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2 DICIEMBRE 2016
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¿Emergencia nacional o emergencia educativa?

Estamos profundamente preocupados por encontrarnos en un estado de "EMERGENCIA NACIONAL" con la aparición de la fiebre amarilla y nuevamente del dengue. La epidemia de la fiebre amarilla se consideraba totalmente controlada desde el siglo XIX y, por falta de planificación, educación y medidas preventivas, este flagelo vuelve a azotar a nuestra ya sufrida nación.

Valoramos la reacción y el esfuerzo desplegado por las autoridades en general una vez detectado el brote epidemiológico. En particular de las autoridades sanitarias en función al esfuerzo realizado para la inmunización de las personas, pero cuestionamos el hecho de que no hayan tenido un plan sanitario más adecuado y una forma de actuar más estructurada, provocando consecuentemente la angustia y la desesperación en la población, en vista a la pérdida de varias vidas.

Por otro lado, se ha evidenciado una vez más una grave falta de educación cívica, educación a la limpieza, a la salud y sobre todo educación a la belleza (como se puede observar en varios de los lugares en los que ha proliferado la epidemia).

Es evidente una falta de conciencia personal y social. Ya que bien sabemos dónde prolifera el agente transmisor de este tipo de enfermedades, ¿es posible que no seamos capaces de hacer un mínimo de esfuerzo para mirar la realidad y cuidar nuestro propio ambiente? De ahí el valor de la persona. Sólo dándole el valor verdadero al ser humano como persona es como se potencia la necesidad de hacer algo por el ambiente en que vivimos y la realidad que nos toca.

A estos problemas se añade una mezquindad oportunista que trata de obtener provecho político-partidario de esta situación de emergencia, ya sea echando la culpa a los adversarios o bien favoreciendo de manera no siempre lícita a los "amigos".

Entonces, como dice el Papa Benedicto XVI , hace falta una educación adecuada del pueblo. "Por eso se habla de que la verdadera emergencia es la emergencia educativa . En realidad, existe una mentalidad y una forma de cultura que llevan a dudar del valor de la persona humana, del significado mismo de la verdad y del bien, y en último término, de la bondad de la vida".

Todas estas dificultades no son insuperables. Son más bien, por así decirlo, la otra cara de la moneda de ese don grande y precioso que es nuestra libertad, con las responsabilidades que lo acompañan.

Es necesaria una educación que nos ayude a mirar la realidad según la totalidad de los factores (prevenir es mejor que curar; y frente a las epidemias se puede comenzar por tratar de aislar y dominar los focos).

Por eso invitamos a las personas, y con más insistencia a los compañeros universitarios, a ensanchar la razón, a seguir a Cristo, que nos vuelve más humanos e inteligentes frente a los desafíos de la vida, para poder afrontar también situaciones de emergencia con un fondo de paz. Ceder al atractivo de la verdad hace de cada hombre, hasta del más frágil e incoherente, un protagonista nuevo de la historia, un caminante erguido que no cede frente a los problemas o desafíos que la realidad le propone.

 

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