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26 AGOSTO 2019
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La llegada del hombre a la Luna, una empresa sin grandes motivos... ni consecuencias

Robi Ronza | 0 comentarios valoración: 1  17 votos
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La llegada del hombre a la Luna fue una empresa sin motivo (aparte de un motivo político contingente) que pasó sin ninguna consecuencia relevante. No en vano, después de la visita de doce astronautas en siete misiones distintas (Apolo 11,12, 14, 15, 16, 17), el programa se suspendió y hasta hoy el pie de ningún otro ser humano ha vuelto a pisar suelo en nuestro satélite. Pero desde hace semanas los tambores del circo mediático internacional suenan con fuerza anunciando la conmemoración este sábado del 50º aniversario de la primera llegada del hombre a la Luna.

La primera y principal razón por la que nos encontramos inmersos en este aluvión de imágenes y comentarios, que durará aún varios días, es puramente técnica. La llegada del hombre a la Luna fue el primer evento espectacular “televisivo”, del que existe una vastísima documentación en los archivos de todas las televisiones del planeta. De modo que toda esta gigantesca espuma mediática a las televisiones les cuesta poco o nada.

Tengo suficiente edad como para haber sido un joven telespectador en directo del evento que ahora se celebra, y recuerdo muy bien que ya entonces me sorprendió el hecho de que se hablaba de todo menos de los motivos culturales y científicos que eventualmente podían justificar tal empresa. Sustancialmente, eso no era extraño, pues hasta el momento no había precedentes. Se había querido ir a la Luna porque técnicamente había sido posible. Eso es todo. En este punto, nada ha cambiado desde entonces. Al no saber o no poder hablar de lo sustancial de la historia, se enfatizaban los más minúsculos detalles irrelevantes.

El único motivo real por el que EE.UU. envió a sus astronautas a la Luna era puramente político y se situaba en el escenario de la guerra fría. En los años precedentes, la Unión Soviética había alcanzado antes que EE.UU. ciertos objetivos en la exploración espacial alrededor de la Tierra, y el impacto propagandístico del evento había sido muy notable. Como no querían permitir de ninguna manera que eso volviera a suceder, Washington se empeñó con todas sus fuerzas en ser los primeros en mandar hombres que tocaran suelo en la Luna. Eso era todo, no había ni hay nada más. La exploración espacial continuó después de otro modo, por otras vías y con vehículos que no requieren la presencia humana. Esta última solo subsiste hoy en… lunas artificiales, es decir, en bases espaciales que orbitan alrededor de la Tierra. Naturalmente, digamos que como un “subproducto”, de los viajes de la Tierra a la Luna también derivaron consecuencias técnicas útiles para el desarrollo de los vectores y bases espaciales actuales, pero esto se podría haber conseguido también de otro modo. Así están las cosas. El resto es espuma mediática.

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