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16 JUNIO 2019
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Y ahora, ¿qué?

Ángel Satué | 0 comentarios valoración: 2  31 votos
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Antes de las elecciones ha habido manifiestos que indicaban el sentido del voto. Otros no lo hacían, pero eran suficientemente ambiguos para dejarnos igual. Ha habido conversaciones hasta altas horas de la noche. En familia, con amigos, compañeros de trabajo, hasta en la calle. Hemos retuiteado y reenviado por guasap noticas falsas, verdaderas y medio pensionistas. Hemos creído que todo acababa ayer, lo malo. Que lo bueno empezaba ahora. Que los muros que había se derruían. Que como en la “Nit del Foc”, el fuego se llevaría lo viejo y lo antiguo. Que el voto limpiaría nuestra conciencia, que el voto salvaría España, que el voto aniquilaría o purificaría tal o cual ideología. Hemos pensado que por fin dábamos la colleja que había que dar, el golpe en la mesa que mucho había tardado en llegar. Hemos pateado el trasero del cuñado, aquel que nos dio la murga en Navidad con el “voy a votar a…”. Somos modernos. Todos hemos pensado esto. Es nuestra manera de pensar. Y ahora, ¿qué?

Ahora toca el trabajo más gris y complicado que pueda pedirse a un ciudadano. Recomponer los puentes quebrados dentro de la sociedad. Afianzar los muros, asfaltar el firme, asegurar las tierras. Si hubiera una profesión que exigiese ahora el mayor salario sería la de pontonero. O ingeniero de caminos, canales y puertos (y puentes).

Ahora es el momento, si no se ha hecho antes, de salvar a las personas, aunque militen en otros partidos e ideologías.

Ahora es el momento de superar en nuestro imaginario colectivo la terrible distinción entre amigo-enemigo de Carl Schmitt aplicada a la política, puesto que apostar por una visión más amiga de nuestra visión del mundo es agrupar entre amigos y enemigos, desde la ideología, sin salvar a la persona, sin valorar a otros políticos de otros partidos. Los perjudicados, sin duda alguna, las iniciativas o proyectos concretos.

Ahora es el momento de trabajar de sol a sol, codo con codo. Ese sería el partido que debería surgir, el movimiento aún no concebido.

Ahora es el momento de no escoger a los amigos, pues seleccionamos a los enemigos en el mismo acto. La política no es agrupar a las personas en dos bandos, en varios colores, de manera que el otro es enemigo inevitable.

Ahora es el momento de profundizar en la sociedad civil, que no es sólo libertad para hacer, al más puro sentido liberal, sino que desde el evangelio esta libertad es otra cosa. Es libertad para conmoverme o no con las obras del tú, que es el otro. Con la compañía del “tú”, que es el otro. Contigo mismo.

Ahora es el momento de abandonar y superar la lógica de los espacios, como dice Francisco, y entrar poco a poco, codo con codo, de sol a sol, en la de los procesos.

Francisco reconoce que no estamos ya para alianzas, para la búsqueda de cobijo, para las seguridades y las certezas. Éstas son de Dios. El mundo es otro. Ha cambiado y los católicos no nos hemos dado cuenta, porque nos hemos vuelto paganos. Paganos en nuestra mirada. Por tratar de ser buenos ciudadanos, hemos abandonado la noción de ciudadanía como cristianos, que solo puede pasar por la solidaridad y la fraternidad, por el diálogo y el encuentro personal, con el abandono de las ideologías.

Como dice Marc Gaudé, antropólogo, estamos en un mundo de no lugares, como el aeropuerto, de paso, y vamos al mundo digital que es un no lugar. ¿Cómo debemos estar en un no lugar?

Ahora es el momento de la compañía. Es como cuando no se está en ningún lugar, o cuando todos los lugares son no lugares, hasta en la soledad del hogar delante de un móvil.

A veces no ir a ningún sitio es muy importante, es lo más importante. A veces el no argumento es el argumento. A veces la no trama es la misma trama de la vida. A veces el no exige un sí en primera persona. A veces, para la mentalidad dominante, en una historia, como mucho, hay un cuento, en lugar de una novela. Es lo que vio Pérez Reverte en una historia de David Gistau, que hizo cuento, pero él sabe novela.

No se trata de empeñarnos en el discernimiento de con quién aliarse buscando su protección, para triunfar y hacer el bien, sino confiar solo en Dios, dialogando con todos, es decir, juntos.

Dialogar con todos y no hacer alianzas con ninguno, dice Ricardi de Francisco, puesto que el Papa quiere trascender el destinatario del mensaje, y dirigirse a todos los demás hombres de la humanidad, lo que hace necesario no forjar esas alianzas o indicaciones de voto.

En el tapete está ver si el católico se ha de movilizar en términos de influencia y de poder, de espacios. Francisco no entra a valorar leyes del estado como intrínsecamente buenas ni malas, al huir de la lógica del enemigo pues es lo que trata de evitar: el complejo de Masadá.

La libertad no nos viene del estado (lo que deje a la sociedad civil), sino de nuestra dignidad, de nuestra condición de seres creados. Así nos quiere “in uscita” (en salida). Y ahora, ¿qué?

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¿De qué marca son hoy los tanques?

Fernando de Haro

Las palabras de justificación del ministro de defensa chino, Wie Fenghe, han clarificado casi todo. Cuando se cumplían 30 años de la masacre de Tiananmen, el Gobierno-Partido que rige los destinos del Imperio del Centro, ha explicado que era necesario, para mantener la estabilidad y generar la prosperidad de las tres últimas décadas, reprimir a unos estudiantes que reclamaban más libertad. Casi todo ha quedado claro. En 1989 hubo que recurrir a la violencia y matar a miles de universitarios y hoy es necesario seguir utilizando campos de internamiento, la amenaza, la tortura, la persecución del disidente.

Antes del aniversario se habían recrudecido los controles en torno a la plaza de Tiananmen, como cuando se celebra la reunión anual de un Parlamento totalmente controlado por Xi Jinping. Pekín ha vivido las jornadas habituales de un nerviosismo cuyo origen es difícil de precisar. Los responsables de los hoteles, los miembros de base del partido, la ciudad entera está atenta para identificar cualquier movimiento, cualquier persona, que pueda ser una “fuente de inestabilidad”. Las cámaras distribuidas por cada rincón de la capital recogen todas las imágenes posibles y estos días se han examinado, gracias a la nueva tecnología, con especial vigilancia para detectar cualquier tipo de anomalía. Ahora no es como hace 30 años, el poder totalitario con sistemas de Inteligencia Artificial lo hace mucho más eficaz.

Con dificultad se ha podido acceder a la plaza para, aunque sea en silencio, hacer memoria de aquel joven desconocido que desafió a una fila de tanques. No importa. Desde cualquier región del planeta, se puede rendir homenaje a aquel muchacho indefenso, con los brazos caídos, pero con la cabeza bien erguida, delante de un carro de combate con su cañón enorme listo para disparar. La máquina de la opresión es un crustáceo gigante: el tanque de la nada, el tanque de la historia, el tanque sin rostro dispuesto a aplastar frente a la figura solitaria que se mantiene en pie. No se puede rendir homenaje a todas las víctimas sin releer las páginas de los Escritos Corsarios del gran Pasolini denunciando las nuevas formas de dominación de un poder que ya no necesita de la violencia para imponerse. ¿Han desaparecido los tanques de la nada, como decían los liberales ilustrados, precisamente hace tres décadas? ¿Cuáles son ahora los tanques del nuevo poder que domina las plazas del mundo? ¿Cuál es la marca de los nuevos carros de combate?

Ian Buruma, en un provocativo artículo publicado estos días, ha destacado en Tiananmen no triunfó el régimen comunista, sino “un capitalismo autoritario”, el creado por Deng Xiaoping, el hombre de la apertura. “Las clases urbanas educadas de las que había salido la mayoría de los estudiantes que protestaron en 1989 recibieron grandes beneficios”, a cambio de no meterse en política. Lo ocurrido tras Tiananmen dejó claro que democracia y capitalismo eran perfectamente separables. Posiblemente han hecho faltan treinta años para que nos demos cuenta. “Lo que sucedió tras su aplastamiento señala que el capitalismo autoritario se ha convertido en un modelo atractivo para autócratas de todo el mundo, incluso en países que hace treinta años consiguieron librarse del yugo comunista”, concluye con agudeza Buruma.

¿De qué marca son hoy los tanques?

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La mitad de la historia sin contar

Fernando de Haro

Se acabó. Se terminó el largo proceso electoral en España. Ahora el ruido político se concentra en los posibles pactos municipales, autonómicos y en el acuerdo de investidura que haga presidente a Pedro Sánchez. La primera semana ha dejado constancia, sobre todo en los partidos llamados a ser bisagra, de una inflexibilidad proverbial para el entendimiento. La información política, por saturación y por agotamiento, deja espacio a otros acontecimientos. Uno de ellos es la preparación de la celebración del segundo bicentenario del Museo del Prado. Se vuelven los ojos hacia la gran pinacoteca madrileña, que “no es un museo sino una especie de patria”, como decía Ramón Gaya.

Es patria en muchas miradas, una de ellas, la de Goya, mirada dolida. Hace unos días Víctor Pérez Díaz, en su trabajo Europa entre el compromiso y la polarización, volvía a proponer su famoso cuadro del duelo a garrotazos. Pero esta vez, no para convertirlo en el emblema de una España dominada y enfrentada sino de lo contrario. “Goya nos ofrece, sí, una visión conflictiva de la sociedad, pero el mismo hecho de que nos da esa visión implica la invitación que el artista hace al observador para «verlo a distancia» y «rechazarlo» o «evitarlo». No es una simple expresión del cainismo; porque es también una denuncia del cainismo”, señala el sociólogo. El ojo que ve la polarización y la denuncia ya no es parte de la polarización.

Los datos de las elecciones generales de abril reflejaron un empate técnico entre el bloque de izquierda y de derechas, pero la segunda vuelta que han supuesto las elecciones de mayo ha traído un “corrimiento al centro”. Con un descenso de los extremos: en la izquierda Podemos ha perdido casi dos millones de votos y en la derecha, Vox ha perdido 1,3 millones. El independentismo en Cataluña, después de siete años traumáticos, solo ha subido dos puntos y no ha llegado al 50 por ciento. A juzgar por los datos disponibles, desarrollados por las reflexiones de algunos sociólogos, la narrativa simplista de una España enfrentada y cada vez más radicalizada en posiciones extremas es, por decirlo con terminología marxista, una superestructura que se añade a la vida real. Un relato que tiene mucho que ver con la narrativa simplista de partidos y de medios de comunicación. La España pensada por los políticos y por los medios no es la España de la experiencia. Es la tesis que viene defendido Víctor Pérez Díaz. Y en la que coinciden otros sociólogos insignes como Francisco Llera. “Tenemos datos desde hace mucho tiempo –apunta Llera– de que la gente está fatigada con la polarización de los políticos, y también de los medios. Los medios azuzan mucho la polarización para que la política sea fundamentalmente conflicto y no resolución de problemas”. El que fue director del Euskobarómetro añade que “la demanda de que se pongan de acuerdo es muy grande, tenemos un electorado y una ciudadanía muy moderada y pragmática”. Quizás por eso, el barómetro del CIS, la encuesta más solvente sobre el proceso electoral, señala que un 40 por ciento de los electores no se ha considerado bien informado de los programas de los partidos y un 60 por ciento rechaza la violencia verbal de la campaña.

La mitad de la historia sin contar

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  24 votos
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No reinan los extremos (salvo excepciones)

Fernando de Haro

No ha habido ola populista ni soberanista en Europa. El extremismo de izquierdas sufre un importante retroceso en las elecciones municipales y autonómicas de España. Todavía es pronto para entonar un canto para despedir a los populares y los socialdemócratas, a las familias políticas tradicionales de la Unión Europea.

Como siempre, por fortuna, la realidad en el Viejo Continente es más compleja que un simple esquema. Por comodidad interpretativa y analítica habíamos metido en un mismo saco a todas las fuerzas soberanistas y eurófobas. El resultado de las elecciones de este domingo pone de manifiesto hasta qué punto es un error generalizar.

Socialistas y populares dejarán de tener la mayoría en la Cámara Europea, pero podrán sumar con los liberales de ALDE. La emergencia de los Verdes frena el auge de las formaciones antieuropeas que quedan lejos de la minoría de bloqueo. En Alemania es cierto que la CDU y el SPD sufren un importante retroceso, lo que a nivel nacional pone en peligro la Gran Coalición. Pero el partido de Merkel con casi un 29 por ciento de los votos consigue un buen resultado. El principal varapalo es para el SPD (15,6 por ciento). Y la ultraderecha de Alternativa por Alemania no llega al 11 por ciento. En los países escandinavos y bálticos la derecha antieuropea cosecha malos resultados y en Holanda resucitan los socialdemócratas y también quedan frenados los radicales.

El soberanismo no es un problema generalizado en toda Europa: es un desafío serio en algunos países y en cado uno de ellos por razones diferentes. Especialmente preocupante es la victoria de Salvini en Italia, Le Pen en Francia y el buen resultado de Farage en el Reino Unido. En los tres casos estamos ante un paisaje dibujado por el desgaste por causas distintas de los partidos tradicionales. El auge de Salvini parece el penúltimo capítulo del agotamiento de los partidos de la II República, nacidos a mitad de los años 90. El líder de la Lega ha dado forma y ha aumentado un espejismo del descontento (inmigración, austeridad) que busca un chivo expiatorio en Bruselas, sin querer hacer las cuentas con la realidad. Es ese mismo descontento, de una parte importante de la Francia rural y de la Francia que se resiste a hacer reformas, el que le permite a Le Pen ganar. Los límites del neogaullismo de élite de Macron hacen imposible frenar a un Frente Nacional que ha conseguido convertirse en la formación transversal del resentimiento para una importante minoría. Los franceses están acostumbrados a dos vueltas y en esta ocasión no las hay.

Y lo del Reino Unido era más que previsible. Conservadores y Laboristas se han empeñado en suicidarse con motivo del Brexit, sin ofrecer una salida a un país encerrado en el laberinto que sus propios políticos arrogantes le han creado. El buen resultado de las fuerzas de la derecha no europea en Polonia y en Hungría responde también a historias particulares.

No reinan los extremos (salvo excepciones)

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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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