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20 SEPTIEMBRE 2020
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Let's go, Raptors! Un anillo para Toronto, Canadá y España

Lucas de Haro | 0 comentarios valoración: 2  12 votos
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El polideportivo de Coal Harbour en downtown Vancouver mira las deliciosas pistas de esquí de Grouse Mountain desde la orilla del Pacífico. En él se dan cita para jugar al baloncesto a la hora del almuerzo diferentes profesionales que trabajan en la zona. Persas, hindúes, caucásicos, asiáticos, hispanos; todos canadienses. Llega el mes de mayo, sus conversaciones en el vestuario no pueden contener el entusiasmo ante la primera Final de Conferencia que jugarán los Raptors de Toronto, esa ciudad hermana que dista más de 4.000 kilómetros. Las caras en el vestuario tampoco pueden contener un rictus de pavor ante la evidente paliza que sufrirán ante los Cavaliers de Lebron. Así sucedería en mayo de 2016, tres años antes de que los Raptors –la franquicia de todo un país– ganara su primer anillo de la NBA.

En la NBA, los primeros años de la década de los 10 se podrían definir como “todos contra James”, mientras que los cursos siguientes han testimoniado el dominio “epocal” de los Warriors, quienes han dejado que el cierre al decenio lo echara el primer anillo de Toronto, el primer anillo no americano. El primer título para Marc Gasol e Ibaka, el tercero para jugadores españoles tras los conseguidos por Pau Gasol con los Lakers en el 09 y el 10.

Los Raptors se fundaron en el año 1995, al igual que los Vancouver Grizzlies. La NBA por fin acogía dos franquicias canadienses, estableciendo así un campeonato inter-fronterizo como ya fuera la National Hockey League desde que se sumaran los equipos estadounidenses. Vancouver se quedaría más tarde sin equipo de baloncesto y, por esas contradicciones que nos ofrecen el marketing y el comercio, los Grizzlies migrarían desde su hábitat natural hasta Memphis en Tennessee; por la misma razón que los lagos de Minesota son angelinos o el jazz de Nueva Orleans habita en Utah. En el año 2001 Canadá diría adiós a los Grizzlies y Toronto alcanzaría la semifinal de la Conferencia Este liderados por Vince Carter; desde entonces los Raptors se convertirían en la franquicia de todo un país. Los siguientes quince años serían duros para los del norte, jugarían los playoffs solamente en cinco ocasiones y en todas caerían en primera ronda. Es la época de Calderón, Carbajosa y Chris Bosh.

En la temporada 13-14, los Raptors llegan de nuevo a la fase de eliminatorias y dos años más tarde un equipo liderado por DeRozan, con Lowry de 1 y el lituano Jonas Valaciunas (JV) de 5 llegaría a la Final de la Conferencia Este, consiguiendo así el mayor logro de la historia del equipo hasta la fecha. Allí dieron buena cuenta de ellos los Cleveland Cavaliers, campeones de la NBA aquella temporada con un monstruoso Lebron y un descomunal Irving. El tapón del primero a Igouadala y el triple del segundo en los últimos suspiros del séptimo partido de la final, la final-final, contra los Warriors harían de aquel enfrentamiento una cita memorable.

DeRozan y Lowry formaban una pareja formidable: carismática, practicaba un baloncesto de altísimo nivel, ambos asentados en Toronto, ocho presencias All Star entre los dos mientras coincidieran en Ontario, etc. Sus ruedas de prensa tras los partidos sosteniendo a sus hijos pequeños decían al mundo que los Raptors era un equipo para todos. Por su lado, JV conseguía adaptarse al juego norteamericano y aceleraba sus movimientos, creciendo en agresividad y competitividad. Pero, a pesar de todo, los canadienses no lograron superar las semifinales de conferencia en los dos años siguientes y en el verano de 2018 se anunciaron algunos cambios drásticos. DeRozan sería traspasado a San Antonio, quienes enviarían al frío norteño a Kawhi Leonard, un portentoso jugador que podría comer en la mesa de Bryant, Lebron y Durant. Leonard, un escolta que luce un significativo 2 en su camiseta, fue el jovencísimo MVP de la final de 2014 que los Spurs ganaran a los Hit de James, Bosh y Wade. Aquel año, Kawhi fue la estrella del fenomenal equipo entrenado por Popovich que lideraban Duncan, Ginobili y Parker; quienes empezaban a envejecer y, con ellos, el histórico juego colectivo de los tejanos. La aparición de Leonard aquel año parecía asegurar la regeneración continuista de los Spurs, pero todo se fue al traste debido a una lesión que sufrió durante la Final de Conferencia Oeste de 2017 contra los Warriors cuando el gigante georgiano Pachulia cayera sobre él en una controvertida jugada que dispararía las sospechas acerca de la intencionalidad del encontronazo. La temporada 2017-2018 quedaría definida por el enfrentamiento entre Leonard y Pop acerca de cómo tratar la lesión. Llegado el verano, se consumó el trueque entre las estrellas de los Raptors y los Spurs. La marcha de DeRozan dolió mucho a la afición y a él mismo; se trataba del jugador franquicia que estaba totalmente identificado con el proyecto y la ciudad. Por su parte, Kawhi desembarcaría del vuelo San Antonio-Toronto junto a su compañero Danny Green, un experimentado bombardero de triples, pero el “2” tardaría en adaptarse a Canadá y el negocio empezaba a oler a traspaso temporal.

Sin embargo, Kawhi Leonard empezaría a sentir poco a poco el calor bajo la nieve.

La temporada regular 2018-2019 comenzó y acabó muy bien para Toronto, alcanzando el segundo puesto en el Este tras los Bucks de Giannis Antetokounmpo, el estratosférico griego de origen nigeriano al que Pau Gasol ha dedicado recientemente un artículo en The Player´s Tribune en el que –justamente– reclama el MVP de la temporada regular para su compañero de equipo. Fue precisamente a los Milwaukee Bucks a quienes los Raptors derrotaron en la Final de Conferencia; anteriormente se habían desecho de un equipazo como los 76ers de Philadelphia con una última canasta de Leonard que podría haber filmado el mismísimo Hitchcock. Todos estos éxitos se han debido –en gran medida– a la llegada a inicio de temporada de Kawhi y Green; pero no se podrían comprender sin incluir en la ecuación el terremoto que tuvo lugar en la capital financiera de Canadá durante el mes de febrero. Los Grizzlies (los de Memphis) y los Raptors decidieron cambiar cromos: Marc Gasol por JV, un nuevo desgarro afectivo para los de Ontario en el que perdían a un jugador muy querido y ganaban un 5 con mayor inteligencia en el juego y experiencia competitiva. Los Raptors se convertían así en un equipo muy español ya que el catalán se unía al hispano-congoleño Ibaka y al segundo entrenador Sergio Scariolo, un italiano tan nuestro como Cristóbal Colón que entrena a la Selección Española.

Tras los Bucks, la final sería ante los omnipotentes Golden State Warriors, el súper-equipo de Oakland que acabara con el dominio de Lebron James, el conjunto de las mega-estrellas que con Curry, Thompson, Draymond Green, Iguodala, Livingstone, etc. ganara el anillo en 2015 y al que se uniera Kevin Durant (KD) en 2016 para arrasar en 2017 y 2018. Por si todo esto fuera poco, los Warriors habían sumado a su roster al ágil y polivalente center Demarcus Cousins durante el verano pasado. A pesar de que su temporada regular no ha sido tan arrolladora como las anteriores y de que KD apenas haya podido participar en la serie final por lesión, el conjunto californiano llegaba a la última eliminatoria ante los canadienses como claro favorito.

Y en estas circunstancias los Raptors se han llevado su primer anillo. Han ganado 4-2 y se han embolsado los tres partidos jugados en el Oracle Arena, estadio que dejará de albergar a los Golden State Warriors ya que cruzan este verano el Bay Bridge para mudarse de Oakland a San Francisco, ciudad de la que salieran hace casi cincuenta años.

Se habla y alaba mucho el dominio de los Warrios en el último lustro, aunque algunos les critican el excesivo recurso del triple que hacen. Por otro lado –y esto parece evidente a los ojos de cualquiera que vea algo de baloncesto– hay expertos que acusan a la NBA de ser un deporte excesivamente individualista y físico en comparación con el viejo y bello juego de equipo que se practica en el baloncesto europeo. Quizá el éxito de los Raptors haya sido combinar los diferentes ingredientes temporales de este deporte: en la cancha se han unido cuatro excelentes jugadores de equipo –Lowry, Danny Green, Siakam y Marc Gasol– con una mega estrella, ya sabéis quien. A ellos se suman dos perfectos sexto-hombre llamados Ibaka y VanVleet, quienes –siguiendo la inalcanzable estela del recientemente retirado Ginobili– ratifican que en el basket hay un quinteto inicial y, al menos, seis titulares. En esta mezcla de esencias presentes y pasadas, se ha echado de menos algo más de juego interior; poco se ha dejado ver Marc sacando codos en ataque debajo del aro. Pero qué reproche se le puede hacer al entrenador Nick Nurse, que ha dado su primer anillo a Toronto y Canadá y el tercero a los Gasol y a España.

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