias idénticas o con ligereas diferencias, etc. Es curioso constatar como una familia de varios genes, los genes Hom, llamados “homeóticos”, que funcionan al principio del desarrollo para determinar las diferentes partes del organismo en la mosca de la fruta, también están presentes en el genoma humano, el del ratón y la práctica totalidad de los animales. En el genoma humano los genes Hox, que son los equivalentes (ortólogos) a los genes Hom de la Drosophila, aparecen incluso por cuadruplicado, con cuatro familias presentes en diferentes regiones del genoma.

Hay que tener en cuenta que hay muchos factores que pueden explicar las diferencias cuantitativas y cualitativas de los genomas. La rapidez del ciclo biológico determina el número de generaciones transcurridas en cada linaje evolutivo. Parece evidente que a mayor número de generaciones más mutaciones se habrán acumulado. En definitiva, la comparación de los genomas nos dice mucho sobre la historia evolutiva de cada especie, del mismo modo que las series de fósiles de los estratos terrestres superpuestos, nos revelan los sucesivos eslabones de una evolución morfológica.

No sin cierta incertidumbre, es paradójico constatar cómo el ADN de diferentes regiones de los genomas del hombre, el chimpancé y el gorila, son prácticamente idénticas, con una coincidencia de hasta el 98% de su ADN. La mayor parte de los genomas del chimpancé y humano son casi idénticos, si bien, hay al menos un 15% del genoma humano más semejante al del gorila que al del chimpancé y otro 15% de los genomas de estas dos especies más coincidentes entre sí que con respecto al ADN humano. ¿Qué significa todo esto?

Debe tenerse en cuenta que, en el caso de las especies más próximas al hombre, como el chimpancé, el bónobo, el gorila y el orangután, cuya divergencia genómica se estima como máximo en el 4%, ya una diferencia del 1% de los 3.175 millones de pares de bases de ADN, significa alrededor de 31 millones de diferencias puntuales en las bases nucleotídicas. A pesar de que estas diferencias son mayores en las regiones no codificantes que en las de los genes funcionales, más conservados por selección natural, un 2 a 4% de variación en el ADN es suficiente para explicar las diferencias biológicas que apreciamos entre todas estas especies.

Solo un detalle más. Existe evidencia de que el ritmo de las modificaciones en determinadas regiones del genoma humano es más acelerado en la línea evolutiva humana que en la del chimpancé, el gorila y otras especies más o menos próximas. Entre estas regiones de evolución acelerada en el genoma humano se encuentran genes y secuencias de ADN implicadas en funciones tan importantes como la capacidad de comunicación oral, la transmisión de señales nerviosas o las cohesiones intercelulares. La trascendencia de estos cambios es fundamental para entender el grado de especialización evolutiva al que ha llegado nuestra especie y muy particularmente el espectacular desarrollo del cerebro, sustrato material de la inteligencia humana. El genetista sueco Svante Pääbo, Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica de 2018, por su contribución al descubrimiento del genoma de los neandertales y su posible intercambio genético con el Homo sapiens, ha señalado que «el cerebro humano ha acelerado el uso de los genes». Sin embargo, no caigamos en el tópico materialista de que la mente es una emanación del cerebro, como equivocadamente sostienen algunos. Más bien el cerebro es el sustrato necesario para el ejercicio de la racionalidad.

Quedémonos con el detalle de que un pequeño cambio en el genoma puede conferir nuevas capacidades, que en el caso humano se acentúa con la aparición de cualidades inéditas en el conjunto de la naturaleza. Ahí está la racionalidad y el aumento de la capacidad de comunicación entre individuos y generaciones. A diferencia del resto de las especies, en el ser humano a la evolución biológica, explicable a nivel molecular, se añade una evolución cultural, que no se transmite por lo genes, sino por la racionalidad y la capacidad de comunicación oral, artística, científica y tecnológica.

Nicolás Jouve es catedrático emérito de Genética, miembro del Comité de Bioética de España y presidente de CíViCa (Asociación miembro de la Federación Europea One of Us)

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Aprender del Imperio, no defenderlo

Fernando de Haro

Mario Vargas Llosa, al responder a Andrés Manuel López Obrador, ha retomado una interesante línea de autocrítica sobre la revolución liberal y el proceso de independencia de América. Sus palabras han rescatado la tesis de Octavio Paz con el que coincidió en muchas cosas y discutió en otras. A estas alturas es difícil seguir manteniendo un relato simplista, sostenido por algún criollismo de élite y por algún indigenismo ideológico, sobre el papel de España en el Nuevo Mundo.

El Premio Nobel de Literatura aprovechó el III Congreso Internacional de la Lengua para criticar las cartas con las que el presidente de México ha reclamado al Rey de España y al Papa que pidan perdón por los excesos de la conquista. Vargas Llosa recordó que América es independiente de España desde hace doscientos años y que sigue teniendo millones de indios marginados, pobres e ignorantes. Sorprende que, después de todo lo que se ha escrito y estudiado en las últimas décadas, López Obrador haya recurrido a la versión más simple de la leyenda negra. El recurso a los fantasmas del pasado, el abuso de la memoria, sigue siendo un resorte político útil.

El lema que acompañó a López Obrador hasta las elecciones fue “Primero los pobres”. Si alguien sabe de pobreza y exclusión en México son los indios. En México hay una población de 15,7 millones. Casi todos sufren la marginación.

López Obrador quiso en su campaña fotografiarse con indios de estados como el Chiapas, les prometió trenes y estaciones hidroeléctricas. Pero los líderes de las comunidades llevan semanas criticándole por hacer demagogia.

La economía mexicana se ha enfriado desde el pasado mes de octubre y apenas ha crecido en los primeros meses del año. La mayoría de los economistas pronostica un drástico declive en los ingresos públicos este año, así como un descenso de las inversiones extranjeras y nacionales. El presidente ha prometido pensiones para los ancianos, becas para los estudiantes, asistencia financiera para las personas con discapacidad y muchas cosas más. Va a ser difícil que cumpla sus promesas. Tampoco está, de momento, teniendo mucho éxito en la lucha contra la violencia. Resucitar un debate sobre los excesos del imperio siempre es más fácil que gobernar.

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En busca de las confluencias

Fernando de Haro

Afortunadamente la propuesta realizada por Vox en la precampaña electoral, para permitir un más fácil acceso a las armas de autodefensa personal, ha sido rechazada por la inmensa mayoría de la opinión publicada, queremos creer también que del público y por el resto de los partidos. Es un ejemplo extremo de creación de un conflicto artificial y de su utilización para captar la atención y ganar adeptos. El resto de formaciones políticas no han llegado –todavía hay grandes diferencias– a una tergiversación e instrumentalización de la realidad tan radical para aprovecharse de un miedo creado o existente. Pero en la política española y europea cunde la tendencia a exagerar las diferencias, a centrarse en problemas inexistentes, a no afrontar en su complejidad los auténticos, a alentar las enemistades y a silenciar las conversaciones públicas, los puntos positivos de construcción.

Lo peor es que un estado de conflicto y de pánico (in) moral, jaleado por los medios de comunicación, coloniza la conciencia de la ciudadanía que, a menudo, tiene dificultades para leer su experiencia social, que suele ser mucho más rica y más alentadora. Lo ha hecho Vox con las armas. Y, salvando todas las diferencias, que son muchas, lo ha hecho la Liga en Italia con la inmigración. Lo hace el PSOE cuando sostiene que necesita un nuevo mandato para que la vuelta de la derecha al poder no acabe con el Estado del Bienestar que Mariano Rajoy estuvo a punto de destruir. Lo hace el PP cuando augura que un nuevo Gobierno de Sánchez supondrá el fin de la libertad de educación y un acuerdo con los independentistas que romperá España. Lo hace Ciudadanos cuando promete no pactar con Sánchez, limitando así uno de los posibles Gobiernos constitucionales. Es así en España desde 1996, desde que Aznar obtuvo la primera mayoría absoluta. El expresidente se ha convertido en uno de los promotores del pánico moral que él mismo sufrió.

La técnica del pánico llega a su punto máximo de inmoralidad cuando el riesgo en nombre del que se quiere actuar no existe. Es el caso de las armas. La inseguridad ciudadana es el decimosegundo problema para los españoles. Solo 2 de cada 100 españoles la ven como amenaza. El 69 por ciento aseguran sentirse seguros porque viven en un país seguro. En España apenas se cometieron el último año 225 robos por cada 100.000 con fuerza en viviendas.

La cuestión de la inmigración no es exactamente igual pero tiene similitudes. Un estudio publicado hace unos días por el Pew Research Institute refleja que, en los 20 países de todo el mundo que más inmigrantes han recibido en los últimos años, la inmensa mayoría de los ciudadanos piensa que la llegada de extranjeros hace más fuerte su nación. Curiosamente algunos de los países que menos inmigrantes han recibido en ese grupo son los que peor valoran a los inmigrantes. En esos países hay partidos políticos dispuestos a explotar el pánico moral.

Ni las armas personales son necesarias para defenderse, ni los inmigrantes llegados constituyen necesariamente una amenaza, ni una victoria de los socialistas supone el fin de la España constitucional y de la libertad educativa ni tampoco una victoria del PP acabaría con las conquistas sociales. Al menos en términos netos. Las cosas son mucho más complejas.

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Recordemos lo aprendido en la crisis

Fernando de Haro

La frase ha provocado que la semana pasada se volviera a hablar de crisis. "El debilitamiento en los datos apunta a una moderación notable en el ritmo de expansión económica, que se extenderá a lo largo del año", aseguró Mario Draghi, el gobernador del BCE, el pasado jueves, en una comparecencia que había generado mucha expectación. La notable rebaja de las previsiones de crecimiento para 2019 en apenas unas semanas (del 1,7 por ciento de diciembre al 1,1 por ciento de comienzos de marzo) y, sobre todo, la contundencia de las medidas de política monetaria adoptadas, reflejan hasta qué punto el riesgo de que volvamos a tener problemas serios es alto. Tanto el BCE como la OCDE han rechazado la posibilidad de una nueva recesión (dos trimestres de crecimiento negativo), pero hay expertos menos optimistas.

¿Qué le pasa a Europa? ¿Otra nueva recaída, cuando, además, en el mes de mayo, las elecciones al Parlamento Europeo pueden suponer un tsunami político? La economía del Viejo Continente es una de las más expuestas a la situación global. Un estornudo de los dos gigantes, Estados Unidos y China, supone un resfriado o una gripe en Europa. La última crisis nos enseñó que los mercados perfectos no existen, la relación entre oferta y demanda no sigue unas leyes físicas neutrales que generan, de forma automática, el bienestar. Hay muchas “perturbaciones” que no permiten transformar el egoísmo de los que compran y venden en una globalización provechosa.

China y Estados Unidos compiten en una guerra tecnológica y comercial, animadas por una pulsión nacionalista, y eso no significa más crecimiento para todos. De momento supone una caída de las compras en el exterior, y eso nos afecta a los europeos, y especialmente al sector industrial (automovilístico) alemán. Las expectativas negativas de un Brexit sin acuerdo provocado por el nacionalismo británico también nos hacen daño. En este contexto es difícil entender el entusiasmo de algunos por “la solución rusa”, otro nacionalismo con severos problemas económicos y demográficos, que puede ofrecer gas, sí, pero sobre todo desestabilización democrática y noticias falsas (sus dos productos favoritos).

En este contexto de riesgo es esencial recordar lo que hemos aprendido en la última gran crisis: la ingenuidad liberal no está a la altura de los problemas. Estamos en un mundo globalizado en el que las soberanías nacionales no tienen prácticamente capacidad de intervención. Hacen falta decisiones políticas con más peso del que ofrece un solo país. Y a la par, aunque parezca paradójico, es necesario subrayar el protagonismo de la persona, no como individuo aislado que es capaz de sacar rédito del mercado, sino como sujeto relacional, dotado de toda una serie de recursos y de habilidades para reconstruir y reinventarse en un mundo global y en rápido proceso de digitalización, un mundo en el que las viejas formas de trabajo tienden a desaparecer.

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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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