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20 OCTUBRE 2019
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Una promesa

Elena Santa María | 0 comentarios valoración: 2  13 votos
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Durante las celebraciones de la conmemoración del desembarco de Normandía, el presidente Macron utilizó la palabra promesa para referirse a lo que nos llega de lo que sucedió hace 75 años en aquellas playas. Lo recogía Mariam Martínez-Bascuñán en El País. “La única forma de romper la frialdad estadística para hilvanar presente, pasado y futuro es una historia, una narración que describa y defina su sentido. Por eso afirmaba Arendt que el héroe sin discurso está ‘literalmente muerto para el mundo’. La promesa de Normandía es ese hilo conductor, el relato que nos permite entendernos hoy, y mirarnos en el espejo de quien estuvo aquí antes que nosotros. Porque de aquella promesa surgieron los pactos que, aún hoy, aunque sea de forma temblorosa, mantienen vivas las instituciones, arquitecturas pensadas para posibilitar la vida en común preservando nuestras diferencias”. ¿Sigue siendo una promesa?

Manuel Vicent, también en El País, se pregunta cuál es la promesa ante la muerte. Recordando a sus amigos fallecidos señala: “Esos amigos eran de derechas o de izquierdas, pero la guadaña les ha segado la ideología bajo los pies y ahora todos militan en el partido único de la muerte. Una noche de insomnio, a altas horas de la madrugada, hice la prueba. Antes de eliminar de la agenda el nombre de un amigo muerto me armé de valor y marqué su número de teléfono. Después de varias señales sentí que alguien levantaba el auricular al otro lado. El silencio largo y profundo que siguió a la llamada estaba lleno de lágrimas, fiestas, placeres, desgracias, éxitos, fracasos y carcajadas”.

Y ante la revolución tecnológica, ¿cuál es la promesa? “Los robots son máquinas, no tienen corazón. Sólo tienen microchips. Los chips nunca podrán soñar como el corazón lo hace. El corazón tiene amor, sueños y creatividad. Si los seres humanos solo usan sus cerebros, no importa cuánto trabajemos, no podremos competir contra las máquinas. El corazón está relacionado con el EQ (coeficiente emocional) y el cerebro con el IQ (coeficiente intelectual). Si solo competimos con nuestro coeficiente intelectual, perderemos. Tenemos que competir con nuestro EQ y LQ (coeficiente afectivo) además de nuestro IQ. Ese es el sistema educativo que el mundo necesita”. Así responde en una entrevista para ABC Jack Ma, presidente del grupo Alibaba.

La hija de Susana Quadrado, columnista en La Vanguardia, ha encontrado una promesa en las clases de su profesor de filosofía. “El profesor filósofo le había enseñado a mirar. A saber qué cosas merecen la pena ser miradas y cuáles no, sacándole algo de dentro que ni ella sabía que tenía. En definitiva, le había dado los planos para escapar de alguno de los laberintos en los que te metes a los 17 años, mientras él esperaba pacientemente a la salida. Y al final se descubrió ella: porque ese tipo lo había revuelto todo y ya era otra”.

Tras referirse a La dolce vita de Bellini, Isabel Coixet explica en XL Semanal: “Yo también corro de acá para allá hacia todas las direcciones donde creo que se aparecerá la Virgen o la verdad o lo absoluto o vaya usted a saber. Y me esfuerzo y sudo y me canso y me extenúo y sigo en pos de una quimera que no sé si existe o, de existir, si la alcanzaré. Queremos creer en los milagros. Y el único milagro de verdad es que, a pesar de todo, estamos vivos y hay mañanas que huelen a promesa, a hierba recién cortada y a esperanza”.

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