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23 SEPTIEMBRE 2019
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¿Triunfadores y derrotados?

Miguel G. García-Revillo | 0 comentarios valoración: 2  46 votos
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Obviamente, como en todo proceso electoral, hay triunfadores (PSOE, Ciudadanos y Vox) y derrotados (PP y Podemos). Sin embargo, al contrario que muchos analistas, de uno y otro signo, creo que las claves de estas elecciones y, particularmente, de los dos resultados electorales más llamativos, esto es, la victoria del PSOE y el monumental batacazo del Partido Popular, no están donde se está diciendo sino en otros datos. Vayamos por partes.

Las encuestas electorales del CIS se aproximaron en cuanto al número de escaños, pero no en los porcentajes de voto, donde estaban muy lejos de la realidad. Como en tantas elecciones generales, España refleja un sano equilibrio entre izquierda y derecha, casi por mitad, que sólo se altera en casos muy excepcionales, y ligeramente. A diferencia del “CIS de Tezanos”, que arrojaba una ventaja a favor del bloque de izquierdas de casi 10 puntos, los resultados electorales dan, aproximadamente, un 43 por ciento al bloque PSOE-Podemos y un 41 por ciento al formado por PP, Ciudadanos y Vox. En votos, la diferencia es aún más ajustada. Apenas cien mil votos de ventaja para las izquierdas sobre las derechas. Este resultado no se ve sustancialmente alterado si contamos también a los partidos nacionalistas, pues al triunfo de la izquierda (ERC) se contrapone el peso de la derecha (PNV-Junts per Catalunya) en parecidas proporciones.

Al contrario de lo que dicen muchos analistas, la gran derrota electoral del PP no viene motivada porque haya perdido el centro, o por la supuesta radicalización de su discurso españolista. Con los datos en la mano, de los casi 8 millones de votos obtenidos en las elecciones anteriores, al PP se le han ido 2 millones y medio a la derecha (a Vox) y “apenas” un millón al centro (Ciudadanos), si es que el millón de votos que gana C’s viene entero del PP, que lo dudo. El PP no ha perdido el centro. Ha perdido, sobre todo, la derecha. Y ha perdido también por su manifiesta ineptitud, desde hace más de 30 años, en materia de comunicación, de transmisión de su mensaje, de su proyecto y de sus logros, cosa que la izquierda tiene garantizada mediáticamente y que, en el bloque de las derechas, C’s maneja muy bien y Vox también ha logrado con un mensaje directo y sin complejos. Eso, sumado a una corrupción grave, en casos significativos, ha mandado al PP a la lona, y le mandará al abismo, como ocurrió con la desaparecida UCD, si no da un brusco cambio de orientación a su conducta, que lo dudo.

Cuando en las elecciones anteriores ganaron las derechas, muchos amigos de izquierdas expresaron su disgusto, en persona y en las redes sociales, manifestando su decepción porque una parte tan importante de españoles votaran a un partido comido por la corrupción, como el PP. Hoy, muchos amigos de derechas se hacen la misma pregunta en la dirección contraria, expresando su decepción por el respaldo obtenido por un partido que tiene tanta o más corrupción que el PP, liderado por alguien que plagió su tesis, que ha mentido abiertamente o faltado a su palabra más veces que todos sus rivales juntos, y que manifiesta una descarada falta de escrúpulos a la hora de buscar apoyos para alcanzar el poder. La respuesta, en una y otra dirección, a mi juicio, es sencilla: en España, nadie vota a gusto desde hace 30 años. Sólo lo hicieron los ilusionados votantes de Podemos en 2015, y lo han hecho los ilusionados votantes de Vox en 2019.

Centrándonos ahora en la izquierda, de las muchas personas a las que he escuchado en las previas a estas elecciones, no hay ninguna que estuviera a gusto con “sus” políticos, ni siquiera que tuviera buena opinión de ellos. ¿Por qué les han votado entonces? Pues por lo mismo que los de la derecha votan a los suyos: porque en España se vota a la contra, para evitar que salga el adversario, no a favor.

El PSOE ha ganado por dos motivos. En primer lugar, por la implosión de Podemos, que se ha hundido, lastrado por sus divisiones internas (que sus votantes han interpretado como fruto de las ambiciones personales de sus líderes) y por su incoherencia (simbolizada en el hecho de que su líder carismático, Pablo Iglesias, se mudara a una zona pija de Madrid a vivir en un chalet de lujo). En segundo lugar, por la irrupción de Vox, con su mensaje cada vez más cercano a la extrema derecha, que ha sido percibido por el votante de izquierdas como una amenaza real tras el éxito de este partido en Andalucía y a la vista de las encuestas electorales, que vaticinaban un fuerte ascenso, incluso mayor que el que finalmente se ha producido.

¿Por qué han subido tanto Ciudadanos y Vox? Pues creo que, sencilla y llanamente, porque no tienen casos de corrupción y por su mayor capacidad de comunicación, cada uno a su estilo. En el caso de C’s, porque, como el PSOE, se explican muy bien, con resolución, saben cómo hablarle a la gente, con mensajes directos, claros, que se entienden. Venidos muchos de ellos del mundo profesional, los de C’s tienen “horas” de “barra de bar” (que es donde se aprende a “leer” lo que de verdad piensa la “calle”) y se les nota. En el caso de Vox, porque, a diferencia del PP, defienden su idea nacional de España y su ideología liberal (en lo económico) y conservadora (en lo social) sin complejos, expresando convicciones que, acertadas o equivocadas, sus votantes saben que son auténticas, que sus líderes se las creen, a diferencia del PP, que no parece tener más convicción que conseguir el poder y los privilegios asociados a los cargos. Como le sucedió al PSOE, en su día, con Podemos, antes de que los votantes de este partido se llevaran la tremenda decepción que les ha hecho retornar, a disgusto, al Partido Socialista.

¿Qué va a pasar en los próximos meses? Es difícil predecirlo. En el nivel de “política-basura” en el que nos movemos desde hace décadas, a Pedro Sánchez se lo han puesto muy fácil para ofrecerle a C’s el caramelo envenenado de formar con ellos una mayoría absoluta de gobierno (con o sin ministerios). Esto obligaría a C’s a faltar a su palabra (una vez más), lo que posiblemente le haría bajar en futuras elecciones, y humillaría a Podemos, que ya soñaba con ministerios. De negarse C’s, le bastaría con el apoyo (prácticamente gratis) de Podemos y la abstención de los nacionalistas para formar Gobierno y tener una legislatura corta, creo yo, pero más cómoda que la anterior.

En todo caso, dudo mucho que este resultado electoral se repita en futuras elecciones. En las celebradas el domingo, la “ley” d’Hont, por una parte, y Podemos y Vox (muy a su pesar, obviamente), por otra, le han hecho el “trabajo” al PSOE, pero éste está muy lejos de aquel PSOE que entusiasmó a sus votantes de principios de los años ochenta, cuando sacaba más de 200 diputados. Además, si el PP no rectifica (que no estoy seguro de que sepa hacerlo), el PSOE va a tener enfrente, como resultado de un “sorpaso” de hecho, a C’s, un partido mucho más capacitado a la hora de destapar las “vergüenzas” de Pedro Sánchez, y la corrupción del PSOE, como ya demostró en los debates electorales, decisivos en esta ocasión como no lo habían sido antes.

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