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23 MAYO 2019
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Concretamente europeos

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 1  21 votos
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Estamos ya en plena campaña de unas elecciones al Parlamento Europeo que van a ser decisivas. Decisivas por muchas razones. Por primera vez un grupo antieuropeo y nacionalista, como es el encabezado por Salvini y Le Pen, se puede convertir en la cuarta fuerza. El resultado de los populares y socialdemócratas, debilitados, va a ser determinante para que el alemán Manfred Weber (conservador) o el holandés Frans Timmermans (socialista) puedan aspirar a presidir la Comisión Europea (el verdadero órgano legislativo europeo). Si las que hasta ahora han sido las dos grandes familias políticas europeas salen muy debilitadas, la presidencia de la Comisión y otros cargos relevantes no tendrán en cuenta la composición de la Cámara. El resultado de los comicios será también decisivo para la elaboración del presupuesto 2021-2027. Si los partidos netamente europeístas pierden fuerza, será más difícil una presión efectiva a la Comisión y a los gobiernos nacionales para aumentar el gasto y modernizar la distribución de sus partidas. Y con menos votos en favor de esas formaciones será también más difícil terminar la reforma del euro. Aunque no dependa del Parlamento Europeo, es inevitable que un voto por menos Europa suponga una dificultad mayor para aprobar un presupuesto que actúe como estabilizador ante recesiones, para convertir el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) en un Fondo Monetario Europeo y para culminar la unión bancaria.

Pero estas elecciones no solo son decisivas porque el resultado puede suponer un freno en la construcción de Europa. Sino por el “ánimo” con el que muchos electores acudirán o no acudirán a votar y porque el mundo ha cambiado sustancialmente en los últimos cinco años. La victoria de Trump supone, en gran medida, haber perdido el apoyo del vínculo atlántico. El presidente de los Estados Unidos recibe a Orban, el antieuropeo presidente de Hungría, mientras que la semana pasada el secretario de Estado Pompeo cancelaba una entrevista con Merkel. China ya no oculta su voluntad imperial y sus planes de hacerse con sectores estratégicos y Rusia está decidida a desestabilizar todo lo que pueda.

En este contexto, como bien señala Ivan Krastev (autor de After Europe), los europeos están dominados por la nostalgia. A una Europa cansada porque ha renegado de su origen (Francisco), le asalta ahora el miedo. Estamos ante una nostalgia imprecisa que no sabe definir cuál fue nuestra edad dorada (quizás la reconstrucción tras la II Guerra Mundial). Y ante un miedo no solo a un futuro peor o a la creciente desigualdad (Habermas). Más bien es el temor de no saber bien quiénes somos. La mayor o menor confianza en Europa no depende solo de un déficit democrático (Weiler) sino de una inseguridad sobre nuestra identidad.

Frente a esa crisis de identidad hay dos tentaciones que se antojan soluciones rápidas: dar por fijadas las posiciones de los votantes antieuropeos y pro-europeos para lanzarse a la batalla y revindicar una europeización “desde arriba”. Krastev señala de forma sugerente que la polarización absoluta entre nacionalistas soberanistas y europeístas tiene algo de espejismo. El columnista del New York Times señala que ese enfrentamiento ni siquiera se produce en Hungría, quizás sí en Polonia. Habría que huir pues de una confrontación infecunda. No son los soberanistas ni los euroescépticos los que pueden hundir Europa sino la propia Europa si no propone soluciones nuevas. Krastev aboga por no defender a la Unión Europea pero sí reinventarla. Interesante propuesta que sugiere una nueva síntesis, la enésima reconstrucción.

De igual modo que la Europa que salga de las nuevas elecciones no deber ser la Europa victoriosa o la Europa vencida por el soberanismo, la identidad europea no puede recuperarse desde arriba o por el simple e improbable rescate de sus raíces. Esta es la debilidad de Macron o de todos aquellos que recuerdan el valor de una tradición donde los valores del derecho romano, el cristianismo o la ilustración eran un faro.

La política cultural europea ha sido un claro síntoma de la imposibilidad de recuperar una identidad desde arriba. Europa nació sin políticas culturales. Y cuando se realiza la reforma de Maastricht de 1992, con las posteriores modificaciones que dan lugar al Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, cuando por fin se reconocen las competencias culturales, no se hace una referencia a la identidad cultural europea. Se habla solo de las culturas de los estados miembros y de una herencia común. Más interesante para fraguar la identidad de Europa han sido experiencias como el programa Erasmus. Ha servido y sirve para adquirir desde abajo, desde las relaciones entre los distintos, una experiencia concreta de quiénes somos. El problema de la identidad y de la falta de sentido no puede resolverse apelando a un legado histórico, a las raíces de Europa, a un pasado glorioso: la tradición no está en pie.

Ser europeo en este momento es empezar por el principio, por un reconocimiento en la experiencia del bien práctico que supone estar juntos. La verdad de lo que signifique ser europeo siempre será, como toda verdad, relacional, llegará a través de la experiencia.

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La oportunidad tras la victoria socialista

Fernando de Haro

Una semana después estamos en mejores condiciones de comprender lo que ha sucedido en las elecciones generales y de entender la oportunidad que puede proporcionar la nueva situación política. Tras diez meses de un Gobierno en precario, el PSOE ha conseguido una victoria amplia (123 escaños de un total de 350) en un Congreso con cinco fuerzas de peso nacional. Todo esto en una Europa en la que los partidos tradicionales tienden a desaparecer. La victoria se debe a la recuperación de parte del voto que había emigrado al populismo de izquierdas (Podemos), a la movilización de un millón extra de votantes de izquierda y a la fragmentación de la derecha en tres fuerzas (PP, Ciudadanos y Vox). Algo más de un tercio de los votos de Vox (700.000 votos) se han quedado sin representación parlamentaria y han favorecido al PSOE por la ley electoral.

En realidad no se entiende la victoria de los socialistas sin la emergencia de Vox, convenientemente utilizada para sembrar el pánico y movilizar a los abstencionistas de la izquierda. La nueva formación se presentaba como el partido que, después de años de renuncias de la derecha a principios y valores, venía a restaurarlos. Ha hecho de la unidad de España, de la lucha contra la ideología de género, de la lucha contra el aborto, del combate contra el feminismo, sus banderas. No es un partido como el Frente Nacional o Alternativa por Alemania porque apenas recibe un cinco por ciento de votos desencantados de la izquierda. Es un partido apoyado por cierta derecha sociológica que, curiosamente, hace suyo algo propio de la izquierda utópica: convertir la política en un instrumento salvífico, reclamar la teologización de la política para que defienda ciertos valores aunque estos hayan sido abandonados o relativizados por la sociedad (se acaba culpando a la “ingeniería social” de su destrucción).

Vox, que se enfrenta al progresismo, acaba asumiendo los principios metodológicos revolucionarios, sobre todo cierto maniqueísmo dialéctico (cuanto peor, mejor). Para algunos es el partido católico, a pesar de haber perdido lo más católico que hay en política: la “reserva escatológica”, la referencia de las dos ciudades.

La voluntad expresa de afirmar políticamente ciertos valores, porque el PP no lo hacía, y el corrimiento del PP hacia posiciones de Vox ha provocado la movilización de una casi-mayoría de izquierda (48 por ciento) y el crecimiento de la opción liberal que no se reconoce en esos principios. El empeño en afirmar un bien innegociable ha contribuido a que no se realizara el bien posible.

La victoria de los socialistas en cualquier otro país de la Unión Europea podría verse como una buena noticia. Ha estado acompañada de la emergencia con fuerza de un partido bisagra liberal (Ciudadanos), y llega después de que el ciclo del centro-derecha (PP) quedara claramente agotado por la gestión de la crisis y por la corrupción.

Pero no todo es tan sencillo. La derrota cosechada por el centro-derecha (PP) permite vaticinar, si no la desaparición del partido, sí una larga travesía del desierto, lo que sin duda no será bueno para el sistema de contrapesos. A menos que los liberales de Ciudadanos lo sustituyan por completo (lo han sustituido ya en la mente muchos ex votantes del PP).

La oportunidad tras la victoria socialista

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  44 votos
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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 1  765 votos

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  2538 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón | 30 comentarios valoración: 2  3638 votos

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