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23 MAYO 2019
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>Entrevista a Pedro Linares, profesor de la Universidad Pontificia de Comillas-ICAI

Ante la inevitable transición energética

Francisco Medina | 0 comentarios valoración: 2  18 votos
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¿Qué significa el proceso de Transición energética? ¿De dónde surge?

En realidad, transiciones energéticas siempre han existido. Normalmente, un proceso de transición es una evolución de una situación a otra. En un principio usábamos la leña, las velas y los candiles; luego pasamos a usar aceite, luego carbón, luego energía nuclear, gas, ahora renovables, etc. ¿Qué es lo que comúnmente se denomina ahora mismo “transición energética”? Una aceleración de esa evolución, impulsada fundamentalmente por la necesidad de reducir emisiones de CO2 para frenar el cambio climático.

Partimos entonces de que se da un cambio climático…

Claro. Cada vez se tiene más claro, aunque algunos aún lo niegan, que hay un cambio climático y que además, más allá del cambio climático natural, hay otro de origen antropocéntrico, de origen humano, que es el que se ha producido a una escala mucho mayor de lo que veníamos viendo en los últimos 150 años, desde que empezamos a usar combustibles fósiles; eso es lo que llamamos cambio climático a efectos de la transición energética. No tanto el cambio natural que se produce a lo largo de cientos de miles de años sino el cambio que se está produciendo en estos últimos 150-200 años porque, si seguimos así, se va a acentuar más y ese es el que intentamos evitar dentro de lo posible, porque hay una parte que no vamos a poder evitar, con la transición energética. En el fondo, de lo que se trata es de ver cómo dejamos de usar combustibles fósiles, que son los que están contribuyendo al cambio climático.

¿Es un fenómeno nuevo el cambio climático? Hace pensar, a primera vista, en un paralelismo con el proceso de reconversión industrial que hemos tenido en España…

De hecho, hace poco tuvimos una jornada sobre transición energética justa y hablábamos de la reconversión, porque es un ejemplo, aunque es verdad que no es exactamente igual, tampoco en términos de plazos, porque la transición energética ya lleva muchos años haciéndose. Ahora parece que todo es urgente, pero ni aunque sea urgente la vamos a poder hacer en cinco años. Por ejemplo, a 2030, que es el escenario que se está planteando en Europa, vamos a transformar una parte, y reduciremos nuestras emisiones un 20% sobre el año 90, y eso no es nada, porque en 2050 deberíamos llegar a eliminarlas totalmente.

Realmente, si piensas de verdad en la transición, es algo que va a llevar cuarenta años y en la que ya llevamos veinte. Eso supone unos plazos que no son ni mucho menos los de las reconversiones, que en diez años tenías que hacerlo. Pero a cambio tiene otras circunstancias. Por ejemplo, la reconversión industrial se hacía porque no había más remedio. En la reconversión no había alternativas: había que cerrar y punto. De modo que tiene algunos elementos similares, pero otros no. Ahora hay alternativas, no es que de repente tengas que cerrar todos los fósiles, aunque habrá que hacerlo, pero con más tiempo. Entretanto vas teniendo alternativas que, además, van siendo competitivas, no ahora necesariamente, pero a lo mejor dentro de diez años esas alternativas ya son competitivas, con lo que podríamos decir que ya no supone tanto esfuerzo.

¿Qué energías alternativas crees que serán más competitivas?

Ahora mismo las que están en el umbral de la competitividad son la eólica y la fotovoltaica, que en algunos sitios ya son competitivas. Todo depende de si tienes que construir tu sistema energético de nuevas o no. Si lo tienes que construir de nuevas, hay gente que ya, a la vista de los costes, le merece la pena apostar directamente por las renovables, para producir electricidad, que luego la energía es mucho más. También es movilidad, y ahí todavía no hemos llegado a la competitividad. Hay quien dice que llegará en 2022-25, no lo sabemos, pero sí puede estar por ahí.

¿Qué ventajas y riesgos ves en este proceso de transición energética que nos va a afectar a todos los ciudadanos?

Tiene muchas ventajas si se sabe hacer bien. Si eres capaz de hacer este proceso de evolución de una manera que vaya acompasada con cómo ayuda la tecnología, con los cambios de comportamiento, es decir, de sensibilización de la gente, y en esto siempre pongo el ejemplo de cómo hemos cambiado nuestro comportamiento con la gestión del agua: de un año para otro estábamos consumiendo muchísima menos agua porque nos habíamos dado cuenta de que el agua no se puede tirar, si hay este cambio de comportamiento y además la tecnología nos ayuda, este proceso de transición puede no ser muy costoso. Algo nos va a costar, ya solo el hecho de cambiar de hábitos supone un coste, en términos de confort, de cambiar algo. Pero lo cierto es que si se hace de manera inteligente, ese coste puede ser bastante asumible. Además, hay que tener en cuenta que si no lo haces, el coste que tendremos que pagar en términos de cambio climático será muy grave. Puede decirse que hay dos categorías de coste: el coste ambiental, que no solo incluye el cambio climático –que es fundamental–, sino otros elementos que pueden revertir como beneficios; por ejemplo, si conseguimos reducir el uso de vehículos en las ciudades; si consigues realizar esa transición no solo estás reduciendo emisiones de CO2 sino también reduces emisiones de partículas contaminantes que son muy dañinas, aparte de la congestión, el ruido, etc; y la gracia es conseguir hacer eso al menor coste posible. El truco está en hacerlo de la manera más inteligente posible.

¿Puede decirse que las energías renovables están reduciendo sus costes de explotación?

Sí, en muchos países ya están siendo competitivas, ya no interesa abrir una central de gas, por ejemplo. Queda por resolver el problema del respaldo. Hay días que no son buenos para producir con fotovoltaica, tienes que pensar qué haces cuando no hace sol o no sopla el viento. Hay maneras para solucionar eso, por ejemplo los pantanos que tenemos en España nos ayudan en eso.

Para el año 2030, ¿cuáles crees que serán las energías de respaldo?

Lo que vemos en los estudios es que para 2030 no hay un problema fundamental en España, ayudados por varias cosas: primero, porque tenemos energía hidráulica; segundo, porque tenemos muchos ciclos combinados de gas que están casi parados y que, por tanto, si hace falta, se vuelven a arrancar y nos dan ese respaldo. En ese sentido, tenemos suerte, no nos hace falta hacer grandes cosas. En otros países que no tienen hidráulica o eso que llamamos sobrecapacidad, van a tener que invertir para dar respaldo a las renovables, y eso supone que les va a costar un poco más.

Se habla de la posibilidad de que, para 2030, pueda comercializarse la producción de energía a partir de fuentes de energía marina (mareomotriz, undimotriz, barrera de marea…), o del almacenamiento energético del futuro (sales o baterías). ¿Sería factible?

La maremotriz está en una fase de desarrollo más temprana, la eólica marina sigue siendo más cara que la eólica terrestre pero ya empieza a acercarse. Otra cosa es almacenar, que consiste en recoger electricidad que has producido en un momento dado y guardarla para otro momento. Supone un gasto adicional a la generación y no se pueden comparar, porque no es lo mismo un coste de almacenamiento que un coste de generación. La energía tienes que generarla, sí o sí, y una vez que la has generado, puede que la tengas que almacenar o no, depende. Las fósiles son sencillas de almacenar. En cambio, cuando no hace sol, ¿qué hacemos con la fotovoltaica? Tienes que almacenar o bien usar energía almacenada, como la hidráulica, que está almacenada en los pantanos y la puedes utilizar siempre que tengas suficiente agua embalsada. Hay que jugar con todos esos factores. El almacenamiento que no sea hidráulico ahora mismo también es bastante caro y por ahora no interesa.

El problema es que no llueva...

Claro. En España, cuando piensas en un sistema eléctrico descarbonizado, el problema que vamos a tener es lo que llamamos “almacenamiento estacional”, que no te lo resuelven las baterías. Es un almacenamiento que, cuando viene el anticiclón de las Azores y nos tiramos tres semanas seguidas con sol poco intenso, sin viento y sin lluvia, ¿cómo pasamos esas tres semanas? Ese es uno de los grandes retos que tenemos. Ahora mismo no hay tecnologías que nos permitan pasar esas tres semanas. Hay una posibilidad que es guardar agua almacenada para esas tres semanas, pero si las guardas para esas tres semanas, entonces no la usas para otros momentos. Hay que ver qué interesa más. Y las predicciones nos dicen que en España vamos a tener un 20% menos de agua y si tienes menos agua, habrá también menos almacenamiento y puedes jugar menos con eso.

Es evidente que hay factores económicos, pero también sociales y medioambientales en este proceso de transición energética, ¿crees que se ha concretado esta vinculación energía-medio ambiente en la normativa nacional y comunitaria?

En España hay ahora un Anteproyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética, que ya debía haber salido con el Gobierno del Partido Popular; pero todos tenemos esperanzas de que acabe existiendo una ley que en el fondo lo que hace es marcar una estrategia nacional acorde con lo que pide Bruselas y con nuestro compromiso con la lucha contra el cambio climático. La UE tiene concertada una política climática que marca cómo vamos avanzando todos en esa dirección.

¿Qué instrumentos vinculantes tiene previstos la Unión Europea en este sentido?

Bruselas tiene dos instrumentos. Uno es lo que se llama el sistema europeo de comercio de emisiones, un mercado de emisiones que afecta a la industria y al sector eléctrico; y otro, lo que llamamos sectores difusos, como el transporte y los servicios, para lo que marca unos objetivos vinculantes para los países. Cada uno tiene que ver cómo logra cumplir esos objetivos. Unos Estados ponen impuestos, otros promueven la rehabilitación de viviendas, otros gravan o restringen la venta de los coches diésel y gasolina; cada país es soberano para decidir qué quiere hacer en el ámbito de los sectores difusos.

Parece que se exige elaborar un Borrador de Plan Nacional Integrado de Energía y Clima por parte de cada país.

Va en paralelo, pero no es vinculante. Los países tienen un objetivo acordado con Bruselas, que sólo afecta a los difusos, no a los otros. Bruselas dice a los países que tienen que elaborar un Plan para reducir emisiones, pero no dice cuánto. De hecho, muchos países han limitado su reducción a lo mínimo exigido por la normativa europea. Es algo parecido a lo establecido en el Acuerdo de París: no hay obligaciones estrictas para los países pero éstos han de decir qué y cómo en el 2030. Se marca una obligación de reducción de emisiones, pero luego, por ejemplo, los objetivos de renovables no son vinculantes a nivel nacional, ni los de eficiencia energética, por lo que lo único que tenemos que hacer es cumplir con esos objetivos de reducción de emisiones de la manera que cada uno vea más apropiada para su país.

En España se ha creado, por vez primera, un Ministerio que integra las cuestiones de Medio Ambiente y Energía, ¿está llamado a quedarse?

Tiene ventajas e inconvenientes. Si me apuras, diría que es mejor que estén integradas porque la historia que hemos vivido es de enfrentamiento entre Medio Ambiente, interesado en cumplir con los objetivos de reducción, y el Ministerio de Energía, empeñado en buscar la energía más barata posible. Y ahí el conflicto es inevitable porque la energía más barata no es ahora mismo la más limpia. Llegará un momento en el que no haya conflicto. Personalmente, creo que el que exista un solo Ministerio que armonice, facilita mucho, aunque se puede objetar que esa función la puede asumir el Presidente del Gobierno. Aunque el hecho de estar separado tampoco es un obstáculo, de hecho así está en muchos países con una política ambiental muy buena, por lo que no es una condición imprescindible, pero seguro que facilita las cosas y engrasa algunos procesos.

¿Y qué hay de la sociedad civil?

En todo este proceso de transición, creo que sí hay una contribución de la sociedad civil. Primero están las ONG, fundamentalmente ecologistas pero no necesariamente, luego están las universidades y centros de investigación, que creo que han tenido un papel muy activo. Las empresas también juegan su rol, a veces a favor, a veces en contra. Creo que en un debate como este sí hay mucha conversación a nivel de sociedad civil. Otra cosa es cómo eso luego se traslada a la legislación. Hasta cierto punto, se ven trasladadas ciertas cuestiones que se han debatido en la sociedad civil, aunque otras no, evidentemente, porque los gobiernos son soberanos para decidir qué quieren hacer. Nosotros llevamos mucho tiempo trabajando en este ámbito, por ejemplo, desde una cátedra universitaria que tenemos organizamos varias veces al año jornadas de sociedad civil y sí tenemos la sensación de que hay conversación y cierta capacidad de influencia.

Por ejemplo, en temas de pobreza energética…

Nosotros hicimos un estudio en la universidad que creo que tuvo mucha influencia en los programas electorales; en ese caso sí se vio ese trasvase de la discusión que había no solo entre nosotros sino que también había otras instituciones trabajando sobre esta cuestión, y la Estrategia de Pobreza que se ha llevado a cabo sí ha reflejado parte del debate de la sociedad civil en este punto.

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La oportunidad tras la victoria socialista

Fernando de Haro

Una semana después estamos en mejores condiciones de comprender lo que ha sucedido en las elecciones generales y de entender la oportunidad que puede proporcionar la nueva situación política. Tras diez meses de un Gobierno en precario, el PSOE ha conseguido una victoria amplia (123 escaños de un total de 350) en un Congreso con cinco fuerzas de peso nacional. Todo esto en una Europa en la que los partidos tradicionales tienden a desaparecer. La victoria se debe a la recuperación de parte del voto que había emigrado al populismo de izquierdas (Podemos), a la movilización de un millón extra de votantes de izquierda y a la fragmentación de la derecha en tres fuerzas (PP, Ciudadanos y Vox). Algo más de un tercio de los votos de Vox (700.000 votos) se han quedado sin representación parlamentaria y han favorecido al PSOE por la ley electoral.

En realidad no se entiende la victoria de los socialistas sin la emergencia de Vox, convenientemente utilizada para sembrar el pánico y movilizar a los abstencionistas de la izquierda. La nueva formación se presentaba como el partido que, después de años de renuncias de la derecha a principios y valores, venía a restaurarlos. Ha hecho de la unidad de España, de la lucha contra la ideología de género, de la lucha contra el aborto, del combate contra el feminismo, sus banderas. No es un partido como el Frente Nacional o Alternativa por Alemania porque apenas recibe un cinco por ciento de votos desencantados de la izquierda. Es un partido apoyado por cierta derecha sociológica que, curiosamente, hace suyo algo propio de la izquierda utópica: convertir la política en un instrumento salvífico, reclamar la teologización de la política para que defienda ciertos valores aunque estos hayan sido abandonados o relativizados por la sociedad (se acaba culpando a la “ingeniería social” de su destrucción).

Vox, que se enfrenta al progresismo, acaba asumiendo los principios metodológicos revolucionarios, sobre todo cierto maniqueísmo dialéctico (cuanto peor, mejor). Para algunos es el partido católico, a pesar de haber perdido lo más católico que hay en política: la “reserva escatológica”, la referencia de las dos ciudades.

La voluntad expresa de afirmar políticamente ciertos valores, porque el PP no lo hacía, y el corrimiento del PP hacia posiciones de Vox ha provocado la movilización de una casi-mayoría de izquierda (48 por ciento) y el crecimiento de la opción liberal que no se reconoce en esos principios. El empeño en afirmar un bien innegociable ha contribuido a que no se realizara el bien posible.

La victoria de los socialistas en cualquier otro país de la Unión Europea podría verse como una buena noticia. Ha estado acompañada de la emergencia con fuerza de un partido bisagra liberal (Ciudadanos), y llega después de que el ciclo del centro-derecha (PP) quedara claramente agotado por la gestión de la crisis y por la corrupción.

Pero no todo es tan sencillo. La derrota cosechada por el centro-derecha (PP) permite vaticinar, si no la desaparición del partido, sí una larga travesía del desierto, lo que sin duda no será bueno para el sistema de contrapesos. A menos que los liberales de Ciudadanos lo sustituyan por completo (lo han sustituido ya en la mente muchos ex votantes del PP).

La oportunidad tras la victoria socialista

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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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