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17 OCTUBRE 2019
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La Inteligencia Artificial salva la razón

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  35 votos
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Nextfilx y HBO, las dos grandes plataformas de series de ficción, libran una dura batalla comercial. Los términos del enfrentamiento desvelan uno de los grandes conflictos que plantea la revolución digital. Reaparece, en una cuestión aparentemente banal, la pluralidad de caminos de la razón, la insuficiencia del método analítico, ahora auxiliado por la “minería de datos”. ¿De quién es razonable fiarse para elegir la serie que veremos esta noche en la pantalla del móvil o del ordenador? ¿Es más conveniente entregarse exclusivamente a los algoritmos de la Inteligencia Artificial (IA), que analizan hasta el último detalle de nuestras preferencias, o es necesario seguir contando con las recomendaciones de una persona que inspira confianza?

Elegir serie es algo muy serio. Estamos hablando del tiempo de ocio, del relato que vamos a dejar que entre en nuestra vida durante un cierto periodo de tiempo. Es la historia con la que vamos a evadirnos, la que va remover nuestros sentimientos y nuestra curiosidad. Antes, cuando no había más que cuatro o cinco canales de televisión, la cosa era más sencilla. Pero ahora Nextflix y HBO tienen una oferta inmensa. Es fácil pasar la noche entera curioseando entre los diferentes trailers sin llegar a ver un solo capítulo. Para solucionar este problema Netflix hace ciertas sugerencias en función de todos los datos de los que dispone de su cliente. La plataforma analiza lo que ya ha visto, las simpatías que ha expresado y recomienda lo que cree que puede satisfacer sus necesidades de entretenimiento. El análisis es automatizado. En no pocas ocasiones acierta. Lo que ha llevado a asegurar a los optimistas que los algoritmos pueden llegar a conocernos mejor que nosotros mismos. Pero, en otras ocasiones, las recomendaciones no satisfacen a los clientes de Netflix. Por eso HBO ha contraatacado con un anuncio muy sugerente que ha titulado Recommended by Humans (recomendado por humanos). En la publicidad de HBO aparecen personas que podrían ser nuestros vecinos o nuestros compañeros de trabajo: cuentan qué les ha entusiasmado. Una chica asiática y un chico occidental relatan que han visto uno de los títulos siete veces. Un chico negro con pinta de intelectual asegura que ver el primer capítulo es como leer el primer capítulo de un libro. HBO no subraya la promoción de una serie en concreto. Lo que HBO reivindica es el consejo no de máquinas sino de personas de las que los espectadores se pueden fiar. ¿Es más fácil decidir utilizando una razón analítica potenciada extraordinariamente, pero no humana, o recurriendo al testimonio personal que incluye siempre importantes elementos subjetivos?

La pregunta no solo afecta a la industria del entretenimiento, también es determinante en otros campos como el mundo médico, para hacer diagnósticos, o en el mundo de la gestión empresarial para tomar decisiones de management. Hace dos años un estudio de la consultora Accenture revelaba que el 85 por ciento de los ejecutivos de las grandes compañías querían invertir más en IA para poder decidir mejor. Pero para ciertas cuestiones nos resistimos a entregar nuestra libertad a una máquina. Las encuestas reflejan que el 73 por ciento de los estadounidenses tienen miedo de subirse en un coche sin conductor. Preferimos también doctores humanos a algoritmos, aunque la IA ofrezca diagnósticos más precisos.

¿Esta preferencia por la inteligencia humana es consecuencia de nuestra falta de adaptación para aceptar la riqueza analítica de la revolución digital? En el mes de junio, un artículo de la prestigiosa revista Harvard Bussines Review (Can Algorithms Help Us Decide Who to Trust?) aseguraba que es lógico que sea así porque estamos hablando de confianza. Y “la confianza necesita habilidades de sensibilidad social que son percibidas como algo únicamente humano. De hecho -añadía el texto-, para juzgar si una persona es digna de confianza el único requisito es entender las emociones y los deseos humanos”. Es una de las principales conclusiones de un estudio que han realizado los autores del artículo sobre cómo toman decisiones un grupo de 165 personas con importantes responsabilidades en sus compañías. Un 61 por ciento de los participantes declararon que prefieren la IA para decidir sobre la posibilidad de fiarse de una persona. Pero en la práctica, su modo de actuar corregía lo declarado.

Según los autores del trabajo, “la confianza se construye lentamente”. Los encuestados recurrieron a la IA para conocer las habilidades, los conocimientos y el historial de los que iban a ser sus empleados. Los algoritmos les ayudaban para acceder a los “datos rápidos” que cimientan la confianza. Pero cuando el tiempo avanzaba, la intuición y la sensibilidad social iban ganando terreno y la IA iba pasando a segundo plano. La “razón humana” se convertía en el factor dominante en las relaciones de larga duración. Por eso la gran revista de los negocios reconocía que una cultura de confianza en los ambientes de trabajo necesita humanos que la supervisen y que no deleguen en los algoritmos.

La revolución digital nos proporciona el análisis de una cantidad de datos impensable hasta hace muy poco. Y, paradójicamente, hace más necesario que nunca el método de la razón que examina intuitivamente, artísticamente, el intangible de la confianza.

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