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29 SEPTIEMBRE 2020
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>Entrevista a Jean Druel

"A los jóvenes egipcios no les basta el discurso de Al Azhar"

Chiara Pellegrino | 1 comentarios valoración: 1  18 votos
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Dominico francés, estudioso de la gramática árabe, Jean Druel vive en Egipto desde hace veinte años, y desde 2014 dirige el Instituto Dominico de Estudios Orientales en El Cairo. Hablamos con él de su colaboración con la universidad de Al-Azhar, de la religiosidad de los jóvenes egipcios, de las tensiones entre el presidente Al Sisi y el gran imán Al-Tayyeb y de la declaración de Abu Dabi sobre la “fraternidad humana”.

El Instituto Dominico de Estudios Orientales de El Cairo ha convertido el estudio del islam en su vocación, para construir un diálogo académico e interreligioso. Desde hace unos años empezó a colaborar con la mezquita-universidad de Al-Azhar. ¿En qué consiste dicha colaboración?

Al-Azhar está formada por varias entidades: la Mashyakha (el despacho del jeque de Al-Azhar), la universidad, las escuelas de primaria y secundaria, la mezquita, etcétera. Siempre hemos tenido una óptima relación con la Mashyakha. Lo que es nuevo es la colaboración con la universidad. Los alumnos francófonos son los que nos lo han pedido, especialmente los de ciencias humanas. Les interesa la epistemología, el método histórico y literario, la traductología, el análisis de textos y discursos. Sus profesores no se oponen pero nos miran desde la distancia. La universidad de Al Azhar tiene 70 facultades, la mitad de las cuales son religiosas. Entre las facultades laicas están las de medicina, economía, lengua y literatura, pero no existe una facultad de filosofía. En El Cairo hay seis facultades teológicas y casi una veintena de facultades laicas, algunas femeninas y otras masculinas. De las facultades de teología, solo una es femenina. En el resto de Egipto sucede lo contrario, hay sobre todo facultades teológicas y casi ninguna facultad laica. Los graduados de las facultades de teología se pueden presentar al concurso anual del gobierno para ser imán. Es un concurso abierto a todos, pero sobre todo se presentan los que vienen de Al Azhar. En las facultades religiosas estudian muchos extranjeros que, una vez obtenido su título, regresan a sus países de origen.

Nosotros trabajamos con las secciones francófonas de las facultades de lengua y traducción (masculina), ciencias humanas (femenina) y con un departamento de enseñanza del francés a los alumnos de la facultad de teología. Desde hace dos años, organizamos seminarios mensuales. El año pasado conseguimos una importante financiación de la Unión Europea (500.000 € para cuatro años) que nos permite organizar cursos de francés con el Instituto Francés y exámenes para la certificación del nivel DELF, ofrecer estancias en Francia, pagar a profesores europeos que vienen a impartir seminarios de metodología, cubrir los gastos de viaje de los profesores egipcios que participan en congresos en el extranjero.

¿Por qué cree que existe este interés por las ciencias humanas entre los jóvenes?

Esta pregunta surgió después de la aparición del Estado islámico. Las generaciones jóvenes empiezan a darse cuenta de los límites de un islam concebido de manera puramente teórica, que se intenta aplicar sin tomar en consideración la antropología, la sociología y la filosofía. En El Cairo se oye mucho a los jóvenes decir que si el Isis es el islam, ya no quieren ser musulmanes. Dicen también que se sienten obligados a elegir entre el yihadismo y el ateísmo. Para conservar la fe en este contexto, hay que caminar sobre sobre un hilo, y no es nada fácil. Nos preguntan cómo hacemos en el convento para vivir totalmente arraigados en nuestra fe y ser al mismo tiempo totalmente modernos. Les respondemos que debe existir un nexo entre la teología puramente especulativa y la vida cotidiana.

Las ciencias humanas contemporáneas son actualmente el gran punto crítico de las universidades. Se trata de entender si es lícito o no estudiarlas y aplicarlas a la religión. Muchos dicen que el islam es un fenómeno puramente divino que solo puede ser analizado por las ciencias humanas contemporáneas. Algunos extienden este principio al árabe, como lengua sagrada en la que se reveló el Corán. No siendo una lengua como las demás, sería inútil intentar estudiarla con los instrumentos lingüísticos habituales. Pero las generaciones jóvenes ya no creen, exigen aplicar la filosofía la sociología a la religión, mientras las generaciones viejas, que no conocen estas ciencias, se muestran reacias.

¿Por qué cree que Egipto ha perdido el tren de las ciencias humanas?

Por razones principalmente lingüísticas. En muchas escuelas, las ciencias exactas se enseñan en inglés y las materias literarias, en árabe. Después de la selectividad, los mejores alumnos se inscriben en facultades anglófonas (medicina, ingeniería, farmacia…), y los menos buenos entran en las facultades de humanidades (historia, filosofía, religión…). Esta separación produce una cierta esquizofrenia. La primera generación que fue a la universidad, es decir, la generación de Taha Hussein (1889-1973), dominaba el francés y el inglés, pero a partir de la segunda generación la situación empezó a deteriorarse. Hoy, en las facultades humanísticas de las universidades egipcias, ni los profesores ni los alumnos tienen acceso a la investigación internacional en historia, filosofía, sociología o psicología. Deben contentarse con cualquier traducción. En el mundo árabe hay algunas excepciones: el Iraq de los años 60, la Siria de antes de la guerra, el Líbano y el Magreb, donde las ciencias humanas se han estudiado desde siempre en francés.

Egipto y Arabia Saudí, en cambio, han perdido el tren de las ciencias humanas. Solo trabajan en árabe y, en parte para proteger la herencia islámica y en parte por incapacidad, solo utilizan textos clásicos. Todo lo demás es sospechoso, especialmente la filosofía. Los alumnos no saben qué es una crítica objetiva, porque para ellos se trata de un oxímoron: una crítica es necesariamente subjetiva. Es una opinión, y en la universidad no se puede opinar, solo describir. Por tanto, hay un gran problema a nivel educativo en las ciencias humanas, pero no en las ciencias exactas. Tenemos óptimos médicos, ingenieros, matemáticos, pero creen cosas delirantes a nivel religioso. En Egipto domina una visión del islam puro y perfecto, totalmente divino, totalmente abstraído de cualquier contexto histórico o cultural, que sería suficiente aplicar tal cual es para resolver todos los problemas humanos. Es una visión de la religión que abre paso al Estado islámico y a su aplicación manu militari de lo que pretende ser esta religión teórica. Todos se comportan como si supieran perfectamente cuál es la esencia del islam. Esta visión ahistórica del islam es delirante. Mata literalmente a la gente.

Desde la llegada del Isis, en muchos países musulmanes se habla de renovación del islam. En Egipto, Al Sisi ha pedido muchas veces al gran imán de Al Azhar que se reforme el discurso religioso…

Esto también es delirante. El discurso religioso en Egipto está ampliamente controlado por el Estado a través del Ministerio de Asuntos Religiosos y su red de mezquitas, y está avalado por los servicios secretos y la seguridad interna. El discurso religioso no tiene ningún control por parte de Al Azhar. Si Al Sisi de verdad quiere cambiar el discurso religioso, en primer lugar tendrá que dirigirse a su ministro de Asuntos Religiosos y a sus imanes, que están financiados por el Estado. Solo una mínima parte del discurso religioso es producto de la Mashyakha. Respecto a la universidad de Al Azhar y la red de escuelas de primaria y secundaria, enseñan un catecismo tradicional muy convencional; no es de ahí de donde sale el extremismo. El problema es mucho más profundo y está ligado a lo que decía antes, es decir, al papel acordado para las ciencias humanas contemporáneas respecto de la religión. El Ministerio de Asuntos Religiosos es el que produce el discurso religioso y lo difunde a través de sus imanes, reclutados mediante un concurso anual, aunque nadie conoce el porcentaje de imanes retribuidos por el ministerio. Los sermones de las mezquitas están controlados por los servicios secretos. Igual que los programas televisivos.

En Egipto hay tres tipos de mezquitas: las del ministerio, donde predican los imanes pagados por el Estado; las mezquitas privadas (sufitas, salafitas, wahhabitas...), financiadas por particulares o asociaciones; y la mezquita de Al Azhar, que depende directamente del jeque de Al Azhar. El ministerio intenta imponer su sermón también en las mezquitas privadas, pero sin éxito. El Estado suele comportarse como un brazo de hierro para asumir el control de las mezquitas privadas, especialmente las salafitas. A veces alcanza algún compromiso: los salafitas mantienen la gestión de la mezquita pero están obligados a hospedar al predicador que el ministerio envía el viernes. Oficialmente, la mezquita de Al Azhar es independiente, pero obviamente está muy vigilada por los servicios secretos. Las relaciones entre Al Sisi y el jeque de Al Azhar son bastante tensas y el presidente intenta de vez en cuando poner en situaciones complicadas a Al Tayyib. Al Sisi querría sustituirlo, pero para eso tendría que cambiar la Constitución, que actualmente garantiza un puesto de por vida al jeque de Al Azhar.

Al Tayyib está en una situación delicada. Se encuentra entre la espada y la pared. Por un lado, el Estado le presiona; por otro, los Hermanos Musulmanes y los salafitas le vigilan. La Hermandad y los salafitas critican principalmente a Al Tayyib por considerarlo sumiso ante el Gobierno. Cuando Al Tayyib obedece las órdenes del presidente, no hace más que darles la razón. Pero si no lo hace, dejaría que su institución se hundiera. El resultado es el inmovilismo. Respecto a Al Sisi, es una militar que no está acostumbrado a comprometerse.

Por otra parte, está el hecho de que es casi imposible reformar una institución como Al Azhar (¡ni siquiera darle una orientación!) porque es demasiado grande. Se dice que en las escuelas de primaria y secundaria hay dos millones de alumnos, en 2016 había 331.000 inscritos en las diversas facultades, 17.000 de ellos extranjeros.

¿Qué reacción suscitó en Egipto la declaración firmada por el papa Francisco y el gran imán de Al Azhar en Dabi?

Ahmad al-Tayyib pidió que todas las facultades de la universidad de Al Azhar la leyeran en clase (todas las facultades, incluidas las laicas, organizan cursos de religión). Esta declaración tiene un valor simbólico muy importante. El nivel simbólico es muy útil para mucha gente que tal vez no leerá el texto y que no es muy religiosa pero entenderá que cristianos y musulmanes no son enemigos, que están juntos frente al terrorismo, la violencia y la pobreza. Este es el principal mensaje. Además, la declaración es importante porque es la primera vez que un dignatario musulmán y un dignatario católico redactan un texto juntos.

Más allá de este valor simbólico, el riego de este tipo de declaraciones es que eliminen todas las especificidades del cristianismo y del islam intentando encontrar un denominador común. La humanidad cristiana es el Cuerpo de Cristo, un todo orgánico vivo en el que Dios está presente. La humanidad musulmana es la umma, la nación de los creyentes que deben prestarse solidaridad y ayuda mutua en su peregrinación terrena hacia el paraíso. Pero el documento habla de la fraternidad humana. ¡Hemos esperado hasta 2019 para saber que somos hermanos! La Revolución Francesa o la Declaración universal de los derechos humanos ya habían ido más allá de eso. ¿Es que las dos principales religiones del mundo no tienen nada más interesante que decir?

Personalmente, me llamó la atención una frase que dice que Dios no necesita que nadie le defienda. Algunos creyentes, especialmente los musulmanes, piensan que los seres humanos deben defender los derechos de Dios, garantizar que los símbolos religiosos no se ridiculicen ni que se insulte al Profeta. Este modo de pensar genera mucha violencia. Los cristianos sabemos desde hace dos mil años que Dios no necesita que le defiendan porque el Padre dejó que su Hijo muriera sufriendo la humillación de la cruz. Cristo está del lado de los humillados, no pide protección. El pensamiento musulmán no está acostumbrado a este cambio de perspectiva, y muchos musulmanes creen que tienen el deber de hacer respetar en la tierra los derechos de Dios, proteger los símbolos, defender el islam. Esta declaración conjunta afirma lo contrario.

El gran imán de Al Azhar se ha comprometido en el diálogo interreligioso e intenta desde hace mucho tiempo, con más o menos éxito, ser portavoz del islam sunita, por no decir el Papa del islam. Los fieles musulmanes, obviamente, oponen resistencia a esta idea, sobre todo los sunitas. En el islam, especialmente en el sunita, la fuente de la autoridad reside en el conocimiento de los textos, no en una posición social, en un ordenamiento o en una elección. Los fieles musulmanes buscan sobre todo sabios, personas que conozcan de memoria los textos de la tradición y sean capaces de comentarlos. Por desgracia, hoy los sufitas tradicionales y los liberales modernistas no conocen bien los textos clásicos y por eso dejan este campo de autoridad a los salafitas, convirtiéndoles en una especie de guardianes de la autoridad.

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1Comentario
elcristianismonoesunareligion@outlook.es
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La experiencia y el deseo del corazón en los estudiantes de ciencias
El problema de los estudiantes de ciencias en Al Azar es que su religión sólo les 'permite' ser leales con su experiencia en el área de la fisica y las matemáticas; para situarse frente a cualquier otra realidad, por su religión- ideología, parten de una idea previa que censura la experiencia.

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